Clever & Smart
Género: Aventura Música: ?
Desarrollado por: Micro Partners / Magic Bytes Año: 1987
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Comparen ustedes, damas y caballeros, los siguientes textos: 

Texto número uno, o evidencia "A". 

"Una espantosa explosión envía a dos individuos al pueblo de Bichogordo, distante 37 kilómetros de la capital. Fueron recogidos en un talego por el pregonero y trasladados al hospital central, donde bla, bla, bla..."

Texto número uno (bis), o evidencia "A", segunda parte: 

"'El Bellota' detenido. Al acertarle en el ojo una anilla que no se sabe de dónde venía, se lió a dar alaridos, llamando la atención del guardia del barrio, que procedió a su detención..."

Texto número dos, o evidencia "B": 

"La secretaria del Súper, la señorita Ofelia, tras largas vacilaciones, decidió entrar al laboratorio, no encontrando muestras de algún extraño acontecimiento, que explicase la misteriosa desaparición. 'No podíamos descartar el secuestro, es sabido que el Profesor Bacterio es una de las mentes privilegiadas en el campo de la Física Nuclear, con lo cual las primeras sospechas se dirigieron hacia algún país del Medio Oriente, en lo que se suponía una acción meramente con fines políticos".

¿Advierten ustedes alguna diferencia entre los dos primeros y el tercero? ¿Notan ustedes los matices que separan los dos párrafos que conforman la evidencia "A", del etiquetado como evidencia "B"? ¿Perciben ustedes el tufillo a chiste momificado, en avanzado estado de descomposición, que se afana, chasqueando sus polvorientas articulaciones de mojama manufacturada en La Higuerita (Huelva), por dejarse ver fugazmente entre los renglones estupendamente grisáceos, abrumadoramente mal redactados y magníficamente huecos que hacen las veces de jaula para cucarachas superpoblada, del segundo párrafo? Vamos, que si, evidencia por aquí, evidencia por allá, ¿no les parece a ustedes evidente que los dos primeros fragmentos tienen el genuino toque surrealista y desenfadado del mejor Francisco Ibáñez, y el tercero, por no tener, no tiene ni puñetera gracia? Sí, ¿verdad? Pues a mí también.

¡Mortadeleeete! ¡Filemonciitoo! ¡Venid, que os voy a dedicar un videojuego! No creo que haga falta ser un ávido lector de los tebeos de Mortadelo y Filemón desde hace cosa así de dos décadas, para llegar a la conclusión de que, los dos primeros párrafos pertenecen a las clásicas primeras planas con las que Ibáñez terminaba muchas de sus historietas y, el último, está extraído de la imbecilidad de manual presuntamente simpático, que acompaña a esta boñiga de juego. 

Veréis: lo que me rejode profundamente, no es el hecho de que estemos ante un título que, por sí mismo, tira más bien a aburrido y estúpido. Ni siquiera el hecho de que nuestros personajes de cómic más universales hicieran su debut informático de la mano de una compañía alemana. ¡Nada de eso! ¡Buda y Confucio, en kármika coalición, me libren de ello! Si allende la patria de Beethoven y Nietzsche, se lo pasan bomba con sus Clever & Smart, que es como llaman a los dos hijos pródigos de Paco Ibáñez, tiene hasta su lógica que fueran los primeros en programar una versión de sus andanzas para el ordenador personal más popular, allí, en los 80: el Commodore 64. Dicen que nadie es profeta en su tierra. Dicen que hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo. Dicen, en fin, muchas gilipolleces. Porque, está claro, el hecho de que Mortadelo y Filemón no se dejaran ver por las pantallas de los usuarios de máquinas de 8 bits, en su país natal, no tiene nada que ver con la certeza de refrán alguno... más bien, con aquello del atraso secular que nos ha caracterizado a los españolitos, en casi cualquier terreno, con respecto al resto de la Civilización Occidental. Y, ya puestos a que una empresa patria se embarcara en la misión de desfacer el entuerto alemán y desarrollara un videojuego que tratara a los dos agentes de la T.I.A. como se merecen... ¿para qué cuernos retorcidos, ajados, descamándose bajo el sol del desierto mientras yacen sobre el pellejo mudado de un lagarto comecochinillas, iban a programar la adaptación al viejo Commo? Ya se sabe cómo va la cosa: compañía española de software, en aquel entonces, significaba: 

"Ya disponible para Spectrum 48, Spectrum +3, Spectrum a las finas hierbas, Spectrum disco, Spectrum cinta, Spectrum vinilo, Spectrum tabla de sílex, Amstrad CPC 464, Amstrad 6128, Amstrad 3'141592, MSX-1, MSX-2 y MSX-tiro-porque-me-toca".

Busquen ustedes "C64" en la relación antes enunciada. 

Ah, ¿que no aparece? Sorpresa. Vamos, que los commodoreros nos tuvimos que comer con patatas un solo videojuego protagonizado por Mortadelo y Filemón. Y tuvo que ser ESTE, vaya por Dios. Del bueno, del que todas las revistas del sector hablaban en términos más que elogiosos y del que, me consta, contó con la inestimable asesoría del papá de las criaturitas... de ese, nada de nada. Sólo para los afortunados poseedores de un cachivache propulsado por un Z80. A los commodoreros, que les vayan dando... Clever & Smart. Horreur.

No sé qué pensaría el inefable Ibáñez acerca de la escabechina que la gente de Magic Bytes perpetró con sus dos personajes más famosos, pero los tíos dejaron bien claro lo que sucede cuando uno se empecina en lanzar un producto inspirado en las andanzas de un personaje que le es tan conocido como las reglas de la gramática del campucheano neolítico, para un pastor pakistaní. Pues esto mismo, es lo que sucede. 

Insisto: no sé qué impresión le daría a Ibáñez semejante parodia de su obra (que, por mucha gracia que nos hiciera a los adolescentes de los 80, era una cosa muy seria; a ver si van ustedes a creer ahora que el echar mano de la inteligencia, las buenas formas y una pizca de culturilla general para hacer reír a los nenes ociosos es algo que se puede tomar a cachondeo), pero a un mortadeloyfilemon... erm... nólogo como el que suscribe y esto escribe (a falta de títulos más serios, tendré que proclamar mi especialidad en cosas como esa... también se me dan muy bien Los Simpsons, por cierto... jo, qué pena más triste), el experimento me pareció casi insultante. No, no hablo con el "freakismo" de los que salen escandalizados del cine, después de ver la adaptación de El Señor de los Anillos que corrió a cargo de Peter Jackson, porque no se menciona, en ningún momento, la excepcional angulosidad del tatuaje que tenía Aragorn debajo de un golondrino sobaquero, y que Tolkien dejó caer con magistral sutileza, en el por todos reclamado capítulo en el que aparece Tom Bombadil. No: puedo entender que, cuando uno hace una adaptación, se permita ciertas licencias, ya que el producto se supone destinado a un público más amplio y diverso que la obra en la que se basa. Pero, oigan, lo que hicieron en Magic Bytes con Mortadelo y Filemón, no tiene nombre.

Bueno, sí, tiene uno: putada.

Cualquier parecido entre las barbaridades soeces de los dos vándalos cuadriculados que corretean a través de las callejas de una ciudad con aspecto centroeuropeo, como chinches al borde del colapso nervioso, que plantea este juego, y el humor fino, brillante a ratos y surrealista casi siempre, con el que Ibáñez impregnaba sus viejas historietas... no es que sea sólo pura coincidencia... ¡es que ni por coincidencia, se parecen! 

Ah, hablo de las "viejas historietas" de Mortadelo y Filemón porque, me temo, aunque siguen publicándose, no han sabido envejecer nada bien. Esto es: han perdido completamente su espíritu, al intentar adaptarse al humor grosero, ceporro y facilón que parece que tanta gracia les hace a los púberes respondones y malcriados que reptan hoy en día por los institutos. Qué lástima, oigan. Rebuscando en las cloacas... de lo más limpio del juego

Pero volvamos a la especie de blasfemia en miniatura que es este Clever & Smart. ¡No es para menos, en serio! ¡Que les tengo un cariño muy, muy especial a estos personajes, leñe! ¡Que me crié con ellos! ¡Que, prácticamente, aprendí a leer con ellos! ¡¡Y que ahora, una horda de teutones comesalchichas mantecosas hagan que, la caricatura cadavérica de Ibáñez que aparece en el marcador del juego, exclame "¡Jódete, abuela!", cuando Mortadelo aparta de su camino a una vieja!! ¡¡Eso sí que no lo paso, oigan!! (al menos, en la versión traducida al español -que tenéis disponible en esta página-, se tuvo la delicadeza de sustituir semejante exabrupto por un inocuo "Lo siento, abuela"). A ver si ahora va a resultar que nos han transformado a nuestro "calvo y con gafas" favorito (el segundo soy yo, por supuesto) en una especie de matón de barrio, deslenguado, criminoso y gamberro.

No tenéis más que echarle una ojeada al manual. La parodia de periódico ("La Monda", tienen los traductores el conmovedor detalle de titularlo; conmovedor, porque es lo único simpático y verdaderamente "mortadelesco" que os encontraréis en las instrucciones de marras) que hace las veces de sinopsis, no sólo no tiene ni la más remota gracia sino que, en algunos momentos, se pone ridículamente serio, como intentando cargarse de forma metódica, escrupulosa y minuciosa hasta el último vestigio del desenfado de los personajes de Ibáñez. ¿Cuántas veces se mencionaban los problemas gordísimos del mundo, de un modo tan aséptico, desapasionado y artificial como hacen los periódicos -perdón: como DEBERÍAN hacer; para apasionamientos, implicaciones sin medida y toma de posiciones con este o aquel bando, ya tenemos la sección de opinión. En la noticia en sí, deberían limitarse a contar las cosas, tal cual, sin más aderezos ni parcialidades pseudorrománticas. Que están los medios que dan asquito, la verdad-, en las historietas de Mortadelo y Filemón? ¿Cuántas veces, antes de la reciente -y lamentable- transformación, que les ha llevado a caricaturizar cualquier aspecto de la actualidad moderna, hablaban Mortadelo y Filemón de "grupos terroristas de Oriente Medio, acusados de atentados con bomba y de varios secuestros"? ¡Por Buda -y Confucio, otra vez-! ¡Para morirnos todos de asco y de pena, ya tenemos los telediarios! ¡No me toquen la infancia, que me cabreo más todavía!

Bueno, pues este Clever & Smart es un tocamiento de infancia de lo más desconsiderado y denunciable, de principio a fin. Mira que Ibáñez dibujó multitud de historietas, a cuál más simpática y original, protagonizada por esos agentes "uno alto, calvo y con gafas y otro bajito, con dos pelos". ¿Os acordáis de El Sulfato Atómico, un pretendido turboinsecticida inventado por el profesor Bacterio y que, en lugar de asfixiar a los bichillos, los transformaba en mastodontes incontrolados? Esa es de las mejores. Por no hablar de Chapeau el Esmirriau (Riau, riau), aquel enano que llevaba un sombrero lleno de resortes mecánicos que lo hacían casi invencible. O el Gang del Chicharrón, o Los Extraterrestres, o La caja de los diez cerrojos o Safari Callejero (precisamente, esta sirvió de argumento para el "Mortadelo y Filemón-2", programado en España, y que nos perdimos los commodoreros, insisto)... en fin... que, está claro, Ibáñez no tuvo nada que ver con el desarrollo de esta chorrada que nos ocupa. De lo contrario, digo yo que habría dejado que versionaran alguna de sus historietas, y no nos habríamos tenido que conformar con la clásica pollez "rescata a futanito, que ha sido secuestrado por la banda de perenganito". Sólo que, ahora, y como para reivindicar una vez más (y con poquísimo éxito, encima), que, ¡sí, señores! ¡créanselo ustedes -por piedad-! ¡este es un juego protagonizado por Mortadelo y Filemón!, resulta que "futanito" es el profesor Bacterio y "la banda de perenganito" es la A.B.U.E.L.A. (otro de los estupendos acrónimos que maese Paco incluía en sus historias; esta era una de las organizaciones rivales de la T.I.A). Ah, pues qué bien. 

En un tebeo real de Mortadelo y Filemón, para rescatar a Bacterio intentarían toda suerte de disparates, que acabarían siempre con algún transeúnte vendado hasta la coronilla, como si fuera una momia, mientras el señor Súper buscaba a los dos merluzos a través del Sáhara, el Amazonas o el Tibet, arrastrando una garrota colosal y canturreando aquello de "Mortadeleeeteee, Filemonciiito, vengan aquí, que les voy a dar una condecoración". Aquí no, miren ustedes por donde. Se ve que, en el fondo, los agentes guardaban un cariño colosal hacia la hecatombe de científico (nada que ver con la inquina tremebunda que le profesaba Mortadelo en los tebeos; recordemos que Bacterio fue el responsable de su calvicie) y están tan afectados por su rapto, que se han transmutado en una pareja de energúmenos freelance, empeñados en resolver el caso aunque sea a fuerza de caer en las más insondables bajezas morales. Y no hablo de hacer trampas en una carrera de caracoles, de falsificar la firma del Súper para cobrar sus cheques o de colarse en un restaurante chino disfrazado de mandarín para pagar la mitad (todas ellas, gilipolleces inconmensurables, que a Ibáñez jamás se le habrían ocurrido, por facilonas, pueriles y descerebradas), sino de, insisto, apartar viejas a codazos o promover el juego en una guardería, colándose entre los nenes disfrazado de zagal inofensivo. Vamos, y no se nos conmina a comprar un rifle de francotirador con munición de uranio enriquecido, irrumpir en el patio del cole en el momento del recreo y liarnos a tiros con todo el que se menea, de puro milagro. Lo dicho: un retrato fiel del humor inteligente de las historietas de Mortadelo y Filemón. Y un huevo de pato. También.  

Huy, qué cosa tan inteligente, divertida y tronchante. Merece el primer premio de la guardería El caso es que tendréis la oportunidad de perpetrar todas esas cosas (excepto la de repartir balazos indiscriminadamente, claro; y menos mal), y algunas otras más (igual de tontainas y pueriles, eso sí), porque si la gente de Magic Bytes hizo algo bien con este juego, fue plantearlo como una aventura. Matizo la última frase: eso fue lo ÚNICO que hicieron bien con el juego.

Se supone que Bacterio está apresado en una de las casas que componen el mapa del juego (más bien pequeño). Tenemos que ingeniárnoslas para llegar hasta él, mientras intentamos ganar más pelas y nos afanamos por evitar que el marcador de "hambre" suba demasiado. No tengo muy claro, la verdad, por qué tenemos que denodarnos por reunir tanta guita. Quizás es que, con los fondos suficientes, Mortadelo puede comprar el equipo necesario para encontrar al científico... ni idea, oigan. El caso es que siempre tenemos que estar intentando juntar parné, por lo civil, por lo criminal y, más frecuentemente, por lo estúpido, gilipollesco, soez y sin-ni-jodida-gracia. 

Entre las paridas que los responsables de este aborto de orangután contrahecho y artrítico nos obligarán a perpetrar, se cuentan las que os he mencionado antes (hablando de la carrera de caracoles, encima de estas líneas tenéis una captura), y algunas otras, como robar la colección de sellos del Súper. Ciertas hazañas son de lo más evidentes. La anterior, precisamente, no requerirá más que situarnos junto al edificio pertinente y pulsar fuego + la dirección en la que éste se encuentra. El chiste viene cuando os dais cuenta que todas las casas del juego son prácticamente iguales y que no hay letreros, referencias, indicadores, detalles o, en general, pistas de ningún tipo que nos sugieran qué contienen. O sea, que tenemos que ir como locos, correteando por las calles mientras evitamos a la policía (si nos damos de tortas con un agente, subirá el marcador de hambre), a los coches y a los psicópatas que se pasean por ahí con una bomba en las manos (estos dos últimos, si se nos echan encima, nos quitarán una vida), mientras registramos todos y cada uno de los edificios. Y más os vale aprenderos de memoria la ubicación de cada uno de los importantes, porque, insisto, sin referencias de ningún tipo, como tengáis que volver a alguno, no os quedará otra que registrar de nuevo las inmediaciones, a ciegas. Sí señor. Todo un adelanto, todo un hito, toda una visión revolucionaria en el concepto del ocio electrónico. 

¿Monótono, pensáis? ¿Anodino, absurdo, tonto, gris, os teméis? Je. Pues aún no habéis visto la estupidez tronante de la falsificación de la firma del Súper, para dejarle la cuenta del banco más seca que la cabeza de las cerillas. Tenéis que replicarla, PIXEL A PIXEL. Insisto en ello: PIXEL A PIXEL. A pesar de lo flojísimo del juego, y de lo poco (nada, más bien) conocido de los personajes, en Inglaterra, que tendrían que haber hecho que hubiera pasado desapercibido por allí, todavía se ve, de cuando en cuando, el mensaje airado de algún jugón británico, protestando por la cretinez infinita de tanto rigor y tanta precisión, en el foro de Lemon64.  

Y cuando estéis medio muertos de asco y aburrimiento, aún podréis moriros la otra mitad, bajando a las cloacas, que trazan un laberinto de enormes pixels, repetitivo e insípido hasta la nausea, y poblado por una serie de ridículas ratas monocolores capaces de arrebatarnos una vida con sólo rozarnos. Se supone que, en las profundidades de la inventiva y la creatividad de los programadores del juego... quiero decir... en lo más hondo de las fosas sépticas anegadas por viscosos regatos de mierdecilla salpicona, tenemos que dar con una caja de fusibles que habremos de... erm... ¿desactivar? ¿activar? ¿romper? ¿conectar? Lo que sea: el caso es que tenemos que hacer algo con la correcta, siempre que hayamos comprado antes las herramientas (son de lo más caras, por cierto: de ahí que Mortadelo se vea forzado a hacer las payasadas más denigrantes de toda su carrera, para conseguir el dinero necesario). No recuerdo para qué ni por qué. Pero sí que, si nos equivocamos de panel, los cables pelados nos sacudirán un calambrazo morrocotudo, que nos quitará una vida. ¿Y dónde está la gracia, me preguntáis? Oh, pues en el hecho de que nadie nos dice cuál es la caja correcta, y no se me ocurre ninguna forma infalible de distinguirla de las demás. No me digáis que no es brillante, genial, lúcido, original, luminoso...  

Sí, ya hemos acabado el comentario, sí. Y no falta nada, no. Ni siquiera falta por mencionar la colección infinita de disfraces de Mortadelo, porque sólo podrá utilizar un par de ellos, después de comprarlos, y en los lugares correctos. Para más hilaridad general, se emplean en situaciones que no tienen ni puñetera gracia. Qué alegría más grande.  

 
 
Pues el caso es que no están tan mal, después de todo. Esto es, en la superficie, porque en las cloacas hacen estupendamente juego con el entorno, y huelen que dan asco, no sé si me entendéis.

Pero, repito, cuando Mortadelo y Filemón corretean por las calles de la ciudad, veremos alta resolución por todos lados (bueno, en algunos personajes y en algún detalle del escenario, en realidad...). Los dos agentes se mueven como pulgas histéricas y son más bien diminutos, pero hay que admitir que están trabajados. En general, yo diría que el aspecto del juego no pasa de ser aseadito.

La música es una especie de versión cretinoide, sin la menor gracia, del clásico soniquete que uno esperaría encontrar como tema principal en una mala película de espías. Eso sí, técnicamente está bien. Los efectos son de lo más vulgares.


Si yo no hubiera oído hablar nunca de Mortadelo y Filemón, este Clever & Smart me parecería un mal juego, de todos modos. Aburrido, ridículamente difícil en algunos momentos, y empapado en una especie de amago de conato de proyecto de larva de parodia de imitación de caricatura de sentido del humor, infantiloide, fácil y, a ratos, grosero.

El clásico cumuleno de supuestos chistes con el nivel intelectual y la sutileza de aquellos de puticlubs al que acudían un francés, un inglés y un español, y que nos contábamos en el patio del cole, en octavo de EGB. El típico amasijo de bromas de programa de televisión de barrio, quiero-y-no-puedo-hacer-gracia-a-nadie. Vamos, un asco. En esas condiciones, y a pesar de los escasísimos detalles más o menos salvables de la quema inmisericorde (algún que otro gráfico agradable, por ejemplo), no tendría más remedio que otorgarle al experimento, un 4. Pero como, encima, resulta que SÍ conozco los tebeos de Mortadelo  y Filemón, y este juego no sólo no les hace justicia, sino que los destroza, los atropella, los pervierte y acaba perpetrando con ellos una felonía casi comparable a transformar a la gallina Caponata en terrorista suicida y a Don Pimpón en un pederasta lúbrico, le quito un punto. Y estoy siendo generoso y todo.

* Algunos gráficos son agradables. * Monótono.
* Tiene momentos de dificultad absurda.
* Todas las casas de la ciudad se parecen demasiado y, encima, no hay letreros o referencias para identificar a las importantes.
* No tiene ni puñetera gracia. Es más: resulta hasta soez y grosero.
* Se carga a mis dos personajes de tebeo favoritos. ¡Y esto es lo que más me cabrea!