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Blackwyche - Comentado por Piti
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Del diario de Sir Arthur Pendragon:
12 de febrero. ¡Ah, la paz inmutable del Océano!
¡Qué bien se está aquí, sobre este pequeño bote, lejos de la civilización,
del smog, de los cobradores de impuestos! Miro el cielo sin nubes,
escucho el tranquilo rumor de las aguas, y pienso que no hay en el mundo un
hombre más afortunado que yo, el famoso explorador Sir Arthur Pendragon. ¡Qué
lejanos parecen los antiguos peligros, el Cetro de Karnath, los agobiantes
pasadizos de aquella espantosa tumba egipcia... (1)! Definitivamente estoy en mi
elemento.
13 de febrero. Es curioso. Hoy, al caer la
tarde, apareció en el horizonte una mancha oscura, imprecisa, inmóvil. Puede
ser una isla pequeña, o un barco grande. Está demasiado lejos como para
distinguirla con claridad. Me pregunto dónde diablos habré dejado el catalejo.
Ahora cae la noche.
Más tarde. No cabe duda: aquí ocurre algo sumamente extraño. El objeto brilla en la oscuridad como un carbón encendido. Tal vez me equivoque, pero tengo la impresión de que está acercándose. Cada tanto se oye un suspiro débil, sombrío, tristísimo; parece el llamado de un muerto. Si no fuera un valiente, creo que me sentiría ligeramente asustado.
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14 de febrero. Está claro que no tengo suerte. Las primeras luces de la mañana confirman que estoy envuelto en una nueva aventura sobrenatural: quizá la más extraña, la más terrible que me haya tocado vivir hasta el día de hoy. El objeto misterioso resultó ser un barco fantasma o, más exactamente, un galeón encantado. |
Primero creí que se trataba del mítico Holandés Errante; ahora está tan cerca que incluso puedo leer el nombre escrito junto al horrendo mascarón de proa: Blackwyche. No me gusta cómo se oye eso.
15 de febrero. Mi difunta esposa era una mujer
notable. Siempre decía que tengo un excelente olfato para meterme en problemas.
Esta mañana, al cabo de una tremenda noche de gritos, llantos, gemidos, fuegos
fatuos y olores nauseabundos (2), decidí poner fin a la atroz incertidumbre:
en cuanto los primeros rayos del sol tiñeron de sangre el cielo oriental, remé
hasta situar mi bote junto al Blackwyche, me aferré a la escalerilla
que cuelga del antiguo casco y, poco después, pisé la cubierta de la nave. Durante
el día reina aquí un silencio absoluto, de modo que podré examinar algunos camarotes
con suma tranquilidad. No es que me asusten los ruidos nocturnos, por supuesto.
Más tarde. Tal como esperaba, no hay nadie
a bordo. Encontré el cuaderno de navegación de Richard Cavendish, capitán del
Blackwyche. La historia de este barco es tan increíble que casi da lástima
resumirla. Los hechos fundamentales son estos: A mediados del año 1666 -¡Hace
más de dos siglos!- Cavendish y sus hombres llegaron a una isla que no aparece
en los mapas y a la que, por razones que se me escapan, dieron el nombre de Dragonskulle.
Poco después del desembarco, y mientras exploraban una compleja red de cavernas
subterráneas, los viajeros fueron víctimas de una serie de sangrientas catástrofes,
atribuidas por el capitán a cierta "Calavera de Cristal" que habita
en la isla y que, según parece, tiene un enorme y siniestro poder. Cavendish y
algunos marineros volvieron a la nave y lograron zarpar antes de ser destruidos,
pero el daño ya estaba hecho: la Maldición de la Calavera los siguió a bordo.
Uno a uno, y en formas cada vez más grotescas, perecieron los valerosos hombres
de mar. Transcribo a continuación las palabras finales de Cavendish, con fecha
del seis de junio de 1666:
"A
todos aquellos que lleguen a leer
Las notas que en éste, mi Libro, dejé,
Les pido que sepan que voy a morir
A menos que un Héroe me saque de aquí.
Bajo estas cubiertas existe un salón
Hundido en las sombras del Mundo Inferior;
En este recinto me habrás de encontrar
Al cabo de un largo y penoso vagar.
Si
estás en problemas podrás acudir
A cierta Campana muy cerca de aquí;
Mas no te confíes, las Fuerzas del Mal
Harán lo imposible por verte sangrar,
Y
a menos que logres cumplir tu Misión
Me harás compañía en el puto galeón." (3)
Sería erróneo afirmar que estas palabras me
atemorizaron. Simplemente recordé, tras leerlas con mucha atención, que aún
no había desayunado, y que ya era hora de volver a mi pequeño y confortable
bote. Me disponía a abandonar el camarote de Cavendish cuando, de improviso, se
oyó un lamento prolongado y desolador surgido, creo, de las entrañas mismas de
la nave. Un rápido vistazo por el ojo de buey bastó para darme cuenta de que
cierta horrible transformación se había producido ahí afuera: arpías
asesinas, pulpos voladores y -por inconcebible que parezca- balas de cañón
rodantes, vagaban a sus anchas por la cubierta del barco, produciendo toda clase
ruidos demoníacos. Es evidente que las Fuerzas del Mal han despertado. Ahora
debo regresar al bote, antes de que sea demasiado tarde. Deséenme suerte.
| Dos minutos después. (4) Estoy atrapado. El bote ha desaparecido. No tengo más remedio que cumplir la misión, rescatar a Cavendish. Quizá él pueda ayudarme a salir de aquí en cuanto lo haya liberado. Pero ¿hasta qué punto se puede confiar en un fantasma? ¿No estaré marchando hacia mi propia destrucción? ¡Ah, maldita la hora en que subí a ese bote de porquería...! | ![]() |
Notas:
(1)
Sir
Arthur se refiere aquí a sus dos primeras aventuras. Véanse
The Staff of Karnath y Entombed.
(2)
No está claro si estos fenómenos desagradables se producían
a bordo del Blackwyche o en el propio bote de Sir Arthur.
(3)
Antes de condenar este último exabrupto de Cavendish,
seamos indulgentes y recordemos que el capitán escribió sus versos bajo los
efectos de una gran conmoción espiritual, poco antes de ser arrastrado a las
profundidades del Averno por criaturas cuya naturaleza exacta es aún hoy
materia de conjetura.
(4) En este punto la caligrafía de Sir Arthur se vuelve temblorosa, insegura, casi ilegible. Invitamos al lector a extraer sus propias conclusiones.
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| * Una aventura conmovedora. * Quizá el mejor título de la saga de Sir Arthur Pendragon. |
* Extraordinariamente difícil de terminar. |