Soldier of Fortune
Género: Arcade Música: John Cumming
Desarrollado por: Graftgold Año: 1988
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¿Qué pensaríais si os dijera que mi signo del Zodíaco es Leo? ¿Que debo de ser un tipo altivo, orgulloso y con una personalidad muy fuerte, cualidades curiosamente parecidas a las que se le atribuyen al león, simplemente porque hay un grupo de estrellas en cierta región del cielo que, a algunos presuntos sabios con demasiada imaginación, les recordó hace varios milenios, a este animal?

Sí; lo habéis adivinado. No creo en la astrología. Es más: me fastidia profundamente. En general, ninguna pseudociencia me deja tan terne, pero esa me cabrea especialmente. Y me pasma que aún haya gente que se la crea. Asombroso. Me parece tan primario, tan básico, tan... tribal, que resulta sorprendente que, en el siglo XXI, cuando la Humanidad ya piensa en poner el pie en Marte, aún haya quien está seguro de que ese planeta influye en nuestras vidas y, además, en función de un patrón sospechosamente similar a las características, propiedades y cualidades que los antiguos le atribuyeron. Era el dios de la guerra y todo lo demás (sólo porque se veía rojizo en el cielo de la noche), así que, por narices, tenía que implicar algún tipo de sentimiento guerrero / feroz / de cambios bruscos / conflictos, y demás zarandajas. Primitivo, en serio. Restos de un patético antropocentrismo que se niega a desaparecer, aún cuando lleva bastantes siglos acumulando pruebas en contra, a cuál más rotunda y contundente (empezando por las que presentaron Galileo y Copérnico).

Vale. ¿Alguno de vosotros cree en esas historietas? Quizás así se encuentre más cómodo con el argumento de este juego: resulta que un hechicero tarado ha robado la Fuente de Poder del Zodiaco, y ha dividido cada uno de los 12 elementos en dos fuerzas opuestas: el signo y su planeta asociado. El proceso ha liberado a toda suerte de engendros babosos y contrahechos que ahora campan a sus anchas por el reino, devastándolo implacablemente. La única salvación es recuperar esa Fuente. Y aquí es donde entras tú... con un amiguete, si quieres (porque pueden participar dos jugadores, cooperando; uno tomará el papel de Tártarus, y el otro, el de Terón, dos aventureros a sueldo). 

Los héroes reciben la ayuda de un anciano que se refugia en los bosques. Les da una armadura, y armas para enfrentarse a los peligros del camino.

Según el horóscopo, los 700 millones de Aries que en el mundo son, tendrán hoy un buen día Como es normal, no vamos a comenzar con una coraza de titanio reforzado y un par de misiles termonucleares de crucero con los que poner en órbita a todo bicho indeseable que cometa el error de buscarnos las cosquillas, así que, tanto la protección como el arma, son las más básicas disponibles.

De hecho, las dañinas estrellitas que lanzan nuestros personajes al principio de la partida, son incluso incómodas. Su alcance es mínimo.

Sin embargo, podemos encontrar objetos más poderosos a lo largo del juego, si entramos en las tiendas que encontraremos incluso en los lugares más insospechados. Si tenemos dinero suficiente, podemos comerciar con los mercaderes. Incluso es posible que rebajemos el precio de algún objeto si les ofrecemos a cambio algún otro que llevemos encima.

Y como no es muy probable que encontremos ninguna Empresa de Trabajo Temporal en lo profundo de algún bosque mágico o en la esquina más recóndita de alguna mazmorra, tendremos que apañárnoslas de algún modo para amasar una buena cantidad de oro que nos permita comprar los objetos imprescindibles para la aventura. 

¿Cómo se consiguen las pelas, pues?

Masacrando a los malosos. No todos tienen por qué soltar una moneda de oro cuando caigan aporreados, chamuscados o, en general, hechos polvo, a manos de nuestros héroes, pero, sin embargo, hay unos curiosos personajillos que pueden ser toda una mina.

Se trata de una especie de pedruscos de colores, con una cara tallada sobre su superficie. Generalmente tienen los ojos cerrados, pero si armamos mucho jaleo en sus inmediaciones, o les arreamos un porrazo, despertarán, esbozando una mueca bastante furibunda, y nos responderán lanzándonos alguna moneda... o emitiendo un demonio volante, según les dé (así que no abuséis de estos engendros).

Lo curioso del oro en este juego es que rebota contra el suelo, y se va devaluando en cada impacto. Vamos, como el Euro, igualito. Cada segundo y medio, la moneda vale menos. 

Pues eso: si os fijáis en ella, veréis cómo se va agrietando con cada bote, hasta que termine por escachuflarse como un huevo. Está claro que lo más conveniente es tratar de recoger las monedas lo antes posible.

La verdad es que las transacciones comerciales son importantísimas en el juego. Tanto como que, sin ellas, no podremos completarlo porque, de hecho, muchos de los objetos vitales para la misión, están en las tiendas. Tiene gracia... es como si Lancelot y compañía, en su afanosa y épica búsqueda del Santo Grial, se lo encontraran cierto día en la sección de oportunidades de algún centro comercial de Galilea. Me huelo que me va a dar un ataque de piedra...

Para poder progresar en el juego, serán necesarios unos "elementales". Bueno, al menos, el juego los llama así. Sé que hay cuatro (de lo que se deduce fácilmente, que se corresponderán con los cuatro elementos de los pitagóricos: fuego, agua, tierra y aire ... vamos, digo yo...), y sirven para que podamos entrar a través de ciertas puertas cerradas mágicamente, que darán acceso a nuevas áreas.

Vale: pues estos "elementales" se compran también en las tiendas, pero sólo si tenemos con nosotros los tres símbolos del Zodiaco de la zona del juego en la que estemos.

Y... lo adivinasteis: esos símbolos TAMBIÉN se compran en las tiendas. Es el Capitalism Simulator, vamos.

Sin embargo, para comprar uno de los símbolos, debemos haber encontrado previamente su elemento complementario, aquel con el que debe emparejarse. Según las instrucciones (y que me lo expliquen los que creen entender del tema... o, pensándolo mejor, que no me lo expliquen; no me interesa), un ejemplo de emparejamiento sería el del Símbolo de Cáncer con el de (literalmente) el planeta de la Luna.

Erm... ¿"el planeta de la Luna"? Bueno, sí, los antiguos consideraban que la Luna era un planeta. Y lo mismo decían del Sol. Y aseguraban que ambos giraban en torno a la Tierra, clavados en una especie de esferas de cristal, que, al rozar, emitían una dulcísima música. Lo curioso es que ya nadie se cree eso, pero más de uno sigue tragándose lo de que esos "planetas" influyen en los destinos de la Humanidad. Tiene bemoles.

... vaaale, vaaale, perdóon, lo dejo yaa...

Lo que ya no sabría deciros es dónde pueden encontrarse esos "elementos planetarios" que complementan a los símbolos del Zodíaco. Imagino que en lo más profundo del juego y, seguramente, protegidos por alguna horripilancia maloliente, peluda y con bastante mal genio.

De hecho, hay cierto lugar en la aldea, que encontraremos no mucho después de comenzar la partida, en la que se organiza algo parecido a una salvajada de concurso, y se nos enfrenta a un dragón-serpiente en el interior de una casa. Extraño. Es posible que, si lo derrotamos, obtengamos uno de esos "planetas". Ni idea (obviamente, no lo he conseguido nunca).

 
 

Los escenarios son bastante sencillos, pero extrañamente agradables, con un fondo de estrellas de colores parpadeando suavemente. Los personajes, a pesar de que tiran más bien a diminutos, suelen estar bastante bien dibujados, y resultan, en ocasiones, muy expresivos (sobre todo, en el caso de las "piedras con cara" de las que os he hablado).

La música es buena... aunque algo rara. Sin embargo, hay efectos de sonido bastante llamativos, y algún que otro melodioso soniquete que se escucha cuando comenzamos una partida o entramos en alguna zona del juego.

Lo cierto es que Soldier of Fortune es un juego extraño. No sólo por el argumento, y la forma de llevar a cabo nuestro objetivo (eso de comprar los objetos, en lugar de tener que irnos a buscarlos hasta la quinta puñeta, para sacarlos de debajo del corpachón de alguna monstruosidad verrugosa, o de entre las fauces de un dragón famélico, es poco frecuente), sino por el desarrollo, los personajes... desde esas "caras totémicas" durmientes que escupen monedas o espíritus furiosos, hasta eso de entrar, inocentemente, en una coqueta casita de madera en la aldea, y encontrarnos con una bestia antropófaga revoloteando por la pantalla, en su interior.

No sé si a pesar de eso, o precisamente, gracias a eso, Soldier of Fortune me parece un juego con mucha personalidad.

* Pensaréis que es una gilipollez, pero creo que es un juego con "personalidad". * Algo extraño y confuso a veces.