Mancopter
Género: Arcade Música: John A. Fitzpatrick
Desarrollado por: Datasoft Año: 1984
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No sé qué es lo que tenían de especial los juegos de Datasoft, pero el caso es que me parece que, a pesar de que técnicamente no solían sobrepasar con mucha holgura la frontera de lo chusqueroide, resultaban verdaderamente divertidos. Repasad la lista; es escasita (lo cierto es que no se prodigaron mucho, ni comercializaron nada desde mediados de los 80 en adelante, si no me equivoco), pero llena de eso que, en un alarde de cursilería supina, podríamos llamar "joyas perdidas". Algunas, más conocidas, como Zorro o The Goonies. Y otras, verdaderas rarezas... bueno, rarezas en España (y ya sabemos todos que aquí, rareza era casi cualquier juego de Commodore); como este Mancopter, sin ir más lejos.

Resulta que se trata de una carrera entre... bueno, una serie de artilugios a medio camino entre triciclos y helicópteros. Y resulta que su único tripulante propulsa tanto el rotor principal como de cola, a base de pedalear frenéticamente, moviendo una ruedecilla situada hacia la parte frontal del ingenio. Vaya, echadle un vistazo a las capturas...

*insertar aquí la cabalgata de las Valkyrias* Un invento de lo más curioso, sin duda. Científicamente imposible, lógicamente tontainas y técnicamente absurdo, pero muy curioso, de todos modos. Me recuerda, no sé yo por medio de qué complejos y oscuros procesos mentales, al surrealismo de aquel programa de televisión que echaban cuando contaba yo con unos 10 añitos, más o menos. "El Planeta Imaginario", se llamaba. ¿Os acordáis?

¡Cómo cambian las cosas! Un programa infantil con un título semejante y con la maravillosa Arabesca número 1 de Debussy como sintonía, podía tener éxito entre los chavales de principios de los 80. Hoy en día, no duraría en antena mucho más de ... cinco minutos. Después de la primera tanda de anuncios, sería retirado de por vida. Ahora, se lleva más eso de poner a un par de pazguatos exclamando "superguay, tío", "mola, tronco", y demás lindezas.

Qué triste, que alguien como yo tenga que parecer un carca... *suspiro cansino*. En fin...

Vaya, pues máquinas como las que revolotean por la pantalla en este Mancopter, un poquito victorianas, un poquito pueriles, e imposibles del todo, no habrían desmerecido lo más mínimo en aquel "Planeta Imaginario". Y no os niego que la primera vez que vi el juego, me gustaron mucho. Lo mejor de todo es que el resto del programa no defrauda, y hace gala de una imaginación estupenda.

Para empezar, tengo que matizar algo: es una carrera, sí. Pero no tiene final. Ni competimos contra nadie en concreto. Ni tenemos que alcanzar la primera posición. Porque, mira tú qué gracia, NO hay primera posición. Conforme vayamos pedaleando sobre las olas del océano que siempre se extenderá a nuestros pies, veremos cómo aparecen otros pilotos, por el extremo izquierdo de la pantalla. Y no importa a cuántos adelantéis: siempre os toparéis con más.

Cuando vi este juego por primera vez pensé, por un lado, que habría estado mejor si constara de varias carreras. Circuitos, si queréis, cada uno más complicado que el anterior, con más obstáculos, más peligros y competidores más avezados en el difícil arte de darle al pedal del triciclo volante. Pero por otro, pensé que quizás eso se cargaría el tono... perdón por la inmensa mariconada, pero no se me ocurre otra palabra... el tono "onírico" que le da a este juego gran parte de su encanto. Sí: está bien siendo así de raro y poco creíble. Es más: me da la impresión de que eso es, precisamente, lo que pretendieron sus autores. (O su autor; por su simplicidad, no me extrañaría que el padre de la criaturita fuera un solo programador).
Hasta el título me gusta: "Mancopter".

El juego es original prácticamente en todo. En nuestro afán por adelantar a los otros pilotos, tenemos que cuidarnos mucho de chocar contra alguno de ellos, o nos iremos al cuerno.

Bueno, lo cierto es que esto sólo ocurre si les golpeamos por debajo. Si somos nosotros los que nos dejamos caer sobre sus cabezas, serán ellos los que se desplomarán en barrena hacia el mar. Vale, ¿y qué pasa cuando nuestro aguerrido... hmm... "hombrecóptero"... err... "ciclopilotorrotorista"... no... "carriburichorroquetecagas" ... estee... "tío-montao-en-un-chisme-que-vuela", se cae al agua? Colosal ida de la olla, cortesía de Datasoft

Pues eso dependerá del número de peces que tengamos. Veréis: comenzamos la "carrera" pertrechados con cuatro pescaditos, que aparte de ir pasándose lenta y ominosamente en nuestro bolsillo, envolviéndonos en una tenue y sedosa nubecilla de peste a merluza cochambrosa, sirven para atraer a una ballena de lo más curiosa. Curiosa porque, además de pirrarse por la pescadilla mugrienta en vez de dedicarse a filtrar plancton, acude a nuestra llamada, pececito en mano, cuando nos estrellamos contra el océano, y nos rescata. Sí, podríamos decir que los peces que llevamos encima son como las vidas que nos quedan. Con tres salvedades:

- Salvedad uno: si nos quedamos sin ellos, podremos seguir nuestro periplo tan tranquilos. Lo malo es que, si volvemos a darnos la gran morrada contra el agua, en vez de tener a nuestro lado a un amable ballenato que parece escapado de cualquier cartel publicitario, se nos abalanzará un tiburón famélico que se cepillará de un solo bocao a piloto y montura.

- Salvedad dos: en ocasiones, nos cruzaremos con pelícanos que vuelan en sentido contrario al nuestro. Muchos de ellos van con el pico vacío. Ojo, porque si nos tocan, nos quitarán un pez.
Pero podemos pagarles con la misma moneda: y si vemos a uno que lleva una sardinilla en el pico, podremos arrebatársela en pleno vuelo.

- Salvedad tres: por si los pelícanos no fueran suficiente incordio, fijaos en los pulpos saltarines que brincan fuera del agua en ciertos puntos, tratando de agarrar uno de los boquerones que llevamos encima. La monda: pulpos que saltan. Además, son morados y lustrosos. Será que ando un poco desquiciado últimamente, pero cada vez que los veo, me dan ganas de agarrarlos y estrujarlos. Como las pelotitas de goma esas que hay por ahí contra el stress... estoo...

La verdad es que Mancopter no es un juego especialmente fácil. Aunque, si os he de ser sincero, en este caso me gusta. Así, consigue no hacerse repetitivo (todo un mérito, si tenemos en cuenta que el invento es más simple que una jofaina llena de sopa de fideos -hay que joerse con la metáfora-). Bueno, así, y con generosas dosis de variedad: no siempre sobrevolaremos el mar, salpicado por un par de islotes rocosos en miniatura. De vez en cuando pasaremos por encima de una boya que delimita el fin de la zona actual y el comienzo de la siguiente. Y no hay dos zonas iguales. En algunas tendremos que volar en el interior de una cueva. En otras, nos las veremos con los aviesos pulpos saltarines, y algunas otras criaturitas igual de desagradables...

 
 

Son bastante sencillos, pero tienen un toque caricaturesco verdaderamente conseguido. No hay detalle que no resulte por lo menos agradable de ver (personalmente, me gusta mucho cómo se mueve la superficie del mar, que además, hace scroll a varios niveles), desde la escena en la que, sobre un islote, un personajillo encaramado en un torreón de madera, da la salida disparando un cañón bastante más grande que él, hasta las grutas por las que tendremos que volar en algunas etapas.

Muy corrientito, incluso para un juego del 84. Los efectos no van mucho más allá de un par de bufiditos de ruido blanco para simular el ruido de las aspas, y la música... bueno, digamos que afortunadamente, se puede apagar.

Original, entretenido, agradable de ver, y además, a pesar de su simplicidad, no se hace repetitivo. Una de esas "joyas perdidas" que uno agradece encontrar de vez en cuando, gracias a esto de los emuladores. Vale, vale, no es la octava maravilla. De hecho, no es mucho más que una pavadita simpática, pero jugad un par de partidas y ya veréis cómo merece la pena.

* Original y entretenido. * El sonido es más bien flojo.