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Tetris
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¡Huy, qué comentario más cortito va a ser esteee...!
Cuando comencé a escribir estas fichas, pensé que llenarlas de texto
superfluo, supuestas gracias y divagaciones surtidas (tan propias de mí), las
haría demasiado aburridas, así que opté por la concisión. Ya veis lo que
duró. Cuando iba por la D empezaron a alargarse, hasta que, ahora, si no lleno
un par de pantallas, me parece que el comentario se queda cojo.
Sin embargo, hay casos en los que hay que ceder. No queda otra. Y este es uno
de ellos: u os cuento una de mis películas chorras que a nadie interesan, para
rellenar espacio, o me resigno a quedarme en un par de párrafos escuálidos.
Tranqui todo el mundo: esta vez tiraré por el camino de la síntesis. Eso sí:
no os vais a librar de un par de reflexiones cortesía de la casa.
Primera reflexión: "De cómo el Tetris llegó a hacerse mundialmente famoso y arrastró a muchos inocentes a cotas de adicción rayanas en lo enfermizo, amén de otros sucesos igualmente dignos de ser mentados".
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La verdad, no me apetece escribir una frivolité de ensayo sobre por qué creo que el Tetris ha sido uno de los hitos en la historia del videojuego. Los rusos siempre han tenido cierta fama de eficiencia y pragmatismo en lo que a tecnología se refiere. Imagino que con los cuatro recursos ultracongelados que tienen, no pueden andar con despilfarros. |
Así que a algún tovarich especialmente espabilao se le ocurrió la idea de diseñar un videojuego. Y se supone que los videojuegos deben ser divertidos y adictivos, ¿no? Pues ¿para qué andarnos con monsergas, samples digitales, unos gráficos fabulosos y catorce discos de datos? Un puñado de piececitas que caen y que el jugador puede rotar para ir ensamblándolas, procurando dejar el menor número posible de huecos entre ellas, y evitando en todo momento que la pila crezca demasiado. Se acabó. Dicen que la simplicidad suele hacer maravillas en la industria del entretenimiento digital. Y desde luego, el camarada padre de la criatura, dio en el clavo.
Segunda reflexión: "Que pretende explicar, así a bote pronto, como el que no quiere la cosa, y por seguir rellenando espacio tontamente, por qué este tipo de juegos hace furor entre las féminas".
¿Es, o no es?
¿Por qué a las chicas les gustan más los videojuegos de puzzles, pompitas de
colores y animalitos monos? ¿Por qué ellas dicen que a nosotros sólo nos
gustan los de despanzurre gratuito y desparrame indiscriminado de higadillos? ¿Por qué tanto
ellas como nosotros tenemos razón?
Bueno, bueno, esto hay que matizarlo: es cierto que el Tetris fue especialmente
popular entre las chicas. Muy curioso. Como también lo fueron el Pang,
el Puzzle Bobble y muchos otros inventos (nipones la mayoría, por cierto) de
categoría similar. Pero conozco a más de un tío que se lo pasa bomba encajando
piececitas que caen. Y no, no son raritos. Que yo sepa, vamos. También conozco
a alguna que otra chica que no le hace ascos a una buena partida al Doom. Y
no, no son unas marimacho.
(Doy fe de ello; he tenido dos
novias doomeras). Será injusto generalizar (aunque no estoy muy de acuerdo: si
la generalización es aplicable a un 80% de la población, de injusto nada. Es
un modelo que sirve estupendamente para entender una realidad), pero ocurre así
en una mayoría de los casos: ellas, burbujitas de colorines, dragoncitos
babosos y niñitos cabezones de sonrisa desquiciada. Nosotros, monstruosidades
contrahechas, deformes y pestilentes a las que hay que descuartizar a golpe de
trabuco.
Tercera reflexión: "De cómo existe la cuadratura del círculo, o cómo es posible meter tres reflexiones en el espacio que prometí llenar con un par".
| Ah, pero ¿aún queréis que os cuente de qué va el Tetris? No me lo puedo creer. Aunque ¿quién sabe? Igual hay por ahí alguno que ha pasado los últimos 20 años viviendo debajo de un pino, en Laponia, con el abuelito Yurupuki ese. Vamos a ver: fijaos en las capturas. ¿Ya? Vale. Pues lo que hay que hacer es mantener más o menos constante el nivel de piezas amontonadas. | ![]() |
Éstas van cayendo lentamente (aunque su velocidad aumenta conforme progresamos en el juego). Podemos desplazarlas a derecha e izquierda (y a base de "saltos", no de una forma suave y continua -si no, sería demasiado complicado-), rotarlas 90º con una pulsación del botón de disparo, o hacerlas caer, empujando el joystick hacia abajo cuando creamos que la tenemos alineada con un hueco, o sobre la posición que más oportuna nos parece.
En la esquina superior derecha, justo bajo la puntuación y el número de líneas que llevamos completadas, se muestra la pieza que aparecerá en siguiente lugar, tras la que estamos manejando en ese momento. Buena cosa esta.
¿Y cómo se completan líneas? Fácil: cada vez que haya una fila (horizontal) en la que no queden huecos vacíos, se eliminará, y todas las piezas que queden por encima de ella, descenderán una posición (podríamos decir que el área de juego se mide en "posiciones" del tamaño de uno de esos huecos). Si lo hacemos muy bien, podemos incluso limpiar completamente la "cajita" en la que vamos acumulando esas piezas.
El juego terminará cuando el montón de piezas alcance tal altura que choque con la parte superior del área de juego. Ya está. Sencillo, ¿verdad? Pues precisamente por eso funcionó.
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Hombre, no se le puede pedir mucho al Tetris... montoncitos de piezas de colores que caen lentamente, como copos de nieve geométricos (más de uno, tras una sesión intensiva pegado a este juego, asegura haber pasado luego una mala noche soñando con figuras angulosas que flotaban hacia el suelo), y nada más, ¿no? |
Al menos, como se ve que les sobraba memoria por un tubo, el o los programadores del juego, decidieron decorar la pantalla con un par de dibujos psicodélico / espirituales, como esas estrellitas y demás motivos pseudocósmicos que podéis apreciar en las capturas, o la extraña (aunque, artísticamente, bastante buena) pantalla de presentación.
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Aparte de una musiquita machacona con ciertos ribetes de baile de cosacos (y que acabó hasta convertida en canción de discoteca) ¿qué ofrecía, en el apartado de sonido, la recreativa original? Pues seguro que menos que la versión de C64, con una apabullante banda sonora etérea y psicodélica de 25 minutos de duración. |
Sí, señores: VEINTICINCO minutos de música. No es que sea exactamente mi estilo, pero tiene mucha personalidad, no es desagradable (no creáis que es fácil conseguir no dar asquito con una composición, cuando uno se dedica a experimentar), y hace gala de bastantes efectos técnicamente muy trabajados.
Claro que, si te cansas de ella, puedes sustituirla por un par de ridículos efectos de sonido. No creo que salgas ganando con el cambio, sinceramente, pero allá tú...
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¡Que es el Tetris, ridiela! Ahora en serio, venga, de verdad, sin coñas: ¿es que hay alguien que no lo conozca? Pues ya está. Insertad aquí vuestra propia opinión. |
¿La mía? Que es muy adictivo y entretenido, pero a mí nunca me llamó especialmente la atención. Se me hace repetitivo. Es que soy un tío bastante enrevesado, y aunque los videojuegos sencillos dicen (y dicen bien) que son los que más funcionan, a mí terminan por cargarme. Daban el pego conmigo cuando contaba con 10 ó 12 añitos, sí, pero a estas alturas de la película, es más difícil que me enganchen, salvo para un par de partidas ocasionales (que nunca vienen mal, por supuesto).
| * Adictivo. * Una banda sonora de 25 minutos, bastante trabajada. |
* ¿Qué queréis que os diga? A mí se me acaba haciendo repetitivo. |