Ultima II - Revenge of the Enchantress
Género: Rol Música: No tiene
Desarrollado por: Origin Año: 1982 (original) / Sierra Online 1984 (reedición, para C64)
Portada no disponible Pincha aquí para bajarte el juego Pincha aquí para bajarte el manual en inglés Mooola...

No sabéis cómo agradezco a Per Hakan Sundell, Miha Peternel y demás genios, el invento de los emuladores. Gracias a ellos, he podido cumplir muchos de aquellos sueños sencillos de mi adolescencia temprana, como poder jugar a las versiones de C64 de los capítulos de la mítica saga Ultima. A lo mejor ya me pilla un poco a vuelta de todo, en este mundillo, y su nivel técnico antediluviano puede dificultarle a uno el proceso de "inmersión" en la historia y las leyendas de Sosaria y Britannia. Aún así, merece la pena.

Sin embargo, no creáis que mi primer contacto con los emuladores fue a través del CCS64. Ni siquiera del C64S que, por cierto, fue mi primera compra por Internet (sí, ya, podía piratearse y, además, unos años después se lanzarían multitud de emuladores gratuitos; pero, en aquel momento, la pequeña joya de los Seattle Labs era la forma más fiel y eficiente de meter a un Commodore dentro de un PC, y pensé que merecía la pena pagar unas perrillas -no recuerdo cuántas, pero fue muy barato- por tenerlo, con su diskette original y sus manuales). No: la primera vez que vi a un ordenador haciéndose pasar por otro, fue cuando el bueno de Hergest me grabó un pequeño programa de Amiga, que contenía un listado de canciones SID, y las reproducía con una fidelidad asombrosa. Mucho mejor que el SIDPlay (a fin de cuentas, la arquitectura del C64 estaba más cerca de la de la obra maestra de Commodore, que de la de cualquier PC).

Cuando tuve acceso a Inet, y conseguí mi copia, con licencia incluida, del C64S, aún no era consciente de las posibilidades que se abrían para un nostálgico irreductible como yo. Bueno, además, en aquel entonces (hablo del año 95) tampoco había muchas páginas dedicadas al Commodore... ni a ninguna otra cosa, la verdad. La celebérrima WWW, tal y como hoy la conocemos, era poco más que un nene de teta dando sus primeros pasos, desposeído de Javas, Flashes y demás golosos recolguines devoradores de ancho de banda, de la actualidad. Eso sí: el mítico servidor de FTP noruego, Arnold, ya existía, y albegaba... ¿qué sé yo? ¿1000 juegos? ¿2000?

Abrumadora exhibición de arte digital, sin duda... Como era de esperar (y supongo que a todos os pasó prácticamente lo mismo cuando descubristeis este fabuloso invento de la emulación), mi primera reacción fue emprender la caza y captura de los juegos que tuve en mis tiempos. Una tarea extenuante (nunca imaginé que tenía tantos títulos raros... y si eran difíciles de encontrar en sus versiones originales, imaginaos en las españolas) que conseguí completar unos 5 años después.

Unos meses antes de emprender el diseño de la tercera versión de mi página, decidí vagabundear por la Red, en busca de aquellos juegos que nunca tuve. ¡Genial! ¡Ya no me hacía falta comprarme una 1541, o dedicarme a ir a Inglaterra en cursillos veraniegos para conseguir joyas que en España no había forma humana de encontrar! Y, no podía ser de otra manera, la saga que más he perseguido, desde que vi su quinto capítulo funcionando en el PC de un amiguete (allá por el año 87, calculo yo), pronto cayó en el saco. Y aquí tenéis la segunda entrega...

Hala. Ya está bien de aburriros con soplapolleces nostálgicas que seguramente no me interesarán ni a mí, cuando las relea dentro de un tiempo. Es el momento de aburriros con otra cosa. Como, por ejemplo, el argumento del juego. Vamos allá...

En mi opinión, la serie Ultima es algo así como el equivalente en el mundillo de los videojuegos, a El Señor de los Anillos, en la literatura fantástica. La cantidad de imaginación involucrada en la elaboración de ambos es enorme, y los dos crearon mundos con una riqueza de matices y detalles tal, que no es de extrañar que hayan arrastrado masas. Y siguen haciéndolo.

Ultima consta de nueve capítulos, divididos en tres trilogías. La primera es la llamada "Edad de la Oscuridad", en la que el mundo está formado por una serie de caóticas tierras feudales siempre en disputa entre sí, bajo el nombre común de Sosaria.
En la segunda trilogía, conocida como "La Era de la Iluminación", el héroe que el monarca Lord British invoca siempre que necesita que le saque las castañas del fuego cada vez que algún macrohechicero se pone farruco, emprende una misión épica tras la que se convertirá en la encarnación de las Ocho Virtudes, una especie de código ético y caballeresco por el que el soberano pretende regir los destinos de la nueva nación que emerge tras la unificación de los feudos de Sosaria: Britannia.
Y por fin, nos metemos en la era de los PC con la tercera trilogía (que ya no apareció para C64 -era mucho pedir; la tecnología que empleaban era asombrosa para el momento-), en la que el Avatar se enfrenta a un enorme poder conquistador de mundos conocido como El Guardián, personificación de las anti-virtudes. En lugar de amor, odio; en lugar de humildad, vanidad...

El energúmeno arrasa Britannia y tiraniza a sus habitantes (y a los de otros planetas, como Pagan, en el que se desarrolla la acción en el Ultima VIII), y el Avatar sólo logra derrotarlo cuando descubre su verdadera naturaleza: ¡el Guardián es él mismo! Cuando se convirtió en la encarnación de las Virtudes, todo lo malo que había en él, fue expulsado. Y se condensó y creció hasta convertirse en una especie de gárgola de voz vibrante y ojos como ascuas.

Pero ¡eeehh! ¡echa el freno, macareno! ¡Que estamos hablando del Ultima II! (¡Ah sí, es cierto!). En el primer capítulo, Mondain, un mago muy poderoso y con un mal café tremendo, roba la Gema de la Inmortalidad, y decide estrenar el primer milenio de su nueva vida (eterna) haciéndoles la puñeta a las gentes de Sosaria. Lord British invoca al héroe, que consigue derrotar al hechicero, en épicas batallas a través del tiempo y el espacio (buena ida de olla, pardiez).

Pero se ve que la virtuosa y valerosa vida del Avatar, desde la primera vez que pone el pie en Sosaria, hasta que la abandona en su "fusión" con su alter-ego malvado, el Guardián, está llena de meteduras de pata. Cada buena acción, cada hazaña gloriosa que libra a las gentes de algún mal, no tarda en provocar un efecto secundario aún más devastador. Así que nuestro buen héroe se pasa toda su cuasi monástica existencia desfaciendo los entuertos que sus propias acciones desencadenan. Y tras la muerte de Mondain, se las tiene tiesas con la bruja amante de éste.

Minax, que así se llama la criaturita, es incluso más poderosa que su difunto consorte. Y tiene peor genio. Cegada por la sed de venganza, la hechicera descubre que el héroe de Sosaria proviene de otro mundo, La Tierra, y decide llevar su venganza hasta allí... ¡desencadenando una guerra nuclear! ¡Coñe! ¡Nunca había visto cosa semejante en un videojuego de fantasía épica medieval! Sed bienvenido, oh noble hidalgo, a la invicta y muy leal villa de Quepeazodepixels

El héroe tendrá que volver a brincar como un descosido, a través del tiempo y del espacio (batallando incluso entre los planetas de nuestro Sistema Solar, que el señor Garriott, creador de la saga Ultima y bastante aficionado a la Astronomía -aunque desde un punto de vista, creo yo, más fantasioso que científico-, puebla, en algunos casos, de vida, mares y praderas. Sorprendente revelación la de que, según el Ultima II, hay seres vivos en Urano, y mares y pastos verdes en Saturno. Qué cosas...).

Los juegos de la serie Ultima siempre se caracterizaron por llevar al límite las máquinas de la época. Bueno... matizo esto: se caracterizaron por conseguir gesta semejante... DURANTE la tercera trilogía, o séase, en la era PC.

La técnica aplicada a los videojuegos nunca ha avanzado de un modo tan explosivo, como desde que los primeros 286 y 386 comenzaron a estar disponibles para la gente de a pie. Si el salto del Ultima VI al Ultima VII (uno de mis juegos favoritos) fue tan abismal como el de la octava entrega a la asombrosa novena, no esperéis ver diferencias igual de llamativas entre el primer capítulo de la saga, y este Revenge of the Enchantress. No sólo en el apartado visual se parecen; también coinciden en la elección de la raza del personaje, y su profesión y en la perspectiva que se emplea, tanto en los exteriores, como en las mazmorras, en las que se utiliza una, en primera persona, bastante rudimentaria. 

Sí que hay algunas, no obstante. Ultima I tenía un toque "IBM PC" muy marcado. Pocos colores, sonido estridente... en esta ocasión, sin embargo, aunque las cosas tampoco van mucho más allá desde el punto de vista técnico, ya se comienza a notar un cierto toque commodorero, tanto en los gráficos como en el sonido. Y eso es bueno, por supuesto.

 
 

Siguen siendo comparablemente tan simples como los de la primera parte... con un par de salvedades: hay más colorido y, cuando entramos en una aldea o ciudad, en lugar de mostrársenos una vista global de la misma, con personajes diminutos, sucede todo lo contrario: la perspectiva se acerca y tanto los sprites como las casas (si es que se pueden llamar así a esos cumulenos de líneas y bloques) se aprecian con más detalle.

Han mejorado un poquito si los comparamos con la entrega original. Aún no hay música y, aún, los únicos efectos que escucharemos, son poco más que pitidos, chirridos, y algo de ruido blanco. Pero en una cosa se ha mejorado: ahora ya suenan un poco más a SID, y menos al altavoz interno de un PC de los de antes.

En muchos aspectos, yo diría que este Ultima II es como una versión optimizada para el C64, del Ultima I, que tenía un aspecto demasiado "PCero".

El mundo a explorar sigue siendo enorme, la parte técnica sigue estando a un nivel casi infantiloide, la historia sigue resultando igual de atrayente, y siguen apareciendo los mismos elementos anacrónicos que, personalmente, no me convencen (el vuelo espacial y demás zarandajas poco propias de un juego presuntamente ambientado en un mundo de fábula medieval... y digo presuntamente, porque si le echáis un vistazo al mapa del juego, no os encontraréis con exóticos continentes imaginarios rodeados por mares insondables en los que moran criaturas terribles, sino con... ¡un plano de la Tierra! ¡En serio! Con su Asia, su África, su Europa, su América...).

* Igual de interesante que la entrega anterior, pero más "commodorero" en el aspecto técnico. * Sigue siendo más simple que un sonajero.
* ... y sigue sin convencerme lo de meter las batallas interplanetarias en un argumento de espadas, reyes, castillos y demás historias épicas.