Raid Over Moscow
Género: Arcade Música: No tiene
Desarrollado por: Access Software Año: 1984
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En los 80, los videojuegos no tenían ni la importancia ni el impacto en los medios de que pueden hacer gala hoy en día. Me refiero a que este Raid Over Moscow pasó sin pena ni gloria para el público general.

Imaginaos, sin embargo, que ahora se le ocurre a alguna empresa lanzar un título como este. Con tantísimos telediarios y periódicos más que hambrientos de carnaza, de sensacionalismo y de, como diría aquel, "no dejar que la realidad les estropee una buena noticia", en seguida se despertaría una polémica que daría para muchos pseudodebates de cafetería. ¿Y por qué?

Pues porque nuestra misión en este juego es volar por los aires Moscú, con una explosión atómica. Así de claro.

¡Bayabaya triboga! Está claro que las cosas han cambiado. Y no sólo en este mundillo de la informática, sino políticamente. Los rusos parece (insisto: parece) que son menos malos de lo que eran durante el apogeo de la Guerra Fría y, hoy por hoy, vende más que los buenos de la historia sean un grupo de valerosos miembros de las Naciones Unida (ergo, bajo control prácticamente directo de los USA), enfrentándose al terrorismo internacional.

Eso de lanzamientos de misiles balísticos intercontinentales con tropecientas ojivas nucleares, desde silos en territorio soviético, con la intención de borrar del mapa varias ciudades estadounidenses (y una canadiense, mirad por donde... para que luego digan que los gringos no se preocupan por su "provincia" del norte), parece ya un poco pasado de moda.

De todos modos, hay que admitirlo, el juego se presta bastante a la polémica. Es divertido como él solo, sí, pero si te paras a pensarlo, es un poco... una barbaridad. Desde una óptica europea, claro. Quiero decir que cosas así, son imposibles de extrapolar a nuestro ambiente. Imaginad cualquier conflicto político o bélico entre nuestro país, o cualquiera de nuestro entorno, y otro, y que se refleje en un videojuego con esta rotundidad. ¿Misión? Convertir la capital de la nación enemiga, en un enorme cráter radioactivo. Hala. Muy diplomática la solución :-)

Pero dejémonos de chorradas políticas y centrémonos en algo más serio: el juego. Yo diría que Raid Over Moscow se plantea como una operación de defensa, que termina convirtiéndose en una represalia con todas las de la ley, incluyendo una abundante sobredosis de megatones. Al principio, se nos muestra una vista (bastante conseguida para la época) de parte del Hemisferio Norte terrestre. A la izquierda, los Estados Unidos. A la derecha, la Unión Soviética... geográficamente, claro ;-P

Pronto, uno de los tres silos nucleares de los comunistas en el juego, lanzará un ataque masivo contra alguna gran ciudad yanqui (o canadiense, insisto, ya que hay un objetivo de este país: Montreal). Los sitios son Minsk, Saratov y Leningrado. En función de la distancia del mismo al destino de sus misiles, tendremos más o menos tiempo para abortar el ataque (la cifra suele rondar entre los 3 y los 5 minutos).

Nuestras fuerzas se encuentran en una estación espacial en órbita. Cuando detectemos un ataque, sólo tenemos que pulsar la barra de espacio para acceder a la secuencia de despegue.

En ella, un hombrecillo camina en el interior de un hangar, hacia un caza futurista posado sobre una plataforma. Tenemos que pilotarlo hacia la salida, pero no es cosa fácil, por la situación de "semi-ingravidez" de la estación. El avión se moverá como si flotara en algún fluido viscoso. Tendremos que controlar su rotación, su altura y su aceleración dando suaves toques al joystick en las direcciones oportunas. Y por fin, cuando enfilemos la puerta de los hangares, pulsar F7 para que se abran, y lanzarnos al espacio.

Entraremos entonces en la segunda fase, muy parecida a la del asalto a la playa de Beach Head, o a la de la huida del Beach Head 2 (no es de extrañar: los dos títulos son de la misma compañía que este Raid Over Moscow), en la que nuestro caza sobrevuela la zona en las inmediaciones del silo y debe esquivar obstáculos de todo tipo (o destruir los que pueda) y enfrentarse a tanques y helicópteros. ¡Ehh! ¡Que yo sólo quería ver la momia de Lenin!

Ojo, porque cada cierto tiempo, aparecerá un misil a toda pastilla, por nuestra retaguardia. La única forma de evitarlo es volar bajo. Muy bajo. Vaya, imposiblemente bajo. Como que tenemos que rondar los 5 ó 6 metros de altura. Imaginaos. Esto tiene un inconveniente claro: la posibilidad de estamparnos contra la copa de algún ciruelo, como nos descuidemos.

La tercera etapa se desarrolla en una sola pantalla, y se trata del enfrentamiento con las fuerzas de defensa del silo nuclear de turno. Veremos un edificio en la parte superior central de la pantalla, flanqueado por dos torres a su izquierda y otras dos a su derecha. Todos nos disparan como locos, en cuanto nos ponemos a tiro, pero para darle salsa al asunto, aparecerá un caza enemigo, tratando de reducirnos a carbonilla.

El objetivo es destruir el edificio central, colándole un misil por la abertura a través de la que nos lanza sus proyectiles. Así, a priori, sería una auténtica faena de fase. Pero, afortunadamente, contamos con una indicación: cuando nuestro caza esté justo en línea con la abertura, se volverá azul. En ese momento, hemos de pulsar fuego y el silo quedará repartido en multitud de cachitos, por toda la estepa.

Estas cuatro etapas (detección del ataque, despegue, aproximación y destrucción del silo) se repiten dos veces más. No, no es que varíen en algo: se repiten EXACTAMENTE igual. Los mismos escenarios, los mismos malos que aparecen en los mismos lugares y hasta la misma dificultad.

Cuando mandemos a tomar viento fresco al último de los silos, tendremos que volar hacia Moscú (de nuevo fasecita de aproximación idéntica a las tres anteriores). Al llegar allí, nos enfrentaremos a una de las pantallas más célebres de la historia (temprana) de los juegos de C64: la batalla en la Plaza Roja. La monda. Arriba tenéis una captura, precisamente.

Nuestro hombrecillo, bazooka en ristre, trata de parapetarse en el interior de una trinchera, mientras los muy bolcheviques se defienden con uñas y dientes, a cañonazo limpio y con la ayuda de una tanqueta. La fase es de lo más curiosa. Es posible derribar las torres del edificio central (¿es el Kremlin eso? Perdonadme, pero no tengo ni idea), e incluso, si tenemos suerte, hacer que caigan sobre la dichosa tanqueta. Al final del combate, el lugar queda hecho un cromo, lleno de escombros por todos lados. Para alcanzar la siguiente (y última) fase, tenemos que disparar a las puertas del edificio.

Por fin, la quinta etapa, nos sitúa en un reactor nuclear en el mismísimo corazón de Moscú. Vamos, de lo más sensato. Suena a episodio de algunos de esos dibujos animados yanquis con mensajes de ética discutible. Por supuesto, el malo tiene que tener una fábrica de armas de destrucción masiva escondida detrás del cuarto de baño. ¿No te digo? Como si se le ocurre a Bush junior montar un silo atómico debajo de la Casa Blanca... aunque ahora que lo pienso...

Bueno, pues la cosa consiste en destruir a un robot que flota en el fondo de la pantalla, lanzándole discos. El problema es que ¡hay que darle en la parte trasera! Es decir: tenemos que arrojar el cacharro, hacer que rebote en la pared que se alza detrás del chisme y conseguir que le golpee en la retaguardia. Fácil, ¿eh? Y para colmo, el tiempo corre en nuestra contra (si no cumplimos la misión a tiempo, Moscú volará por los aires, sí... pero con nosotros dentro), y tenemos reservas limitadas de discos.

 
 

Están a un buen nivel en todas las fases. Recuerdan mucho a los del Beach Head 2 y, en algunos momentos, son verdaderamente buenos para un título tan antiguo. Yo destacaría la primera pantalla, en la que aparece una parte del Hemisferio Norte. Mención especial para la fase que se desarrolla en la Plaza Roja.

Otro tanto en este apartado. Aunque no hay música y la mayoría de los efectos se limitan a explosiones y el bufido de los motores de nuestro caza, no falta algún que otro sonido más que adecuado, como el que emiten los aviones al ponerse en marcha, o el rumor del helicóptero enemigo que guarda el acceso a cada silo y a Moscú.

Dejando polémicas absurdas al margen y centrándonos en lo que nos importa, Raid Over Moscow es un juego entretenido y lleno de detalles (como la posibilidad de destruir, cachito a cachito, la Plaza Roja). Lo más sorprendente es que no se hace repetitivo, pese a que las fases de ataque a los tres silos son exactamente iguales. No habría estado de más algo de variedad entre ellas, de todos modos.

* Divertido.
* Tiene detalles curiosos.
* Las fases de ataque a los tres silos son idénticas.