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Metropolis
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La Tierra ha sido devastada por quincuagésimo octava vez, por culpa de algún presidente de superpotencia graciosillo, que no tenía nada mejor que hacer que juguetear con el botoncito que desencadena el holocausto nuclear. Y como era de esperar, entre las ruinas de lo que una vez fue una civilización floreciente... desastrosa, pero floreciente... campan a sus anchas hordas de mutantes a los que la radiactividad, mira tú por dónde, en vez de freírles como a vulgares gambas gabardina, les proporciona un saludable color verde limo pantanoso, y la asombrosa habilidad de escupir proyectiles de lo más dañinos. Cuuucha, ¡de lo que se entera uno! Qué cosas tiene la Naturaleza, jaté.
Claro que el nuevo régimen en la sombra que administra el caos reinante con crueldad y un desmedido apetito por los higadillos de los cada vez más escasos humanos de los de toda la vida, llega a ser una miqueta cargante, de modo que nuestro héroe, Geitor (tiene nombre de jugador del Bilbao... vamos, que me dicen que se apellida "Exteberría", y juega de defensa central, y me lo creo, jejeje), agarra su espadón y su escudo, se enfunda en su armadura, y se echa a las calles desoladas de la gran Metrópolis, decidido a repartir un poquito de estopa entre las huestes de mutantes malolientes. Y claro, aquí entramos en escena, nosotros y nuestros sufridos joysticks.
El camino hasta el escondite de la resistencia, a quienes hemos de liderar, está plagado de peligros.
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Generalmente, de cuatro peligros por pantalla, vamos. Me explico: en todas las pantallas con suficiente espacio (es decir, en las que la acción no se desarrolle sobre una cornisita que se asoma a algún abismo, y que no permita maniobrar a más de dos personajillos) siempre nos las tendremos que ver con los mismos cuatro enemigos... |
... a saber:
- Un mutante de los buenos, buenos, de los clásicos, vaya, o sea canijo, feo,
verde... ya sabéis; como para optar al Premio Mister Alcantarilla.
- Una chica de lo más rolliza. Sí, parece muy lozana, la jodía, pero revela
su adicción al Uranio-238 en cuanto te suelta un par de besitos capaces de
chamuscarte el flequillo.
- Y dos caballeros (uno de marrón, y otro de gris), con su espada, su escudo, y
unas enorrrmes ganas de incordiar.
El caso es que esto hace que el juego sea a veces un poquillo repetitivo.
Además, librarse de estos malos es relativamente sencillo, en cuanto te das
cuenta de que mientras tengas tu escudo alzado ante ti, nada podrá hacerte daño. Así
que basta con pegarse a un extremo de la pantalla (de modo que los muy taimados
no puedan atacarte por la retaguardia), y protegerte de mandobles y escupitajos
de alta energía en general; esto tiene una ventaja añadida: el escudo hace que
los proyectiles que los mutantes (es decir, los micos escuchimizados de color
verdoso, y las chicas de abundante -y bamboleante- pechonalidad, y plutonio
enriquecido corriendo por sus venas) nos disparan, reboten contra ellos y los
desintegren.
Librarse de los caballeros ya es otro asunto (a no ser que nos las arreglemos
para que uno de los disparos de los mutantes les acierten a ellos): tienen la
misma habilidad con el escudo que nosotros, y se protegerán de nuestros ataques
con una eficacia asombrosa. La única manera de quitarlos de la circulación es
arrearles un cebollazo por la espalda. No te canses de darles con la espada: lo
más probable es que bloqueen el golpe, y respondan con un tajo al páncreas,
marca de la casa, de lo más simpático.
Para completar el juego, además, tenemos que cargarnos cinco tanques de alta
tecnología. Bueno... para ser exactos, de diseño macanudo... porque yo no
diría que resulten especialmente peligrosos: parece que ellos solitos se
autodestruyen, de puro aburrimiento, cuando sostenemos el escudo ante nosotros,
y hacemos que sus disparos reboten en él. Tras un rato de mandar al cuerno los
proyectiles, escucharemos una explosión, recibiremos un poquillo de energía
como recompensa, y el enorme cachimbo bélico se considerará desactivado.
Curioso, sí.
Buscar los tanques debe ser nuestra principal preocupación.
| Y no creáis que es tan sencillo... bueno, lo cierto es que es fácil, sí, pero no tan trivial como sería si todos estuvieran en la calle (que, por otro lado, es lo lógico, ¿no?). Quiero decir que algunos de ellos se encuentran en puentes o pasajes elevados que salen de algunos edificios altos, y a los que sólo se puede acceder utilizando unos ascensores que suben y bajan cíclicamente. | ![]() |
Y cuando por fin freímos el último tanque... ¡tachánn! ... estee... pues si
os soy sincero, ahora mismo no recuerdo qué ocurría. Vaya, que no sé si con
eso finiquitábamos el juego, o era necesario llegar hasta el escondite de la
resistencia. De todos modos, estoy seguro de que terminé el juego en mis tiempos,
y hay que decir que para ser español, no sólo no era difícil, si no que incluso
tiraba a facilón.
El truco está en utilizar mucho el escudo, protegerte en todo momento las espaldas,
no pegarte ningún batacazo desde mucha altura, y sobre todo... ¡no saltar! Sí,
sí, como léeis: NO SALTAR. De verdad que no entiendo por qué la gente de Topo
decidió que Geitor se hiciera daño al pegar un bote. Para empezar, brincar no
sirve para nada, salvo cuando tenemos que pasar sobre un abismo (cosa que ocurre
con muy poca frecuencia), y para seguir... ¿qué explicación tiene que cuando
el héroe dé un salto, escuchemos el mismo ruido metálico que se oye cuando sufre
algún daño, y veamos cómo su barra de energía disminuye un poco? Vaya, que lo
mejor para suicidarse, es ponerse a botar como un gilipuertas...
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Los escenarios son muy, muy coloristas. De hecho, da gusto mirarlos. No habría tenido ningún reparo en puntuar este apartado con todo un 8... de no haber sido por los personajes... cuadriculados y no precisamente animados con la técnica de captura de movimientos. |
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Un tema musical que no está mal del todo, aunque en mi humilde opinión, no es lo mejor que hizo César Astudillo (a mi me gusta más la música del Mad Mix Game), y una serie de efectos de sonido simplemente correctos. No sé, pero yo habría añadido efectos para los golpes de Geitor. |
Vaya, es que blande su espadón y manda a un enemigo a criar malvas, y todo ello en el más absoluto silencio. Eso sí, puede oírse el sonido metálico de las espadas chocando contra los escudos, aunque no es que esté especialmente bien logrado.
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Un arcade muy típico, un pelín repetitivo, y sobre todo, con escenarios muy coloristas y trabajados. No creo que nadie lo considerara un clasicazo, pero a mi me resulta bastante entretenido. |
| * Los escenarios. | * Los personajes son una miaja cuadriculados. * ¿A que viene eso de que el héroe se haga daño cuando salta? |