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Double Dragon
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Puede juzgarse este Double Dragon desde dos puntos de vista: como juego de
lucha, o como conversión de una de las recreativas de más éxito en su época.
En el primer caso, es un bodrio. Y en el segundo, es sencillamente horrendo.
Una pena. La de moneditas de cinco duros que me dejé yo en mis tiempos repartiendo
mamporros a diestro y siniestro en la recreativa original. Llegué a dominarla,
la verdad; era capaz de terminar el juego, en una sola partida (sin "continues"
de esos, ni nada). De modo que cuando me enteré que la iban a versionar para
los ordenadores personales, me froté las manos, creyendo que, por fin, podría
jugar todo lo que me diera la gana sin tener que gastarme ni una gorda más.
Je, je. Iluso de mí.
Double Dragon ha sido una de las mayores decepciones que tanto el C64 como el Amiga (lo tuve para las dos plataformas y era a cual peor) me han dado.
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Y es una lástima porque, al menos en la versión para la máquina más antigua de las dos, daba la impresión de que iba por el buen camino... quizás a última hora tuvieron que acelerar el desarrollo porque se quedaban sin tiempo, o lo mismo cuando el proceso iba por la mitad, el equipo de programadores contrajo la fiebre botonosa, y tuvieron que meter a una pandilla de aficionados. |
Ya os digo: parecía que la conversión iba con buenas intenciones... la música corría a cargo de Maniacs of Noise (uno de los mejores grupos de músicos SID de la época); la productora era ni más ni menos que Melbourne House, una empresa que había creado algunos de los juegos de lucha más legendarios (como el Exploding Fist)... parecía que todo iba a salir bien y... publicaron esta plassssssta.
Y una de las razones que tenía para pensar que Double Dragon podía haber sido una de las mejores conversiones de recreativa para el Commodore es que los escenarios eran sorprendentemente fieles a los de la máquina original. En algunos casos menos, y en otros eran prácticamente clavados.
| Ahora, lo que es el desarrollo... ¡uff! Para empezar, el juego es monótono a más no poder. Las peleas se suceden a intervalos prácticamente regulares (te cargas al maloso o malosos de turno, avanzas un poquito, te sale otro, lo vapuleas, luego otro... etc...). | ![]() |
Además, nunca nos salen al paso más de dos enemigos a la vez, de modo que aquellas
míticas batallitas de la recreativa, en la que nos enfrentábamos a hordas de
macarras, nunca se repitieron en el Commo.
La variedad de los malosos también brilla por su ausencia. Ni siquiera hay enemigos
de fin de nivel (como el negrazo enorme de la primera fase de la recreativa),
y el escenario está "muerto". O sea, que ni hay cajas, rocas o barriles
con los que planchar a los enemigos. Tampoco, por supuesto, hay agujeros en
el suelo por los que tirar al personal; ni se mueve la cinta transportadora
del segundo nivel, ni podemos subir por escaleras o enrejados, ni... en fin,
haceos una idea.
Pero peor aún... los juegos de lucha basan su escasa originalidad en la variedad
de los golpes. ¿Recordáis (los que conozcais la recreativa) el porrazo de rodilla
en cara? Era tan bestia (y original, admitámoslo) que para mis amiguetes y para
mi, bastaba para definir a la máquina. No la llamábamos el "Double Dragon",
si no el "tucún-tucún" (por el ruido que hacían los porrazos). Ea,
pues en la conversión, ni tucún ni gaitas. Pataditas, puñetazos y pare usted
de contar. Los combates, encima, son aburridos y difíciles. Y por no tener,
tampoooooco tenemos la posibilidad de agarrar a los malos, y lanzarlos por los
aires con una hábil llave. En fin... penoso.
Y para terminar, cuando le arreamos una guantada a un malo que lleva un arma,
no la deja caer si no que... ¡aparece directamente en nuestra mano! Vamos, que
darle caña a este Double Dragon es empezar y no parar... al menos, cuando participan
dos jugadores simultáneamente, es posible que se den collejas entre ellos. Esta
era una de las cosas más divertidas de la máquina (reconozcámoslo... tenía su
gracia eso de arrearle a nuestro "amiguito" con el bate de beisbol
en todos los piños).
Ya os digo; una pena de conversión, porque por el diseño de los escenarios parecía
que iba por buen camino. Los sprites no están del todo mal hechos, pero la animación
es patética, y además, tienen cantidad de bugs.
Lo único que de verdad destaca (y no podía ser menos) es la música. Es incluso
mejor que la de la recreativa. Los efectos de sonido son acertados, pero poco
variados.
Así que, a no ser que seas un fanático del Commodore y del Double Dragon, yo
que tú cargaba el MAME y jugaba a la versión original.
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| * Los escenarios son muy fieles a la recreativa original. |
* Los combates son aburridos y difíciles. |