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Wings of Fury
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Confieso que me llevé una grata sorpresa cuando descubrí (gracias a
Internet y a los emuladores, ¿cómo no?) que existía una versión para C64 de
este juego.
A principios de los 90, cuando la mítica Micromanía (ah, pero ¿aún existe?)
se había olvidado prácticamente de todo lo que tuviera que ver con los 8 bits
(salvo alguna que otra concesión aislada a los pocos Spectrumneros que, según
ellos, aún quedaban, testarudos, en España), pude ver un anuncio de este
juego, en una de aquellas enormes páginas. Supongo que las fotos pertenecían a
alguna de las versiones de 16 bits, pero el caso es que me llamó la atención.
No se podía deducir gran cosa de la publicidad (salvo, claro, que aquel era el
juego más superescuadrupérrimo, asombroso, macanudo y fetén de toda la
Historia de la Humanidad), pero daba la impresión de que era una especie de
extraño cruce entre matamarcianos y simulador... pero con desarrollo en 2D y
lateral. Curioso refrito.
El caso es que, cuando pude verlo, resultó que se comportaba casi
exactamente como yo había imaginado. ¡Y es una gozada, oigan!
El juego nos pone en la cabina de un caza F6F Hellcat durante la Guerra del
Pacífico, en 1944. Los limoncetes cabreados, siempre al feroz servicio de su
Emperador, se extienden poco a poco por las islas de la región, llevando la
bandera del Sol Naciente entre palmeritas de arrecife paradisíaco, y blancas
arenas de atolón de ensueño.
Y allá van nuestros amiguetes USAcas, portaaviones dispuesto, decididos a poner
las cosas en su sitio, a fuerza de librar una batalla monumental e histórica
tras otra, hasta bajarles los humos a los nipones.
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No todo son victorias arrolladoras, como alguno (y alguna) habrá descubierto recientemente, gracias a según qué ñoñería de película de Buenavista (esos, seguramente, serán los mismos que se enteraron, por medio de las más bien vulgares andanzas de maese DiCaprio, con gran desazón y conmoción, que el Titanic era un barco mu ganso, mu ganso, que se pegó una leche contra un cubito de hielo, y se hundió), y precisamente nosotros estamos destinados en una de las chalupas norteamericanas, que más pepinazos ha encajado. |
El U.S.S. Wasp navega como mal puede, arrastrando su maltrecho casco sobre las aguas del Pacífico, y protegido por un solo caza: el nuestro. Vaya, hombre.
Nuestro objetivo es defender el enorme navío de todos los ataques de
las fuerzas imperiales, hasta alcanzar un puerto aliado en el que atracar.
No sólo nos las tendremos que ver con los inevitables Zeros, surcando el aire
como proyectiles blancos (y con el célebre sol rojo pintado en el fuselaje),
sino que, en ocasiones, deberemos ejercer de avanzadilla, y limpiar la ruta
de cualquier fuerza nipona que esté agazapada deseando convertirnos en surimi.
Por ejemplo, la primera misión requerirá que despeguemos del U.S.S. Wasp, armados con bombas (podemos también elegir otros dispositivos igualmente contraindicados para la salud de los malos, como torpedos o cohetes), para rociar de trilita un pequeño islote que se encuentra no lejos de la proa del portaaviones.
Es más que probable que la primera vez que tratéis de haceros con los mandos del caza Hellcat, acabéis esmorrándoos contra la superficie del agua, y yéndoos a pique como un pedrusco. Y es que, ya os digo, Wings of Fury NO es un matamarcianos. No se controla con aquello tan sencillo de "arriba, abajo, derecha, izquierda y disparar". Vale, de acuerdo, no nos hace falta más que el joystick para maniobrar el avión: ni una sola tecla... pero probad a despegar, acelerar, y descender suavemente hasta casi rozar las copas de las palmeras del islote, y entenderéis a qué me refiero.
El caza es tremendamente sensible... para cualquier cosa que implique
desestabilizarlo. Nuestros denuedos por devolverlo a un vuelo más o menos
nivelado, a veces terminan con su flamante fuselaje convertido en una boñiga
desmadejada, sobre la superficie de la isla, el agua, o pegado contra la proa
del U.S.S. Wasp, como un moscardón sobre el parabrisas de un coche.
Se modela cierta inercia y, en todo momento, uno es consciente de la presencia
de la gravedad. Vaya, no es como en esos juegos protagonizados por algún avión
o similar, en los que el cacharro parece estar, no volando, sino fijo, insertado,
clavado en el aire. Podemos moverlo en cualquier dirección y a toda velocidad,
sin que experimentemos la menor pérdida de control.
Bueno, pues olvidaos de eso ahora. Os garantizo que os llevará un par de partidas entender la mecánica y haceros con los controles.
Eso sí: una vez que lo logréis, el juego merece mucho la pena. Es verdaderamente desafiante; ¿quién podría imaginar que aterrizar en un portaaviones, en un juego de acción, puede ser tan complicado?
Nada de aproximaciones suicidas a tumba abierta, picando como posesos hacia la cubierta, contra la que rebotamos de morro como si anduviéramos a bordo de una pelotita de esas que botan histéricamente y parecen inmunes a cualquier caída.
| Hay que acercarse lentamente, disminuyendo poco a poco la altitud y desde la popa del buque, para que, al tocar su cubierta y empujar el joystick hacia arriba, nuestro caza atrape uno de los cables que se tienden en este tipo de barquitos, y se frene bruscamente. | ![]() |
Ya os digo: será un juego de acción, desde luego... y de acción espectacular, además (me gusta su velocidad, la tensión que transmiten los ataques a los objetivos de los japoneses, y cómo están dibujadas las explosiones), pero no le faltan toques de realismo.
De vez en cuando, hemos de echar un ojo a dos de los indicadores del panel
ubicado en la parte inferior de la pantalla. Uno de ellos, sobre el texto "Fuel",
marca el combustible que nos resta. Y el otro, con la palabra "Oil"
bajo él, indica el nivel de aceite del motor. O lo que es lo mismo, en el caso
que nos ocupa: la energía del caza. Conforme vayamos sufriendo daños por las
defensas de los malosos, nuestro avión empezará a humear, y la aguja de este
indicador descenderá.
Si en algún momento, uno de los dos indicadores está bajo mínimos, tendremos
que salir escopetados hacia el U.S.S. Wasp, antes de quedar convertidos en
héroe a la parrilla.
Entre estos dos indicadores, puede verse una especie de pantalla rectangular.
Es una vista "en primera persona" del paisaje que se extiende ante
nosotros. Claro, está muy simplificada, pero a veces es de mucha utilidad. Tened
en cuenta que el juego es bastante rápido, y no suele dar tiempo a reaccionar
ante lo que se nos viene encima, de modo que, con frecuencia, echarle un ojo
a este curioso detalle puede ser una ayuda. Por ejemplo, nos permitirá advertir
la cercanía del portaaviones, antes de que lo veamos aparecer por uno de los
extremos de la pantalla.
Además, nos marca la posición de los Zero japoneses, con una flecha roja que
señala hacia la izquierda o la derecha, y un icono con la forma de un avión
visto de frente, que va agrandándose conforme nos acercamos a él.
Además, sobre la pantalla veremos a veces un pequeño punto de mira que nos puede
orientar a la hora de lanzar un cohete o un torpedo.
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Son sencillos y bastante pequeñajos, pero funcionan de maravilla. Sus responsables no escatimaron en detalles, vamos, y podréis ver la espuma sobre la superficie del agua, el vaivén de la cubierta del portaaviones, ascendiendo y descendiendo suavemente sobre las olas, los soldaditos japoneses correteando desesperados cuando atacamos sus posiciones... |
Personalmente, me encanta el diseño del Hellcat, sobre todo cuando lo hacemos girar.
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El tema musical de la presentación es bastante corrientito. Se nota que el juego proviene de los USA: ya sabéis qué mal se les daba allí, cosa curiosa, programar el SID. |
El responsable de la "banda sonora" es Kris Hatlelid, el mismo que
compuso las del Grand Prix Circuit,
o el Test Drive 2. Se ve que el
chaval era bastante aficionado a la percusión digitalizada contundente, sirviendo
de fondo a unas voces principales más bien estridentes. Puede que la cosa no
le quedara del todo mal con los juegos de Accolade de alto octanaje, pero en
este no termina de convencerme. Se supone que pretende componer una especie
de épica marcha con ribetes de telón musical de alguna superproducción de Hollywood,
pero esa batería sampleada le da un toque incluso hortera. Además, el tema es
bastante corto, y se repite una y otra vez.
Los efectos de sonido son escasos, y simplemente funcionales: el motor del Hellcat,
el repiqueteo (no puede calificarse de otro modo) de las ametralladoras antiaéreas
japonesas, las explosiones, y poca cosa más.
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A pesar de lo difícil que resulta hacerse con los mandos del caza, y de algún que otro detalle técnico que no está a la altura (me refiero, sobre todo, al sonido y al scroll, que no es todo lo suave que cabría esperar en un juego de C64), en general, Wings of Fury es un juego interesantísimo, y muy adictivo. |
| * Interesante y adictivo arcade con toques de
realismo. * Los gráficos son muy pequeños, pero no escatiman en detalles. |
* La música raya en la horterada, y el sonido es más bien flojito. |