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Q-BertX
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En otras ocasiones ya os he hablado de la pequeña feria de la informática que se celebraba (no se si sigue aún) anualmente en Badajoz. Se llamaba Fisex (siglas de Feria de la Informática y Servicios de Extremadura, si no me equivoco). Para los que teníamos algo de curiosidad por aquellos aparatejos parecidos a máquinas de escribir eléctricas, que llevaban un tiempo dejando boquiabiertos a los chavales de 10 años del cole, la convención era una gozada.
Recuerdo que fue allí donde vi el primer Pentium. Yo estaba en primero de
carrera, allá por el año 1991. La máquina en cuestión realizaba una
animación en tiempo real de un edificio visto en tres dimensiones, que se
desmontaba y volvía a construirse. Curiosísimo.
Pero comparable al asombro que me produjo ese mismo año el toparme por primera
vez con un ordenador que funcionaba a 100 MHz (un 486 DX4; en aquel entonces, lo
más fetén en el mundillo de la informática personal, eran los 386 a 25 MHz
como mucho y
semejante cifra me pareció increíble... vamos, tanto es así, que llegué a
pensar que estaba trucada), fue el que me hizo sufrir un tembleque, de la
emoción, la primera vez que acudí a aquella reunión semifuturista en el viejo
edificio del mercado (una construcción metálica de más de un siglo, al estilo
de las obras propias de la Revolución Industrial). Corrían los comienzos de la
década de los 80 y, pasmando a propios y extraños, un par de C64 funcionaban a
pleno rendimiento, rodeados siempre de un corro de chiquillos con los ojos como
platos.
Entre ellos, yo.
Uno de los éxitos de la feria, fue sin duda, el Beach Head original. Me parecía mentira que algo así pudiera estar funcionando dentro de una caja tan pequeña. ¡No era una recreativa tipo armario empotrao!
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El hecho de que los chavales pudieran jugar todo lo que les diera la gana (y sin gastarse las reservas de monedas de 5 duros de sus papás), fue una de las claves de este éxito, sin duda. |
Otro de los videojuegos que más llamaron la atención, fue el Q-Bert,
conversión de uno de los títulos emblemáticos desarrollados para una de las
(antediluvianas) videoconsolas del momento, creo que la Atari 2600. Me fue imposible acercarme a ese. Había tantos niños volcados sobre el
televisor, que nunca pude verlo con más detalle del que me permitía captar el
mar de cabecitas agitadas. Así que tuve que conformarme con echar alguna que
otra partidita a la versión de demostración del Beach Head, en la que se
repetía una y otra vez, la celebérrima fase de la batalla naval. Qué tiempos aquellos. Los gráficos nos parecían de otro mundo, el sonido era
como para babear sobre la moqueta (si la hubiera habido, claro)... ¡y todo gratis!
A los chavales nos daban igual los megahertzios y hasta los megaprecios (no
como a los padres, claro) de las máquinas que hacían funcionar semejantes
maravillas. Sólo queríamos pasmarnos con aquellas curiosidades. Era una época
de descubrimiento (uno de los factores que, creo yo, influyen decisivamente en
esta nostalgia que todos los aficionados a los 8 bits compartimos). Por muy
original e innovador que sea un título actual, ya no es lo mismo: después de todo, es
un videojuego más. Pero recordad por un momento cómo fue la primera vez que los
vimos.
Muchos años después (tantos, como que la cosa sucedió poco antes de
escribir este comentario), pude echarle el guante al Q-Bert. ¿Y sabéis qué?
... que no duró mucho en mi emulador.
Era muy difícil y los gráficos... bueno, no puede decirse que hubieran
envejecido muy bien. Sin embargo, poco después encontré una versión
"modernizada", mucho más agradable en el aspecto visual y, sobre
todo, bastante más manejable. Se pasaba de la frustración a "sólo"
una dificultad estratosférica. Me gustó tanto que decidí incluirlo en mi
página. Y aquí tenéis esa versión: el Q-BertX.
No. Pese a lo que os pueda sugerir el título, no está protagonizado por ningún... genital saltarín que debe perpetrar todo tipo de guarreridas sobre vaya usted a saber qué órganos o atributos femeninos. No sé a qué viene esa X, la verdad. :-p
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La cosa es de lo más sencilla (como corresponde a un título tan
antiguo). Q-Bert es un curiosísimo bichejo saltarín, formado por una
especie de cabezota de la que salen dos patas flexibles, y dotado de algo
que recuerda a una trompa corta. |
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Su objetivo es colorear todos los bloques que forman la pirámide que ocupa
cada pantalla. Para conseguirlo, no tiene más que saltar sobre ellos.
Y aquí nos topamos con la primera dificultad: la pirámide está representada
de una forma más o menos tridimensional, pero los controles no, como ocurría
con el Q-Bert original. En aquél, para pasar de un bloque a otro, teníamos que
usar las diagonales, lo que terminaba siendo bastante engorroso.
Sin embargo, en este Q-BertX, nos bastarán las direcciones básicas, esto es:
arriba, abajo, derecha e izquierda. Mucho más sencillo, en mi opinión. Pero
hay que pagar un precio de todos modos: al principio, os garantizo que meteréis
la pata en más de una ocasión y terminaréis arrojando al vacío al pobre
bichejo.
No obstante, una vez que le coges el tranquillo, la cosa fluye como la seda. Bueno... o así debería ser... si no se nos echaran encima hordas de malosos de lo más incordiantes. Los más numerosos son una serie de pelotitas que botan siempre pirámide abajo, pero con trayectorias bastante erráticas. Quiero decir que no esperéis que sigan siempre la misma hilera de bloques: pueden descender rebotando en zig-zag y caer sobre nuestro personajillo en el momento menos oportuno. Cuando una desaparece por la parte inferior de la pantalla, surgirá otra, cayendo desde la superior.
Pero no son los únicos escollos: además, con frecuencia, veremos cómo cae una esfera morada, botando hacia la base de la pirámide. Al llegar allí, se transforma en una serpiente bastante agresiva, que nos perseguirá por todas partes. Sólo hay una forma de librarse de ella: saltar sobre uno de los dos discos giratorios que veremos a los lados de la pirámide, en cada pantalla. La culebra intentará seguirnos, pero brincará al vacío, y se dará la morrada padre (aún así, no os descuidéis, porque no tardará en aparecer otra).
Ya con este elenco de alegres alimañas, te las verás canutas para pintar todos los bloques de una pantalla... pues súmale ahora más monstruos incordiantes, que aparecerán conforme vayas progresando (como una especie de alienígenas morados que parecen esbozar una mueca histérica y que flotan y rebotan contra los bloques), y obtendrás un juego verdaderamente difícil (y, quizás por ello, muuuy adictivo).
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Son simples y tienen colores fundamentalmente planos, pero resultan tremendamente efectivos. El fondo está compuesto simplemente por esos bloques apilados en forma de pirámide y los personajes están muy, muy bien dibujados y animados. En este apartado, Q-BertX está a años-luz del original. |
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Cumple, sin más. Tanto los efectos como las músicas tienen un timbre metálico que recuerda mucho al de las recreativas de principios de los 80. |
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No sólo es un clasicazo: además es terriblemente adictivo. A veces, eso sí, se pasa de difícil. Os costará un tiempo adaptaros a los controles (aún así, creo que son más cómodos que los del original). |
| * Muy, muy adictivo. | * A veces se pasa de difícil. |