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Fighting Warrior
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Sé que hay muchos Commodoreros a los que les encanta este juego. Y no creáis, a mi también me gustaba mucho en su tiempo. Hasta que me di cuenta de que, una de dos, o llegar al hipotético final (rescatar a la inevitable princesita que, para variar, se deja secuestrar por la piara de diablillos de turno) es terriblemente difícil o, directamente, no hay final, y el único objetivo del juego es avanzar, repartiendo mandobles a diestro y siniestro, hasta que la infinita horda de monstruosidades, se come con patatas tu última vida.
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No niego que Fighting Warrior tiene muchísima personalidad.
Sobre todo, yo diría que es por su música. Magnífica. No creo que haya muchos
Commodoreros que no la conozcan. Sin embargo, termina haciéndose terriblemente
repetitivo. Ya os digo: el único objetivo que parece tener el juego es avanzar,
derrotando a un rival tras otro. Cuando terminamos con un oponente, a espadazo limpio, con frecuencia aparece una vasija mágica en su lugar. |
Golpearla tiene cuatro posibles efectos. En la inmensa mayoría de las
ocasiones, nos restará una unidad de energía (¡je! ¡como si sobraran!). Pero
también es posible que, en vez de restárnosla, la sume. O bien, que abra un
túnel hacia el siguiente nivel (se alternan los escenarios: desierto, templo,
desierto, templo...). Por último, es posible que, arrearle un tajo a la vasija
de marras, desencadene un enfrentamiento contra uno de los temibles semidioses
que, sobre todo, suelen habitar en los templos.
Vaaale, a lo mejor me he pasado con lo de "temibles". La verdad es que
tampoco son para tanto. Sí es cierto que son los enemigos más peligrosos
(aparte de los más feos, con su larga cola y sus enormes alas membranosas, como
las de los murciélagos), pero por tres razones bastante simples: tienen mucha
energía, es difícil esquivar sus golpes, y suelen cubrirse con sus alas para
protegerse de nuestras estocadas.
Además de estas alegres bestezuelas, a lo largo del juego nos toparemos con
otros malosos: una especie de peludos "hombres-león" (que, como
asegura el dicho, no son tan fieros como los pintan :-p), una enorme cantidad (yo
diría que son los enemigos más frecuentes) de guerreros de piel roja y...
bueno, algo que parecen cuernos (o es eso, o tienen unas orejas horrosas... o
llevan un gorro feísimo, vaya usté a saber) que apenas suponen un desafío muy
superior al de los hombres-león. Simplemente tienen un poco más de
resistencia, y suelen esquivar la mayoría de los tajos a las piernas, dando un
espectacular brinco, al tiempo que esbozan una mueca feroz, sacan la lengua y
expelen lo que parecen pequeñas llamitas.
| Y por último, en ocasiones tendremos la desgracia de enfrentarnos a unos enormes perrazos bastante agresivos. No es que sean especialmente peligrosos... el problema con ellos es que sólo les afecta el golpe medio, que es el más lento y difícil de controlar: conseguir que impacte en el momento justo no es sencillo, lo que sumado al hecho de que estos bichejos tienen cantidades ingentes de energía, convierte los combates contra ellos en un auténtico COÑAZO. | ![]() |
Hablando de los combates... está claro que son la salsa del juego. Bueno...
en realidad, precisamente EN ESO consiste el juego.
Al principio, parecen bastante aburridos y difíciles. Se limitan a un intercambio
de mamporros entre el héroe y el malo. Yo te endiño un tajo, tú me das otro,
yo te pincho los higadillos, tú me sableas la oreja... y así hasta que el que
tenía menos energía cuando empezó la refriega, se desploma inerte.
Conforme vas adquiriendo experiencia, descubrirás algunos truquitos para conseguir
minimizar el número de cebollazos que el monstruito de turno te propina, por
cada uno que tú le das a él. Aún así, las peleas nunca son especialmente divertidas.
Podría haber más variedad de golpes, o alguna posibilidad de restar a un malo
más de una unidad de energía de un porrazo.
Además, apenas tiene uno descanso: derribas a un malo y en cuestión de 5 segundos
(eso si deja una vasija al morir; si no, estamos hablando de 1 segundo), ya
tienes a otro dispuesto a dar guerra.
Los escenarios son bastante simples y, ya os digo, se repiten bastante. Al final,
todo contribuye a que este Fighting Warrior, (que, insisto, se puede considerar
como un clásico, y tiene momentos divertidos) se haga monótono.
Los gráficos están muy bien en los personajes: grandes y bien definidos.
Y respecto al sonido: durante el juego se simultanean la música de Adrian Pertout
que, como ya os he comentado, más de un Commodorero habrá tarareado alguna vez
(pese a que la dichosa composición se presta poco a ello, jejeje), con los ruídos
de los mamporros (de lo más convencionales, eso sí; además, utilizan una de
las voces del SID ya ocupadas por la música, por lo que ésta suena "entrecortada"
durante los combates -en realidad, tampoco es algo que incomode lo más mínimo-).
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| * Los personajes están bien hechos. * La música. |
* Repetitivo. |