Gilligan's Gold
Género: Arcade Música: David Dunn
Desarrollado por: Ocean Año: 1984
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No sé si este juego, uno de los primeros de una de las compañías emblemáticas de los 80, Ocean, fue o no una conversión de alguna recreativa. Pero desde luego, tiene toooda la pinta. El "gameplay", la música, los gráficos... todos ellos recuerdan a los de las maquinitas de aquellos años.

(NOTA, añadida bastante tiempo después de escribir esta ficha: según me ha contado Equinox, en efecto, este juego está basado en una recreativa. Muchas gracias por el soplo ;-D).

Es, además, el clásico arcade de los primeros tiempos del C64: simple, pero muy adictivo.

El argumento es bastante sencillo: unos bandidos han irrumpido en la mina en la que trabaja Gilligan, así que debe recoger todos los enormes sacos de oro, ponerlos en una carretilla, y salir de allí por piernas.

Soy mineeeerooo...
Parece fácil, ¿verdad? Pues no lo es. En absoluto. De hecho, nunca he conseguido completar la primera fase (estoy asumiendo que hay más, claro). No sólo nos enfrentamos a los dos cacos, que nos perseguirán incansablemente a través de túneles y escaleras...

... además, hay otros peligros: caernos por un pozo, o incluso que nos golpee una de las vagonetas que circulan por la mina.
Aunque Gilligan es bastante más rápido que el par de chorizos que pretenden desplumarle, cuando cargue con uno de los sacos de oro, su movimiento se ralentizará mucho. Lo suficiente como para ponerle al alcance de los ladrones, de modo que en muchas ocasiones, tendremos que tirar nuestra carga para poder salir corriendo.

¿Defensas ante los malos? Pocas. Principalmente, una serie de picos que hay repartidos por los túneles, y que, además de permitirnos derribar algunas paredes, sirven para dejar fuera de combate a uno de los bandidos, durante unos segundos (perdemos el pico tras esa maniobra). También podemos, cuando uno de los recalcitrantes mangantes nos pise los talones mientras cargamos un saco de oro, dejárselo caer en todas las narices, y tumbarlo del porrazo el tiempo necesario para poner tierra de por medio. Claro que, para ello, tenemos que estar en lo alto de una escalera o subiendo una rampa, de modo que el saco se deslice hacia abajo.

Bueno... y la verdad, también contamos con la proverbial torpeza de los dos cacos para ganar unos segundos. A pesar de que tienden a ser bastante feroces en la persecución, a veces se les cruzan los cables, meten la pata y terminan tirándose por un pozo.

Otra de las ventajas que tiene Gilligan sobre los malos, es que puede montarse sobre una de las vagonetas. Simplemente, hemos de colocarlo bajo uno de los asideros que se ven en el techo de algunos túneles y pulsar fuego. Gilligan se agarrará a él y quedará así, hasta que volvamos a apretar el botoncito. Si lo hacemos justo en el momento en que una vagoneta pasa bajo él, se soltará sobre ella, y podrá recorrer trechos de la mina sin que los cacos puedan hacerle ningún daño, aunque le toquen.

En algunas pantallas, veremos unos ascensores que suben y bajan cíclicamente.


Curiosamente, los malosos se pirran por ellos, y no es infrecuente que uno de los dos abandone nuestra caza para subirse a alguno, y permanecer un ratito dando vueltas. No sé si es un fallejo de la primitiva IA, o está hecho así a posta, pero el caso es que los dos bandidos a veces se comportan de un modo graciosísimo.
Este... mmm... no sé... ¿qué pondríais vosotros aquí?

Podemos mover la carretilla a lo largo de las tres pantallas que componen cada fase, o adentrarnos con ella en los túneles, si tomamos uno de los ascensores. Curiosamente, por muy cargada que esté, no nos moveremos más lentamente cuando la empujemos.

 
 

Muy sencillos, como es de esperar en un juego tan antiguo. Los personajes son pequeños (aunque simpáticos), y los escenarios, rozan lo esquemático. Sin embargo, todos cumplen sobradamente con su cometido.

No hay efectos de sonido, pero las músicas resultan muy divertidas.

Un juego sencillo, y precisamente por eso, MUY adictivo. Recomendado.

* Muy adictivo, simpático y entretenido. * Difícil.