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Trantor
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Imaginaos que estáis en un restaurante y os sirven un pavo asado en una
bandeja de plata, con una guarnición de patatas gratinadas con crema de queso y
salsa de ciruelas.
Tras verlo y olerlo, uno tiene que llamar al camarero para que le traiga un
barreño para las babas que le chorrean profusamente.
Enarbola el cuchillo y el tenedor, lo trincha (huy, qué crujientito), le hinca
el diente y... sabe a cartón mojado.
Bueno, pues algo parecido le ocurre a este Trantor y, si me apuran, (aunque
ya en menor medida) a otros títulos de Probe Software.
La presentación es fantástica; cuidada hasta el más mínimo detalle. Todo
parece sugerir que estamos ante un producto de una altísima calidad técnica,
pero, en cuanto se le mete mano, resulta que es argamasa chusquera que se deshace a la
menor oportunidad.
Precisamente, me viene a la mente el Savage, con una sorprendente pantalla de presentación en la que suena una fabulosa banda sonora llena de samples digitalizados, y más de un toque de mucha profesionalidad... y que se desploma en cuanto uno se pone a los mandos del invento, con escenas tan anodinas como las que plantea su primera fase.
Bueno, pues este Trantor: es una versión bastante insípida de esa primera fase del Savage. Si en ésta, podíamos controlar a un enorme sprite, coloreado con más bien poco tino, a través de un escenario repleto de monstruitos tirando a ridículos (tanto por su diseño como por su tamaño -minúsculo-), que hacía scroll con bastante rapidez, en el caso que nos ocupa, controlamos a un enorme sprite... pero menos, que además es monocolor, a través de un escenario repleto de monstruitos... aún más ridículos, y que hace un scroll... más bien poco espectacular.
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O sea, el primo pobre de la primera fase del Savage, ya os digo. Y aquella tampoco es que fuera una maravilla, así que haceos una idea... Pero vamos por partes: para empezar, os he contado que la presentación del juego es bastante buena. Y lo mantengo. Es más: prácticamente todos sus aspectos están a un nivel muy superior al de la media. Hasta la pantalla de carga es vistosa. |
La introducción muestra a una gigantesca nave espacial descendiendo lentamente a través de un pozo de paredes bastante barrocas, que hacen scroll lentamente (aunque no se puede decir que sea el más suave del mundo... es curioso, porque yo sí que lo recordaba así; creo que tiene que ver con el hecho de que los monitores de PC refrescan la pantalla -redibujan la imagen- a una frecuencia muy superior a los televisores a los que conectábamos nuestros Commodores, con lo que el scroll a veces no es todo lo fluido que debería), mientras una música bastante épica, de David Whittaker, suena de fondo.
El enorme vehículo interestelar llega hasta una plataforma. Extiende el "tren de aterrizaje" (con la forma de varias patas que se flexionan cuando tocan la superficie, al soportar el peso del ingenio espacial), y emerge Trantor, que corre a esconderse.
Ah, qué bien, qué molón, qué guapilón, qué chachi. Y todo eso.
Carga el juego en sí, y otro tema del señor Whittaker, más conocido en mi
página como Er Niño de la Cacerola, por el inconfundible timbre hojalatesco al
que tan aficionado parecía ser, y con el que casi siempre dotaba a sus
composiciones, nos da la bienvenida. El caso es que no está tan mal. Suena
hasta bien y todo... al menos, al principio...
El panel donde se muestran el nivel del combustible del lanzallamas con el que
está armado nuestro belicoso soldadito interplanetario, su energía y el tiempo
restante, aparece en la parte superior de la pantalla, y hay que admitir que
está bastante bien dibujado.
Como guinda, las letras que componen la palabra "Probe", saltan y giran sobre un fondo negro. Austero, sí, pero profesional y pulcro.
Así que el juego debe de merecer la pena, ¿no? Si se han currado tanto todos estos preludios, prolegómenos, prólogos y oberturas, es de suponer que el primer acto sea digno de aplauso, ¿verdad?
Pues no. Más bien de pedorreta.
Bueno, la verdad es que tampoco está tan, tan, tannn mal.
Pero no nos distraigamos; insertad aquí el argumento más banal y genérico que
se os ocurra, con todos los emperadores galácticos y alienígenas antropófagos
que os vengan en gana, y sigamos.
Resulta que Trantor tiene que destruir el complejo subterráneo al que llega a bordo de su cachivache espacial, como se muestra en la escena de introducción.
La fortaleza está llena de bichitos muy molestos que corretean, brujulean y revolotean a nuestro alrededor, hostigándonos continuamente.
Para defendernos de ellos contamos con un lanzallamas muy efectivo, pero de muy corto alcance (fijaos en la primera captura). Para colmo, el combustible que usa es limitado, aunque podemos reponerlo si empujamos el joystick hacia abajo, ante ciertos chismes con la apariencia de dos botellas de oxígeno, como las que llevan los submarinistas. |
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En realidad, en todos los niveles hay uno de esos artefactos. Pero no son los únicos: también encontraremos, siempre, un terminal de ordenador, y una especie de pequeño armario como el que podéis ver en la captura de arriba. Hemos de desactivar los primeros y anotar una letra de una palabra relacionada con la informática ("Keyboard", por ejemplo), que tendremos de introducir en la computadora central de los malos. Además, al desactivar un terminal, la cuenta atrás (que comienza en 90 segundos) se reiniciará.
En los armarios podemos encontrar de todo. Desde tiempo extra hasta energía, pasando por un diskette que necesitamos para acceder al sistema de los malos. Pero no todo son ventajitas: en uno de ellos nos toparemos con una bomba de tiempo. Toda una jodienda, porque se nos darán 25 segundos para encontrar una herramienta que nos permita desactivarla, o nuestro aguerrido soldadito cósmico quedará convertido en abono. Personalmente, me parece una capullez. Si no fuera obligatorio mirar en todos los armarios para terminar el juego, quizás entendería que a los programadores se les ocurriera poner una trampa en alguno de ellos, pero en estas condiciones, me temo que no.
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En fin... si lo que se pretendía en este juego era que tuviera un protagonista enorme y espectacular en torno al que girase toda la acción, lo consiguieron... en la versión de Amstrad (bastante mejor que la que nos ocupa). En esta, y no lo entiendo dado que contaban con un ordenador especializado en sprites, el de Trantor, aunque está bien definido y animado, es monocolor. |
Los escenarios no están del todo mal, aunque son demasiado sobrios.
Y los enemigos... en fin, ¿para qué hablar de ellos? Salvo los engendros como
el que asoma en la segunda captura, son todos diminutos, con pocos colores,
y bastante ridículos. Una chorrada.
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A los temas de David Whittaker que suenan en la introducción y en la presentación, les pasa lo mismo que al juego en sí: empiezan muy bien... pero no tardan en hacerse machacones, feos y casi estridentes. |
Los efectos de sonido son buenos, aunque no hay mucha variedad, y algunos son poco adecuados (como el de los pasos de Trantor; ¡son atronadores! ¡Parece como si el tipo pesara 14 toneladas!).
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Una presentación muy profesional, un par de toques de bastante calidad, y poco más que contar. La jugabilidad se desvanece en cuestión de minutos, dado que el desarrollo es tremendamente repetitivo. Todos los niveles fluyen con scroll horizontal, y son "circulares", esto es: si caminamos siempre en un sentido, pasaremos una y otra vez por los mismos puntos. |
Al final, la cosa se reduce a correr vaporizando marcianitos risibles, rebuscar en armarios y terminales, y descender hacia las profundidades de la fortaleza, en busca del ordenador principal. Con un poco de habilidad, el objetivo puede completarse en un cuarto de hora, poco más o menos... ¿y después, qué? No ofrece mucha variedad o emoción como para que uno desee rejugarlo una y otra vez.
| * La secuencia de introducción. * El personaje principal está bien definido, y su animación no es mala. |
* Desarrollo muy repetitivo. * Enemigos ridículos. * El sprite de Trantor será todo lo chachi que queráis... pero sólo tiene un color. |