Thundercats
Género: Arcade Música: Rob Hubbard
Desarrollado por: Elite Año: 1987
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Yo no creo que la imaginación de los programadores, guionistas y escritores, en general, se haya agotado, o esté a puntito de hacerlo. El problema es que, como somos cada vez más gente sobre esta roca planetaria, pensando todo el día, se va haciendo más complicado que a alguien se le ocurra algo que no se le había ocurrido jamás a otra persona. En ese sentido, me parece admirable que sigan editándose miles de canciones todos los días, de las cuales... por lo menos, por lo menos, por lo menos diez o doce, son verdaderamente originales.

Es inevitable que las creaciones actuales se parezcan a las del pasado. No sólo inevitable: es necesario. Uno no crea de la nada: se basa, consciente o inconscientemente, en obras que ha visto, escuchado o leído.

Cada vez es más complicado, eso sí. Y cada vez hay que esforzarse más. Y como bastante trabajo es ya programar un videojuego, no me extraña que el o los responsables de sus argumentos, optaran, en los 80, por tomar el camino del mínimo esfuerzo.

Con los 16 bits primero y con los 32 después (especialmente, en la era Pentium), el aumento de los recursos permitió a muchos desarrolladores contar historias más complejas.

Aún así... ¿es REALMENTE necesario un argumento original? No lo creo. Mientras sea atrayente, da igual (al menos a mí), que empiece a estar más bien sobado. Ahora, lo de Thundercats, ya es pasarse...

Esta vez, los programadores no tienen toda la culpa. La serie de dibujos animados en la que se basa este videojuego, tampoco daba para mucho más. Y si no, fijaos: un malo ataca la base de los buenos, rapta a algunos de ellos y roba un objeto especialmente importante.

Me paresió ver un lindo gatito El héroe de la historia, que, casualmente, se salva del asalto porque estaba haciendo pis detrás de un matojo (bueno, las instrucciones dicen que había emprendido una importante misión... ya, claro... ¿y no es importante aliviar la vejiga?), tiene la tarea de recuperar el objeto, rescatar a sus compañeros y darle un tobón nuquero al malo. 

Peroperopero... porrompompero... ¿cuántas veces hemos escuchado o leído cosas similares? Daba la impresión de que ya no había "argumentos", sino "EL argumento". Era el mismo. Exactamente el mismo, para todos los videojuegos, series de animación y demás. Cuando tomamos el papel de un héroe imparable y valeroso es, indefectiblemente, porque:

a) Hay que vapulear al malo.

b) Hay que recuperar un objeto sagrado / místico / valiosísimo / suave y esponjoso, y con un olor... hmmmm...

c) Hay que rescatar a un compañero / una chica que está como un queso / los dos anteriores, juntos pero no revueltos... (en algunas ocasiones, si es menester, se revuelven alegremente, y nos quedamos todos tan anchos).

No hay otra. Y pregunto de nuevo, ¿tan importante es?

Pues no. Por supuesto que no. Sí, a mí también me parece un poco plasta que tenga que recurrir a esta soplapollez de crítica de un argumento banal y aburrido cada vez que escribo el comentario de un arcade de acción rápida. La cosa sería de cierta importancia si estuviéramos ante un juego de rol, o similar, ¿no? Claro. Pero de alguna forma tenía que empezar. 

Bueno, pues tomad ese esbozo de bostezo con forma de historieta, e insertad, donde dice "maloso", el nombre de "Mumm-Ra" y sus perversos Hombres-Topo. Donde se lee "objeto especialmente importante", escribid "el Ojo de Thundera; una joya con arcanos poderes". Y sustituid "el héroe de la historia" por "Lion-O". Je. Tiene nombre de discotequero hortera de los 70, con el pelo a lo afro, enormes pantalones-campana fucsia chillón y un medallón descomunal colgándole sobre el pecho, desabotonado e hirsuto.

Pues he aquí la historia de Thundercats. Y he aquí el único detalle más o menos original: los buenos son una especie de híbrido entre humanos y felinos... o eso, o es que están sospechosamente obsesionados con los gatos.

Lion-O debe batallar contra los ejércitos de Mumm-Ra (y otras monstruosidades que encontrará por el camino), rescatar a sus felinoides compañeros, y recuperar el ojo de Thundera. El juego en sí no es más que un rápido arcade con scroll lateral y una acción verdaderamente frenética.

Lion-O está armado con una espada con la que combatir a hombres-topo, aviesos enanos, murciélagos y demás alegrías, y debe avanzar rápidamente en el sentido que le indica una flecha situada en la parte inferior central de la pantalla, para completar cada fase.


Si no lo consigue antes de que termine el tiempo, se materializará sobre él una especie de enorme lanza, o estalactica o... bueno, coñe, una especie de cono blanco afilado de grandes dimensiones, que caerá sobre él, arrebatándole una vida inmediatamente.
Eres toda una belleza...

La dificultad es altísima. No es de extrañar que partamos con 6 vidas y que no sea raro encontrar más, escondidas en una serie de cajas que podremos recoger si golpeamos ciertos adornos que veremos en muchas de las fases (como ese escudo, en la segunda captura, o el chisme con forma circular que reposa sobre una rama del árbol que se ve en la primera). 

Además, obtendremos otras ventajas, incluyendo un arma láser tremendamente efectiva. Más que eso: puede ser una verdadera bendición, porque utilizar la espada requiere cierta práctica: los malos se nos echan encima a bastante velocidad y si les lanzamos un mandoble demasiado pronto o demasiado tarde, chocarán contra nosotros, y nos mandarán una vida a esparragar. Vaya: hay que darle al botoncito en el momento justo. Esa será una de las causas principales de que perdáis varias vidas, seguro. Aunque las hay bastante más frustrantes: por ejemplo, cuando un maloso de los más pequeños se queda atrapado en una plataforma en la que hemos de saltar forzosamente. Si no podemos desintegrarlo, perderemos una vida inevitablemente. Deberían haber controlado esto un poco mejor, creo yo.

Cada cierto número de niveles, nos enfrentaremos a uno en el que tendremos que rescatar a uno de nuestros compañeros, capturados por Mumm-Ra. Son las típicas etapas de bonificación que, si completamos, nos otorgarán un buen pellizco de puntos, y si nos escachifurcian por el camino, no perderemos ninguna vida (aunque terminará la fase automáticamente).

En cierto momento del juego, tenemos que atravesar los Jardines de los Elementos (otro de los ingredientes argumentales más recurrentes en videojuegos y similares; si los Pitagóricos hubieran conocido los derechos de autor, ahora sus descendientes serían dueños de medio Mundo). Da igual el orden (de hecho, podemos elegir de una lista, qué nivel queremos jugar primero). Lo que importa es que los recorramos todos: el del fuego, el aire, el agua y la tierra. Y no son fáciles. No señor. Ni siquiera contando con la ayuda de una velocísima nave flotante con la que surcaremos los corredores llenos de extraños objetos con forma de disco, en uno de ellos.

 
 

Tienen toques bastante notables, como los fondos digitalizados (aunque no son los únicos dibujos que pasaron por el equivalente a un escáner, en los 80: en la tabla de puntuaciones, cuando ponemos nuestras iniciales, aparece una ilustración bastante inquietante, de unos ojos con una mirada desquiciada y furibunda; muy bien hecha, sí señor), un scroll suave y la animación de Lion-O cuando corre.

Los sprites varían entre buenos (los murciélagos) y rozando la mediocridad, como en el caso de una especie de minotauros que nos atacan en ciertas fases, o unos enanos protegidos con un escudo que detiene todos nuestros embates.

Siempre que pienso en este juego, me viene a la mente la música de Rob Hubbard. Tiene muchísima personalidad, y como composición es verdaderamente buena. A mí no me gusta, eso sí.

Bueno, vale, no está tan mal. Se deja escuchar, pero no sé por qué, no termino de conectar con ella. Quizás sea porque es toda una definición de "estridencia proferida por el SID", y ya sabéis lo mal que suelen caerme los ruidos demasiado agudos.

Los efectos de sonido son técnicamente buenos, aunque algo extraños.

Thundercats es un arcade frenético con un rápido scroll lateral, un nivel de dificultad estratosférico y algunos toques de calidad. El problema no es que tenga un argumento menos original que la portada del Telediario... es que el desarrollo tampoco lo es.

* Tiene momentos frenéticos.
* La música. No me convence, pero reconozco que es buena.
* Algunos detalles en los gráficos (como los fondos digitalizados).
* Dificilísimo.
* En el fondo, es más bien convencional.