Portada de Wings of Fury

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Wings of Fury

GéneroArcade
Desarrollado porBroderbund
MúsicaKris Hatlelid
Año1990
Veredicto originalMola
Valoración8/ 10
Gráficos
7
Sonido
5

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Confieso que me llevé una grata sorpresa cuando descubrí (gracias a Internet y a los emuladores, ¿cómo no?) que existía una versión para C64 de este juego.

A principios de los 90, cuando la mítica Micromanía (ah, pero ¿aún existe?) se había olvidado prácticamente de todo lo que tuviera que ver con los 8 bits (salvo alguna que otra concesión aislada a los pocos Spectrumneros que, según ellos, aún quedaban, testarudos, en España), pude ver un anuncio de este juego, en una de aquellas enormes páginas. Supongo que las fotos pertenecían a alguna de las versiones de 16 bits, pero el caso es que me llamó la atención. No se podía deducir gran cosa de la publicidad (salvo, claro, que aquel era el juego más superescuadrupérrimo, asombroso, macanudo y fetén de toda la Historia de la Humanidad), pero daba la impresión de que era una especie de extraño cruce entre matamarcianos y simulador... pero con desarrollo en 2D y lateral. Curioso refrito.

El caso es que, cuando pude verlo, resultó que se comportaba casi exactamente como yo había imaginado. ¡Y es una gozada, oigan!

El juego nos pone en la cabina de un caza F6F Hellcat durante la Guerra del Pacífico, en 1944. Los limoncetes cabreados, siempre al feroz servicio de su Emperador, se extienden poco a poco por las islas de la región, llevando la bandera del Sol Naciente entre palmeritas de arrecife paradisíaco, y blancas arenas de atolón de ensueño.

Y allá van nuestros amiguetes USAcas, portaaviones dispuesto, decididos a poner las cosas en su sitio, a fuerza de librar una batalla monumental e histórica tras otra, hasta bajarles los humos a los nipones.

*Insertar aquí el God Bless America* No todo son victorias arrolladoras, como alguno (y alguna) habrá descubierto recientemente, gracias a según qué ñoñería de película de Buenavista (esos, seguramente, serán los mismos que se enteraron, por medio de las más bien vulgares andanzas de maese DiCaprio, con gran desazón y conmoción, que el Titanic era un barco mu ganso, mu ganso, que se pegó una leche contra un cubito de hielo, y se hundió), y precisamente nosotros estamos destinados en una de las chalupas norteamericanas, que más pepinazos ha encajado.

El U.S.S. Wasp navega como mal puede, arrastrando su maltrecho casco sobre las aguas del Pacífico, y protegido por un solo caza: el nuestro. Vaya, hombre.

Nuestro objetivo es defender el enorme navío de todos los ataques de las fuerzas imperiales, hasta alcanzar un puerto aliado en el que atracar.

No sólo nos las tendremos que ver con los inevitables Zeros, surcando el aire como proyectiles blancos (y con el célebre sol rojo pintado en el fuselaje), sino que, en ocasiones, deberemos ejercer de avanzadilla, y limpiar la ruta de cualquier fuerza nipona que esté agazapada deseando convertirnos en surimi.

Por ejemplo, la primera misión requerirá que despeguemos del U.S.S. Wasp, armados con bombas (podemos también elegir otros dispositivos igualmente contraindicados para la salud de los malos, como torpedos o cohetes), para rociar de trilita un pequeño islote que se encuentra no lejos de la proa del portaaviones.

Es más que probable que la primera vez que tratéis de haceros con los mandos del caza Hellcat, acabéis esmorrándoos contra la superficie del agua, y yéndoos a pique como un pedrusco. Y es que, ya os digo, Wings of Fury NO es un matamarcianos. No se controla con aquello tan sencillo de "arriba, abajo, derecha, izquierda y disparar". Vale, de acuerdo, no nos hace falta más que el joystick para maniobrar el avión: ni una sola tecla... pero probad a despegar, acelerar, y descender suavemente hasta casi rozar las copas de las palmeras del islote, y entenderéis a qué me refiero.

El caza es tremendamente sensible... para cualquier cosa que implique desestabilizarlo. Nuestros denuedos por devolverlo a un vuelo más o menos nivelado, a veces terminan con su flamante fuselaje convertido en una boñiga desmadejada, sobre la superficie de la isla, el agua, o pegado contra la proa del U.S.S. Wasp, como un moscardón sobre el parabrisas de un coche.
Se modela cierta inercia y, en todo momento, uno es consciente de la presencia de la gravedad. Vaya, no es como en esos juegos protagonizados por algún avión o similar, en los que el cacharro parece estar, no volando, sino fijo, insertado, clavado en el aire. Podemos moverlo en cualquier dirección y a toda velocidad, sin que experimentemos la menor pérdida de control.

Bueno, pues olvidaos de eso ahora. Os garantizo que os llevará un par de partidas entender la mecánica y haceros con los controles.

Eso sí: una vez que lo logréis, el juego merece mucho la pena. Es verdaderamente desafiante; ¿quién podría imaginar que aterrizar en un portaaviones, en un juego de acción, puede ser tan complicado?

Nada de aproximaciones suicidas a tumba abierta, picando como posesos hacia la cubierta, contra la que rebotamos de morro como si anduviéramos a bordo de una pelotita de esas que botan histéricamente y parecen inmunes a cualquier caída.

Hay que acercarse lentamente, disminuyendo poco a poco la altitud y desde la popa del buque, para que, al tocar su cubierta y empujar el joystick hacia arriba, nuestro caza atrape uno de los cables que se tienden en este tipo de barquitos, y se frene bruscamente. Chamuscando un atolón

Ya os digo: será un juego de acción, desde luego... y de acción espectacular, además (me gusta su velocidad, la tensión que transmiten los ataques a los objetivos de los japoneses, y cómo están dibujadas las explosiones), pero no le faltan toques de realismo.

De vez en cuando, hemos de echar un ojo a dos de los indicadores del panel ubicado en la parte inferior de la pantalla. Uno de ellos, sobre el texto "Fuel", marca el combustible que nos resta. Y el otro, con la palabra "Oil" bajo él, indica el nivel de aceite del motor. O lo que es lo mismo, en el caso que nos ocupa: la energía del caza. Conforme vayamos sufriendo daños por las defensas de los malosos, nuestro avión empezará a humear, y la aguja de este indicador descenderá.

Si en algún momento, uno de los dos indicadores está bajo mínimos, tendremos que salir escopetados hacia el U.S.S. Wasp, antes de quedar convertidos en héroe a la parrilla.

Entre estos dos indicadores, puede verse una especie de pantalla rectangular. Es una vista "en primera persona" del paisaje que se extiende ante nosotros. Claro, está muy simplificada, pero a veces es de mucha utilidad. Tened en cuenta que el juego es bastante rápido, y no suele dar tiempo a reaccionar ante lo que se nos viene encima, de modo que, con frecuencia, echarle un ojo a este curioso detalle puede ser una ayuda. Por ejemplo, nos permitirá advertir la cercanía del portaaviones, antes de que lo veamos aparecer por uno de los extremos de la pantalla.

Además, nos marca la posición de los Zero japoneses, con una flecha roja que señala hacia la izquierda o la derecha, y un icono con la forma de un avión visto de frente, que va agrandándose conforme nos acercamos a él.

Además, sobre la pantalla veremos a veces un pequeño punto de mira que nos puede orientar a la hora de lanzar un cohete o un torpedo.

Lo mejor

* Interesante y adictivo arcade con toques de realismo.
* Los gráficos son muy pequeños, pero no escatiman en detalles.

Lo peor

* La música raya en la horterada, y el sonido es más bien flojito.