Portada de Revenge of the Mutant Camels

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Revenge of the Mutant Camels

GéneroShoot'em up
Desarrollado porLlamasoft
MúsicaJames Lisney
Año1984
Veredicto originalMola
Valoración8/ 10
Gráficos
7
Sonido
9

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Os voy a contar otra de mis historias de la gallina Flounders. 

No temáis, esta es cortita: a finales de 1983 y principios de 1984, cuando acababa de conseguir mi flamante Commodore, y prácticamente ninguna otra persona del Universo (al menos, de mi Universo, que aunque era chiquitillo por aquel entonces, me servía bastante bien) tenía otra cosa que no fuera un Speccy (bueno, había otra opción: no tener ningún ordenador en casa; esa, no lo olvidemos, era la mayoritaria) y mi lista de juegos no superaba los 20 títulos, me sabía de memoria todos mis records. De hecho, siempre me vanagloriaba, ante el buenazo de mi hermano, de que mis puntuaciones eran más altas que las suyas... aunque eso cambió cuando conseguimos el Gauntlet, un par de años después, y su fanatismo (casi no se le puede calificar de otra cosa) con el juego, le llevó a darme auténticos baños ante el joystick.

A lo que iba: igual que conocía mis pocos videojuegos como aquel que conoce todos sus juguetitos, camiones de plástico y cochecitos de hojalata, también me había construido una especie de simpático esquema mental en el que ordenaba los títulos del que más me gustaba, al que menos. Sí: era un niño muy metódico y organizado; se ve que por aquel entonces ya empezaban a despuntar mi afición por la Ciencia y la Informática. Lo que se dice un auténtico repollo.

Bueno, pues aún recuerdo que el número uno para mi era el Ghostbusters. El segundo puesto era para el Fort Apocalypse. Y el tercero, para este Revenge of the Mutant Camels, o "Camellos-2" (la primera parte, o "Camellos-1", era el curioso Attack of the Mutant Camels), como lo llamábamos mis pocos amiguetes commodoreros y yo (si me apuran, sólo dos: un compañero del cole, y el chaval que trabajaba en el servicio técnico de la única tienda especializada en Commodore de Badajoz).

En aquel entonces, aún andaba yo como loco detrás del Bruce Lee. Había leído la review que hacían en la revista Commodore Magazine, y aquel pequeño jueguecito me había llamado muchísimo la atención.

Legalize cannabis now! :-P Sin embargo, me costó un par de años más localizarlo, de modo que no pudo entrar en mi "ranking" personal de juegos hasta bastante más tarde, cuando mi juegoteca ya contaba con casi 100 títulos. ¡Ahhh, qué fortuna! Aunque palidecía al lado de los centenares y centenares de juegos que amasaban mis eternos vecinos spectrumneros. Claro, pero ellos partían con ventaja...

Pero centrémonos.

Revenge of the Mutant Camels es otra de las idas de olla del peludo Jeff Minter. No le llamaban "el hippy" porque sí, vamos.
Algunos de sus juegos no es que rayaran en lo psicodélico: es que se metían en ello de cabeza y sin tapujos. Su mítica afición por los camellos, llamas y ovejas era una de sus señas de identidad. Un tipo curioso, sin duda. Y polémico: no le dolía en prenda ensalzar sus programas y darle leña a algunos de sus rivales (aunque tampoco se cortaba a la hora de aplaudir, sin paliativos, un buen trabajo). Era muy poco políticamente correcto. A pesar de ser hippy, sí. Se ve que la idea de la corrección política ha cambiado con los años. O será que ese es un concepto que ha surgido hace poco, artificial y gilipollescamente. Más bien.

Pero sigamos, sigamos. 

Minter programó muchos videojuegos extraños protagonizados por animalitos mutantes envueltos en rayos multicolores que emitían toda suerte de sonidos electrónicos casi alucinógenos. Desde Laser Zone hasta Hover Bovver, la verdad es que, para ser un solo desarrollador (no trabajaba en equipo, salvo a la hora de dotar de música a algunos de sus productos; entonces recurría a un tal James Lisney) se prodigó bastante. Y en mi opinión, este Revenge of the Mutant Camels es su mejor trabajo. El juego más "minteriano" de su carrera.

Se divide en 42 fases que se diferencian en los enemigos que nos asediarán. He ahí la salsa de este juego: la cantidad de personajes es inmensa. Sus movimientos, su peligrosidad, su animación... prácticamente en cada fase nos enfrentaremos a algún bichejo que no habíamos visto antes (en otras, aparecen enemigos que ya nos dieron la tabarra en niveles anteriores, pero con un comportamiento distinto). El sentido del humor es una constante a lo largo de todas las etapas.

Es más: cada una tiene un nombre, y hay que reconocer que algunos de éstos eran muy buenos. Desde "Manic Minter", en el que un hombrecillo muy parecido al protagonista de aquel legendario juego de Speccy (después adaptado al '64), el Manic Miner, avanza por la pantalla con una sonrisa bobalicona, lanzándonos pequeños camellos saltarines, hasta etapas con títulos como "Agresivos Alpinistas Australianos", "El ataque de los camellos mutantes, mutantes" o "¿No nos hemos visto en otra parte?", en la que se nos echarán encima escuadrones enteros de navecillas como las de la primera parte (o sea, el "Camellos-1").

Nuestro camello tiene una resistencia enorme (aunque también depende de qué malo le ataque; hay unas ovejitas de aspecto  muy apacible, pero que explotan si se las toca, que son capaces de aniquilarte una vida entera a las primeras de cambio), que además, se recupera parcialmente cada vez que completamos una fase. Me pregunto qué se fumaría Minter cuando se le ocurrió ESTO

Sin embargo, no creáis que Revenge of the Mutant Camels es un juego fácil. Al contrario: algunas de las etapas son un auténtico suplicio, y pueden acabar con dos de tus vidas. O más. 

En realidad, hay un truco para prácticamente cada una de las fases y que, aunque no nos permitirán superarlas sin encajar algún que otro protonazo enemigo, sí que nos ayudarán a sufrir el menor daño posible. A veces, el truquito en cuestión consiste en saltar sin parar; otras veces, en avanzar hacia el extremo derecho de la pantalla, y disparar hacia nuestra espalda... depende de los malos y de su comportamiento.

Conforme avanzamos, el fondo hace scroll suavemente, hacia la izquierda. Hay tres escenarios distintos: uno compuesto por algo parecido a los edificios de una ciudad futurista, otro formado por montañas rojas y, el tercero (el que más me gustaba en mi época), constituido por pirámides, algunas de las cuales exhiben un ojo parpadeante sobre su superficie (como podéis ver en la captura de arriba). Estos escenarios se alternan sin ningún patrón. Quiero decir que las fases no se caracterizan por el fondo, si no por los enemigos.

¿Qué habrá más allá de la fase 32? ¿Cómo será la última? Y después, ¿se comenzará de nuevo, o se llegará a algún final concreto? 

Aunque hay dos modos de juego: enfrentarnos a todas las etapas secuencialmente, desde la número 1 a la número 42, o jugar a pantallas construidas con mezclas aleatorias de los malos de las 32 primeras, hay 10 fases que permanecen en el más profundo de los misterios. (Buena cursilada, pardiez).

Lo mejor

* La enorme variedad de enemigos.
* El humor que transpira.
* Los efectos de sonido.

Lo peor

* Algunas fases son terriblemente difíciles.