Skramble
Género: Shoot'em up Música: No tiene
Desarrollado por: Anirog Año: 1983
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Vamos a ver por dónde empiezo (no sabéis lo que me ha costado arrancar, para escribir este comentario).

Skramble es un entretenido matamarcianos, un poquito más moderno que la rueda de madera, y conversión de una de las primeras recreativas que vimos en algunos bares españoles. (Por cierto: me pregunto por qué las recreativas aparecieron aquí, por primera vez, en los bares. ¿Es que pensaban que la parroquia se iba a dejar sus duros en matar marcianitos? ¿Asumían que los clientes llevaban a los nenes a verlos trasegar tintorro -eso explicaría bastantes cosas-? En cualquier caso, durante mucho tiempo, los "arcades" se conocieron como "maquinitas de los bares").

No sé si sabéis que el primer videojuego de la historia se llamaba Space Wars, y fue desarrollado por un grupo de estudiantes, creo que del MIT, allá por los años 60. Sí, sí: los SESENTA. Figuraos cómo sería. 

Bueno, pues el caso es que imagino que esto puede considerarse como una prueba de que los matamarcianos son el género más "básico" o "primario" de videojuego. No sé por qué, la aplastante mayoría de ellos, durante finales de los 70 y principios de los 80 (que es cuando comenzaron a verse en España), tenían como protagonista a una nave espacial que debía vaporizar a hordas enteras de invasores. Es curioso. ¿Os dais cuenta de que, para los profanos, aquellos extraños cacharros que parecían una mezcla de televisor y mueble hortera con palanquitas y botones, eran "los marcianitos"?

Digo yo, ¿y por qué no comenzaron como juegos de fútbol, de carreras de coches, o plataformeros muy básicos? Pues no: marcianitos. Es lo más simple: destruir a los malos, y esquivar sus disparos. Ya está.

¡PJJJ! (así suenan las explosiones en este juego, no creáis)

Lo que me llamó la atención de este Skramble la primera vez que lo vi, no recuerdo en qué bar o chiringuito recóndito, fue que no consistía en una sola pantalla con un fondo de estrellas de colorines (estilo Galaxian o Moon Cresta) sobre el que revoloteaban naves alienígenas más parecidas a insectos o pajarracos que a ingenios de una tecnología avanzadísima.

En Skramble, la nave protagonista ¡sobrevolaba un paisaje! Puede que fuera la primera vez que vi un scroll en un videojuego (sigo hablando de la recreativa; cuando lo conseguí para mi C64, estoy seguro de que ya tenía más de un juego que desplazaba la vista a través del escenario, de una forma u otra).

En el fondo, podríamos decir que, cuando salió al mercado, Skramble era un juego original. Hay que hacer un verdadero esfuerzo para imaginarlo, pero pensad en qué impresión pudo causar en su momento.

La cosa es sencilla: nuestro objetivo final es bombardear una especie de extraña máquina (más bien parece un contenedor con un diseño futurista) que se oculta al final de seis fases diferentes.

Sí: bombardear. He aquí otro de los detalles que, salvo que me equivoque, ningún videojuego había incorporado antes. Al menos, ninguno que yo hubiera visto: nuestra nave no sólo tiene la posibilidad de disparar hacia el frente; además, cuando pulsamos el botón de disparo, lanza una bomba. Es algo vital, porque la superficie del planeta que sobrevolamos está llena de objetos. De hecho, la mayor parte de los enemigos con los que nos encontraremos son unos proyectiles verdes que despegan cuando estamos cerca de su vertical.

Pero este, y el riesgo de empotrarnos contra algún obstáculo, no son los únicos peligros del juego. Resulta que la nave tiene un consumo de combustible macanudo. Si no hacemos nada por evitarlo, en cuestión de un minuto o dos, se quedará con el depósito más seco que el esparto. La solución es bombardear todos los contenedores de propelente que veamos en la superficie. Es fácil identificarlos: son blancos y tienen la palabra "Fuel" escrita. (Tenéis dos de ellos en la captura de arriba).

Antes os he contado que hay que cruzar seis fases hasta llegar a nuestro objetivo. ¿Y cuáles son?

Pues veréis: en la primera (a la que corresponde la imagen de antes), sobrevolamos un terreno muy escarpado, lleno de misilitos, depósitos de combustible y unos cacharros que, si los descuajeringamos de un bombazo, nos otorgarán unos cuantos puntos (que siempre vienen bien, dado que, cuando alcanzamos cierta cifra, obtendremos una vida extra). No es especialmente complicado. Las montañas se elevan bastante, pero no lo suficiente como para representar un peligro, si volamos a la altura suficiente.

En el segundo nivel (ilustracioncita que te crió, justo abajo), la cosa se complica bastante: tenemos que cruzar una caverna surcada por unos curiosos marcianitos que se mueven arriba y abajo, cíclicamente. Afortunadamente, los cohetes, en esta etapa, están quietecitos en su puesto.

Tercera: una auténtica lluvia de bolas de fuego se nos echa encima. Además, son totalmente indestructibles, así que lo único que podemos hacer es tratar de esquivarlas. Posiblemente, sea la fase más difícil.

Cuarta: alcanzamos la civilización... o algo parecido. Los agrestes paisajes rocosos se sustituyen por algo que recuerda a edificaciones gigantescas. Son tan altas que, de hecho, tenemos que recorrer el nivel pegados a la parte superior de la pantalla. Para más recochineo, los misiles vuelven a estar activos aquí. Algún lumbreras llamaba a esas cosas "mosquitos", y ya se me ha quedado...

Quinta: ahora, debemos volar a través de un angosto túnel formado por las propias edificaciones. No es nada fácil, dado que el scroll no se detiene en ningún momento, lo que te fuerza a actuar rápidamente para no acabar atrapado en la parte izquierda de la pantalla, sin escapatoria.

Y sexta: se repite cíclicamente, una y otra vez. En su centro, junto a la base de un enorme rascacielos, encontraremos nuestro objetivo final. Lo malo es que hay que intentar acertarle de un bombazo, lanzándolo en el momento justo, y la edificación que se yergue a su lado nos obliga a volar a bastante altura. Además:

1.- Como el scroll no se detiene, tenemos una oportunidad por "pasada".
2.- No hay ningún otro objeto en la fase, lo que implica que no hay contenedores de combustible, lo que implica que se nos estará agotando continuamente, lo que implica que si no acabamos pronto con el objetivo, abriremos un hermoso boquete en el suelo, y tendrán que recuperarnos con una espátula, un estropajo y un poco de aguarrás. Chungo.

Afortunadamente, el rascacielos que protege a nuestro objetivo con su mole, tiene un letrero en su azotea, en el que se lee "ANIROG!". Bueno, pues podemos usarlo como referencia. Fijaos todo lo bien que os permita el brusquísimo scroll y, aproximadamente (ojo, repito: aproximadamente) cuando la nave sobrevuele la "R" (no muy por encima de ella; más bien de forma rasante), pulsad el botón de disparo para soltar una bomba.

Si impacta contra el objetivo, habremos cumplido la misión. Nos harán un regalito de 2.500 puntos y... vuelta a empezar (muy típico de los juegos antiguos). Lo malo es que no cambia absolutamente nada; ni siquiera la dificultad. ¿Qué le hacía suponer al programador (un tal Darrell Etherington) que si has completado la primera vuelta sin perder una sola vida, ibas a escachifurciarlas todas en la segunda?

 
 

Aunque los fondos son bastante simplones y el scroll es de lo más brusco (parece que avanza a empujones de 10 pixels cada uno), lo cierto es que los sprites están muy bien dibujados (mención especial para el objetivo de la última fase, o las bolas de fuego de la tercera).

El juego, en general, causa una buena impresión, al emplear colores bastante brillantes. Dos detalles que, en mis tiempos, me gustaban bastante, eran las explosiones (están muy bien hechas; fijaos en la primera captura) y cómo nuestra nave se desarma en un montón de pedacitos que caen hacia el suelo, cuando impacta contra algo.

Hmmm... muy de recreativa. Y no es por nada, pero en aquella época, el SID era bastante más potente que cualquier "maquinita de bar" en cuestión de audio.

Durante toda la partida, nos acompañará, de fondo, un soniquete que consiste simplemente en una única nota que se repite rítmicamente. Ya veis qué logro.

El resto de sonido es principalmente ruido blanco: para las explosiones, el siseo de las bolas de fuego cruzando la pantalla, o el despegue de los misiles.

A pesar de su antigüedad, Skramble sigue siendo un juego de lo más entretenido. Habría resultado aún mejor si se hubieran incluido más fases, y ya que en aquel entonces parecía obligatorio que los juegos no tuvieran final, y se repitieran eternamente cuando uno los terminaba -desventajas de tener ROMs con tan poca memoria, que no permitían un montón de fases diferentes-, al menos podían haber aumentado la dificultad en cada vuelta.

Es que, en serio, cuando completas el juego y comienza todo de nuevo, no hay el menor cambio. Pero ni uno, vamos. Nada. Dado que, con un poco de práctica, es bastante sencillo terminarlo sin perder una sola vida (de hecho, en la partida que hice para "documentarme" de cara a este comentario, acabé quitando el juego tras completarlo tres veces seguidas sin que me tocaran), me pregunto si el tal Darrell Etherington pensaba que alguien sería capaz de soportar horas y horas jugando sin descanso. Sospecho que el final de la partida llega cuando a uno le da el joenco y desfallece sobre el teclado...

* Adictivo y entretenido. * Que se repita eternamente, sin que ni siquiera aumente la dificultad.