Chessmaster 2100
Género: Ajedrez Música: ?
Desarrollado por: The Software Toolworks Año: 1988
Portada no disponible Pincha aquí para bajarte el juego Pincha aquí para bajarte el manual en inglés Mooola

Se pone el kilo de carne picada (de ternera y cerdo, a partes iguales) en un recipiente bajo y ancho; se vierten los huevos batidos (con dos hay suficiente), un buen pellizco de sal y otro de pimienta blanca y se amasa la mezcla mientras se espolvorea con un sobre de crema soluble de champiñones, hasta que quede distribuida de forma homogénea. Evítese en todo momento que se formen grumos. Cuando la plasta espantosa haya adquirido la apariencia de un alienígena antropófago a punto de saltar sobre su epiglotis, y le mire aviesamente desde el fondo del cuenco, apresúrese e introdúzcalo, sin piedad alguna, en el microondas o en el horno, a elegir. Hombre, el segundo siempre es más adecuado, ya saben ustedes. Es que ese moderno invento calienta-leches tiene la irritante cualidad de dejar el continente al borde del punto de fusión termonuclear, y el contenido más frío que un témpano. Eso, cuando no le da por carbonizar las esquinas de nuestro delicatessen de andar por casa, mientras se afana por mantener el interior rigurosamente crudo. 

¿A que no os esperabais este comienzo? ¿Eh? ¡No os escondáis, jodíos, que os he visto! ¡Venid aquí! ¿A que pensabais que iba a comenzar esta ficha con la clásica perorata acerca de la inteligencia artificial, lo astuto, pero inexacto de su definición y todo lo que ello implica? ¿A que sí? Seguro que ya estabais poniendo los ojos en blanco, resoplando con impaciencia y preparándoos para leer alguna pollada de anécdota que lejanamente tuviera que ver con esta disciplina informática. ¡Pues no! Nunca subestiméis mi manía por comenzar cada ficha de una forma diferente. Y si no hay manera de encontrar una historieta... hmmm... más bien... historierda... erm... pinshá en un palo, con la que perfumar convenientemente los prolegómenos de uno de estos puerilísimos y frivolísimos comentarios, ¡no hay problema! ¡os largo cualquier gilipollez, y tan contentos! 

Para mí, en una historia, los dos puntos más importantes son el comienzo y el final. Sí, claro, hay un contenido y todo eso; los libros tienen un montón de páginas entre prólogo y epílogo, y cuando vas al cine, resulta que sale tela de gente entre las letras del principio y las que surcan la pantalla, de abajo a arriba, cuando la cosa se acaba, se encienden las luces, les das un par de collejas con la botella de 2 litros de Caca Cola a los imbéciles de la fila de delante, que se han pasado la jodida hora y tres cuartos interpretando brillantemente el papel de ramapitecus de polígono industrial, envueltos en pendientes y piercings, y esforzándose mucho por hacerse los ingeniosos... y aprietas a correr antes de que reaccionen y se lancen sobre ti como una jauría de simios aulladores de borneo, afeitados y pasados por varias sesiones de rayos uva sin control sanitario, gimnasio barato y tasca de barriada. 

... hum... me he ido al cuerno, ¿verdad?

¡Menuses, menuses! ¡Muuuchos menuses! Ah, sí, lo del principio y el final. A ver si me explico: no me negaréis que los comienzos prometedores... esto... prometen... (aquí sí que me la he ganado; disculpadme un segundito, que voy a bajar a la calle a pillarme las orejas con la tapa de una alcantarilla, por imbécil). Vamos, que crean ambiente de una forma estupenda. Ayudan a romper el hielo, a meter al lector / espectador dentro de la historia. Y eso, con frecuencia, es lo más difícil.  

Por eso, de un tiempo a esta parte, me esfuerzo mucho por sacar, del más recóndito rinconcito de mi desmadejado parque neuronal (... ahora vuelvo; voy a entallarme un párpado con la puerta del garaje, por gilipollas y pedante...) introducciones impactantes. Creo que es la única forma de arrastrar al prójimo hacia el interior de un par de párrafos que, admitámoslo, no pasan de la banalidad más atronadora. 

... bueeeno, vaaale, lo confieso: esas introducciones son para mí mismo. Sí: ¡es que me cuesta horrores, cada vez más, comenzar a escribir estas fichas! ¡Es que son ya casi setecientas, señores míos! Así que, como no me pegue dos o tres bofetadas figuradas, obligándome a desvariar un poquito, no consigo sintonizar el cerebro en la onda de... de... bueno, de estas chorraditas tan inocuas, tan entretenidas y que tan bien vienen de vez en cuando. 

Tenía muchas maneras de comenzar este comentario, pero al final he optado por... la menos obvia. Hurra, viva, yupi. Qué triunfo. Qué frenesí. Sí, ya sé que os podía haber largado toda una conferencia acerca de mi opinión sobre la posibilidad de que, un día de estos, a alguien le dé por crear un cerebro artificial igual de potente que el humano. Ya sé que podía haber disertado un ratito acerca de ese extraño amiguete mío que aseguraba que Deep Blue fue "más inteligente" (palabras textuales) que Kasparov cuando le derrotó en una partidita de ajedrez computerizado. Claro, que os podéis hacer una idea de lo poco ortodoxo del zagal si os cuento que, entre otras fazañas, consiguió tener una pipa metida en un ojo durante unos minutos, después de que un compinche suyo le diera con un girasol en toda la cara (se habían parado en la carretera a mangar unos cuantos, pero les pilló el guardia y, claro, con las prisas...), o anduvo corriendo despavorido por media ciudad, enseñando los dientes, tratando denodadamente de no cerrar la boca hasta llegar a su casa... después de que su experimento de volar por los aires una cagarruta de perro mediante un petardo bien colocado le saliera mal por culpa una mecha demasiado corta y terminara con un trémulo fragmentito de mierdecita firmemente adherido a un colmillo (por no hablar de cómo le quedó la cara y la ropa). Un angelito, el mozo. Eso sí, te partes de risa con él. 

Bueno, venga, ya está bien. He conseguido mencionar algo que tiene un poquiito que ver con el juego que nos ocupa (aquello de la derrota de Kasparov, quién sabe si real o pactada previamente con el departamento de marketing y sobornos colosales de IBM), así que ya tengo la excusa para empezar a hablar de él. ¡Señoras y señores, ante ustedes, el Chessmaster 2100, considerado por muchos como el mejor juego de ajedrez para C64! 

¿Que si estoy de acuerdo? Oh, ni idea. Sólo tuve la edición anterior (la "2000"), en mis tiempos, así que no puedo comparar. He decidido subir esta versión porque es mucho más vistosa y completa. 

Este Chessmaster 2100 es un sistema de menús a un juego pegado. ¡Madre mía! ¡Qué cantidad de opciones, subopciones, supraopciones, proopciones, antiopciones, recontraopciones y opcionesmaricojoneta-of-the-power! Se pierde uno entre todas ellas... bueno, nos perderíamos los commodoreros más acérrimos, de finales de los 80, habituados a interfaces de usuario que podían resumirse con la frase: "press fire to play". Las opciones, en la práctica totalidad de los videojuegos que llenaban el catálogo de software de nuestra maquinita, solían ser dos:

ON - Encender el ordenador.
OFF - Apagarlo. 

Shit yourself, little parrot, que dirían los Gomaespuma. También dirían: 

- ¡Oiga, que se ha equivocao usté con las fotos de la boda!
- Hombree, es que aquí salen disfrazaos y, claro, ahora en chandal, de "espor", puees no se le identifica...
- Pero ¿seguro que somos nosotros?
- Hombree, nosotros, vosotros, aquellos, al-fin-y-al-cabo-qué-más-da... bueno, le encargo trescientas copias. Y aquí están las fotos de los padrinos ¡qué bien han quedao! 
- ¡Oiga, pero si no los conozco de nada a esos señores!
- ¿Ah, no? Pues es una pena, porque son unos señores encantadores... 

Lo dicho. La profusión de menús es verdaderamente asombrosa. Las opciones dan para casi todo... desde escoger el nivel de dificultad (ojo, porque en los más altos, el desdichado 6510 se tirará hora y pico pensándose cada jugada) hasta la vista del tablero que queréis. El C64, con las negras, ya me empieza a acorralar... ¡en 5 minutos!

Tenéis la clásica en dos dimensiones, que podéis ver en la primera captura. También, una en 3D razonablemente resultona (foto que te crió, sobre estas líneas) que, además, añade la posibilidad de rotar el tablero 90 ó 180º, para ver con más claridad la posición de las piezas... y hasta puedes enfrentarte al riesgo de tirón cerebral que produce el celebrar una partidita en plena "war room", o séase, en una pantalla bastante aséptica y espartana, en la que se muestran las coordenadas de los movimientos. En este caso, olvidaos de mover el cursorcito en forma de mano para agarrar la pieza de turno y soltarla donde Dios os dé a entender. 

Evidentemente, podéis enfrentaros al ordenador o a algún amiguete que, por lo menos, sea tan bueno (o tan malo) como vosotros. No queráis abusar, malandrines. A mí no se me da del todo mal este invento tan estupendo del ajedrez, pero como soy tan genial y tan listísimo, ole, ole, me-duele-el-cráneo-de-ser-tan-calvo, pienso más de la cuenta y acabo liándome mucho. Es lo que tenemos los artistas. Qué le vamos a hacer. Ejem.

La verdad es que la interfaz del juego está resuelta de un modo muy convincente. No sólo por la cantidad de opciones y de menús, sino porque es muy fácil navegar a través de unas y de otros. No son pocas las que están autodocumentadas (vaya, que podemos obtener ayuda sobre las menos evidentes) y figuran todas las que uno esperaría encontrar en un título tan profesional como el que nos ocupa. Ya sabéis: todo un catálogo de aperturas, configuraciones mil, posibilidad de grabar una partida en curso (y de recuperarla después, claro... nos ha jodío)... el programa incluso os deja construir un tablero a vuestro antojo. No, no estoy hablando de utilizar ciento catorce hexagonitos de colores distintos, en lugar de los cuadrados blancos y negros, ni de emplear avellanas con formas curiosas para un bando y bolas de pelo del gato, para el otro: más bien de que es posible situar las piezas que queráis y donde queráis. Digamos que, así, se pueden ensayar jugadas célebres (que las habrá, digo yo; no, no me miréis así... seguro que para los freakies del ajedrez hay jugadas famosas. ¿Qué tiene de raro? ¿No decimos nosotros que Rob Hubbard es una celebridad? Corred a contárselo al tío del quiosco de la esquina, a ver qué cara pone), o enfrentarnos a esos simpáticos pasatiempos de periódico bajo el título de "mate en -no-sé-cuántas- jugadas". 

"Sí, vale, todo esto está muy bien, y este comentario no tiene ni puñetera gracia", podríais clamar ahora, airadamente. Y con razón. Sobre todo, si concluís la frase así, "pero ¿y el juego en sí? ¿es un buen juego de ajedez? ¿es potente? ¿merece la pena someter al módem / cable / ADSL / nene oligofrénico convencido de que si se mete el cable del teléfono por un agujero de la nariz y hace "brrriiiiiiiii... fsssssssss... jrrrriiiii" con la boca, se bajará ficheros como hacía la gente en Matrix, al ímprobo esfuerzo de descargar las 66 Kb que ocupa?". 

Bueno, pues... depende... No sé qué tal se os da el ajedrez, pero desde mi óptica de aficionadillo, creo que estamos ante uno de los mejores juegos del género para C64. Es verdaderamente bueno. Vaya, a mí me da unas palizas soberanas, claro que, insisto, soy de concentración inconstante. Y, claro, así no hay quien se convierta en un Karpov.  

 
-
 
Funcionales y pulcros. Más que adecuados para un juego de este tipo. La vista 2D es muy nítida y efectiva y la tridimensional, aunque está una mijina cuadriculada, resulta de lo más llamativa. El resto del juego se mueve a través de menús y pantallas de texto. 

Pues según uno de los múltiples menús, es posible jugar con música, en silencio o haciendo sonar un pitidito en ciertos momentos... el caso es que, no sé si será un problema de emulación o qué, nunca he escuchado el menor soniquete saliendo del SID (o de la tarjeta de sonido, según), así que, prudentemente, dejaré este apartado sin evaluar. 

Un juego de ajedrez muy trabajado, con un aspecto muy profesional, multitud de opciones y menús, que le dan una versatilidad poco frecuente en el género, gráficos razonablemente nítidos, un "motor de IA" potente, que hace que las partidas sean de lo más desafiantes... y un 6510 detrás de todo ello...

Así que pertrechaos con una revistilla, un cafelito o un buen bocata de tortilla'papas, para no terminar feneciendo delante de la pantalla, de tanto esperar (sobre todo, en los niveles altos). Claro, que siempre puedes obligar al ordenador a que haga un movimiento, aunque no haya terminado de pensar, pero, digo yo, ¿no tiene eso un poquito de trampa?  

* La interfaz de usuario es asombrosa. Multitud de menús y opciones.
* Como juego de ajedrez es potente y profesional.
* En niveles altos, se tira pensando la intemerata.