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Flunky
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Si hubo un programador que yo admiraba en los 80, fue sin duda, Don Priestley,
responsable de joyas como Trapdoor y Through the Trapdoor. El tío era un genio,
sin duda. Recuerdo que en cierta ocasión leí una entrevista con él, que me dejó
patidifuso... se ve que al señor (porque era bastante mayor de lo normal en
la industria) le divertía eso de programar, así que por su cuenta y riesgo se
puso a experimentar, y consiguió aprender hasta que alcanzó niveles que ya le
gustarían a más de un programador profesional hoy día...
Era un verdadero autodidacta, capaz de escribir maravillas en cuestión de un
par de meses. Y no sólo eso: él hacía las versiones para todas las máquinas,
de sus juegos. ¡Qué fiera!
Todos tenían un estilo similar: usaban fondos simples, pero agradables y personajes
enormes, muy animados y expresivos, casi de dibujos animados. Además, la originalidad
de sus juegos era digna de mención... por no hablar de la dificultad estratosférica.
Flunky es uno de los últimos títulos de Priestley, y quizás el más complicado.
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El objetivo del juego es conseguir los autógrafos de los miembros de la Familia Real británica. Para ello, Flunky, el mayordomo, debe recorrer el Palacio de Bukingham, realizando encargos de lo más curiosos para cada uno de ellos. Por ejemplo, Sarah Ferguson tiene una depre de caballo porque no le gusta su cara (¿y a alguien sí? jejejeje)... está desesperada por tener pecas. |
El príncipe Andrew nos pedirá un barquito para jugar en la bañera... pero,
como buen miembro de la realeza del Imperio de su Graciosa Majestad, el muchacho
es más bien caprichoso, y no le valdrá cualquiera.
El príncipe Carlos está montado en un caballito de juguete, repartiendo pelotas
de polo por medio palacio, y nos pedirá que se las recojamos. ¡Y no veáis cómo
botan las condenadas!
La (malograda) princesa Diana está muy apenada: resulta que ¡ES CALVA! ¡Como
una bola de billar! Y su maravillosa y envidiada melena rubia es en realidad
un bicharraco peludo que se ha escapado revoloteando hasta posarse en uno de
los trofeos de polo de Charles. Como es obvio, la desdichada Lady, nos pedirá
que recuperemos el engendro.
Si conseguimos cumplir todos estos recaditos, podremos intentar acceder a los aposentos de la mismísima Reina, de la que podríamos conseguir... ¡el autógrafo definitivo! (chaaaaaannnnnn...).
| Os lo confieso: me encanta este juego. Es sencillamente fantástico. Sólo le achacaría un defecto: la dificultad es TERRIBLE. Aunque los puzzles son desafiantes y, con un poco de imaginación, pueden resolverse, el problema es que hemos tenemos un tiempo límite (bastante escaso, en mi opinión) y, lo que es peor, si en el proceso causamos algún estropicio, enseguida tendremos a uno de los guardias de palacio (sí, esos del gorro ridículo y cara de esparto) detrás de nosotros, rifle en ristre. | ![]() |
Creo que esto es un poco exagerado. Si, por ejemplo, estrellamos accidentalmente
el helicóptero de juguete que hemos de utilizar en uno de los recaditos, no
tardaremos en ver al guardia deseando balear al pobre Flunky.
Una de las cosas que más llaman la atención es que, como no hay un marcador
propiamente dicho, tanto las vidas que nos quedan como el tiempo restante para
cumplir un recado, aparecen en el propio escenario del juego. Las primeras,
en la forma de una serie de caras de gato en cuadros repartidos por el palacio
(comenzamos con 6), y el segundo, como una cifra que se decrementa constantemente;
algo como un reloj digital con un marco barroco.
Más aún: cuando el juego comienza, tenemos la posibilidad de configurarlo, eligiendo
las teclas, o el idioma (y sí, ¡sorpresa! ¡está el español!) haciendo que Flunky
mueva una palanquita y pulse un botón.
Los gráficos son magníficos. Se nota que vienen directamente de la versión de
Speccy, por ciertos pequeños defectos en los colores, pero en general, se llevan
el notable alto por su expresividad.
El sonido es simplemente funcional, pero agradable. Un par de efectos, y una
musiquilla cuando uno de los miembros de la Familia Real nos pide algún encargo
(cada uno tiene la suya).
En resumen: una joya. Lástima que sea tan horriblemente difícil.
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| * Muy original. * Gráficos estupendos (sobre todo los de los personajes). * En general, divertidísimo. |
* La dificultad roza lo absurdo. |