Portada de Werewolves of London

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Werewolves of London

GéneroAventura
Desarrollado porViz Design / Mastertronic
MúsicaAndy Sico
Año1988
Veredicto originalPscheee…
Valoración6/ 10
Gráficos
7
Sonido
4

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Hay lugares que inspiran leyendas. No sé si tenéis la fortuna de conocer mi querida Galicia, pero ese es uno de ellos. Uno vagabundea por la Riveira Sacra, entre bosques profundos, monasterios milenarios excavados en la propia falda rocosa de los montes, siempre bajo un techo de hojas y ramas entre las que se filtran rayos de luz, y bordeando el río Sil que se retuerce encajonado en lo más hondo de un desfiladero verde salpicado de pueblecitos, y no tiene más remedio que imaginar cuentos de trasgos y meigas.

Bueno, pues lo mismo debía de sucederle al Londres de la era Victoriana. Tenebroso, lánguido, gris y permanentemente sumido en una espesa niebla (así nos lo pintan, vaya). Las callejas adoquinadas, húmedas, frías y solitarias por las que merodeaba Jack el Destripador, y otras hierbas seguramente igual de poco recomendables, es más que probable que inspiraran historias (de miedo, indefectiblemente; no como el paisaje Gallego... al menos, ese es melancólico y la melancolía siempre tiene un toquecito alegre, en el fondo) a más de un escritor.

Los cuentos de terror góticos tienen pocos escenarios tan adecuados como las lóbregas tripas de la City, una noche de cualquier año del siglo XIX. ¿Un monstruo deforme que ataca por las noches a los viandantes solitarios? ¡En Londres, claro! ¿Una antigua maldición que sólo se resuelve encontrando ocho crucifijos? ¡En Londres, claro! O en Transilvania, si me apuran. (Lo cierto es que las cosas han cambiado bastante; conozco Londres, aunque sea como turista y de un par de días pululando por sus calles, y la verdad es que tiene ya más de cosmópolis ultramoderna que de siniestra ciudadela de leyendas oscuras).

Bueno, pues aquí tenéis el resultado de la mezcla de esos ingredientes: Werewolves of London.

Beeee... digo, ¡Aúuuu! ¿Un hombre-lobo en Central Park, o en Seattle? ¿Escalando las paredes de cristal y acero de sus rascacielos, o refugiándose en el interior de una sala de control informatizada? Como que no pega, ¿verdad? Como que suena más a bodrio de sobremesa de Antena 3, producido por Eddie Murphy y protagonizado por él mismo.  

Pero imaginaos al energúmeno peludo, de garras afiladas y apetito desbocado, reptando entre callejas y alcantarillas, arropado por la perpetua neblina. La cosa cambia.

Bueno, pues no esperéis ver nada de eso aquí. Werewolves of London es casi alegre. Los gráficos son vistosos y coloristas, y la música da de todo (hasta dolor de cabeza), menos miedo. Y no digamos nada del personaje principal, transformado en un licántropo caníbal... que parece un jorobado barbudo.

No sé si los responsables del juego pretendían darle un toque humorístico. Si es así, estupendo. Y si no, quedaron como unos merluzos.

Pero centrémonos en el comentario: como ya os he dicho, el objetivo de la aventura es encontrar a los 8 miembros de la malvada familia que maldijo a nuestro protagonista y le condenó a transformarse en una bestia peluda (el pobre no gana para collares antipulgas) cada vez que asoma la Luna llena.

Cada uno de ellos lleva encima un crucifijo. Hemos de conseguirlos todos. ¿Cómo? Pues dado que la amabilidad no es precisamente una de las virtudes que nuestro desdichado protagonista adquiere cada vez que adopta la forma perruna, no nos quedará otra que darles a sus portadores un par de dentelladitas en la yugular, a ver si así aprenden.

Es más: cualquier personaje que encontremos paseando por las callejuelas de Londres, es susceptible de transformarse en aperitivo, cada vez que nos dé por ahí, o cuando lo necesitemos. La energía del protagonista se mide con una bolsa de plasma sanguíneo (puaj), que gotea cada vez que nos pegamos un zurriagazo al caernos desde un tejado, o cada vez que algún policía nos endiña un tiro.

Sólo podremos recuperarla pegándonos un buen banquete de ciudadano inocente. Qué cosa tan florida.

Los días y las noches se suceden a toda velocidad. Yo diría que pasamos de uno al otro cada minuto, más o menos. A veces, es bastante incordiante; sobre todo cuando merodeamos, en nuestra forma animaloide, detrás de uno de los miembros de la malhadada familia y, de pronto, al Sol le da por surgir de golpe y de nuevo recuperamos la apariencia humana.

Ser un hombre-lobo tiene sus ventajillas, no creáis. No todo va a ser corretear por ahí, meándonos en las farolas y rascándonos las orejas con las uñas de los pies: en esta forma, además de poder reducir a picadillo a los probos ciudadanos, podemos saltar desde un tejado a otro. Eso es algo imposible cuando andamos por ahí con la apariencia humana.

Claro, que también hay algún que otro inconveniente: a la policía no les caen bien los hombres-lobo. Y si nos atenemos a las películas del género, tampoco hacen buenas migas con las momias, los zombis y los extraterrestres. Normal: llevan toda la vida interpretando el papel de carne de cañón. Siempre son los primeros que caen (generalmente, mientras están mirando distraídamente una tele portátil y trasegando donuts, aunque tampoco lo hacen mucho mejor cuando les da por cumplir con su deber), y además, de la forma más asquerosa y salpicante posible. Y para colmo, al final, el que derrota al monstruito y se lleva a la rubia imponente, es algún ex-marine guaperas, experto en artes marciales y que masca goma-2 para pasar el rato.

Cuando merodeemos por las callejas en forma lupina, iremos encontrándonos cada vez más policías. Y su número aumentará conforme organicemos sanguinolentas escabechinas con cualquier ciudadano, ya sea un inocente cualquiera, o uno de los miembros de la familia.

Al principio, puede que sólo veamos a algún que otro "sereno", como esos que dicen que patrullaban de noche por las calles españolas en el siglo XIX, encendiendo y apagando las farolas, armados con un chuzo (una especie de lanza), y acudiendo a ayudar a los ciudadanos que los requirieran (a veces, incluso para abrirles la puerta de su casa -llevaban llaves maestras, o algo así-). El afeitado más apurado... sale el sol y me se cae el bigote. Así da gusto.

Bueno, pues eso: estos policías son inofensivos; es decir, no nos causarán ningún daño. No llevan armas, sino que simplemente caminan con una linterna, pero si nos tocan mientras estamos en forma de hombre-lobo, nos enviarán automáticamente a prisión, donde pasaremos un rato, hasta que amanezca, recuperemos la apariencia humana, y podamos salir tranquilamente. Pero lo peor no es la pérdida de tiempo (a fin de cuentas, no tenemos ningún plazo para cumplir el objetivo), ni siquiera el hecho de que sea de lo más molesto que estés en una punta del mapa, y aparezcas en la opuesta, donde se encuentra la cárcel. No: lo peor es que perderemos todos los objetos que llevábamos encima. Así que, cuando adoptéis la forma de lobo, lo mejor es que, si merodean muchos policías por los alrededores, dejéis cualquier chisme que tengáis.

Hablando de los objetos: si no me equivoco, sólo hay cuatro: una linterna, que nos permitirá orientarnos en los subterráneos, una llave que nos servirá para abrir ciertas verjas en Hyde Park (muy bonito, por cierto... me refiero al de verdad), un ticket para el metro (era inevitable encontrarnos con él; es otro de los símbolos de la capital del Imperio Británico, junto con el Big Ben y el Puente de Londres, ese tan pastelero que une las orillas del Támesis -y cuyas siluetas pueden verse en el fondo-) y una herramienta que nos permitirá levantar las tapas de las alcantarillas.

Para seleccionar un objeto que tenemos en el inventario, hemos de posicionar sobre él un cursor gris (que podéis ver en las dos capturas), simplemente utilizando las teclas de cursor (CRSR en un C64 real). 

Lo mejor

* Colorista y hasta simpático.

Lo peor

* La música es metálica y algo estridente, y apenas hay efectos de sonido.