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X-15 Alpha Mission
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Corría el año 1959. La Guerra Fría estaba acercándose a su cenit y los
científicos de la NASA vivían una época de bonanza. Dado que la conquista del
espacio tenía ribetes políticos y militares muy mal encubiertos, la agencia pública dedicada a la investigación aeroespacial recibía
cantidades ingentes de pasta del Congreso de los USA. Qué bien.
Es paradójico, pero a pocas organizaciones en principio pacíficas, les ha
sentado tan mal la caída del Muro de Berlín, como a la que hasta hace poco
presidía Dan Goldin. Lo de espiar a los rusos desde la órbita ya no mola tanto
como antes, y hay que admitir que hay cosas más importantes en las que
despilfarrar el erario público que en carísimas misiones interplanetarias que,
en principio, y a corto plazo, no parece que vayan a reportar beneficios. Pero
claro... si no es el Estado quien pone la guita, ¿quién lo va a hacer? ¿la
empresa privada?
Pues sí señor: la empresa privada. Pero antes será necesario que la exploración espacial abra
nuevas industrias y nuevos negocios. Que los abrirá; y serán tan lucrativos
que medio mundo se dará de tortas por acceder al vacío sideral.
Erm... bueno, a lo que iba. Pues resulta que, a finales de los 50 y
principios de los 60, la NASA era más que una agencia científico-técnica de
investigación. Era la punta de lanza de la guerra de propaganda entre Occidente
y el bloque comunista. ¿Que los del gulag nos ponen una pelotita metálica en
órbita? ¡Ya estamos nosotros pensando en hacer lo propio! ¿Que meten a una
perra -pobre animalito- a bordo de una cápsula y la lanzan a tomar por saco al
espacio? ¡Ya podemos ir buscando un chimpancé! ¿Qué ellos ponen a un tal
Yuri Gagarin a dar vueltas al planeta? ¡Pues... pues... pues...! Pues los
soviéticos iban ganando. Y eso no podía ser.
La inyección de dinero en la NASA fue astronómica (y no es un juego de
palabras gilipollesco). Más aún: FARAÓNICA. Los resultados, evidentes: la
segundona, siempre a rebufo de los productos de las misteriosas artes del oso
rojo de Moscú, no sólo acabó poniéndose por delante, sino que demostró lo
que pueden hacer la ciencia y la ingeniería de un país, cuando todos reman en
la misma dirección. Aunque fuera con el objetivo de alcanzar la supremacía moral sobre el
Pacto de Varsovia y sus siniestros promotores.
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El caso es que la NASA se convirtió en una especie de mito científico. Era el hogar de la tecnología más increíble, de los trabajadores de más alto nivel, de los planificadores más inteligentes (ahora... la gente se ríe -muy injustamente, a mi juicio- de sus meteduras de pata, casi de principiante, que acaban dando al traste con algunas de sus sondas interplanetarias). |
No sólo consiguieron hacer despegar varios cohetes Saturno V delante de millones de testigos (el cacharrito medía sólo 120 metros de alto), y poner al Ser Humano en la Luna, sino que hicieron auténticas maravillas en el campo de la aeronáutica.
Y para muestra, dos botoncitos:
- Se fue a la Luna seis veces. Justo hasta que la NASA empezó a andar un
poquito más escasa de calderilla que en la época de la Guerra Fría. Al
Congreso ya no le hacía tanto chiste eso de mandar astronautas al quinto
cuerno. Los rusos ya no eran rivales en ese terreno. Desde hace alrededor de 30 años, ningún Ser Humano ha puesto el pie sobre
nuestro satélite.
- Se ingenió el avión-cohete más asombroso de la Historia. Es más: ni
siquiera hoy en día, adentrándonos en el siglo XXI, se han superado sus
marcas. Y ojo, estoy hablando de un chisme que voló por primera vez en 1959. Lo
que me sirve para enlazar con el principio de este desvarío (perdón de nuevo,
jeje).
El X-15 es un prodigio de la ingeniería aeronáutica. Es una especie de híbrido entre caza y cohete espacial, pilotado por un solo hombre y que, en su tiempo, fue capaz de ascender hasta los 106.200 metros (señores: 106 KILÓMETROS de altura) y alcanzar Mach 6'72. O lo que es lo mismo, casi 7 veces más rápido que el sonido... unos 7.500 km/h. Casi nada.
El chisme sirvió de excusa, 28 años después, para que Activision lanzara
el videojuego que nos ocupa. De máquina prodigiosa, el X-15, a máquina
prodigiosa, el Commodore 64 *sonrisa pánfila*.
Y tiro porque me toca...
En realidad, no esperéis ver un simulador. Supongo que para imitar la
carlinga y las prestaciones de esta obra maestra de la tecnología, haría falta
un trabajo ímprobo de investigación y documentación... y eso suponiendo que
la NASA estuviera dispuesta a dar un montón de datos a cualquier mindundi
barbudo de gruesas gafas de culo de botella, que se presentara en sus oficinas,
con la excusa de estar trabajando en un videojuego basado en una de sus más
asombrosas creaciones. Así que, este X-15, Alpha Mission, se plantea más bien como un extraño arcade.
Extraño, porque mezcla varios conceptos, y hasta varios tipos de gráficos.
El objetivo es pilotar el avión-cohete hasta alcanzar la órbita (algo que no
podía hacer el ingenio original, pero se ve que el chisme con el que contamos,
ha sido especialmente modificado; de hecho, va armado y blindado hasta la cola)
en la que se agazapa una estación espacial terrorista. La monda.
Desde allí, un grupo hostil a los USA coordina una serie de ataques, y están
en disposición de borrar del mapa varias ciudades del coloso norteamericano.
Suena de coña... o sonaba, antes de aquel nefasto día de Septiembre. Ahora,
vaya usted a saber...
| El asalto a la estación espacial se realiza en varias etapas. En la primera, hemos de despegar de una base en tierra (otra modificación: el X-15 original se lanzaba desde un B-52; con la cantidad de combustible que devoraba la criaturita, era la mejor forma de garantizar que alcanzaría una altitud record antes de tener que volver al suelo), en una especie de mezcla entre simulador y arcade. | ![]() |
Simulador, por los gráficos vectoriales y la cabina más o menos enrevesada a través de la que vemos la acción en primera persona.
Y arcade porque, al final, la cosa consiste simplemente en inclinar el caza arriba, abajo, a la derecha o a la izquierda, y pulsar el botón de disparo para vaporizar a los malos que cometan la imprudencia de pasar ante un punto de mira sobre el que también tenemos pleno control.
Si os fijáis en la parte izquierda de la cabina, advertiréis la presencia de
una especie de retícula negra, con dos cuadrados en vértices opuestos. Uno es
verde y, el del otro extremo, rojo. Bueno, pues se trata de partir del primero,
y llegar al segundo, maniobrando el X-15 para que su icono apunte siempre hacia
el destino.
Pero, curiosamente, el progreso no se determina sólo por un avance pertinaz
y cabezota: para pasar a través de las fases en las que se divide el ascenso
hacia la estación espacial terrorista, tenemos que abatir un cierto número de
enemigos.
Primero, helicópteros, como el que podéis ver en la captura de más arriba. Éstos
vienen respaldados por una especie de extraños proyectiles guiados que se nos
echan encima rotando sobre sí mismos. Son tremendamente dañinos (causan un 25%
de desperfectos; o sea, que si nos impactan 4 de ellos, nos daremos la morrada
padre, y la misión fracasará), y la única manera de esquivarlos es inclinar
el morro del caza, hacia arriba unas veces y hacia abajo otras.
La segunda fase nos adentra en una capa de nubes, en la que deberemos enfrentarnos
a un escuadrón de cazas con una maniobrabilidad admirable. Cuando demos buena
cuenta de todos ellos, otra vez habremos de vérnoslas con una salva de proyectiles
que se dirigen hacia nuestra cabina. Estos pueden esquivarse, pero hemos de
destruirlos para poder progresar hacia la siguiente etapa...
... que se desarrolla en la órbita terrestre, y en la que nos atacará un montón
de satélites armados hasta arriba y otros chismes que los terroristas con más
medios técnicos de la historia de los videojuegos han puesto en el espacio para
frenarnos.
Si conseguimos sobrevivir a sus atenciones y conservamos el combustible suficiente,
alcanzaremos los aledaños de la enorme estación espacial, que rota lentamente
ante nosotros. En ese instante, se nos pedirá un código... que, curiosamente,
nos dan al principio de la misión (no acabo de entender eso; si fuera una copia
antiprotección, iría en el manual, o algo así, pero... ¿qué sentido tiene que
apuntemos un numerito de 2 cifras para utilizarlo 10 minutos después?) y, si
lo introducimos correctamente, el X-15 lanzará una sonda robótica, que controlaremos
de forma remota.
Esto sirve de obertura para la segunda etapa de la misión, en la que hemos de
guiar al ingenio cibernético por las tripas de la estación de los terroristas...
después de comandarla en su descenso hacia la superficie del enorme chisme orbital,
esquivando los inevitables asteroides coñazo que no tienen nada mejor que hacer
que flotar por allí... y lo cierto es que nunca he llegado más lejos, porque
siempre he acabado estampándome contra la estación, así que...
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Simples, en cualquiera de sus etapas. Hay que reconocer, sin embargo, que los helicópteros, avioncitos, y demás cachivaches que evolucionan grácilmente en el interior de la pequeña ventana de la cabina del X-15, se mueven con mucha más soltura y rapidez que sus equivalentes en la mayoría de los juegos de C64 con gráficos vectoriales (claro que en eso influye precisamente el tamaño de la ventana en cuestión). |
Aún así, la verdad es que el desarrollo es muy simple. No esperéis ver al avión
trazando todo tipo de cabriolas, rizos y giros en el aire. El horizonte nunca
se inclina hacia los lados y, aparte de las montañas y el suelo verde, apenas
hay más detalles en el mundo exterior... alguna que otra nubecilla, las estrellas
en la órbita terrestre... poco más.
Las etapas con gráficos bitmap... bueno, lo cierto es que, como ya os he contado,
sólo he podido ver una... y no tiene mala pinta, no.
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Una musiquilla simplísima y los inevitables rugidos de turbinas, y ruidos de disparos y explosiones. Salvo que me equivoque, el 99% de los efectos del juego no son más que ruido blanco. |
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Pues... la verdad es que X-15, Alpha Mission, es un juego extraño. No acabo de tener claro si me gusta o me aburre, la verdad. Lo cierto es que la etapa de ascenso hasta la órbita es un poco monótona, y muy sencilla, una vez que sabes qué hacer, pero al menos, los cachivaches vectoriales están bastante logrados. |
La que sí parece que promete es la parte de asalto a la estación, por medio del chisme guiado por control remoto, pero como no sé cómo encender los retropropulsores y frenar la caída (a todo esto... ¿caída sobre la estación espacial? ¿mande? ¿con qué gravedad? ¿con la que genera el propio ingenio? ¡no me jeringuen! Harían falta bastantes billones de toneladas más para que el cachivache ejerciera un poquito de atracción gravitatoria), siempre me doy un cebollazo contra la superficie metálica.
| * Gráficos vectoriales bastante más rápidos de lo usual en el C64. | * Más bien raro... y hasta algo monótono... |