Batman, the Movie
Género: Arcade Música: Matthew Cannon
Desarrollado por: Ocean Año: 1989
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Hay gente que no soporta las modas. Ningún tipo de moda, dicen ellos. Es una fobia tan frecuente, que quienes la padecen acaban uniéndose y formando... otra moda. La moda de la antimoda. Parece que uno se siente más especial si intenta destacar de la masa... ingresando alegremente en otra masa (que no siempre está mucho menos poblada). El problema de quienes no tienen el menor reparo en actuar de ese modo, es que su capacidad de elección se limita mucho. Por sistema, deben ir contracorriente (lo que, insisto, implica navegar en OTRA corriente; sólo que va en sentido opuesto a la que comúnmente se acepta como mayoritaria), así que se pierden la mitad de las opciones. 

¿Que todo el personal va al cine a ver Parque Jurásico? Pues a mí no me da la gana. ¿Por qué? Pues ... porque va todo el mundo. Y yo no quiero ser como todo el mundo, así que me enrolaré en la cuadrilla de los que coinciden conmigo en no ser como todo el mundo, y así mataré dos pájaros de un tiro: renegaré de la mayoría y me integraré en un grupo, con mis iguales, con quienes piensan como yo, con quien me tienen por uno de los suyos, con quienes me aceptan. Ser demasiado individuo tampoco es tan bueno.

Personalmente, no encuentro nada especialmente criticable, a priori, de esta conducta. Cada uno es (afortunadamente) muy libre de hacer lo que le venga en gana, siempre que no pisotee al que tiene al lado. 
Lo que me fastidia es que los orgullosos miembros de la moda de la antimoda, suelen proclamar su condición de especiales (digamos: "menos normales", porque de vulgaridad y predecibilidad también tienen un rato) a costa de despreciar a los pobrecitos mamelucos que jamás se han enfrentado a eso de "pensar" (cosa que sólo ellos dominan, fíjate tú qué curioso) y siguen, entre la ingenuidad y la obcecación, la vereda de la mayoría. 

Está claro: para ser intelectual, tienes que andar en la moda de la antimoda. Así, desde tu rebañito particular, puedes llamar borregos a los demás. 

Creo que me estoy exaltando demasiado... sí, empecé de una forma más bien ligera pero no puedo evitar cabrearme (yo solito) cada vez que pienso en este tema.

Vaya un murciélago gordo No tengo muy claro por qué, pero me fastidian profundamente los de la moda de la contramoda. Tienden a ser apabullantemente cínicos. Y como no soporto que se desprecie a nadie por una frivolidad como el hecho de que sus gustos coincidan con los de la mayoría (ojo: esto tampoco significa que la mayoría tenga razón siempre), pues voilá. 

A lo que iba: creo que una de las primera campañas de marketing a gran escala que conocimos en España (ya empezábamos a meternos, como el que no quiere la cosa, en el Primer Mundo) fue la que promocionó a la versión cinematográfica de las aventuras del Hombre-Murciélago, que dirigió Tim Burton. 

... como no quiero parecerme a un intelectualoide barato, acérrimo defensor de la cultura de la contracultura (absurdos maniqueísmos, oigan), no le llamo "Enfant terrible de Hollywood", porque puedo acabar dándome mucho asco a mí mismo. Y eso no es bueno. 

Erm... vaya, que la "Batmanía" que el inminente estreno de las andanzas del vengador de la noche desató en nuestro país, no tuvo precedentes. Cualquier campaña publicitaria arrolladora, a partir de ese momento, ya contaba con un precedente que le despojaba de parte de su "factor sorpresa". Y es que no recuerdo fiebre semejante. Cómo sería que hasta yo terminé comprándome tanto la banda sonora (de Danny Elfman; bastante machacona... al menos para mí en aquel entonces, tan acostumbrado como estaba a las estupendas fanfarrias de fácil digestión que componía John Williams), como el disco (cassette, más bien, en mi caso) con las canciones de la película. Incluyendo aquella horterada de "Batdance", chillada por Prince. Con lo poquito que me gustaban los experimentos pseudo-erótico-acústicos del canijo de Minneapolis (y todavía le llaman genio). 
Así que, ya lo veis: yo también sucumbí a la marea de consumismo absurdo que promovió la "Batmanía". Brillante campaña publicitaria, sin duda. 

Ahora, años más tarde, suelo cuidarme mucho de dejarme llevar por según qué cantos de sirena con motivo del estreno de esta o aquella superproducción. No, no es ninguna contramoda. Es que no suele interesarme comprar lo que venden, en muchos casos. Y si no voy a la película en cuestión, es, ni más ni menos, porque no me atrae el tema. Que no es lo mismo que negarme a verla por sistema. Casi por principios. 

Vaaale, creo que ya va siendo hora de centrarme en el análisis del juego. Pues menudas murgas os doy con la excusa de estos comentarios. Perdón.

Bien: uno de los productos del marketing de la "Batmanía", fue este videojuego. Que, ¿cómo no? corrió a cargo de los que parecían tener en exclusiva todas las licencias de todas las superproducciones de Hollywood, presentes y futuras (y casi de las pasadas también): Ocean. 

Por mí encantado: solían hacerlo muy bien, y esta no es una excepción.

A lo largo de sólo tres fases, viviremos sendas escenas culminantes de la película. Un par de ellas casi al principio, y la última, justo al final. O sea, que los programadores de Ocean se dejaron en el tintero como hora y pico de especialistas haciendo de silueta poderosa en las escenas en las que el retaco calvo de Michael Keaton se suponía que tenía que correr (cuando se le enfocaba en primer plano, se veía cómo el pobre se movía igual que si estuviera dentro de una armadura medieval dos palmos más alta que él). 

No es que me encantara la película, pero no me termina de gustar la decisión de aplicar este "tijeretazo" al argumento. Sencillamente, porque deja al juego demasiado corto.

¿Sólo tres fases? Pues sí. ¿O no? Bueno, lo cierto es que sólo recuerdo tres, pero tengo entendido que eran cinco. Bueno, da igual, porque claro, imagino que ya sabéis qué consecuencia solía tener el que un juego fuera corto en los 80: que el nivel de dificultad se disparaba, para evitar que el jugón de a pie fuera capaz de exprimir totalmente el producto de una sentada.  ¡Joeeé! ¡La intermitensia! ¡Pon la intermitensia!

Y a fe que lo consiguieron: a día de hoy, aún no he sido capaz de llegar muy lejos en la tercera etapa. Vaya, en realidad, en la aplastante mayoría de las ocasiones, ni siquiera supero la segunda. Imaginaos.

Pero os cuento con más calma: en la primera fase, Batman acude a una fábrica de productos químicos, en la que está teniendo lugar un atraco. Una pandilla de mafiosos fuertemente armados, encabezados por el tarao de Jack Napier, pretende dar un golpe en el lugar. Pero la policía tiene un chivatazo (casualmente, del mismísimo jefe de Napier, que está como loco por quitar del medio a su esbirro número uno, temeroso de su ambición), así que irrumpe en escena.
 
Y ¿creéis que nos echarán una mano en la batalla contra las huestes de criminales? Qué va. TODOS los tiros van dirigidos hacia el de la capa negra. No veréis a un gangster agujerear a un pies-planos. Todos, en amor y comparsa, se dedican a la caza del murciélago. 

Raro es el videojuego en el que la pasma está de nuestro lado, y no suma fuerzas con los asesinos en serie, para tratar de trincharnos como a un capón de Navidad.

La etapa es muy vistosa gráficamente, y bastante entretenida además. Creo que fue un acierto dotar a Batman de una especie de garfio con el que puede acceder a zonas elevadas, o balancearse en el vacío para alcanzar plataformas separadas por un abismo. De lo más versátil el invento, la verdad.

La segunda fase nos pone al volante del Batmóvil; una especie de cruce entre avión-cohete y bólido por el que seguramente se pirrarían los clásicos macarras de barriada (lo que luciría su chim-pum bakalaero a toda castaña, brotando de las ventanas abiertas de semejante monstruo). Tenemos que escapar hacia la Batcueva... supongo que con la Batmaciza en el asiento de al lado (interpretada por Kim Basinger en la película -hmmmm, riiicaaaa...-), para planear el próximo asalto. 

Y resulta que las calles están absolutamente atestadas de coches que circulan con la elegancia de un enjambre de escarabajos peloteros, casi erráticamente, oscilando, cambiando de carril sin ton ni son, golpeándose unos contra otros, rebotando entre sí... vaya, ahora que lo pienso, lo cierto es que el realismo es cojonudo. Casi como cualquier avenida española en hora punta, miren ustedes por donde...

Este nivel es una verdadera criba. No sólo tenemos que hacer slalom entre miríadas de furgonetas, descapotables y turismos que parecen conducidos por orangutanes sedados con una dosis masiva de Valium, sino que además debemos batallar contra una cuenta atrás de lo más escasita.

Y si aún así, conseguís alcanzar la última etapa del juego, os enfrentaréis a la batalla final con el Joker, en la catedral de Gotham City (no podía faltar un escenario así en un poblado con semejante nombre; por cierto: de lo más acertada la estética de la película). La fase sigue un desarrollo, por lo que creo recordar entre brumas, muy parecido al de la primera.  

Insisto en que tengo entendido que hay dos fases más que un servidor de ustedes, en plena senectud ya (jojojó) no recuerda, incluyendo un vuelo rasante con el Batwing. No, no me lo invento, ni hablo de otra versión: he leído el comentario de la versión de C64 en la Zzap!64, e incluso he visto fotos. Pero, en serio ¡juraría que no he llegado nunca a esas fases!

 
 
Estupendos. Muy en la línea de las licencias cinematográficas de Ocean, con un personaje principal especialmente cuidado (dibujado en alta resolución, y todo), y escenarios muy trabajados también.

La segunda fase es un pelín más anodina en este apartado, aunque me llama la atención la forma en que está programada la "física" de los coches. Se deslizan sobre el asfalto y rebotan unos contra otros, casi como tapones de corcho arrastrados por una corriente, de un modo muy convincente. Es decir, muy convincente para un montón de tapones de corcho. Para simular el tráfico denso, algo menos. Lo cierto es que en la vida real, el conductor promedio, al menor roce con otro vehículo, pararía el coche, se bajaría, y profiriendo juramentos en arameo, babilónico y hasta en zulú si fuera menester, se enzarzaría a golpes de carpeta-donde-guarda-el-seguro con el otro accidentado. 

Buena música, a cargo de Matthew Cannon y efectos de sonido más bien convencionales, pero de calidad. 

Batman, the movie, padece uno de los defectos recurrentes de los videojuegos de los 80: es demasiado corto y, para compensar, los programadores le disparan la dificultad.

Sin embargo, se las arreglaron para mantenerla en el nivel de lo "frustrante-y-precisamente-por-eso-adictivo". Añadidle a esto una realización técnica más que digna de aplauso, con unos gráficos estupendos, y tendréis un juego muy recomendable que, me consta, en su tiempo cosechó bastantes éxitos (en Gran Bretaña, al menos).

* Interesante mezcla de puzzles y acción.
* Gráficos simpáticos.
* Tremendamente difícil.
* No me gusta eso de que haya un límite de tiempo para completar cada fase, en un juego con un componente de aventura tan fuerte como este.