Bionic Commando
Género: Arcade Música: Tim Follin
Desarrollado por: Capcom / Go! Año: 1988
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En esto de los videojuegos del año de la Catapita, nos dejamos llevar por la subjetividad y la nostalgia contínuamente. En muchas ocasiones, es la única forma de mantener viva esa ingenua ilusión que uno experimentaba al vérselas por primera vez con algunos juegos. Y claro, ya puestos, encumbramos a bruceleeses, entómbedes, erretipes y eliteses a los altares. No tienen una mácula, los jodíos. Todo son parabienes. Todo es genialidad, y todo es brillantez. Y si hay algo en lo que, no hay duda, destacan sobre los títulos de la actualidad es en la originalidad de sus argumentos, planteamientos y desarrollos. Que no me lo discuta nadie, coñe, que es algo incontrovertible, irrefutable e innegable. Porlagloriamimadre. 

Bueno, pues un servidor, que siempre se ha caracterizado por considerarse un orgulloso miembro de las huestes de los aficionados a ultranza a los 8 bits (y tengo intención de seguir siéndolo durante bastante tiempo; más allá incluso de lo que que se tiene por normal y razonable a ciertas edades), después de enfrentarme de nuevo a la nostalgia y de quitarle la sábana de subjetividad e idealización que la cubre, tengo que admitir una cosa: de originales, nada.
 
Vamos a ver... ¿por qué un juego de ordenador de Commodore, Speccy, Amstrad o MSX, protagonizado por una patata saltimbanqui que dispara brotes de soja radioactivos, tiene que merecer la medalla a la originalidad? ¿Y si luego resultaba que el invento no pasaba de ser un plataformero con personajes extraños, o un matamarcianos con escenarios más o menos simpáticos? Vaya, que la originalidad se nos quedaba en los gráficos. Y a veces ni eso.  

"Nada, que me he vuelto Tarzán... ¡mmmeieieieee!" Con los medios técnicos que hay hoy en día, la imaginación de programadores, guionistas y adláteres queda mucho más libre para parir genialidades que habrían sido impensables hace 20 años (eso en el mejor de los casos, porque en el peor, tras un árduo esfuerzo de implementación de un proyecto excesivamente ambicioso, la cosa se habría quedado en simplemente ridícula).

Lo que a muchos nos fastidia es que ese desarrollo de las ideas, es menos frecuente ahora que antes.  

Es decir: en los 80, lo original acababa sepultado tras una capa de vulgaridad o previsibilidad, a causa del exíguo puñado de kbytes de RAM, y restricciones similares, con las que tenían que batallar los desarrolladores; había ideas, sí, pero no podían llevarse demasiado lejos y, al final, el invento acababa pareciéndose a cualquier otro representante de su mismo género. Ahora, sin embargo, es la vulgaridad la que se vuelve original gracias a los asombrosos detalles técnicos. Daos cuenta de la cantidad de "remakes" asombrosos que podrían hacerse echando mano de la cacofonía poligonal de las Geforce y demás monstruosidades digitales de la actualidad. Tomad algo tan chorras y trillado como este Bionic Commando, sin ir más lejos, y recubridlo bien de texturas, efectos de iluminación en tiempo real, y toda suerte de fanfarrias en Dolby-surround, y ya veréis qué cosa tan simpática puede resultar. Pero no. 

Me explico: casi todo lo llamativo y poco usual que rodea a esta estupenda conversión de la recreativa del mismo nombre, se centra en el brazo biónico del protagonista. Fijaos: a alguien se le ocurre UNA SOLA idea infrecuente y atractiva, y a partir de ahí, se construye todo el juego, siguiendo esquemas que están más manoseados que la barra de un autobús urbano. Lo original, una vez más, se pierde bajo toneladas de... bueno... más de lo mismo. Aún así, el resultado final alcanza cotas de jugabilidad que, en aquel entonces eran la norma. Hoy en día, se aproximan más a la excepción. Y encima, cara. 

Porque he aquí toda la historia del juego que nos ocupa: estamos ante un arcade con fuertes dosis de plataformero, en el que guiamos a nuestro achaparrado y heroico monigote a través de las instalaciones de los sempiternos alienígenas invasores, enfrentándonos a ellos a tiro limpio. Nada nuevo, ¿verdad? Pero ¿y si os digo que ese protagonista canijo lleva implantado un brazo biónico, o sea, que tiene una especie de garfio retráctil en el lugar de una de sus manos, y es capaz de lanzarlo a grandes distancias, y aferrarlo a ramas y plataformas, para balancearse como un mico ocioso? La cosa cambia, ¿eh? 
Pues sí. ¡Y de qué manera, porque además el control del invento es asombrosamente intuitivo y divertido, y da una funcionalidad sorprendente al protagonista. 

No sólo podrá alcanzar zonas elevadas o quitarse del medio a algunos de los malos, a gachetoguantazo limpio, sino que podrá recoger armas más potentes que la patética metralleta con la que empieza el juego, y que, en ocasiones, veremos descender lentamente colgadas de un paracaídas. 
Bienvenidos a "Fort Little Dude From Mars"

Aún más: en nuestros bamboleos, cual morgaño al final de su hilo pegajoso (puaj), podemos golpear con los pies a muchos de los soldados alienígenas invasores, y mandarlos a hacer puñetas intergalácticas eficazmente.

¿Veis a lo que me refiero? Tomad un juego absolutamente normal y corriente, pero añadidle UN SOLO detalle, UNA SOLA idea original. Y ¡hala! ¡pasmo! ¡albricias! ¡jolgorios, zapatetas y alfombras de pétalos de gardenias! Supongo que, con el tiempo, nos hemos malacostumbrado. Hasta el título más descerebrado y tontainas de la actualidad, incluye varios detalles más o menos inteligentes... al menos, comparables con esta efectista chuminadita del brazo biónico. Y sin embargo, nosotros, los acérrimos miembros de la hermandad de los 8 bits, seguimos clamando por la defensa de nuestros polvorientos videojuegos. 

Y digo yo... ¿qué cuernos retorcidos y chamuscados hago dándome caña a mí mismo, y a este juego, que es de lo más entretenido? 

... lo que me sirve para volver al terreno de la oda y la elegía a los pixels morrocotudos y los efectos de sonido pedorretescos: sinceramente, con toda honestidad, preferiría jugar ahora mismo una buena partidita a este Bionic Commando, que a casi cualquier título moderno de PC (ojo: CASI). 

No sé... supongo que la sencillez, la rapidez, la agilidad, la inmediatez, y esa especie de sana (e inevitable) falta de pretensiones de los juegos antiguos, eran sus garantías de éxito. Ahí es donde marcan las diferencias con los actuales, y no en eso tan trillado de la "originalidad". Insisto: sigo siendo un ochobitsero (manda huevos, el palabrejo) convencido, y a mucha honra, pero creo que hay bastantes más argumentos que ese, a favor de nuestros títulos preferidos.

 
 
La verdad es que se los podían haber trabajado un poquito más. No, y todavía tenemos que dar gracias, porque he leído por ahí que la versión estadounidense (que la hubo) es aún menos vistosa.

Está claro que no son nada bonitos. Oscilan entre un nivel de calidad adecuado (a partir del segundo nivel), y uno que hace precarios equilibrios sobre la línea de la mediocridad más deprimente (el primero; ¡mira que tiene escenarios feos!). Los personajes tampoco van mucho más lejos. Son chiquitajos, regordetes, casi ridículamente cómicos, y coloreados con poco entusiasmo. Aún así, he de insistir: en términos generales, el juego salva su puntuación en este apartado con bastante holgura.

He aquí uno de los puntos en los que Bionic Commandos da la nota. Y no, no pretendía hacer un juego de palabras capullesco. Si lo hubiera intentado a propósito, habría tenido menos gracia (todavía).

No hay efectos de sonido, pero el amiguete Tim Follin se lució con la música. Cada nivel tiene una diferente, y algunas de ellas son verdaderamente magníficas, tanto como composición, como a nivel técnico. 

Sin el detalle del brazo biónico, este Bionic Commando no sería más que un plataformero del montón, quizás con un par de detalles técnicos dignos de mención, especialmente en lo que hace referencia al comportamiento de los malos.

No siempre se nos echan encima como ceporros suicidas; algunos incluso parecen recurrir a estratagemas (muy sencillas, pero sorprendentemente efectivas a veces) para quitarnos de la circulación. Desde lanzarnos granadas, hasta perseguirnos utilizando sus propios brazos biónicos (que también los tienen algunos). En el terreno visual, poco que contar. Mucho más, eso sí, en el del audio. Y en general, gracias a la versatilidad del protagonista, un juego rápido y muy entretenido. 
Y difícil de narices, por cierto. 

* Muy divertido.
* Músicas estupendas.
* El brazo biónico da mucho juego (tampoco era esta vez una memez de chiste, en serio).
* Los gráficos podrían ser algo mejores.
* A partir de la segunda fase, la dificultad se dispara.