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Blagger goes to Hollywood
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No os lo voy a negar. Cada vez me cuesta más escribir estas fichas. Y es que, todo hay que decirlo... el trabajo que he invertido en ellas ha sido ímprobo. Vale, me lo paso muy bien redactándolas, pero con el tiempo me he ido volviendo más exigente (o menos dejado), y si antes no sólo me conformaba con teclear cuatro párrafos anodinos y con más bien poca gracia, sino que pensaba que era lo más juicioso, para no aburrir al personal, ahora trato de esmerarme todo lo posible, y de llenar de desvaríos con la excusa de este o de aquel videojuego, el equivalente a un par de páginas. Y no creáis: ¡es dificilísimo!
Así que, de un tiempo a esta parte, vengo siguiendo una tontería de táctica
que, sin embargo, mira tú qué bien: funciona. Como lo que me parece más complicado
a la hora de ponerme manos al FrontPage, es empezar (el "pánico del escritor
ante el papel en blanco", creo que lo llaman... hombre, puede valer como
descripción, pero no es del todo aplicable a mi caso, ya que:
a) No soy escritor. Lamentablemente. Pero todo se andará.
b) El fondo de estas páginas es azul, oigan ustedes. De blanco, nada. Y se ve
que este color es más cálido que el blanco pelao, así que, lo que es a mí, miedo
no me da.
c) De todos modos, el papel en blanco nunca me ha motivado ningún tipo de pavor.
Más bien todo lo contrario: me gusta mucho), estoo... decía que como lo más
difícil es encontrar una forma de inaugurar cada una de las fichas, antes de
comenzarlas empiezo a pensar en algo que tenga que ver con el juego en cuestión.
Incluso recurro con mucha frecuencia a la nostalgia pura y dura... y así, trato
de escribir acerca de cómo eran ciertas partes del mundillo de los adolescentes
de los 80, qué nos gustaba, qué costumbres o modas había; intento así -sospecho
que con más bien poco éxito- "crear ambiente", para que este sanísimo
ejercicio de memoria -porque consiste en que recordemos una etapa que en la
mayoría de los casos fue sencillamente magnífica- sea más efectivo.
El método tiene una ventaja: me ayuda a "tomar carrerilla", y una vez que caliento motores con introducciones tan absurdas, aburridas y con tan poco sentido como la que estoy teniendo la desfachatez de largaros una vez más (jejeje), el resto de la ficha "fluye" ella solita.
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Pero también cuenta con un inconveniente: una vez que uno está tan calentito escribiendo memeces que a nadie le interesan (a veces, no me interesan ni a mí), es difícil pararse. Es como una inercia. Y para cuando quiero darme cuenta, he consumido más de la mitad del espacio que intento dedicar a cada comentario... sin haber comentado nada. |
Así, cuando pensé en alguna introducción para la ficha de este Blagger goes to Hollywood, lo primero que se me pasó por la cabeza, fue una maldad tal como flagelaros un ratito con un enconado y vehemente manifiesto en contra del plagio, uno de los vicios que menos me gustan y más censurables me parecen (resulta que en este jueguecito -el diminutivo le viene que ni pintado- tenemos que, precisamente, consumar un plagio), pero me pareció demasiado sin sentido. Además, me resultaría complicado detenerme una vez que hubiera empezado a vomitar improperios contra el pecado de aprovecharse, para gloria personal, del esfuerzo intelectual de otra persona (que por mucho que clamen los defensores más radicales del software libre, esos para los que sólo es trabajo el que se desarrolla con las manos -se acabó el pagar sueldos a científicos, investigadores, novelistas, ensayistas, astrónomos, filósofos...- es tan digno de llamarse "trabajo" como lo de picar piedra o arrastrar sacas... o incluso más, porque eso de cargar peñascos, ya lo hacen estupendamente las máquinas... y lo de pensar es sólo cosa de los hombres -que, y esto va por los suspicaces, en este contexto también incluye a las mujeres-).
Jo. Soy la leche. Acabo de llenar cuatro párrafos hablándoos acerca de que
no quería hablaros de algo.
Esto... bien, pues pensé en que una introducción alternativa podría versar sobre
el cine de los 80. Que, dejando los medios técnicos aparte, no se diferenciaba
en gran cosa del de ahora, todo hay que decirlo. Los que somos diferentes somos
nosotros. Y he ahí la madre del cordero. La borrega, vamos.
Me temo, sin embargo, que a estas alturas de la ficha, ya va siendo un poco
tarde para empezar OTRA introducción, así que una vez más, me las arreglaré
para destilar, de un desvarío infumable, la pavadita que sirve como excusa-para-un-argumento
a este juego. He aquí los ingredientes: plagio + cine.
Porque resulta que el protagonista del título que nos ocupa es un ladrón que,
si no me equivoco, protagonizó algún que otro primitivísimo plataformero desarrollado
para nuestro C64, en los albores de la década de los 80: Blagger. Y resulta
que al tipejo se le mete entre ceja y ceja una obsesión: quiere triunfar en
Hollywood. Dada su condición, sin embargo, no podía evitar la tentación de meter
la zarpa y apropiarse de lo que no es suyo: así que pretende copiar, tal cual,
un guión del archifamosísimo Steven... Spielbum. Ah. Qué gracioso. Hmmm... Ja.
Je. Esto... esperad, que recupere el aliento, que todavía me estoy tronchando...
Así que nuestro objetivo es irrumpir en la oficina del afamado Spielbum (Jo. Ju. Ji. Qué risa tan grande. Erm... que me parto), y hacernos con el guión de marras.
Hombre, un caso comparable, en el mundo real, conllevaría que el indeseable conato de plagiador se las tuviera tiesas con algún que otro guardia de seguridad, caso de optar por llevarse los papelajos a la fuerza, o con un batallón de abogados armados con varias hileras de afilados dientecillos, caso de buscarle las cosquillas legalmente al insigne Spielbum (Jua. ... ... ... Jua. ... Huy. Qué gracia me hace). Pero, afortunadamente, estamos hablando de un videojuego. Dejen ustedes la realidad en consigna, por favor, que en esta historieta, el (anti) héroe tendrá que batallar con los protagonistas de algunas de las más célebres películas importadas directamente desde Beverly Hills. Esto es otra cosa.
| Blagger goes to Hollywood es una TONTERÍA de juego. No sólo hablo de la gilipollez escuálida que le sirve de argumento, sino de la realización técnica. Nuestro cuadriculadísimo y diminuto monigote, con los cuatro fotogramas que le permiten deslizarse a través de unas cuantas (pocas) pantallas bastante sosas haciendo gala de una animación verdaderamente espasmódica, se enfrenta a otros personajillos igual de ridículos, lanzándoles objetos que, bueno, les deben de dar una alergia macanuda, porque los vaporizan en el acto. | ![]() |
A ver, os cuento esto con un poco más de detalle. Para empezar, olvidad la
pollez del manual que habla de no-sé-qué soportes de las cámaras (tiene toda
la pinta de tratarse de una de aquellas magníficas traducciones con las que
muchos juegos de los 80 nos maravillaban; ¿cómo olvidar los "excitantes
juegos de arcada con listas paralelas" que, además, si ganabas en tal o
cual sorteo promovido por la distribuidora, podían hacerte conseguir "un
cargador de judería" -basado todo ello en hechos reales; al manual del
Hawkeye me remito; y también os remito
a vosotros... lectura recomendada, en serio; menudas risas que se echa uno).
No, no hay que bombardear al prójimo con ningún soporte de nada. Cada personaje
tiene su objeto destructor. A Tarzán lo podemos liquidar de un cocotazo (y,
curiosamente, al Increíble Hulk también), pero semejante instrumento no hace
ni cosquillas a Kojak (¿recordáis la serie?) o a Batman.
Hay que seguir una cierta secuencia, para eliminar a todos los personajes. El
asunto es encontrar la secuencia que hay que seguir. Me refiero a que cada
maloso (aunque, moralmente, en este caso el hijodesumadre es el héroe de la
historieta, y los buenos los que se le oponen), cuando es descangayado por el
protagonista, deja un objeto en su lugar. Y ese objeto servirá contra otro,
quien, a su vez, nos permitirá obtener un chisme diferente que... ¿vais
entendiéndolo? No pretendo desvelaros los hondísimos secretos del juego
(hondos, hondos, como un barreño de plástico), pero a modo de ejemplo
ilustrativo, he aquí un fragmento de la secuencia que habréis de seguir hasta
conseguir irrumpir en la oficina de Spielbum ("jajá",
"jojó", "cómo me río" y demás ironías con tan poquita
gracia como la estupidez de manipulación del nombre del director de E.T):
El primer mindundi en caer bajo nuestros mamporros, ha de ser Tarzán. Es el
único que no deja ningún objeto, así que tendremos que emplear el coco que
encontraremos en su pantalla, contra el Increíble Hulk, que flexiona sus
músculos verdosos en un estudio justo al lado del que ocupa el hombre-mono, con
su púdico taparrabos de calva de chimpancé alfa de la manada (y es que por muy
salvaje que fuera el tal Lord Greystoke, tenía al menos la decencia de taparse
sus vergüenzas mientras brincaba de ramajo en ramajo, como un orangután
afeitado). La Masa sí que deja un cachivache al recibir el cocotazo (mucha
fuerza sobrehumana, radioactiva e incontrolada, pero un zurriagazo bien
colocado, y el mastodóntico energúmeno se queda más suave que un guante): una
bala... que sirve contra Batman, precisamente... ¿lo captáis?
Una pavadita, sí, insisto. En cada estudio habremos de batallar contra un personaje diferente, que se materializa de pronto, y corretea detrás de Blagger, a veces con el apoyo de alguna tontería de obstáculo móvil (como extrañas cabinas telefónicas modelo british -esas rojas en las que uno se mete dentro-) que también surge de la nada, tan dispuestos a darnos la brasa como el morador de la pantalla en la que hayamos entrado.
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Como de preescolar. Y si no fijaos en King-Kong (en la primera captura) o Tarzán (en la segunda). El área de juego es, además, diminuta. Lo mismo puede decirse del juego en sí, que no abarca, así a ojo, mucho más allá de un área de unas 4x4 pantallas. |
Los estudios son zonas de fondo negro, delimitadas por paredes de piedra, y que, en ocasiones, incluyen algún que otro adorno chusquero, de la índole de calaveras, arbolitos... la mayoría no sirven ni para llamar la atención del más impresionable de los jugones, pero otros sí que pueden sernos útiles, al hacer las veces de parapeto, ya que bloquean el camino de los malos... claro que, ojo, también nos estorban a nosotros.
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Hombre, en su tiempo me hacía bastante gracia que cada personaje tuviera su propia música, y que ésta fuera, precisamente, la de la serie de televisión (Kojak, Hulk...), o película en la que aparecía (Darth Vader, Supermán...), claro que todas ellas suenan terriblemente metálicas. |
Esto resalta aún más la impresión de poquita profesionalidad que transmite
el juego con detalles como la "música" con la que el tal Tony Crowter
decidió ambientar el estudio en el que nos toparemos con el extraterrestre de
"Alien"... no sé a vosotros, pero a mí me recuerda más a la sintonía
de algún programa para nenes de teta que sonríen angelicalmente a la cámara,
brillantes sus ojillos, moqueantes sus narices, de la ralea de Barrio Sésamo.
Por no mencionaros el estridente gorgorito que profiere el SID en el estudio
de Tarzán, ¡tratando de imitar el famoso berrido del rey de la jungla y las
rebajas en moda para salvaje-desaforado-de-greñas-estropajosas!
¿Los efectos de sonido, decís? Poca cosa... el repiqueteo de los pasos de Blagger,
un par de rasposos bufidos aquí y allá, y no mucho más.
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Infantiloide, simplísimo, con un mapa más bien pequeño... pero oigan, ¡es simpático y todo, el jodío! |
| * Simpático. | * Los gráficos son como de preescolar. * La música suena a hojalata. * El mapa es muy pequeño. |