Tank
Género: Shoot'em up Música: C. Gordon
Desarrollado por: Ocean Año: 1987
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Ni introducciones tontainas, ni divagaciones memas ni gaitas similares. A saco: ¡tiene delito esta conversión! Si es que la recreativa se lo había puesto a huevo a la gente de Ocean (y mira que en aquel entonces ya habían comenzado a explotar el VIC-II, usando profusamente la alta resolución en sus juegos). Era un mata-mata de lo más simplón, técnicamente. El C64 ya tenía bien demostrado hasta dónde podía llegar como máquina de videojuegos. Así que se daban todos los ingredientes para que se realizara una adaptación estupenda y asombrosamente fiel.

Pues no. Vaya por Dios.

Al menos, el tal Axel, responsable de la codificación de este moderadamente entretenido bodrio técnico, fue capaz de capturar la jugabilidad del original. Incluso, si me apuran, hasta la mejoró un poquillo. La recreativa era bastante más difícil (como suele ocurrir; era la mejor manera de que uno se dejara el equivalente al Producto Interior Bruto de Alemania, en forma de monedas de cinco duros, en las tripas de la recreativa de turno).

Uhh, qué dramatismo, qué virulencia, qué... risa Este Tank es uno de esos juegos que prácticamente giran en torno a una idea presuntamente revolucionaria, obviando sin el menor pudor, cualquier otro aspecto. Al cuerno con los gráficos bonitos y el sonido apabullante. Somos muy originales, jijijí-jajajá, y no nos hacen falta. Con nuestra superferolítica ocurrencia, mantendremos pegados a los jugones a la pantalla, durante años.

Erm... pues no sé yo qué decirles, oigan.

Sí, admito que la idea no está del todo mal: resulta que controlamos un tanque a través de una serie de escenarios plagados de enemigos con un diseño que varía entre lo cuasi capullo y lo patético del todo; y resulta que la torreta del carro de combate es independiente del sentido de su avance. Esto quiere decir que podemos dirigirnos hacia la derecha, y apuntar con la torreta hacia atrás, o hacia la izquierda... gira libremente, 180º. Original, sí. Y cuando le coges la mecánica, puede ser verdaderamente divertido.

Lo malo es cogerle la mecánica. Precisamente. A veces resulta bastante frustrante toparte de bruces con un vehículo blindado enemigo que no tiene el menor reparo en trufar al nuestro a base de trilita, mientras el cañón apunta a Villacencerros. Mientras giramos desesperadamente la torreta, el otro ingenio ya ha dispuesto del tiempo suficiente como para churruscarnos con gracia y salero, prácticamente toda la barra de energía.

Quizás no sea mala idea pedirle a algún amiguete que nos eche una mano.

De todos modos, si encontráis la ocurrencia demasiado complicada, siempre podéis hacer (desde el menú principal) que el cañón siga el sentido del avance del tanque. Es más fácil y más cómodo para los principiantes, pero conforme vayáis ganando experiencia (esto es, si aguantáis pegados al juego el tiempo suficiente, y no os echan para atrás sus abiertamente risibles características técnicas) os enfrentaréis con más de una situación en la que disparar un pepinazo en diagonal (el tanque sólo se puede desplazar a derecha e izquierda, y arriba y abajo; nada de diagonales) sería mano de santo.

Como casi todo los shoot'em ups que en el mundo fueron (qué difícil es encontrarlos a estas alturas de la película, si no es adoptando la forma -tridimensional y poligonal, por supuesto- de algún hijastro del Quake o adláteres), podemos aumentar el poder destructivo de nuestro vehículo recogiendo una serie de letras parpadeantes.

Una de ellas nos permite mandar al cuerno a todo bicho reptante, rodante, navegante y correteante que se deje ver en la pantalla en ese momento (la "K", concretamente), otra hace que nuestro tanque recupere un poco de energía (la "E", claro), pasando por las que aumentan el alcance, la potencia, y hasta el número de los obuses que escupe nuestro cañón.

En el modo de juego que hace que el cañón apunte siempre en el sentido del avance, cuando pulsemos el botón de disparo, nuestro tanque abrirá fuego tanto con éste como con sus ametralladoras. En el otro, como la torreta va por libre, tenemos teclas diferentes para disparar estas armas. ¿Es un feroz soldado enemigo, o un chinche con uniforme?

La ametralladora sirve sólo contra los soldaditos... esto es, ¡si se dejan agujerear, porque los condenados no están por la labor!

Es que resulta que los tíos corren exactamente a la misma velocidad que nuestro tanque, pero (y esto resulta de lo más frustrante), sin ventajas, "power-ups" de esos, y otros aliños y aderezos, el alcance de nuestros disparos es menor que el suyo, lo que puede dar lugar a escenas bastante patéticas, en las que un grupito de esas risibles pulgas con casco nos persigue, hostigándonos a balazo limpio y, cuando nos damos la vuelta para tratar de reducirlos a pulpa, los tíos salen automáticamente perdiendo el culo, manteniéndose a una desesperante distancia constante de nosotros y fuera del alcance de nuestros tiros.

En cuanto desistimos y volvemos al camino original, en seguida la emprenden a tiros con nosotros de nuevo. De lo más irritante, en serio. La única forma de pillarlos y quitarlos de la circulación, es acorralándolos contra algún obstáculo, o recogiendo la ventajita de turno para aumentar el alcance de nuestras armas.

¿Y el cañón, para qué sirve? Pues para desencuadernar a los otros vehículos blindados que nos saldrán al paso. Los hay a patadas, y todos muy peligrosos, incluyendo los jefazos de fin de nivel (o jefecitos, porque la verdad es que los gráficos no dan para según qué aleluyas), o más bien, de fin de área (no se puede decir que el juego se divida en una serie de fases más o menos independientes).

 
 

La pena limonera. Son inmensamente simples. Casi parecen hechos así a propósito. Parece mentira que este juego sea de 1987, y de Ocean, una de las compañías que más cuidaba el apartado visual de sus títulos.

Los escenarios son absolutamente esquemáticos y se deslizan ante nosotros con un scroll nada suave. Sólo una mezcla de colores, una serie de puntitos colocados aquí y allá como para dar sensación de que circulamos sobre tierra, arena o hierba y alguna que otra figura geométrica que, digo yo, intentará (sin éxito, claro) representar a algún edificio y poco más.

¿Los sprites? Ni os cuento. Diminutos y dignos de la más estruendosa de las carcajadas. Coloreados a brochazos con frecuencia y que muestran más de uno (y más de dos) bugs en cuanto las cosas se ponen tan peliagudas como... tener que mostrar a siete u ocho de ellos a la vez.

Los que se llevan la medalla al personaje más patético y tontainas, son los soldaditos. Parecen un puñado de pulgas con metralleta, temblando febrilmente mientras brujulean inquietos a nuestro alrededor.

Algo mejor. O algo menos malo. Las músicas del juego cubren todos los rangos entre lo correcto y lo nefasto. Y si no, tratad de escuchar la que puede (pero no se debería) oír cuando acaba la partida. ¡AARGH! ¡Qué forma más impía y cruel de desafinar! ¡Pero es que encima, la muy puñetera no se arredra e insiste, porque repite los acordes que suenan a cascajo y encima los mantiene para más laceramiento de tímpanos!

Y digo yo, ¿es que al tal C. Gordon ese, que parece que tenía el mismo oído para la música que una polilla, no le sonaba simple y llanamente MAL? Para mí que el tipo era todo un psicópata diplomado, porque ¡encima tienes que tragarte el engendro entero! ¡No hay forma de apagarlo, ni abortarlo! (aunque bastante aborto -de ñandú- es ya).

¿Los efectos de sonido? Otro tanto. No hay nada tan desagradable en el juego como esa terrible música final, pero el ruidito de las ametralladoras disparándose es tan digno de guasa, chanza, recochineo y humillación del responsable como el diseño de las garrapatas desequilibradas mentales que hacen las veces de soldaditos. No sé a vosotros, pero a mí me suena más como un caballo de cartón al galope.

Al menos, el ruido de las explosiones está bien hecho.

No sé qué pretendía Ocean con este bodrio técnico. Bueno, sí que lo sé: subcontratar a una pandilla de adolescentes sobrealimentados a base de manteca de cacahuete y sandwiches de cucumber británico, (en consecuencia, con el cutis bien recubierto de espinillas), educados a base de capítulos de East Enders y algún otro bodrio de su televisión pública (tan mala como la nuestra... no creo que sea una coincidencia), por cuatro peniques sudaos y un taco de revistas guarras, para hacer un prototipo de conversión de una recreativa que nadie conocía y venderlo al mismo precio que trabajos tan pulidos y dignos de aplauso como el Platoon.

Por ejemplo. ¿Ha quedado claro? 

Sí: Tank es posiblemente el título más nefasto, técnicamente, de Ocean. Pero aún así, se las apaña para ser moderadamente adictivo. Curioso. Para que veáis que los gráficos y el sonido no lo son todo. (Pero importan, ¿eh? Es como aquello de que "el dinero no da la felicidad". Hmmm... no, pero te da una sensación que se le parece un huevo).

* Moderadamente adictivo. * Técnicamente, puede ser el programa más flojo de la historia de Ocean. Los gráficos son patéticos y el sonido no es mucho mejor.