FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Indiana Jones and the Temple of Doom

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
Vale, John Williams será más comercial que el McDonald's, pero no me negaréis
que es uno de los compositores de bandas sonoras más reconocidos. Cualquiera
de sus marchas (Superman, La Guerra de las Galaxias, o la saga de Indiana Jones)
se asocian automáticamente con CINE.
¿Que por qué digo esto? ... Ni idea. ¿Alguien lo sabe?
Bueno, en realidad sí que hay una razón (tan absurda como es usual en mi, jeje).
Veréis: resulta que este juego siempre me recuerda a uno de los temas para mi
más emblemáticos (y menos conocidos) de Williams: The Parade of Slave Children,
de la película Indiana Jones y el Templo Maldito. ¿Cuál es? Pues como me temo
que no os la puedo tararear vía texto, tendréis que escucharla en algún lado.
Y el juego me recuerda a esa composición, porque precisamente en la película
sonaba en la escena en la que Indy rescata a los niños prisioneros de los Thuggees.
Pero, curiosamente, en el juego no. Se recurre a una versión más bien metálica
(aunque no tanto como la de Indiana
Jones and the Last Crusade) de la célebre Raiders March (o sea, el tema
más conocido de las películas del arqueólogo-aventurero).
Hala, y a lo tonto, a lo tonto, he comenzado otra review de forma más o menos
distinta al resto. ¡Y es que no sabéis cómo me cuesta empezar, leñe!
En la película, el señor Jones, mientras viaja por la India, llega a una aldea
en la que sorprendentemente, no hay niños.
Los viejos del lugar le cuentan que han desaparecido, junto con las sagradas
Piedras de Samkara, y claro, "ya que está usté aquí... ¿no le importaría
arriesgar el pellejo para recuperarlas?".
Así que, ni corto ni perezoso, Indy emprende la excursión con su nuevo ligue y un chavalín un poco pelmazo.
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Cierto día, se aloja en el palacio de un jovencísimo majarajá (desde luego, tiene gracia el titulillo), que disfruta sirviendo banquetes con las porquerías más inimaginables a sus súbditos que, por supuesto, encuentran deliciosas. (Aquello de la sopa de ojos, la verdad, me sonaba a chorrada infantiloide estilo "caca, pis y mocos"; lo cierto es que esta es la película de la saga que menos me gustó ¿se nota?). |
Pero resulta que Indy curiosea más de lo debido, y descubre que en realidad,
el palacio sirve de templo para una secta (los Thuggee) con bastante mala leche,
que realiza sacrificios la mar de sangrientos a su diosa, Kali. El sumo
sacerdote, un calvo siniestro llamado Mola-Ram, es el encargado de sacrificar a
algún hindú desdichado (eso, diga usted que sí; ¡que se sacrifiquen los
demás! ... así yo también soy un pedaso de fiel al dios que haga falta), arrancándole el corazón, en
vivo, sin anestesia ni nada. Cuando los Thugees descubren a Indy y a los demás,
fisgando donde nadie les ha llamado, como es de esperar, montan en cólera. Resulta que Mola-Ram es el responsable de la desaparición de las Piedras de
Samkara, y de los niños de la aldea, a los que tiene puteaditos trabajando en una
mina, en busca de las restantes reliquias sagradas.
Hasta aquí, los prolegómenos del juego. Y ahora, ¿el juego en sí? Pues se
trata de un arcade simplón y adictivo, que técnicamente, hay que admitirlo, no
es nada del otro mundo.
Consta de tres fases:
Primera: Indy debe rescatar a cinco chavales prisioneros en las minas de los
Thuggees, y entonces escapar. Aparte de los inevitables guardias que, turbante
en ristre, se lanzarán a nuestra persecución y a los que podemos dejar medio
tontos de un latigazo, en ocasiones se materializará el mismísimo Mola-Ram, y
nos lanzará un proyectil ardiente que NUNCA falla (o sea: nos persigue por
todas partes). ¿Solución? En cuanto veas que el energúmeno aparece en medio
de la mina, corre todo lo que puedas para que el scroll lo deje fuera de la
pantalla.
| Segunda: ahora, el arqueólogo con más marcha del mundo, trata de huir de los dominios de la secta, montado en una de las vagonetas de la mina, que surca las vías a toda velocidad. Muchos de los raíles se encuentran en estado cochambroso, y harán que la vagoneta vuelque y le planche el sombrero a nuestro héroe, así que hamos de tratar de encaminarnos por rutas seguras. | ![]() |
Tercera: la búsqueda de las tres piedras Samkara, en pleno Templo Maldito,
y con un final de lo más emocionante, escapando por un puente colgante que da
un mal rollo tremendo...
(Sí: está claro, por lo breve del comentario de este nivel, que nunca lo he
visto en persona, jejeje... me he limitado a describir lo que cuentan las instrucciones
del juego; y es que la segunda fase es la mismísima repanocha, de difícil. La
vagoneta surca los rieles a velocidad de vértigo, y la verdad es que apenas
da tiempo a reaccionar).



