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Samurai Warrior
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Lo que son las cosas. Sólo unos pocos meses antes de escribir este comentario, descubrí, en una tienda de comics de Sevilla (llamada "Nostromo", para más señas) una serie de números de Usagi Yojimbo. Sorpresa para mí. 13 años antes, había comprado uno de los juegos que más me gustaron y entretuvieron en mis tiempos: Samurai Warrior, precisamente conocido en muchos países como "Usagi Yojimbo".
La verdad es que siempre me pareció un personaje chocante. Sus andanzas tenían lugar en el Japón Feudal del siglo XVII y, como mandan los cánones del Manga, no faltaban los tajos al píloro y las estocadas al bazo... pero lo más sorprendente de todo es que este tal Usagi Yojimbo... ¡es un conejo! (de hecho, Usagi es "conejo", en japonés). Y su mundo está poblado por toda suerte de animalitos simpáticos. A primera vista parecería una especie de fábula para lactantes, con sus ositos, sus rinocerontitos (sí, también aparecen, en serio) y otros peluches similares. Pero el caso es que las aventuras de este samurai orejudo rezumaban agresividad.
Digamos que los Samurai eran los equivalentes nipones de los caballeros europeos. Se guiaban por un código de honor, eran guerreros valerosos y servían a un señor.
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Y el señor de Usagi Yojimbo está asediado por sus oponentes, que ansían el poder. De hecho, han raptado a su hijo, para forzarle a rendirse, así que el tipo (vaya usted a saber qué monada de animalito sediento de sangre será; ¿un caniche esquizoide? ¿un mapache antropófago?) recurre a su mejor guerrero. Y aquí entramos nosotros. |
Samurai Warrior se desarrolla con scroll lateral, a través de una serie de
fases con paisajes bastante vistosos, habitados por toda suerte de personajes. Y
no todos hostiles, algo que me parece estupendo. Quiero decir que, el hecho de
que, en un videojuego, uno pueda cruzarse con gente que no reacciona ante
nuestra presencia echando mano de algún bazooka anticarro o tratando de
arrancarnos las piernas a pellizcos, ayuda a crear una cierta sensación de
inmersión.
Hablando de esto, recuerdo uno de los juegos que más me han gustado nunca: el
Ultima VII (La Puerta Negra). Uno podía vagabundear por la ciudad de Britannia
observando cómo los lugareños se levantaban a una cierta hora, acudían a sus
negocios, trabajaban en ellos (no es broma: podías echar un ratito viendo cómo
el panadero cocinaba bollos y hogazas, o como la tejedora confeccionaba camisas
y faldas) y, por la noche, cerraban para irse a tomar unas copichuelas a la
taberna más cercana. Esto crea una fantástica impresión de que el mundo en el
que te mueves está realmente vivo.
Claro: no podía pedirse lo mismo a los juegos de 8 bits (aunque hubo cosas parecidas,
como el fabuloso Times of Lore),
pero, en ocasiones, uno tenía la fortuna de toparse con cosas como este Samurai
Warrior. Ya os digo: cuando Usagi Yojimbo camina a través de bosques, aldeas
o pasos nevados (todos muy bien dibujados y ambientados), no sólo se las tendrá
tiesas con los malísimos ninjas que sirven al enemigo de nuestro señor, sino
que nos cruzaremos con monjes, campesinos, nobles que caminan con su escolta,
etcétera...
Este siempre ha sido el aspecto que más me ha gustado de este Samurai Warrior: los personajes. Su variedad es enorme. No sólo de aspecto, sino de comportamiento. Lástima que siempre aparezca el mismo tipo de personaje en los mismos lugares predefinidos. Al menos, para darle cierta variedad a la cosa, los animalitos que encontremos vestirán ropas de un color aleatorio y, en ocasiones, su número variará (así, habrá, por ejemplo, un determinado lugar en el que siempre nos cruzaremos con monjes; pero pueden ser dos o tres de ellos, y llevar túnicas de colores distintos cada vez; o los guardianes de la primera aldea pueden ser dos conejos, o dos jabalíes... a eso me refiero).
Como buen Samurai, Usagi Yojimbo tiene que comportarse honorablemente. Esto se mide mediante una puntuación de "Karma", en la parte superior derecha de la pantalla. Los actos nobles y valerosos (como derrotar a los malosos) la aumentarán, y los cobardes o incorrectos (como hacer tasajo con un campesino indefenso) la harán disminuir. Si llega a cero, el héroe se suicidará ¡con un hara-kiri! ¡En serio!
Como norma, saludad a todos los personajes no hostiles con los que os
crucéis. Eso siempre es bueno, por tres razones, a saber:
- Si es un campesino, el hecho de que alguien de nuestra posición (los samurai
eran una de las clases sociales más altas de la época) incline la cabeza ante
un labrador, aumentará nuestro Karma. El pobre desheredado incluso nos dará
las gracias por el saludo.
- Si es un monje, puede que obtengamos información. La mayoría de las veces,
consiste en un acertijo críptico modelo Pequeño Saltamontes (ya sabes:
"Antes de la iluminación, corta leña y saca agua. Después de la
iluminación, corta leña y saca agua". Vamos, como si me dicen
"Cuando se te mitiplinguen los furongios, pide una paella pa cuatro"),
sin ninguna utilidad. En otras ocasiones, no obstante, el monje nos avisará de
posibles peligros.
- Si es un noble, saludarle no es que sea bueno... ¡es obligatorio! Si no lo
hacemos, el muy estirado nos jutará a su escolta, para "enseñarnos una
lección". En ese caso, si te los quitas del medio, ¡de perdidos al río!
Reduce al tipejo a mojama de un katanazo, y quédate con su dinero. No es que
sea algo muy "kármico", eso sí.
Hablando de dinero, las monedas que llevamos encima se muestran en la parte superior izquierda de la pantalla, junto a la palabra "Ryo". Son vitales si queremos recuperar energía, comiendo en la posada de alguna de las aldeas que cruzaremos.
| No las gastes todas, porque en cierto momento tendrás que pagar un peaje a un guerrero para que te deje continuar. Claro, que puedes rebanarle el pescuezo, pero es peligroso (el tipo no se va a dejar trinchar como un capón de Navidad, obviamente) y resta Karma. | ![]() |
Esto me lleva a los combates. No creáis que todos consisten en enfrentarte a un ninja (los enemigos de a pie) que, de pronto, surja por el extremo derecho de la pantalla (hacia donde avanzamos siempre). Algunos de estos tipejos se esconden entre los arbustos, y aunque se les intuye con cierta facilidad, no sería raro que alguno os diera un susto. Máxime cuando muchos de ellos tienen la nefasta costumbre de disfrazarse de campesinos. Ya verás qué gracia te hace ver cómo se despojan de los harapos en cuanto les das la espalda, y saltan sobre ti tratando de ensartarte de lado a lado, o de clavarte un shuriken entre ceja y ceja.
Además de los ninjas, nos las tendremos que ver con mercenarios a sueldo del enemigo, que ha puesto precio a nuestras orejotas, con monstruos enormes y muy dañinos (pero bastante lentos) y hasta con un tipo que nos desafía a un combate "a primera sangre" (es decir, lanzar un solo golpe).
Los combates son difíciles y, precisamente por eso, muy emocionantes. Usagi Yojimbo tiene tres movimientos: bloquear (que detiene los tajos del malo de turno, o los shurikens de los ninja), y que se consigue mediante una pulsación rápida del botón de disparo, corte medio, que es rápido pero no muy dañino, y que se logra si pulsamos fuego durante un poco más de tiempo, y golpe alto, más lento, pero devastador. Para asestarlo, tenemos que mantener el botón pulsado, con lo que el samurai levantará la katana por encima de su cabeza (como podéis ver en la captura de arriba). Cuando soltemos fuego, descargará el golpetazo. Otra de las ventajas de esta maniobra, es que podemos correr manteniendo la espada en alto y soltarla sobre el desdichado maloso en cuanto estemos suficientemente cerca de él.
Al final de algunas fases, veremos cómo el camino se bifurca, lo que nos permitirá elegir qué etapa queremos seguir a continuación. Con frecuencia, una es más sencilla que la otra, aunque suelen compensarse. Si hay fases en las que no nos encontraremos prácticamente con ningún malo, con frecuencia nos las veremos con otros peligros, como abismos que tenemos que saltar (sugerencia: hazlo con la espada desenvainada; así, entras en "modo de combate" en el que Usagi Yojimbo corre, en lugar de andar, con lo que brincará más lejos), o grutas con estalactitas que se nos vienen encima.
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La impresión general es magnífica. La mayoría de los escenarios son coloristas, variados y agradables. Cruzaremos bosques, arrozales en los que trabajan campesinos, aldeas, pasos montañosos cubiertos por la nieve... Los personajes también están muy bien dibujados y animados y, como os he dicho, hay una gran variedad de ellos. |
No faltan ni unos curiosos animalitos con forma de diplodocus en miniatura que triscan y pastan por los caminos, y hasta pequeños insectos que revolotean por el campo.
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Durante el juego escucharemos principalmente dos músicas. Una de ellas (muy buena) suena mientras Usagi Yojimbo avanza por los caminos y, la otra, que se simultanea con efectos de sonido (algo limitados, eso sí), que suena cuando entramos en el "modo de combate". Mención especial para la música que puede escucharse cuando el samurai es abatido. |
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A grandes rasgos, Samurai Warrior es un juego de lucha bastante "pausado", con scroll lateral, paisajes variados y vistosos, y multitud de personajes con todo tipo de comportamientos, que consiguen crear una especie de pequeño mundo en miniatura que, en ocasiones, uno tiene la sensación de que está vivo de verdad. |
| * Gráficos bonitos y paisajes variados. * La música. * Multitud de personajes, muchos de ellos no hostiles. * Combates emocionantes. |
* Luchar contra más de un malo a la vez, es terriblemente difícil. |