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Gremlins, the Adventure
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No quiero parecer un carca, pero ya no se hace cine fantástico como el de Joe
Dante, en los 80. Ahora, parece que es necesario recurrir a la casquería fina
y a la infografía más descarada (y tiene gracia que lo diga un informático)
para sorprender al espectador.
Fijaos en Gremlins, (quienes la hayáis visto), que con un par de muñecajos de
látex y algún que otro juego de luces de colores, entusiasmaban al patio de
butacas.
Como no podía ser menos, la película tuvo su adaptación informática. Y como
TAMPOCO podía ser menos, en España fue especialmente conocida... por su versión
para Speccy.
Nuestro Commodore también tuvo su racioncita de Gremlins conversacionales pero,
claro, desconocida de los Pirineos para abajo. Bueno, pues ya hemos resuelto
el problema, hacias a los emuladores. Y ¿ha merecido la pena? ... Sin duda.
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Ahí va una rápida sinopsis de la historia: durante un viaje al barrio chino de vaya usted a saber dónde, un inventor de chorradas inútiles, Rand Peltzer, descubre una tienda de antigüedades y cachivaches extraños en general, regentada por un curioso personajillo con pinta de brujo cuarteado, que tiene como mascota a una criaturilla peluda muy simpática, que canta para pasar el rato. |
Al señor Peltzer le encanta el animalillo y se empeña en comprarlo para regalárselo a su hijo. Pero el Mogwai (como se llama el tierno engrendillo) requiere mucha responsabilidad.
Para empezar, no puede darle la luz brillante. Y menos la del Sol. Le mataría,
como a un vulgar vampiro transilvano.
Para seguir: nunca debe mojarse. Si le da el agua... ¡se reproduce por esporas!
Y lo más importante de todo: nunca debe comer después de medianoche, por mucho
que patalee. Tendrá que jorobarse si le da un antojo de bocata de atún con mayonesa
a las dos de la madrugada. (Imagino que la maldición terminará al amanecer,
o a las doce del mediodía... eso ya no lo dijo el fumanchú arrugado de la tienda
de rarezas orientales).
En un descuido del tendero, el señor Peltzer se lleva la jaula con el Mogwai.
Obviamente, su hijo Billy se queda patidifuso cuando lo ve. Y más obviamente
aún: le falta tiempo para meter la pata e incumplir las estrictas reglas de
mantenimiento de un bichejo como aquel. Si se hubiera portado como Dios manda,
no habría película, claro...
Cierto día tira accidentalmente el vaso donde enjuaga los pinceles (el chaval
es todo un dibujante de cómics en potencia) sobre Gizmo (así rebautizó
al peludo Mogwai), que tras mucho chillar, patalear y humear, expulsa una serie
de pelotitas que rápidamente crecen hasta convertirse en más animalillos como
él... aunque bastante más gamberros.
La cosa no acaba ahí. Los muy taimados recién nacidos cortan los cables del
reloj despertador de Billy cierta noche, y se ponen a berrear en su caja de
cartón, para que les dé comida.
Hartito de los chillidos, el chaval les deja caer unos muslitos de pollo que
los Mogwais devoran como si no hubieran probado bocado en su vida... a la mañana
siguiente, en lugar de monerías de peluche, Billy encuentra una serie de viscosos
capullos verdes en su cuarto.
¡Y no veas cuando eclosionan! Las nuevas criaturas no tienen nada que ver con
Gizmo. Asustan al miedo, de lo feas que son, y traspasan holgadamente el umbral
del gamberrismo. El líder de la banda, bautizado como Stripe, por Billy y que
luce una ostentosa cresta peluda de pollo tomatero, se las ingenia para escapar
de la casa de los Peltzer y tirarse en una piscina pública. Imaginaos la que
se lía... en cuestión de minutos, la ciudad, en plena Nochebuena, ha sido tomada
por una horda de vándalos blanduchos y verdes, de ojos de serpiente y colmillos
afilados.
| Los Gremlins no soportan la luz del Sol, de modo que de
día, el pueblo estaría a salvo... pero claro, eso es si llega a conocer
la luz del día, porque los muy energúmenos están dispuestos a no dejar
títere con cabeza, cometiendo una barbaridad tras otra con los pobres
vecinos. |
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Billy tiene que arreglar el desaguisado que ha provocado su imperdonable irresponsabilidad.
Decapitar a un Gremlin camorrista, o cocinar a otro en el microondas de casa, puede ser sencillo (¡y muy divertido, jejejeje!). Pero cuando te enfrentas a un batallón de ellos, se imponen otras alternativas. Y, como en toda buena aventura conversacional, te corresponde a ti el buscarlas.
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Por encima de lo normal en las aventuras conversacionales. Además, tienen cierto grado de animación (aunque sea en un par de frames) en algunos casos, y cuando cogemos algún objeto, se refleja en la pantalla (desaparece). |
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No tiene. Algo más que usual en los títulos del género. |
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Sin duda una de las aventuras conversacionales clásicas de todos los tiempos. Además, gustará a los que no quieren perder el tiempo leyendo enormes descripciones, ya que va al grano: muestra un dibujo de la localización actual y el texto se limita a nombrarla y a enumerar los objetos y personajes en pantalla y las salidas posibles. |
Quizás sería deseable que el juego diera descripciones un poco más detalladas
pero bueno...
Sólo le achaco lo que a todas las aventuras conversacionales: no conoces el
vocabulario del juego (bastante rebuscado en ocasiones, por cierto... ni siquiera
incluye la palabra "USE"), y eso te lleva a veces a tener que buscar
catorce sinónimos para hacer algo. Nunca le he visto la gracia a algo así, la
verdad.
| * Buenos gráficos. * Un clásico del género. |
* La "búsqueda de sinónimos", necesaria para hacer algunas cosas. |