Dino Eggs
Género: Arcade Música: ?
Desarrollado por: D. Schroeder & L. Bertoni Año: 1983
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Ah, ¿así que creíais que los dinosaurios se extinguieron cuando un enorme pedazo de roca espacial, grande como una montaña, densa como el metal, se estampó a velocidad de vértigo contra lo que hoy es la Península del Yucatán? ¿Así que pensabais que la colosal nube de polvo que el impacto expulsó a la atmósfera, bloqueo la luz del Sol, generando una especie de invierno nuclear durante años, y mandando eficazmente a hacer gárgaras toda la cadena alimentaria?

¡Pues no! Para que lo sepáis, los dinosaurios se extinguieron porque un tal Time Master Tim, experto en viajar a través del tiempo donde los haya, en una de sus ociosas excursiones al Jurásico, contagió a algún brontosaurio desventurado con el sarampión... y claro, la infección pilló en bragas al sistema inmunológico del pobre bicho, que jamás se había tenido que enfrentar a nada parecido.

Claro... lo más lógico del mundo.

El patoso intemporal, asaltado por los remordimientos, cuando vuelve a nuestra era y descubre la debacle (¡Extra, extra! ¡Los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años! ¡Además, en la contraportada les contamos la otra gran noticia del día! ¡Los icebergs no fueron buenos para el Titanic!) de la que es responsable, decide regresar a la época de los grandes saurios y salvar a unos cuantos de la desaparición.

Está claro. Ya no se hacen juegos como este. Y mira que me repito ¿eh? Y mira que me repito ¿eh? Y mira que me repito ¿eh? Y mira que...

Pixels Jurásicos
Aunque no culpo a los programadores. Con los enormes recursos de hoy en día, invertirlos en una chuminada (simpatiquísima y divertidísima, sí, pero chuminada al fin y al cabo) como la que nos ocupa sería un verdadero despilfarro. Porque además, me da a mí la impresión, su simplicidad no serviría a ninguna compañía para exigir menos de un Pentium MCLXVII y 14 gigas de RAM como sistema ideal en el que ejecutarlo.

A lo largo de una serie de pantallas formadas por pixeladísimas escaleras y cuadriculadísimas plataformas, nuestro héroe debe apañárselas para rescatar tantos huevos de dinosaurio como pueda, sin tocar en el proceso a ninguna de las alimañas que pueblan la zona, o se contaminarán mutuamente (es decir: Tim, y la alimaña). Bonito y emocionante intercambio de bacilos a través de los eones. Como el multiculturalismo de marras, pero a lo bestia.

A ver, poneos cómodos y os explico la mecánica del juego con un poco más de detenimiento. Prestad atención a las capturas. Muuucha atención, porque a primera vista no es que sea especialmente fácil distinguir los objetos y bichejos que llenan la pantalla. Trataré de hacer un esfuerzo descriptivo...

A ver: esa especie de pelotas verrugosas, la mayoría de ellas azules, que cuelgan de algunas plataformas, son rocas. Sí, rocas. No me preguntéis qué pintan ahí, como si fueran golondrinos.

El caso es que muchas de ellas ocultan huevos de dinosaurio que sólo se revelarán si nos situamos encima de la de turno, y pulsamos fuego+abajo, para desprenderla de su asidero. La maniobra tiene una ventaja secundaria: si el enorme peñasco pilla a algún malo en su caída, lo mandará a hacer puñetas.

Tim sólo puede llevar 3 huevos cada vez; bueno, más bien 5 si contamos... erm... este... jo, qué imbecilidad de chiste... nada, nada, olvidadlo: TRES huevos. Y punto.

Para ponerlos a salvo, debe correr hacia su cápsula del tiempo (esa especie de portal formado por puntitos brillantes; en la captura de arriba puede verse en la esquina inferior derecha de la pantalla) y depositarlos allí. Entonces, se transportará instantáneamente a otro punto de la pantalla.

En cualquier momento, eso sí, podemos abandonar un nivel. Eso es original, mirad por dónde. No es necesario poner a salvo a todos los lagartijos y a todos los huevos, para progresar hacia la siguiente fase. Podemos escapar cuando queramos, si las cosas se ponen feas. El problema es que sufriremos una penalización de lo más salerosa (... tanto más salerosa cuantos más inocentes criaturitas prehistóricas nos dejemos por rescatar).

Un matiz al párrafo anterior, si me lo permitís: en realidad, Tim puede cargar hasta con 9 huevos. U 11 si... ¡vaaale, me caallo!
A lo que iba: en ocasiones, veremos cómo cuelga de alguna de las plataformas de la pantalla, una especie de... de... esteee... bueno, de... es como un cruce entre chirimoya histérica y mina submarina. Haceos una idea de la soplapollez. El caso es que se trata de una planta energética, que aumenta temporalmente la fuerza del protagonista.

Bien. Ahora continuemos con la afanosa y trabajosa descodificación de la vomitona de pixels hidrópicos de las pantallas del juego:


En las capturas podéis ver algo parecido a garrotas o trancas, trazadas muy rudimentariamente con gruesas líneas blancas, y también colgaditas de las plataformas. Bueno, pues son troncos. Es necesario que usemos dos de ellos para encender un fuego.
Más que eso: es absolutamente esencial. ¿Que por qué? ¿Que qué pasa si no lo hacéis? ... mirad la captura de la derecha.
Coñe...

No, no es que al programa le sobrevenga un cuelgue monumental, y comience a desparramar basurilla multicolor en el interior de un feísimo rectángulo en alguna esquina de la pantalla. No: es una pata de dinosaurio. Ya, sí, se parece tanto a eso como un paraguas a un montacargas, pero creedme: los autores del juego aseguran que se trata precisamente del ataque de mamá dinosaurio. O sea, la criaturita que ha puesto todos los huevos con los que ahora estamos arramblando alegremente.

A pesar de sus colosales dimensiones, al animalito le asusta el fuego, así que por eso tenemos que darnos prisa en encender una hoguera.

Es muy sencillo, no creáis: basta con soltar un tronco sobre otro. Entonces, ambos comenzarán a humear primero, y a arder después (ojo: en ese instante, cualquier bicho viviente que pase junto a las llamas, quedará instantáneamente vaporizado... incluyendo nosotros). Bajo el fuego aparecerá una cuenta atrás. Cuando alcance 1, los rescoldos comenzarán a extinguirse, y tendremos que avivarlos echando otro tronco. Si dejáis que se apaguen del todo, ya podéis ir corriendo... raro es el nivel en el que tienes troncos suficientes como para empezar varias hogueras a partir de cero, y en cuanto mamaíta diplodocus vea el camino libre, no dudará en dejarte con el grosor de una rodaja de mortadela.

¿Y los malos de andar por casa?
Hay tres tipos:
- Serpientes (que son esas cosas con aspecto de espermatozoide patético que pueden verse en ambas capturas), que se dedican a reptar por la pantalla, abandonándola por un extremo, y surgiendo inmediatamente por el opuesto.
- Arañas: que emergen desde el fondo de montañitas en la parte superior de la pantalla, y se dejan caer con su hilo (que podemos seccionar si saltamos hacia él en el momento adecuado, haciendo que el bichejo se escachifurcie contra el suelo).
- ... esto... amasijos de pixels gordísimos (creo que son luciérnagas, o algo así), que vuelan rápidamente un poco por encima de la cabeza del protagonista (con lo que resultan de lo más incordiantes a la hora de saltar).
- ... bueno, y un cuarto difícilmente indentificable, y que he visto pocas veces de momento. Es como una especie de cangrejo que apenas se mueve del sitio. 

Si nos toca cualquiera de ellos, sufriremos una contaminación de lo más curiosa... se activará una especie de "reloj biológico" (al menos, así lo llaman en las instrucciones), que descenderá rápidamente. Si no alcanzamos a tiempo la cápsula y nos refugiamos en ella durante unos instantes (allí somos invulnerables), Tim involuciona, y se convierte en una alimaña más (con lo que perdemos una vida, claro... no creáis que el juego continúa con una tarántula peluda bajo nuestro control; aunque bien pensado, habría sido una gracia).

Las arañas, además, muestran bastante apetito por las crías de dinosaurio. No os lo he contado todavía (y ya iba siendo hora, coñe), pero algunos de los huevos eclosionan de vez en cuando, y de ellos emerge una monada de dinosaurito chiquitín (les pasa como a los perros: muy lindos cuando son cachorros, pero luego crecen; y si que el setter se te cague en la alfombra es una faena estupenda, imaginaos una boñiga de braquiosaurio anegándoos el salón comedor), que correteará desorientado.
Debéis defenderlos a toda costa, pero como no podéis tocarlos (recordad: contaminación), tendréis que saltarlos para que Tim los encierre en una minicápsula protectora.

 
 

Horremebundos. Ya los veis en las capturas. Pero aún así, ¡oye! ¡son simpáticos y todo! La verdad, me hizo mucha gracia la primera vez que vi la enorme pata de la madre dinosaurio, con la forma de un rectángulo descomunal relleno con una textura feísima, irrumpiendo desde la parte inferior de la pantalla, y laminando eficientemente a Tim.

No olvidemos, de todos modos, que el juego data ni más ni menos que de 1983.

Otro tanto. La música consiste en una serie de simples pitiditos a una sola voz, y los efectos de sonido tampoco van mucho más lejos. En el 83 ya eran mediocres, conque figuraos...

... pero a pesar del aspecto técnico, más bien desaliñadito, incluso para un título tan antiguo, el caso es que Dino Eggs es un juego simpático, divertido, y con un nivel de adicción sorprendente.

* Adictivo, divertido y simpático.

* Técnicamente mediocre, incluso para un juego del 83.