Test Drive
Género: Carreras Música: Patrick Payne
Desarrollado por: Accolade Año: 1987
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Podría comenzar este comentario de una forma facilona, inspirada directamente en las tácticas más básicas de publicidad. Podría esbozar una sonrisa profidén, peinarme con gomina, ajustarme la corbata (en el caso de que tuviera unos dientes vistosos, suficiente pelo, y llevara corbata en ocasiones distintas a bodas y similares), y con voz de locutor de radio decir:

"¿Alguna vez has deseado pilotar uno de los más lujosos y espectaculares coches deportivos del Mundo? ¡Ahora, Test Drive te brinda esa oportunidad! ¡Conduce un reluciente Ferrari Testarossa o un elegante Porsche 911 Turbo a través de traicioneras carreteras de montaña, sorteando el tráfico y burlando el radar de la policía!".

El caso es que... en el fondo, el anuncio tendría parte de cierto. Sorpresa.

Recuerdo que cuando vi este juego por primera vez (fue la versión de Amiga, aunque esta de C64 no tiene nada que envidiarle, para tratarse de un ordenador infinitamente menos potente), con una miaja de imaginación conseguí meterme dentro de una de esas obras de arte con ruedas. Aunque fuera de mentirijillas, pude ver el salpicadero de un Lamborghini Countach, o hacerme creer a mí mismo, que estaba pisando a fondo el acelerador de un Lotus Esprit Turbo. Qué gozada.

Este Test Drive tiene algo especial. Aparte de sus fallos innegables, claro. Venga, no os hago esperar más. Os cuento de qué va.

La cosa es sencilla. "¿Te gusta conducir?", como dice el anuncio. A mí sí. Y mucho.

Disfrutad del salpicadero, porque no creo que nunca veais uno de verdad Hombre, no de una forma tan salvaje como la que se nos propone en este juego. Pensaréis que soy un caguetas, pero nunca me ha llamado la atención la idea de esquivar el tráfico de una carretera que atraviesa una sierra (montaña a la derecha, precipicio a la izquierda), a 300 km/h.

Pues en Test Drive os vais a poner morados de conducir.

Tiene casi tantos aspectos de simulador como de juego de carreras. Y he ahí uno de sus principales encantos. No hay un límite de tiempo para completar cada fase (que se desarrolla entre dos gasolineras). Podemos circular a la velocidad que nos dé la gana. Podemos obtener un promedio de 80 ó 90 kilómetros por hora, o de 170. Es cosa vuestra. Simplemente, cuanto menos tardéis en completar cada etapa, más puntos obtendréis. Nada más.

Así que, lo dicho: sois libres de conducir como queráis. Y, a veces, el desarrollo es sorprendentemente realista. No sé cuánto tiempo pasáis al volante de un coche, pero yo no tengo el menor reparo en meterme un buen puñado de kilómetros, así que disfruto bastante con un juego así. Eso de circular detrás de un camión (como en la captura de abajo), esperando a que llegue una recta despejada, reducir una marcha, y salir como alma que lleva el diablo, adelantándolo, es casi euforizante.

Vale, vale, ¿y qué coches se nos permite conducir en el juego? Pues aquí tenéis la lista (ordenada ascendentemente por velocidad máxima). Como para babear, señores:

Un reluciente Lotus Esprit Turbo. Quizás el más sobrio de la colección. Con 2.174 cc y 215 caballos. La fiera acelera de 0 a 100 en 5'6 segundos, y alcanza los 251 km/h de punta. Cualquier cosa, ¿eh? Pues esperad, que vamos subiendo:

¿Qué os parecería echarle el guante a un Porsche 911 Turbo? ¡Vaya coche bonito! Luego dicen del diseño italiano, pero ¡oigan! esta joya alemana tiene unas curvas que... q... erm... me refería al coche, vamos... jopé... curiosas ligazones parecen tenderse entre las mujeres y los bólidos deportivos. 

Una maravilla. Con unos 3.300 centímetros cúbicos, 282 caballos, la aceleración más alta de todos los coches del juego (0 a 100 en 5 segundos; como para liarte el estómago al espinazo) y una punta de 252 km/h.

Siguiente en el escalafón: el Chevrolet Corvette. Era mi favorito, cuando tenía el juego para Amiga. Simplemente, porque en aquella época ponían en la tele El Equipo A, y era el cochazo de Fénix. Bueno... cochazo para los estándares estéticos de los 80. Luego hay quien asegura que los 70 eran horteras; ¡je! pues no os cuento nada de nuestra década favorita.

No se puede decir que la elegancia sea el punto fuerte de los diseñadores gringos. Habrá de todo eso sí.

Pero lo que importa es cómo anda el bicho: bueno, pues tiene la cilindrada más alta de la colección... ¡5.733 cc! ¡Cómo se nota que a los americanos les duele menos la gasolina que a nosotros! Este monstruo aerodinámico no debe de estar muy optimizado, pues a pesar de contar con semejante bomba debajo del capó, "sólo" desarrolla 230 caballos (tiene la menor aceleración: 5'8 segundos para pasar de 0 a 100), y su velocidad máxima es de 254 km/h.

Pero si lo que te va son las extravagancias italianas, ponte a los mandos del enfant terrible de la reunión: el Lamborghini Countach. Menuda frivolité. Seguramente cuesta lo mismo (o más) que un chalecito de lujo en la costa, con su diseño de nave intergaláctica y sus portezuelas que se abren hacia arriba.  Hmmm... tengo una sensación de deja-vu...

Tiene el motor más potente del juego ¡420 caballos (y 5.167 centímetros cúbicos)! ¡La monda! Acelera de 0 a 100 en 5'2 segundos, y su máxima es de... ¡285 por hora! ¡Como para salir volando!

Y ¿adivináis cuál es la joya de la corona? Por supuesto: el Ferrari Testarossa. Objeto de deseo de media adolescencia del planeta, durante los años 80. Sí, como Kim Bassinger. ¿No os digo yo que existe una curiosísima relación subliminal entre los coches y las mujeres? 

Si lo que queréis es dejar con un palmo de narices a la policía, que demuestra una eficiencia casi extraterrestre, al aparecer al segundo escaso de que el aparatito que lleváis a bordo de vuestro bólido detecte su señal de radar, y estéis circulando un pelín por encima del límite (y quien dice un pelín... dice el bisoñé entero), este cacharro es vuestra mejor arma. Pisadle bien, porque de todos modos, la pasma, a pesar de contar con el típico cacharro anguloso y nada estilizado, como los que vuelan, vuelcan, arrugan, queman y revientan en casi cualquier película norteamericana, es capaz de adelantarte mientras pones tu bólido a dos ruedas. ¡Qué tíos! Si te ganas una multa, ¡tranquilo! Podrás seguir haciendo todas las barbaridades que te dé la gana. Me pregunto si hoy en día, el juego no motivaría las protestas de la típica asociación aburridísima y sin nada productivo que hacer, alegando que induce a los jóvenes (según ellos, maleables hasta la estupidez -no digo que no sean influenciables... pero, vamos, tampoco tanto-) a conducir a un tercio de la velocidad del sonido, haciendo cortes de manga a la Guardia Civil, y esquivando a los despavoridos ciudadanos.

El Ferrari tiene 4.942 centímetros cúbicos, 380 caballos, una aceleración que, partiendo del reposo, le permite llegar a los 100 km/h en 5'3 segundos, y alcanza la cifra mítica, asombrosa, psicológica, pasmosa de TRESCIENTOS por hora. Sí señor. TRESCIENTOS. Imagináoslo... vais por la autovía, a una velocidad de crucero de 130, y os pasa uno de estos proyectiles colorados, 170 km/h más rápido que vosotros. Una exhalación. Mach 0'3. Flipémoslo en amor y comparsa. Ya lo dijo una vez un sabio (creo que fue Mortadelo): "Todos juntos y en unión, hasta darnos el morrón". Amén, hermano.

 
 

Muy buenos. Sobre todo los estáticos, como el salpicadero de los coches (el más vistoso es el del Porsche, en mi opinión), o los estupendos dibujos de éstos, aparcados en una gasolinera, o en la pantalla de selección, con su ficha técnica. El exterior está muy logrado también, y fluye a la velocidad justa.

Quiero decir que ni es terriblemente lento, ni da la sensación de que estemos a punto de entrar en el hiperespacio (como ocurre con muchos títulos de carreras). Eso sí: los otros vehículos que circulan por la carretera, son bastante cuadriculados.

Un par de samples digitalizados, como una voz que pronuncia "Accolade presents..." en la versión de disco de la elegante secuencia de presentación, y el rugido de un Porsche arrancando, también en esta misma parte. El resto de sonidos (música incluida) son bastante más mediocres.

Los que estéis habituados a los típicos juegos de carreras de C64, tardaréis un poco en aprender la mecánica de este Test Drive. Para que nos entendamos, estamos ante un el equivalente a un simulador, mientras que los Pitstop, Powerdrift o Super Cycle, serían más cercanos a los "shoot'em ups". No deis volantazos (la dirección es muy sensible... quizás demasiado; a veces responde de una forma extraña, como si el coche resbalara sobre el asfalto), ni reduzcáis marchas indiscriminadamente, u os cargaréis el motor.

La posibilidad de conducir algunos de los bólidos más impresionantes que jamás se han construido, es una gozada. Además, están muy bien recreados (no sólo el salpicadero: notaréis mucho la diferencia de aceleración), y el juego, en líneas generales, es bastante realista. Lástima que se haga un poco repetitivo a la larga, ya que el escenario es siempre el mismo.

* Realista.
* Los gráficos (sobre todo los estáticos).
* La variedad de coches.
* El escenario es siempre el mismo.
* Los otros vehículos son bastante cuadriculados.