Thanatos
Género: Arcade Música: Rob Hubbard
Desarrollado por: Durell Año: 1987
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Os voy a contar un cuento:

Érase una vez un muchacho que, durante toda su vida, había perseguido un sueño: quería ser cazador de dragones. Sin embargo, no podía encontrar maestro. Por mucho que buscó, en aldeas, palacios y casonas, no daba con ningún caballero que pudiera tutelarle.

Cierto día, conoció a un anciano que aseguraba ser un verdadero as en el arte de cazar dragones. El viejo era el dueño de una academia. Nuestro protagonista se inscribió como su único alumno, y pasó muchos años estudiando antiguas y misteriosas técnicas para derrotar a las míticas bestias escupefuego.

Cuando por fin se licenció como todo un señor Cazadragones, descubrió que... los dragones no existían. Había invertido todos sus ahorros y mucho tiempo de su vida en una entelequia inútil... así que ¿sabéis qué hizo?

Montó una academia para enseñar a cazar dragones. 

La gilipollez tiene un poquito más de chicha de lo que parece, no creáis. Y se podría aplicar a muchas disciplinas, ideas e incluso filosofías. Mejor no nombro ninguna de las que entran en el saco, no sea que algún hacker airado me eche abajo la página.

A mí sí que me gustaría que hubieran existido los dragones. Desde un punto de vista científico y, hasta si me lo permiten, romántico. Unas fieras colosales, poderosísimas, épicas... y que la compañía Durell tuvo la feliz idea, en 1987, de permitirnos encarnar, en este Thanatos. Curioso. No recuerdo muchos títulos de 8 bits protagonizados por uno de estos pseudo-saurios de aliento ígneo, pero es más que posible que este fuera el mejor. Al menos, técnicamente.

Tomad asiento, que seguimos de relato...

*Tremebundas fanfarrias wagnerias de fondo* En realidad, no sé si Thanatos (el nombre del dios griego de la Muerte, por cierto) nació de un huevo descomunal, exhibiendo orgullosamente una crin negruzca a lo largo de un cuello recubierto de escamas, y batiendo dos alas membranosas, o era un señor cualquiera, transformado en semejante monstruosidad por alguna gamberrada de hechizo.

El caso es que su misión es volar sobre paisajes propios de alguna fantasía épica medieval, enfrentándose a pajarracos, arañas gigantes, aldeanos cabreados y cosas peores...

Uno de sus primeros objetivos es rescatar a la hechicera Eros (curiosamente, otra deidad griega: esta vez, la del amor), presa entre las murallas de una fortificación, y bien guardada por cantidades ingentes de arqueros, guerreros y demás belicosa calaña poco amiga de los dragones.

Con ella sobre su lomo, deberá ir recogiendo los objetos que necesite para poder lanzar conjuros (y de paso, tendrá que protegerla de los malosos del juego que pueden derribarla). ¿Y al final? Pues... no lo sé, aunque entre las brumas de mi memoria, creo recordar que había que recuperar la forma humana, aunque a mi edad, ya no se puede fiar uno...

El juego está dividido (de una forma más o menos sutil) en una serie de zonas en las que nos enfrentaremos a diferentes enemigos. Desde hombrecillos que nos lanzan palos y piedras (y que, mientras volemos a la velocidad y altura máximas no supondrán ningún problema), que podemos incluso atrapar con las garras, para soltarlos luego y hacer que se escoñen contra algún pedrusco (jie, jie, jie... ya veo cómo afloran por ahí los instintos más bajos), hasta una serie de peligrosísimos abejorros gigantes que aparecen desde el lado izquierdo de la pantalla, con una irritante tendencia a rozar a Thanatos, causando estragos en su energía.

No sólo eso: además, volaremos sobre lagos y océanos (fijaos en la captura de arriba; a pesar de los pocos colores, cosa poco evitable cuando estamos tratando de una conversión casi directa de la versión de Speccy, lo cierto es que el efecto del reflejo de la Luna en el agua está bastante logrado), en algunos de los cuales tendremos que intentar evitar los larguísimos cuellos de inmensas serpientes marinas que emergen tratando de arrearnos un bocado en... en... bueno, en lo que tengan los dragones entre las patas. 

La verdad es que prácticamente cualquier enemigo es un verdadero peligro. Incluso una nutrida bandada de gaviotas con no muy buenas intenciones, pueden derribar a nuestra colosal bestia, si no las incineramos, a llamarada limpia, con el suficiente tino. Thanatos está bastante pocho del corazón, el pobre, y en cuanto se le dan un par de golpetazos, se le acelera hasta niveles peligrosos. Al menos, se recupera con bastante rapidez, siempre que nos mantengamos un tiempo sin encajar alguna cornada, pedrada o picotazo.

Y hablando del fuego... ¿qué sería de un dragón sin fuego? Pues como un plato de espaguetis con tomate, sin tomate, sin espagueti y sin plato. Erm... bueno, eso.

Thanatos puede exhalar una llamarada (muy destructiva, pero con un alcance más bien lastimero) cuando pulsamos el botón de disparo. No sólo sirve para vaporizar a la inmensa mayoría de los enemigos, sino para derribar (tras un buen rato de achicharramiento obtuso y cabezota) las puertas de la fortaleza en la que los furibundos lugareños mantienen presa a Eros.

Una vez leí una fábula bastante bonita sobre el fuego de los dragones. No, no tiene nada que ver con ningún niñato persiguiendo entelequias.

El texto decía que los dragones solían comer hojas de castaño que, al ser digeridas por sus enormes estómagos, emitían vapores inflamables. Así, cuando querían churruscar a algún incordio andante, no tenían más que exhalar un poco del gas explosivo, y chasquear los dientes para provocar una chispa. El vapor prendía inmediatamente, y salía como un chorro de fuego. Igual que un lanzallamas, vaya. ¿A que no está mal? ... creo que huele a flequillo chamuscado...

Bueno, pues la explicación de este juego es una mijina más prosaica o, tiene menos vocación cientifista, según se mire. El nivel del aliento de fuego de Thanatos se mide por el contenido de una copa en la parte derecha del marcador. Si se vacía, tendremos que posarnos en tierra, dar media vuelta y avanzar hasta que veamos a una chavala desesperada, atada a un poste. No tenemos más que zampárnosla de un bocado. Se ve que a la desdichada no había quien la tragara (no es de extrañar que la dejaran en semejante trance, atada a un palo y a merced de una fiera antropófaga de 10 toneladas), y provoca unos ardores de padre y muy señor mío.

¿Algo más? Sí, bueno... Thanatos es un juego verdaderamente difícil. Al menos, hasta que consigues hacerte con el control del enorme sprite. (Aunque en este caso, no sea muy correcto hablar de "sprite". Más bien, "personaje". Los sprites tenían un tamaño fijo, y cuando había que crear a un bichejo animado tan grande como el que protagoniza este juego, había que unir varios de ellos). El problema es que es tan pesado y poco maniobrable como un camión de 18 ejes, y cuando se nos echa encima un enjambre de abejorros gigantes, o tenemos que vérnoslas con otro dragón (que tendremos), las cosas se ponen verdaderamente complicadas.

 
 

Pues si os soy sinceros, tampoco son para tanto. El caso es que el personaje de Thanatos es espectacular. Es enorme y está animado casi hasta el menor detalle. Vuela, camina, nada, exhala fuego... desde luego, pocos personajes de videojuego se merecen tanto el título de "protagonista", como este.

Casi todos los demás personajes son monocolores, y varían entre muy buenos (el dragón enemigo), normalitos (los aldeanos; monocolores, pero bastante bien animados), y tirando a cutres (las arañas gigantes de las cavernas).

Los escenarios son muy simples, pero exhiben una especie de rudimentario scroll parallax (no creo que esté acelerado por hardware; al menos, en la versión de Speccy, sería imposible: la máquina de Sir Clive Sinclair carecía de la electrónica necesaria para ello), efectivo de todos modos. Hablando de eso, está claro que la conversión es bastante directa, y aparecen bastantes problemas de "colour clash". Fijaos en cómo destiñe la cola de Thanatos en la segunda captura.

Un bonito y melancólico tema de Rob Hubbard y, como efectos de sonido, uso y abuso del ruido blanco al por mayor. Nada que destacar en este apartado.

Quizás el tamaño impresionante y la versatilidad del protagonista del juego, eclipsen algunos de los bastantes fallos que tiene, como su elevada dificultad (derivada de lo lento y poco maniobrable que es Thanatos), y lo simples que son los fondos. De todos modos, es una idea original, con innegables toques de calidad, y sorprendentemente adictiva.

* Sin duda, el dragón.
* Adictivo.
* El scroll parallax es bastante rupestre, pero efectivo.
* Thanatos tiene una pachorra colosal, lo que hace que enfrentarnos a muchos malosos (todos son bastante más rápidos) sea a veces un peligro.
* Los fondos son simples.