Fighting Warrior
Género: Lucha Música: Adrian Pertout
Desarrollado por: Melbourne House Año: 1985
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Sé que hay muchos Commodoreros a los que les encanta este juego. Y no creáis, a mi también me gustaba mucho en su tiempo. Hasta que me di cuenta de que, una de dos, o llegar al hipotético final (rescatar a la inevitable princesita que, para variar, se deja secuestrar por la piara de diablillos de turno) es terriblemente difícil o, directamente, no hay final, y el único objetivo del juego es avanzar, repartiendo mandobles a diestro y siniestro, hasta que la infinita horda de monstruosidades, se come con patatas tu última vida.

Te voy a hacer la raya en medio... No niego que Fighting Warrior tiene muchísima personalidad. Sobre todo, yo diría que es por su música. Magnífica. No creo que haya muchos Commodoreros que no la conozcan. Sin embargo, termina haciéndose terriblemente repetitivo. Ya os digo: el único objetivo que parece tener el juego es avanzar, derrotando a un rival tras otro.
Cuando terminamos con un oponente, a espadazo limpio, con frecuencia aparece una vasija mágica en su lugar.

Golpearla tiene cuatro posibles efectos. En la inmensa mayoría de las ocasiones, nos restará una unidad de energía (¡je! ¡como si sobraran!). Pero también es posible que, en vez de restárnosla, la sume. O bien, que abra un túnel hacia el siguiente nivel (se alternan los escenarios: desierto, templo, desierto, templo...). Por último, es posible que, arrearle un tajo a la vasija de marras, desencadene un enfrentamiento contra uno de los temibles semidioses que, sobre todo, suelen habitar en los templos.

Vaaale, a lo mejor me he pasado con lo de "temibles". La verdad es que tampoco son para tanto. Sí es cierto que son los enemigos más peligrosos (aparte de los más feos, con su larga cola y sus enormes alas membranosas, como las de los murciélagos), pero por tres razones bastante simples: tienen mucha energía, es difícil esquivar sus golpes, y suelen cubrirse con sus alas para protegerse de nuestras estocadas.

Además de estas alegres bestezuelas, a lo largo del juego nos toparemos con otros malosos: una especie de peludos  "hombres-león" (que, como asegura el dicho, no son tan fieros como los pintan :-p), una enorme cantidad (yo diría que son los enemigos más frecuentes) de guerreros de piel roja y... bueno, algo que parecen cuernos (o es eso, o tienen unas orejas horrosas... o llevan un gorro feísimo, vaya usté a saber) que apenas suponen un desafío muy superior al de los hombres-león. Simplemente tienen un poco más de resistencia, y suelen esquivar la mayoría de los tajos a las piernas, dando un espectacular brinco, al tiempo que esbozan una mueca feroz, sacan la lengua y expelen lo que parecen pequeñas llamitas.

Y por último, en ocasiones tendremos la desgracia de enfrentarnos a unos enormes perrazos bastante agresivos. No es que sean especialmente peligrosos... el problema con ellos es que sólo les afecta el golpe medio, que es el más lento y difícil de controlar: conseguir que impacte en el momento justo no es sencillo, lo que sumado al hecho de que estos bichejos tienen cantidades ingentes de energía, convierte los combates contra ellos en un auténtico COÑAZO. No, no se moleste en mostrarme la salida... ya la busco yo solito... ¡socorrooo!

Hablando de los combates... está claro que son la salsa del juego. Bueno... en realidad, precisamente EN ESO consiste el juego.

Al principio, parecen bastante aburridos y difíciles. Se limitan a un intercambio de mamporros entre el héroe y el malo. Yo te endiño un tajo, tú me das otro, yo te pincho los higadillos, tú me sableas la oreja... y así hasta que el que tenía menos energía cuando empezó la refriega, se desploma inerte.

Conforme vas adquiriendo experiencia, descubrirás algunos truquitos para conseguir minimizar el número de cebollazos que el monstruito de turno te propina, por cada uno que tú le das a él. Aún así, las peleas nunca son especialmente divertidas. Podría haber más variedad de golpes, o alguna posibilidad de restar a un malo más de una unidad de energía de un porrazo.

Además, apenas tiene uno descanso: derribas a un malo y en cuestión de 5 segundos (eso si deja una vasija al morir; si no, estamos hablando de 1 segundo), ya tienes a otro dispuesto a dar guerra.

Los escenarios son bastante simples y, ya os digo, se repiten bastante. Al final, todo contribuye a que este Fighting Warrior, (que, insisto, se puede considerar como un clásico, y tiene momentos divertidos) se haga monótono.

Los gráficos están muy bien en los personajes: grandes y bien definidos.

Y respecto al sonido: durante el juego se simultanean la música de Adrian Pertout que, como ya os he comentado, más de un Commodorero habrá tarareado alguna vez (pese a que la dichosa composición se presta poco a ello, jejeje), con los ruídos de los mamporros (de lo más convencionales, eso sí; además, utilizan una de las voces del SID ya ocupadas por la música, por lo que ésta suena "entrecortada" durante los combates -en realidad, tampoco es algo que incomode lo más mínimo-).

 
 
* Los personajes están bien hechos.
* La música.

* Repetitivo.