The Eidolon
Género: Arcade / Aventura Música: ?
Desarrollado por: Lucasfilm Games Año: 1985
Pincha aquí para ver la portada ampliada Pincha aquí para bajarte el juego ¡Flipaaa...!

Hay compañías que se distinguen por la calidad de sus juegos. Prácticamente cualquier lanzamiento que hacen tiene el éxito asegurado, precisamente por eso. Y una empresa mítica, con esa tradición, es la actual LucasArts, que ya daba guerra, y hacía títulos sorprendentes, en la era dorada de los 8 bits (bajo el nombre de Lucasfilm Games). Algunos de los títulos más complejos y técnicamente más asombrosos salieron del rancho de George Lucas. Como The Eidolon.

3D, primera persona, tiempo real... ¡y 1985! Permitidme que me ponga en pie, y le dedique un aplauso de admiración a los programadores de este juego...

*PLAS, PLAS, PLAS*

Vale. Sigamos.

Trata de un señor que compra una casa del siglo XIX, y descubre en una habitación, cubierta por el polvo, una extraña máquina victoriana con forma de esfera.

Junto a ella, encuentra el diario de su inventor, lleno de anotaciones. Parece que la máquina le permitió viajar a un mundo subterráneo plagado de extrañas criaturas (de las que incluye inquietantes bocetos).

Así que, comidito de curiosidad, nuestro protagonista, tras estudiar durante días las anotaciones del creador del Eidolón (que así es como se llamaba el cacharro), decide utilizarlo. Y en efecto, viaja a una red de cavernas pobladas por seres curiosísimos.
Digno de George Lucas, ¿eh?

Pues el juego en sí no desmerece en absoluto. Pilotamos el Eidolón, a través de las grutas, que se nos muestran con una vista en primera persona. Y no se avanza a pantallazo limpio, no... el movimiento es fluido y suave (para los estándares de la época, claro). Como en el celebérrimo Doom, para que nos entendamos. (No tan rápido, eso sí). Parece mentira que el juego se programara en 1985.

Nuestro objetivo es profundizar en las cuevas, más y más, descubriendo a sus habitantes y los secretos que guardan. El mundo subterráneo se divide en una serie de niveles. La salida de cada uno de ellos está guardada por todo un dragón dormido.

Está protegido por una barrera de energía, y para romperla, hemos de encontrar una joya oculta en las cavernas, y guardada por algún bichejo. Cuando nos acerquemos al dragón, la pantalla parpadeará con un color (rojo, verde o azul), que nos indicará el color de la piedra preciosa que hemos de encontrar. Estee... perdone, no quería despertarle... yo ya me iba...

Así que hay que recorrer los túneles (único punto negativo del juego: orientarse es bastante difícil; todos los pasadizos se parecen mucho, y aunque contamos con unos indicadores que nos informan de la dirección que hay que seguir para llegar al dragón, y nuestra distancia a él, perderse es de lo más fácil), buscando las gemas correspondientes. Para conseguir una, casi siempre tendremos que pelear contra un monstruito. Algunos son pacíficos, y pasarán de nosotros, pero otros se ponen de muy mala leche cuando nos acercamos, y nos obligarán a acribillarlos a bolazos de energía.

Y es que el Eidolón puede disparar cuatro tipos diferentes de esferas (lo cual es importante, porque muchos de los dragones sólo son vulnerables a uno de los tipos -lo sabremos si, cuando le disparemos una, saltan chispas de su cuerpo-), aún a costa de sus reservas de energía. Ésta puede reponerse cogiendo las esferas que flotan en los pasadizos, o (si tenemos habilidad), pescando al vuelo las que nos lanzan los dragones (no es tan difícil: sólo hay que centrar la vista en la esfera, hasta que aparezca un rombo a su alrededor; en ese momento, hemos de pulsar la barra de espacio para "asimilarla"). Algunas esferas tienen efectos curiosos... por ejemplo, si absorbemos una de las esferas azules que flotan en los pasadizos, el panel del Eidolón parpadeará, y todos los monstruitos quedarán "congelados" (aunque no podremos hacerles daño mientras tanto). Es como si se detuviera el tiempo.

También podemos transformar alguna de las peligrosas esferas rojas que surcan los corredores, en una esfera amarilla (de las que más energía recargan), disparando otra esfera roja contra ellas.

Los gráficos del juego son para quitarse el sombrero (insisto, sobre todo teniendo cuenta que se desarrolló en 1985). Tanto los escenarios, como los monstruitos con los que nos toparemos mientras vagabundeamos por el subterráneo. Éstos están muy bien dibujados y son muy expresivos... como de dibujos animados. Además, son de lo más imaginativos... la "mosca helicóptero", el "pájaro mordedor", el histriónico y nervioso "Grep"... una fauna curiosísima.

El sonido es adecuado. Hay un tema musical normalito, y los efectos suenan suaves, y ambientan lo suyo.

En resumen: un juegazo. Técnicamente sorprendente, y muy, muy inmersivo.

 
 
* Muy inmersivo.
* Técnicamente impresionante.
* El diseño de los personajes.

* Los túneles se parecen mucho entre sí, y es fácil perderse.