Saucer Attack
Género: Shoot'em up Música: ?
Desarrollado por: J.D. Sachs Año: 1984
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En 1947, el piloto Kenneth Arnold, mientras volaba con su Cessna sobre las Montañas Rocosas, vio una formación de extraños objetos que parecían desplazarse "como un plato deslizándose sobre el agua". Los periodistas con los que habló se tomaron la expresión al pie de la letra, y en ese momento nació el mito de los "platillos volantes". El caso es que las cosas que Arnold creyó ver tenían una forma más parecida a la de una media luna.

Desde entonces, el fenómeno OVNI ha arrastrado masas tras de sí y ha creado hasta una especie de subcultura (más "sub" que "cultura", si me lo permitís) que integra a gente con opiniones de lo más coloristas, incluyendo a quienes han sustituido a los antiguos dioses por modernas deidades adaptadas a los tiempos que corren. Ya no son figuras aterradoras que descienden de los cielos guiando sus carros de fuego, tronando y ardiendo. Ahora son criaturas que pilotan ingenios de avanzadísima tecnología. Lo dicho: el mismo perro, pero con un collar electrónico chachi piruli.

¿Que si no creo en los OVNIS? ¡Claro que sí! ¡Sería absurdo no creer en ellos! A ver: un OVNI es un Objeto Volante No Identificado. Esto es: cualquier cosa que vuele y que uno no sepa qué es, es un OVNI. Podemos estar hablando de un pajarraco de gran envergadura cruzando el cielo nocturno, un satélite, o cualquier otra cosa. Y pienso que hay muchos objetos que vuelan y que no podría identificar. Ahora, lo que no se me ocurre es concluir, con la rotundidad y la seguridad de muchos de los "creyentes" (o crédulos más bien), que estamos ante un vehículo interestelar pilotado por seres extraños de una civilización alienígena. No me gustan los dogmas de fe, y eso ya es demasiado para mí.

Pero se ve que no lo es para mucha gente. Además, es curioso, estos tipejos extraterrestres suelen tener una especial predilección por los Estados Unidos y más aún por su capital. Es llamativo eso de que una forma de vida inteligente recorra sotopocientos años-luz sólo para meterse en asuntos de política.

Y digo yo, ¿por qué siempre tienen que invadir Washington los marcianitos? Durante los años 50, a rebufo del popular misterio (la gente necesita creer en algo, está claro) que nació (o quizás sea más correcto decir que se revitalizó) a raíz del Caso Arnold, surgieron como churros las películas de invasores del planeta tal o la galaxia cual, que, claro, como estaban rodadas en su mayor parte, en los USA, tenían como objetivo principal el Monumento a Lincoln y la Casa Blanca. 

Se ve que estudiarían la Historia reciente de Norteamérica en sus escuelas de Raticulín, y no les caerían muy bien los gringos.

Recuerdo la primera vez que vi este Saucer Attack. Lo curioso es que me habían hablado de él unos amigos spectrumneros, asegurando que era el juego con los mejores gráficos del mundo. Tiene mérito que lo dijeran unos acérrimos defensores del "teclitas de goma" como ellos, porque sólo salió para C64.

No mucho después, pude ver un anuncio en la revista Commodore Magazine, con una pequeña fotografía. Y ¡desde luego! Los gráficos eran sencillamente maravillosos. Al menos, lo eran para un juego de 1984. Bien es cierto que sólo nos encontraremos con dos escenarios durante la partida (y eso como mucho, porque con frecuencia, los alienígenas nos masacrarán antes de que lleguemos al segundo), pero aún así, la verdad es que da gusto mirarlos.

En Saucer Attack se supone que estamos apostados tras una ventana que da justo al corazón simbólico de los Estados Unidos. Tenemos a la vista el Capitolio, la Casa Blanca y... bueno, ese obelisco que sale en tantas películas y que nunca he tenido claro qué es. Ante nosotros, la invasión tiene lugar. Dos platillos volantes (ni uno más, ni uno menos; siempre aparecen en ese número y, cuando destruimos a uno de ellos, llega otro a ocupar su lugar) revolotean por las inmediaciones, con ganas de gresca. Está claro que la van a tener. Contamos con una especie de lanzarrayos. Manejaremos un punto de mira por la pantalla y tendremos que pulsar fuego cuando lo hayamos situado sobre una de las naves extraterrestres, para vaporizarla en medio de una explosión tan potente, que iluminará hasta las nubes del fondo.

El juego es simplísimo. Vamos, en realidad se trata de un matamarcianos prehistórico, pero con una apariencia espectacular (al menos, para la época). Nuestro objetivo es destruir la nave nodriza de los invasores. Y, para llegar a ella, tenemos que pasar por tres etapas. Comenzamos en la primera, en la que la batalla se desarrolla a plena luz del día, y los alienígenas son poco agresivos (y hasta bastante torpes). Cuando alcancemos los 50 puntos, comenzará a atardecer y nuestros enemigos se tomarán las cosas bastante más en serio. 50 puntos más (a los 100), caerá la noche. Estaremos ante la oleada más peligrosa.

Si conseguimos sumar 100 puntos más, y alcanzar los 200, accederemos a la batalla final, en pleno espacio interplanetario, con la enorme nave alienígena. Debemos destruirla, trozo a trozo. Y no es nada fácil, porque, aunque no nos ataca, cada vez que fallamos un disparo, los malos se sumarán puntos y si alcanzan los 50, terminará la partida.

En eso consiste el juego. No es sólo cuestión de aniquilar a todos los platillos volantes que podamos.

Además, tenemos que hacerlo con la mayor precisión y rapidez que nos sea posible, porque cada fallo nuestro son puntos para ellos. Si destruimos una nave, se nos otorgarán una serie de puntos (1, si son de las más débiles, que rotan de izquierda a derecha y se detienen cada vez que pulsamos el botón de disparo, y 4 si son de las normales). ¡Jopé! ¡Bush se va a cabrear!

Además, a los malos, se les restarán tantos puntos como nosotros hayamos ganado. El problema es que cada 3 segundos, ellos obtienen 1 punto más (aunque no se refleja instantáneamente en el marcador). De modo que si tardamos 12 segundos en vaporizar a un marcianito de los que valen 4 puntos, los malos no perderán puntuación ninguna (se les restarían nuestros 4 puntos, pero se les sumarían otros 4, porque hemos tardado demasiado tiempo en mandar al bichejo invasor a la quinta puñeta intergaláctica). Todas estas puntuaciones irán variando conforme progresemos en el juego. No, en serio, no es nada complicado. Parece el Festival de Eurovisión, pero pronto os acostumbraréis al método.

Para complicar las cosas, los alienígenas tienen dos formas de acabar la partida por la vía rápida. Cada vez que uno consiga destruir, con su rayo, uno de los tres monumentos principales de la pantalla, obtendrán un montón de puntos. Y si alguno logra aterrizar, habremos perdido.

 
 

Preciosos, como podéis ver. Imaginad lo que llamaron la atención, a propios y extraños, cuando el juego se lanzó, en 1984. Una pena que sólo haya un escenario (pese a que el cielo cambie conforme va anocheciendo), y es que la batalla final contra la nave nodriza, se desarrolla en pleno espacio, con estrellitas de fondo (ningún bitmap como telón, vamos).

Me gusta mucho cómo están dibujados los platillos volantes, y cómo una línea en torno a su centro, va rotando suavemente. La nave madre alienígena es muy grande y se mueve con rapidez y suavidad.

La música consta de apenas cuatro notas metálicas, y se escucha durante la presentación (por cierto, que alguien me la explique: sobre la bandera de los USA, aparece un platillo volante. Vale. Pero ¿por qué la música es el "God save our gracious Queen", es decir, el Himno Británico?).

Lo que sí me gusta mucho es el zumbido tembloroso que emiten los platillos volantes. Recuerda a los efectos de las películas de marcianitos de finales de los 50. Son muy divertidos. Aparte de eso, alguna que otra explosión, y efectos similares.

Saucer Attack es un juego simplón, pero muy divertido y vistoso. La pega es que es muy corto (con un poco de práctica y suerte, alcanzar la nave nodriza es cuestión de 5 ó 6 minutos).

* Los gráficos.
* El sonido de los platillos volantes.
* Entretenido.
* Muy corto.
* Sólo hay un escenario.