X-15 Alpha Mission
Género: Arcade Música: ?
Desarrollado por: Activision Año: 1987
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Corría el año 1959. La Guerra Fría estaba acercándose a su cenit y los científicos de la NASA vivían una época de bonanza. Dado que la conquista del espacio tenía ribetes políticos y militares muy mal encubiertos, la agencia pública dedicada a la investigación aeroespacial recibía cantidades ingentes de pasta del Congreso de los USA. Qué bien.

Es paradójico, pero a pocas organizaciones en principio pacíficas, les ha sentado tan mal la caída del Muro de Berlín, como a la que hasta hace poco presidía Dan Goldin. Lo de espiar a los rusos desde la órbita ya no mola tanto como antes, y hay que admitir que hay cosas más importantes en las que despilfarrar el erario público que en carísimas misiones interplanetarias que, en principio, y a corto plazo, no parece que vayan a reportar beneficios. Pero claro... si no es el Estado quien pone la guita, ¿quién lo va a hacer? ¿la empresa privada?

Pues sí señor: la empresa privada. Pero antes será necesario que la exploración espacial abra nuevas industrias y nuevos negocios. Que los abrirá; y serán tan lucrativos que medio mundo se dará de tortas por acceder al vacío sideral.

Erm... bueno, a lo que iba. Pues resulta que, a finales de los 50 y principios de los 60, la NASA era más que una agencia científico-técnica de investigación. Era la punta de lanza de la guerra de propaganda entre Occidente y el bloque comunista. ¿Que los del gulag nos ponen una pelotita metálica en órbita? ¡Ya estamos nosotros pensando en hacer lo propio! ¿Que meten a una perra -pobre animalito- a bordo de una cápsula y la lanzan a tomar por saco al espacio? ¡Ya podemos ir buscando un chimpancé! ¿Qué ellos ponen a un tal Yuri Gagarin a dar vueltas al planeta? ¡Pues... pues... pues...! Pues los soviéticos iban ganando. Y eso no podía ser.

La inyección de dinero en la NASA fue astronómica (y no es un  juego de palabras gilipollesco). Más aún: FARAÓNICA. Los resultados, evidentes: la segundona, siempre a rebufo de los productos de las misteriosas artes del oso rojo de Moscú, no sólo acabó poniéndose por delante, sino que demostró lo que pueden hacer la ciencia y la ingeniería de un país, cuando todos reman en la misma dirección. Aunque fuera con el objetivo de alcanzar la supremacía moral sobre el Pacto de Varsovia y sus siniestros promotores.

¡Jiuston, Jiuston! ¡Me ataca un montón de alambres volante! El caso es que la NASA se convirtió en una especie de mito científico. Era el hogar de la tecnología más increíble, de los trabajadores de más alto nivel, de los planificadores más inteligentes (ahora... la gente se ríe -muy injustamente, a mi juicio- de sus meteduras de pata, casi de principiante, que acaban dando al traste con algunas de sus sondas interplanetarias). 

No sólo consiguieron hacer despegar varios cohetes Saturno V delante de millones de testigos (el cacharrito medía sólo 120 metros de alto), y poner al Ser Humano en la Luna, sino que hicieron auténticas maravillas en el campo de la aeronáutica. 

Y para muestra, dos botoncitos:

- Se fue a la Luna seis veces. Justo hasta que la NASA empezó a andar un poquito más escasa de calderilla que en la época de la Guerra Fría. Al Congreso ya no le hacía tanto chiste eso de mandar astronautas al quinto cuerno. Los rusos ya no eran rivales en ese terreno. Desde hace alrededor de 30 años, ningún Ser Humano ha puesto el pie sobre nuestro satélite.

- Se ingenió el avión-cohete más asombroso de la Historia. Es más: ni siquiera hoy en día, adentrándonos en el siglo XXI, se han superado sus marcas. Y ojo, estoy hablando de un chisme que voló por primera vez en 1959. Lo que me sirve para enlazar con el principio de este desvarío (perdón de nuevo, jeje).

El X-15 es un prodigio de la ingeniería aeronáutica. Es una especie de híbrido entre caza y cohete espacial, pilotado por un solo hombre y que, en su tiempo, fue capaz de ascender hasta los 106.200 metros (señores: 106 KILÓMETROS de altura) y alcanzar Mach 6'72. O lo que es lo mismo, casi 7 veces más rápido que el sonido... unos 7.500 km/h. Casi nada.

El chisme sirvió de excusa, 28 años después, para que Activision lanzara el videojuego que nos ocupa. De máquina prodigiosa, el X-15, a máquina prodigiosa, el Commodore 64 *sonrisa pánfila*. 

Y tiro porque me toca...

En realidad, no esperéis ver un simulador. Supongo que para imitar la carlinga y las prestaciones de esta obra maestra de la tecnología, haría falta un trabajo ímprobo de investigación y documentación... y eso suponiendo que la NASA estuviera dispuesta a dar un montón de datos a cualquier mindundi barbudo de gruesas gafas de culo de botella, que se presentara en sus oficinas, con la excusa de estar trabajando en un videojuego basado en una de sus más asombrosas creaciones. Así que, este X-15, Alpha Mission, se plantea más bien como un extraño arcade. Extraño, porque mezcla varios conceptos, y hasta varios tipos de gráficos.

El objetivo es pilotar el avión-cohete hasta alcanzar la órbita (algo que no podía hacer el ingenio original, pero se ve que el chisme con el que contamos, ha sido especialmente modificado; de hecho, va armado y blindado hasta la cola) en la que se agazapa una estación espacial terrorista. La monda.

Desde allí, un grupo hostil a los USA coordina una serie de ataques, y están en disposición de borrar del mapa varias ciudades del coloso norteamericano. Suena de coña... o sonaba, antes de aquel nefasto día de Septiembre. Ahora, vaya usted a saber...

El asalto a la estación espacial se realiza en varias etapas. En la primera, hemos de despegar de una base en tierra (otra modificación: el X-15 original se lanzaba desde un B-52; con la cantidad de combustible que devoraba la criaturita, era la mejor forma de garantizar que alcanzaría una altitud record antes de tener que volver al suelo), en una especie de mezcla entre simulador y arcade. No hay videojuego sin maloso totalitario, ni espacio sin asteroides coñazo

Simulador, por los gráficos vectoriales y la cabina más o menos enrevesada a través de la que vemos la acción en primera persona.

Y arcade porque, al final, la cosa consiste simplemente en inclinar el caza arriba, abajo, a la derecha o a la izquierda, y pulsar el botón de disparo para vaporizar a los malos que cometan la imprudencia de pasar ante un punto de mira sobre el que también tenemos pleno control.

Si os fijáis en la parte izquierda de la cabina, advertiréis la presencia de una especie de retícula negra, con dos cuadrados en vértices opuestos. Uno es verde y, el del otro extremo, rojo. Bueno, pues se trata de partir del primero, y llegar al segundo, maniobrando el X-15 para que su icono apunte siempre hacia el destino.

Pero, curiosamente, el progreso no se determina sólo por un avance pertinaz y cabezota: para pasar a través de las fases en las que se divide el ascenso hacia la estación espacial terrorista, tenemos que abatir un cierto número de enemigos.

Primero, helicópteros, como el que podéis ver en la captura de más arriba. Éstos vienen respaldados por una especie de extraños proyectiles guiados que se nos echan encima rotando sobre sí mismos. Son tremendamente dañinos (causan un 25% de desperfectos; o sea, que si nos impactan 4 de ellos, nos daremos la morrada padre, y la misión fracasará), y la única manera de esquivarlos es inclinar el morro del caza, hacia arriba unas veces y hacia abajo otras.

La segunda fase nos adentra en una capa de nubes, en la que deberemos enfrentarnos a un escuadrón de cazas con una maniobrabilidad admirable. Cuando demos buena cuenta de todos ellos, otra vez habremos de vérnoslas con una salva de proyectiles que se dirigen hacia nuestra cabina. Estos pueden esquivarse, pero hemos de destruirlos para poder progresar hacia la siguiente etapa...

... que se desarrolla en la órbita terrestre, y en la que nos atacará un montón de satélites armados hasta arriba y otros chismes que los terroristas con más medios técnicos de la historia de los videojuegos han puesto en el espacio para frenarnos.

Si conseguimos sobrevivir a sus atenciones y conservamos el combustible suficiente, alcanzaremos los aledaños de la enorme estación espacial, que rota lentamente ante nosotros. En ese instante, se nos pedirá un código... que, curiosamente, nos dan al principio de la misión (no acabo de entender eso; si fuera una copia antiprotección, iría en el manual, o algo así, pero... ¿qué sentido tiene que apuntemos un numerito de 2 cifras para utilizarlo 10 minutos después?) y, si lo introducimos correctamente, el X-15 lanzará una sonda robótica, que controlaremos de forma remota.

Esto sirve de obertura para la segunda etapa de la misión, en la que hemos de guiar al ingenio cibernético por las tripas de la estación de los terroristas... después de comandarla en su descenso hacia la superficie del enorme chisme orbital, esquivando los inevitables asteroides coñazo que no tienen nada mejor que hacer que flotar por allí... y lo cierto es que nunca he llegado más lejos, porque siempre he acabado estampándome contra la estación, así que... 

 
 

Simples, en cualquiera de sus etapas. Hay que reconocer, sin embargo, que los helicópteros, avioncitos, y demás cachivaches que evolucionan grácilmente en el interior de la pequeña ventana de la cabina del X-15, se mueven con mucha más soltura y rapidez que sus equivalentes en la mayoría de los juegos de C64 con gráficos vectoriales (claro que en eso influye precisamente el tamaño de la ventana en cuestión).

Aún así, la verdad es que el desarrollo es muy simple. No esperéis ver al avión trazando todo tipo de cabriolas, rizos y giros en el aire. El horizonte nunca se inclina hacia los lados y, aparte de las montañas y el suelo verde, apenas hay más detalles en el mundo exterior... alguna que otra nubecilla, las estrellas en la órbita terrestre... poco más.

Las etapas con gráficos bitmap... bueno, lo cierto es que, como ya os he contado, sólo he podido ver una... y no tiene mala pinta, no.

Una musiquilla simplísima y los inevitables rugidos de turbinas, y ruidos de disparos y explosiones. Salvo que me equivoque, el 99% de los efectos del juego no son más que ruido blanco.

Pues... la verdad es que X-15, Alpha Mission, es un juego extraño. No acabo de tener claro si me gusta o me aburre, la verdad. Lo cierto es que la etapa de ascenso hasta la órbita es un poco monótona, y muy sencilla, una vez que sabes qué hacer, pero al menos, los cachivaches vectoriales están bastante logrados.

La que sí parece que promete es la parte de asalto a la estación, por medio del chisme guiado por control remoto, pero como no sé cómo encender los retropropulsores y frenar la caída (a todo esto... ¿caída sobre la estación espacial? ¿mande? ¿con qué gravedad? ¿con la que genera el propio ingenio? ¡no me jeringuen! Harían falta bastantes billones de toneladas más para que el cachivache ejerciera un poquito de atracción gravitatoria), siempre me doy un cebollazo contra la superficie metálica.

* Gráficos vectoriales bastante más rápidos de lo usual en el C64. * Más bien raro... y hasta algo monótono...