Portada de Infiltrator 2 - The Next Day

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Infiltrator 2 - The Next Day

GéneroSimulador de vuelo / Aventura
Desarrollado porMindscape / U.S. Gold
Música?
Año1988
Veredicto originalMola
Valoración8/ 10
Gráficos
8
Sonido
6

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Infiltrator es una de esas pequeñas joyas que se lanzaron al mismo precio que la infinidad de bodrios que poblaron las juegotecas de las máquinas de 8 bits. Sí, ¿para qué vamos a dejar que la nostalgia nos ciegue? Muchos juegos de C64, Amstrad o Speccy, eran horribles. Una verdadera castaña pilonga. Sin embargo, cuando salía uno bueno, solía darle bastantes vueltas a casi cualquier cosa que podáis ver hoy en día (evidentemente, no en el apartado técnico).

El caso es que las correrías del tal Johnny Jimbo-Baby, en pos de desbaratar la organización clandestina de un dictador chiflado con cara de sapo verrugoso de Borneo (y el mismo color) llamaron la atención de más de uno (entre los que me cuento, por cierto).

Aquella curiosa mezcla de simulador de vuelo y aventura, funcionaba sorprendentemente bien, sobre todo por lo cuidado de los gráficos (salvo en los interiores de los edificios... ahí tiraban a chuscos), así que me sorprendió descubrir que existía una segunda parte que, hasta donde yo sé, ni se conoció en España.
Vamos a verla, ¿os parece?

Bueno. Supongo que conocéis el juego original, ¿no? Y si no es así... ¿qué hacéis que no vais pitando a todo baudio a echarle un vistazo a su ficha?

Creo que me está dando un déjà vu... Pues si lo habéis jugado, apenas hace falta que os diga nada más acerca de esta segunda parte. Es de esas secuelas que cabrean a más de uno, porque apenas añade nada al original, y se nota demasiado que se lanzó a rebufo de su éxito. Hombre, cuando el primer juego era tan entretenido e innovador en muchos aspectos, creo yo que es bastante perdonable que el segundo sea una especie de añadido.

De hecho, podría haberse vendido como una ampliación, expansión o similar. Tres misiones más, el mismo desarrollo (en serio: EL MISMO) y sólo un par de mejoras puramente estéticas.

Los defensores a ultranza de la originalidad en los videojuegos, o séase, los que piden que el KetheKasco Jodide Marciane VI no tenga absolutamente nada que ver con las cinco entregas anteriores, son los que más se "indignan" ante felonías como la que, según ellos, perpetró el tal Chris Gray al atreverse a vender "más de lo mismo". Sin embargo, ya os digo, cuando uno se lo pasaba pipa con el Infiltrator 1, ¿qué tiene de malo que la segunda parte fuera muy parecida? A fin de cuentas, ¿no ocurría lo mismo con la saga del Last Ninja? O si me apuran, con cualquier saga de videojuegos de la historia (salvo la mítica Ultima, claro -aunque esa no cuenta: se tomaban con tanta calma los lanzamientos, que entre uno y el siguiente, a la informática personal le daba tiempo de avanzar una barbaridad-). Y si no, echadle una ojeada al célebre Baldur's Gate.

Como ya os he comentado, tenemos que enfrentarnos a las huestes de un dictador ido del garbanzo, que ha construido una serie de campamentos en medio de la nada, desde los que planea su enésimo asalto al poder mundial. La novedad (al menos, en 1986 lo era) de la idea es que no teníamos que asaltar los bunkers a bazookazo limpio. De hecho, en ninguna de las misiones resulta nadie herido (a no ser que nos pille uno de los aviesos seguidores del dictador, o tengamos la brillante idea de plantar el pie sobre una mina). Como mucho, será necesario dejar momentáneamente fuera de combate a algún que otro guardia, echando mano de un spray adormecedor, o unas granadas que llenan la zona del mismo gas anestesiante.

El título del juego lo deja bien a las claras: nuestro papel es el de saboteador. Nos infiltramos tras las líneas enemigas, disfrazados como uno de los hombres del dictador. Eso sí: los guardias emplean bastante celo en su trabajo. En realidad, son un poquito obsesivo-compulsivos. Vaya, que no sólo te piden la documentación cada vez que pasas al lado de ellos... es que, si te alejas 10 metros de uno, y vuelves a pasar a tu lado... ¡te la volverá a pedir!
Lo más curioso de esto es que puede que en una de las ocasiones asegure que no está en regla (ya sabes: chorrito de spray narcotizante en todos los morros), y en la siguiente le parezca que los papelitos están maravillosamente cumplimentados, con una letra mu bonita y hasta huelen a esencia de pino noruego que da gusto.

Vaya, hasta ahora, nada diferente del videojuego original. Sí que veréis alguna que otra mejora estética, como os dije antes, y algún que otro cachivache de nuevo cuño (cosas tan extrañas como un "implante cerebral"), pero el desarrollo sigue siendo exactamente igual.


Llegaréis a cada campamento enemigo a bordo de vuestro escuadrupérrimo helicóptero, en una curiosísima fase a medio camino entre arcade y simulador de vuelo, con unos gráficos más que vistosos.
Qué feo que soy, cagontó

Una vez allí, tendréis que husmear por los alrededores del complejo (cuidadín con las minas; no lleváis encima un detector portátil sólo para fardar ante los amigotes ¿sabéis?), y adentraros en algunos de los edificios. Y en éstos (fijaos en la captura de arriba), habréis de localizar las habitaciones especiales, marcadas en rojo en el mapita que tenéis en el panel de la parte inferior de la pantalla, y que se va dibujando conforme exploráis el edificio en cuestión, y de vez en cuando, echar una ojeada en algunos de los muebles, en los que podréis encontrar granadas de gas, entre otras bicocas.

Insisto: nada nuevo bajo el Sol.

Igual que en el juego original, los edificios están patrullados por guardias de lo más puntillosos. Igual que en el juego original, si rehusamos enseñarles la documentación, o ésta no está en regla y tardamos demasiado en dormirlos, o nos pillan registrando algún mueble, o nos piden los papeles cuando vamos disfrazados de oficial, harán saltar las alarmas, y se nos echarán encima. Igual que en el juego original, si nos pillan, perderemos una vida, y tendremos que comenzar de nuevo... lo mismo que sucede, por cierto, si se agota el tiempo con el que contamos para cumplir cada misión.

Y, cómo no, igual que en el juego original, una vez que alcancemos el objetivo de turno, habremos de volver a nuestra base, a bordo del helicóptero, en otra fase estilo simulador de vuelo.

¡Coñe! ¡Si llevo todo el comentario repitiéndolo! Coged el Infiltrator 1, añadidle un par de retoques estéticos, y mantened el desarrollo y la idea intactos, y obtendréis esta segunda parte.

Lo mejor

* Tan entretenido como la primera parte.

Lo peor

* No aporta nada nuevo.