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Mickey Mouse
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¡Anda! Ahora que lo pienso... Disney no tiene una división dedicada al
desarrollo de videojuegos, ¿verdad? Me parece que en los 80 sí creó una, pero se
ve que no le fue demasiado bien, porque no he vuelto a oír de ella. El caso es
que si no me equivoco, llegó a lanzar un par de títulos educativos (o séase,
para aprender a contar, a distinguir entre un patito y un osito, y
enternecedoras mariconadas de esa índole), protagonizados por sus estrellas:
Goofy, Donald (me encantaba éste cuando era chico; sobre todo por los berrinches
que se pillaba el tío, jeje, qué gracia) y Mickey. Todo hay que decirlo: esos
juegos hacían gala de unos gráficos sencillamente maravillosos. De lo mejor
que he visto en un C64.
El que tenéis aquí fue desarrollado por Gremlin Graphics, y aunque no creo que
esté orientado al mercado de los nenes de teta, tampoco creo que entre sus compradores
potenciales figuraran precisamente los postuniversitarios de casi 30 años (como
la mayoría de nosotros... y es que tiene narices: con lo grandes que somos,
y jugando con un ratoncito sonriente que se pasea por ahí con una pistolita
de agua... pero ¿y lo bien que nos lo pasamos?). Vaya, que aunque es un juego
bastante entretenido, no me parece especialmente difícil... de hecho, la partida
que hice para redactar este comentario, se alargó, se alargó, se alargó... y
cuando me quise dar cuenta, me había tirado tres horas pegado a la pantalla,
y había conseguido terminar el juego. A la vejez viruelas, sí, porque nunca
lo logré en mis buenos tiempos. Jejeje, se ve que no sólo no he perdido facultades,
sino que he mejorado.
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Como diría aquel, "pos resulta de que" un malo malísimo ha conquistado el Castillo Disney (ese tan pastelerillo que está en Disneyworld, y que imita al de Neu... Ne... Neuschwanstein, o algo así, que si no me equivoco, se encuentra en Austria... ¿o en Alemania?), con sus hordas de monstruosidades, babosidades, y repugnancias reptantes y malolientes en general. |
Por supuesto, este es un trabajo para Supermán, la Masa, los Cuatro Fantásticos o Spiderman... pero como estaban todos de vacaciones, tuvimos que llamar al ratón Mickey, vaya por Dios...
Armado con una pistola llena de agua mágica y un mazo de goma, Mickey debe recorrer las cuatro torres del Castillo Disney, cerrando a cal y canto todas las puertas, de las que emergen los monstruos del malo de la historia (que tiene el aspecto de una especie de gárgola alada, corona incluida). Lo esencial en este juego, por lo que se ve, es el agua. No sólo es la energía de Mickey en el interior de las habitaciones embrujadas, si no que es la fuente de la que manan todos los enemigos. Ya veis... le pasa como a la leche: la hay buena y mala...
En cada planta de las torres encontraremos una o dos puertas (bueno... o ninguna). Sólo podremos entrar por una de ellas cuando tengamos una llave. La única forma de reponerlas es desintegrando malosos aunque, eso sí, la inmensa mayoría de ellos lo que dejan es una garrafa con agua mágica que aumenta la energía de Mickey, o le otorga ventajas temporales (en función del color del recipiente en cuestión: por ejemplo, la roja le permite doblar su velocidad, la gris destruye a todos los enemigos en la pantalla, etc...).
Hay dos tipos principales de monstruitos a los que podemos enfrentarnos en las torres: corpóreos e incorpóreos. Entre los primeros, encontramos a una especie de ogros, y unos curiosos bichejos blanduchos con forma de cabeza verde y de lo más fea, que reptan a ras de suelo. Los enemigos tangibles sólo pueden ser destruidos con el mazo (y por cierto, los ogros se transforman en dos de esas cabezotas de las que os he hablado, al recibir un mamporro). Los malos incorpóreos incluyen a fantasmones surtidos, y a unos esqueletos bastante siniestros (y estupendamente bien dibujados, por cierto: arriba tenéis una captura de uno de ellos; la plasta esférica blanquecina que se acerca a Mickey por la retaguardia, es otro de los monstruitos "intangibles"). Bueno, pues este tipo de bichos sólo pueden ser eliminados con la pistola de agua. Ambas armas se intercambian pulsando la barra de espacio.
¿Y las habitaciones? Como os he dicho, para completar el juego, tenemos que tapiar la puerta de acceso a todas ellas. Hay cuatro clases diferentes, a saber:
- Laberintos: a mi juicio, lo más coñazo del juego. Ocupan un área de 4x4
pantallas (pero tales que las de los extremos están comunicadas entre sí; esto
es, si sales por la derecha de la pantalla más a la derecha del mapa, entrarás
por la izquierda de la situada más a la izquierda... suena capullesco, lo sé,
pero si te paras a pensarlo, se entiende). La vista es área, y en ellas,
Mickey debe buscar un martillo, clavos y tablas, y después, encontrar la
salida. Las pantallas tienen estructura de laberinto, y para darle un poquillo
de interés al asunto, veremos una serie de diablos verdes vagabundeando por
los alrededores (en la primera torre, sólo nos toparemos con uno por
pantalla... conforme avancemos en el juego, serán dos, y hasta tres). Podemos
quitar a uno del medio lanzándole un martillazo, aunque no tardará en
materializarse otro, para ocupar su lugar.
Mickey cuenta con tres unidades de energía en estas habitaciones. Cada vez que
toque a un diablo (o una calavera que aparece aleatoriamente en una de las
pantallas), perderá una. Si se queda sin ellas, volverá al exterior de la
habitación. Y ¡hala! ¡a buscar otra llave, y a comenzar de nuevo! Y no
sabéis lo frustrante que puede llegar a ser esto. El desarrollo de las
habitaciones-laberinto es bastante repetitivo. A mi, personalmente, me carga la
tira.
| - Burbujas: Mickey camina sobre una cinta transportadora que se mueve continuamente a derecha o izquierda (aunque invierte el sentido cada cierto tiempo), en la parte superior de la pantalla, incordiado por uno o más fantasmitas que revolotean tratando de arrebatarle sus unidades de energía (de nuevo tres, como en las habitaciones-laberinto). | ![]() |
En la parte inferior, veremos un depósito de agua que alimenta a una tubería que recorre toda la base de la pantalla, y tiene cuatro bocas en su superficie.
A intervalos regulares, una de las bocas (o varias, según lo avanzados que
estemos en el juego), escupirá una enorme pompa de jabón, que ascenderá
lentamente hacia la cinta. Si explota contra ella, deteriorará una de las
piezas de las que está formada. Estas losas resisten tres impactos antes de
desaparecer, lo que dejará un agujero bastante peligroso. Aunque podemos
saltarlos, hay que tener cuidado: si metes la pata y te escurres boquete abajo,
Mickey aparecerá en el exterior de la habitación y, ya sabes, de nuevo
tendrás que buscar otra llave y comenzar la prueba desde el principio.
Para superar estas etapas, hay que reventar todas las burbujas que podamos, para
vaciar al depósito que alimenta a la tubería. Y esto se consigue pulsando
fuego+abajo, de modo que Mickey lance un mazo. No creáis que es tan fácil:
recordad que la cinta no para de moverse, que siempre nos rondará al menos un
fantasmilla coñazo en miniatura, y que además, las burbujas ascienden
oscilando a izquierda y derecha.
- La máquina: arriba tenéis una captura de una de estas habitaciones,
precisamente. El objetivo de Mickey es alcanzar el extremo superior derecho de
la pantalla, donde un ogro (como los que nos asedian en las plantas de las
torres y que, ahora que me fijo, se parecen mucho al Monstruo de Frankenstein), opera una máquina que fabrica cabezotas verdes como la que podéis ver
al pie de esa escalera, justo encima del minifantasmita (y que, por cierto,
también aparecen en el exterior de las habitaciones).
El ogro está protegido por una barrera. Para desactivarla, tenemos que aporrear
todos los botoncitos rojos que sobresalen de la tubería que recorre la
pantalla. Una vez que el camino a la máquina esté libre, no tenemos más que
arrearle un cebolletazo a su operario para completar la habitación. Peeero... hay un inconveniente (si obviamos la inmensa tabarra que dan los
fantasmas: son invulnerables a nuestros mazazos, y cada vez que uno toca a
Mickey lo deja atontado unos segundos)... y es que las cabezotas verdosas,
además de restarnos una unidad de energía si nos rozan, tienen la irritante
manía de levantar los botones que hemos apretado, lo que nos obliga a volver a
darles con el mazo. Cuando os enfrentéis a dos de estas criaturitas a la vez, en los
niveles más avanzados, ya veréis qué risa...
- Y los grifos: cuatro de estos chismes se distribuyen por la habitación.
Para acceder a ellas, contamos con una serie de ascensores (vamos... en
realidad, no son más que plataformas): unos se mueven sobre un eje situado en
la parte izquierda de la pantalla, junto a dos de los grifos, y los otros,
están ubicados a la derecha. Vaya, que es un diseño simétrico.
Los ascensores se complementan, esto es, cuando los de un lado suben, los del
otro bajan, y periódicamente, se invierte el sentido de su movimiento.
No podemos cerrar cualquier grifo: ha de ser el que tenga una marca parpadeante
sobre su superficie. Ese, además, producirá fantasmitas en miniatura (como los
de las tres habitaciones anteriores), que dan una tabarra magnífica.
La única forma de perder energía en estas habitaciones es chocando contra el
techo, o sufriendo el impacto de uno de los ascensores, en la cabeza.
(Por cierto: no sé si es un fallo de emulación, si es un "bug" que
aparecía en el juego original -ya no me acuerdo-, o es que los programadores lo
hicieron así a posta, pero en estas habitaciones, Mickey tiene la cara azul...
me loxplique...).
Qué... no ha estado mal la review, ¿eh? No es de extrañar... después de haber estado con el jueguecito hasta las tantas (a ver quién me despierta a mi mañana, jejeje), y conseguir terminarlo...
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Los escenarios no están del todo mal. Los más flojos quizás sean los de los laberintos, y los más agradables, los de las habitaciones de la máquina. Los personajes, sin embargo, son el punto fuerte del juego (obviando de nuevo los de las habitaciones-laberinto... ¡son cuadriculados como ellos solos!). |
Tanto Mickey como los monstruillos a los que se enfrentará, están muy bien dibujados. Son muy expresivos, y hasta tienen un toque cómico, como de dibujos animados. Personalmente, los que más me llaman la atención son los esqueletos.
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Podemos elegir entre jugar con música de fondo (que ¿cómo no? se trata de El Aprendiz de Brujo), o efectos de sonido. Si queréis que os sea sincero, no os recomiendo NADA elegir la primera opción. La versión que hizo Daglish de ese tema es absolutamente machacona, obsesiva y cargante... y considerando que una partida se suele alargar varias horas, podéis terminar con la salud mental una miaja resentida. Los efectos de sonido, sin embargo, están muy bien conseguidos y son bastante agradables. |
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Mickey Mouse es un arcade simpático, original, divertido, con detalles dignos de mención, como sus personajes expresivos... pero que resulta facilón (normal: si cada vez que te cargas a un maloso, deja tras de sí una garrafa con agua mágica, o lo que es lo mismo, energía, prácticamente nunca pasarás ni un apuro) y a veces, algo repetitivo. |
| * Entretenido. * Los personajes. |
* Las habitaciones-laberinto. ¡Son un coñazo! * La música. * Facilón. |