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CJ's Elephant Antics
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¡Cómo me suelen fastidiar los críticos! Sobre todo, los de cine. No, es
que, no vayáis a creer, tampoco sería justo meterlos a todos en el mismo saco.
Los de videojuegos, por ejemplo, nunca han intentado hacerse pasar por
intelectualoides baratos, porque quedarían como imbéciles (... lo que me
recuerda a cierto comentarista nostálgico de títulos de C64, aficionado a
utilizar profusamente el color azul en sus páginas ¿os suena?). Pero, repito,
los de cine... ¡ay, los críticos de cine! Siempre me han dado la impresión de
que, por norma, tienen que alinearse, todos en fila india, todos cortados por
el mismo patrón, detrás de la película menos taquillera del momento. ¿De
qué otra forma se iban a distinguir de la masa? ¿De qué otro modo podrían
hacer honor a su profesión, a como ellos entienden que se define? De ninguna,
claro. O reparten leña, a diestro y siniestro, contra cualquier cosa que venga
de Hollywood, o no son críticos de cine.
¿Film moldavo de catorce horas y cuarto, rodado en riguroso color
sepia-demacrado con ribetes grisáceos, en el que se cuenta, empleando para ello
alguna que otra imprecación en húngaro con subtítulos en cirílico de
Kaliningrado, las atribuladas andanzas de un líder sindical que padece las
angustias de no sentirse lo suficientemente útil al Estado? ¡Ooobra maestra!
¿Experimento uzbeko rodado por un señor que desertó de las milicias
mujahidines y en el que, con toda crudeza, se exponen las miserias de una
fidelísima y piadosísima hurí que se afana por alcanzar los jardines de
Mahoma? ¡Oootra obra maestra!
¿Chorrada banal que consigue vender varias toneladas métricas de refrescos y palomitas y que entretiene al pueblo llano y al trabajador de a pie sin más intención que ir al cine una noche de estas, que bien se lo ha ganado, con los amiguetes, a pasar un rato agradable, de distensión y, si es menester, de risas tontas? ¡Otro subproducto del imperialismo retrasado mental, protagonizado por la clásica patulea de personajes planos con evidentes síntomas de sociopatía profunda!
Que no puede ser, vamos. Que si uno pretende hacer carrera como crítico de cine, tiene que tener un coeficiente intelectual estratosférico, que le permita destacar de ese vulgo gorrináceo que se conforma con cualquier monda mugrienta que le arroje la Paramount o equivalentes. O fingirlo. Más bien.
Hombre, hay de todo, eso sí. Cosa buena, esta. Que haya donde elegir. En cualquier caso, tampoco debería yo mostrarme tan airado, porque, si hay alguien con todas las papeletas para dar mucho asco al prójimo, es quien suscribe y esto escribe. Porque, lo reconozco, lo de recurrir a rimbombancias mil y a opiniones pretendidamente sesudas, como pretexto para redactar la introducción al comentario de un videojuego infantiloide con muchos años de antigüedad, es tan patético como el brioso orgullo viril que muestran algunos niñatos de quince años mientras, embutidos en el chándal preceptivo, hacen el caballito con la turbovespino, calle abajo.
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A lo que iba: en el fondo, hay algo en lo que coincido con los críticos de cine que no parecen sentirse realizados si no vierten indignadísimos ríos de tinta a propósito de la última parida para consumo general, proveniente, directamente, desde la Meca del Cine (hay que ser cursi para acuñar mote semejante). |
Y ese algo es que... por algún oscuro motivo, uno se lo pasa estupendamente propinando caña a alguien, en cuanto tiene la oportunidad de echarle el guante a algún lápiz / pluma / bolígrafo o, ya puestos a dar cancha a la modernidad, a un teclado. A mí me ocurre con frecuencia. No os lo niego. Algunos de los comentarios que más he disfrutado escribiendo, han sido aquellos en los que me he hinchado a repartir leña a los aspectos técnicos, gráficos, sonoros y, sobre todo, de concepto, argumentales... en fin, todo lo que se me pusiera a tiro.
Tenía a este CJ's Elephant Antics en mi carpeta de "Candidatos", con bastantes posibilidades de ingresar en la selecta corte de videojuegos de C64 que, pese a que no tuve en mis tiempos, encuentro lo bastante entretenidos como para que merezcan un comentario en mi página. Y, en una de mis patrullas nocturnas por eBAY, hete aquí que encontré que se estaba subastando una copia, original, en cassette; dudo mucho, de todos modos, que se hubiera comercializado en otro formato, en sus tiempos; principalmente, porque el juego, salvo que me equivoque, se lanzó exclusivamente en Europa, en general, y en el Reino Unido en particular. Y, allí, la unidad de disco 1541 tuvo casi tan poco éxito como en España. Los gringos, ya a principios de los 90, se habían olvidado, hacía tiempo, de su fantástico invento, el Commodore 64, y andaban enfrascados en la producción y comercialización de las nuevas maravillas digitales de 16 bits. Como mínimo. Sólo en ciertas esquinas del Viejo Continente se siguió suministrado pitanza a las máquinas de la gama inmediatamente inferior.
A lo que iba: el precio de salida de la subasta era de 50 peniques. Algo menos de 1 Euro. Una auténtica bagatela para tratarse de un juego que podríamos etiquetar como "raro". O, al menos, infrecuente. Y, además, ya conocía al subastador (o subastadora, para ser exactos), y me merecía bastante confianza. Claro que, antes de pujar, decidí echarle un vistazo al invento en cuestión, en su versión emulada, no fuera que luego no me convenciera en absoluto y hubiera acabado tirando los cuartos por el módem para abajo. Porque, miren ustedes, uno será muy coleccionista, muy nostálgico de la gloriosa era del C64 y todo lo que quieran, pero de mi pragmatismo (sobre todo, del que adopto por motivos económicos -¿lo hay más poderoso?-) no me separa nadie: si un juego, por muy rarísimo que sea, por muy bien conservado que esté y por muy completo que venga, con su manual, sus extras de tienda de todo a 100 (como se las llamaba antes) y demás pocholos, si, para mi gusto, es un verdadero bodrio, lo siento mucho, pero va a pujar Santa Tecla. ¿No habían designado a esa como patrona de Internet, por cierto? ¿O era a no sé qué religioso iluminadísimo dotado del poder de la bilocación, la ubicuidad y la habilidad para transformarse en Súper-Guerrero SonGoku y derribar a sus enemigos cósmicos a golpe de rayo espiritual?
Y no sólo terminé pujando, sino que me hice con él por los 50 peniques, más los gastos de envío de la cinta en cuestión, y de otra más (el mismísimo Head Over Heels, que también obtuve de manos de la misma señora inglesa). En total, menos de 6 Euros por los dos clásicos, gastos de envío incluidos. Que no está mal. Y es que el juego merece la pena, sí señor. Es verdaderamente adictivo y, aunque para tratarse de un título de principios de los 90, la verdad es que podía estar un pelín más aprovechado en el apartado técnico, no se puede uno quejar. Os cuento...
... y, si me lo permitís, voy a enlazar ahora con la introducción de la ficha. Lo de los críticos de cine, vaya. La he escrito porque, como no sabía qué decir acerca de este juego y que tuviera el mínimo de chispa necesario para conseguir que las varias páginas de sandeces que, sin remedio, iba a terminar vomitando, se me ocurrió que podía utilizar como guión la enternecedora ñoñería pueril que alguien redactó para Lemon64 (y que podéis leer aquí).
Y ya mismo, inevitablemente, surgen los reparos y los retortijones que claman por alcanzar el rango de objeciones de conciencia. Y me digo, "hombre, la verdad es que es toda una declaración de arrogancia cretinoide por mi parte, lo de reírme de los cuatro párrafos inocentemente arrejuntados por un mozalbete que, una de dos, o cuenta con los añitos justos como para haberse enterado del cierre de Commodore cuando aún se meaba en la cama, o no llega a mucho más a la hora de pegar unas palabras con otras". Ya sabéis aquello de "no hagas a nadie lo que no te gustaría que te hicieran a ti". Y, personalmente, no me gustaría enterarme de que, otra persona, en su página web, se dedica a mondarse, con mi humilde persona como objeto de sus chanzas inclementes. Ahora bien, si no me entero...
... ¿o es que mister Harris, que así es como se apellida el mozo en
cuestión, se va a enterar de algo? (insértese aquí una
asmática y sibilante risilla gutural malvadísima).
Bueeeno, bueeno, de acuerdo, me portaré bieeen... Lo cierto es que cuando leí
el comentario, me pareció, de entrada, simpático. Muy simpático. Es tan
tontísimo y tan inocente, que no pude evitar imaginarme a uno de aquellos
párvulos británicos que tenía yo que padecer cuando pasaba algún veranito
allende las islas de su ubérrima Majestad (ahora ya no les tengo tan profunda
inquina a los niños pequeños; supongo que será porque me va llegando la edad
en la que debería contribuir a la conservación de la Especie) (ay, qué
pánico), que se pasmaban de admiración ante cualquier gilipollez de colorines
estridentes que iluminara los televisores a los que enchufaban sus extraños
experimentos de informática doméstica (siempre me llamó la atención aquel
"Acorn Electron" que tenían los inglesitos que me acogieron las dos
primeras veces que me dejé caer por Albión; no sé, pero a mí lo de
"Bellota" no me parece que sea un nombre con mucho gancho comercial).
En realidad, el entusiasmo indiscriminado que la mayoría de los chavalines
preadolescentes, muestra ante cualquier pavada, es de lo más alegre.
Pues lo dicho, intentaré aguantarme las carcajadas (en el fondo bienintencionadas, no vayan ustedes a creer) y emplearé el comentario del zagal como referencia.
Y empieza tal que así...
| "Este fue el primero de la colección de CJ y aunque es el primero de la colección, creo que es el mejor de todos". Vale. Bueno, no seamos muy duros con las formas, hombre. Y es que, en mi opinión y, hasta donde he podido ver los videojuegos protagonizados por esta mariconadita de elefante empalagoso que barrita entusiasmado ante la mención de su nombre, "CJ" (¿acrónimo de qué? ¿Cursi Jumbo? ¿Cebollino Justiciero?), este es, si no el más entretenido, sí de los que más. | ![]() |
De modo que, hasta ahora, el ilusionadísimo comentarista y yo coincidimos en el fondo. Ya, bueno, el mozo redunda hasta lo dañino para las pupilas, pero (ahora viene, para dar más asco todavía, la cabriola pedante; es que no puedo pasar sin mi dosis diaria, oigan ustedes...) eso es algo bastante común en inglés. Quiero decir que, incluso los escritores anglosajones más cualificados, emplean una y otra vez la misma palabra o el mismo nombre propio en un contexto cortísimo, y se quedan tan anchos. Así que, sí, este CJ's Elephant Antics no sólo es el primero de todos los juegos de CJ, sino que, además de ser el primero de todos los juegos de CJ, es el mejor de todos los juegos de CJ. Y eso que es el primero. Jaté.
Poco después, Johnny (tiene nombre de haber servido para comenzar el título de una película; ya sabéis: "Johnny encuentra un videojuego procedente de algún lejano vericueto del continuo espacio-tiempo y le gusta tanto, tantísimo, que en el paroxismo del entusiasmo preescolar, decide repiquetear sobre el teclado del mastodóntico ordenador de su papá y redactar un comentario para cierta página web dedicada al Commodore 64". Por supuesto, la versión original es: "Camon Beibe Lets Du De Tuist") entra en faena, valeroso él, sin ningún atisbo de temor por las afiladas normas del Oxford Concise Dictionary y se dedica a... copiar, tal cual (bueno, cometiendo algún que otro desmán sintáctico, para que no se note tanto el plagio), el texto de la secuencia de introducción del juego (breve, pero vistosa y muy en la línea, a medio camino entre la puerilidad empalagosa y un leve toque de plataformero-anime made in Hokkaido, de los salta-y-corre de la época), en la que se nos narra cómo el elefantito CJ, separado de su familia y enclaustrado en una caja de madera, vuela ahora rumbo a un zoológico de Londres. Pero, hete aquí, mientras el avión (que no desmerecería nada en una película de los años 40; vaya, de hecho, se parece un montón al que sale al final de "Los Hermanos Marx en Casablanca") atraviesa una zona de turbulencias, la caja se abre y el paquidermo corajinoso escapa y utiliza un paraguas que había por allí tirado, a modo de paracaídas, para saltar hacia la libertad. Claro. Si es que no aprenden, estos furtivos malvadísimos. ¿A quién se le ocurre dejar un paraguas al alcance de un elefante?
Hala. Introducción y puesta en antecedentes, en cuestión de dos párrafos escuchimizados. Qué capacidad de concisión. Qué envidia. No, si hasta el muchacho se permite comentar la mecánica del juego en, literalmente, cuatro líneas. Literalmente, en serio: "CJ debe alcanzar el final de cada nivel, donde se enfrentará a un enemigo grande. Puede saltar y utilizar un paraguas para frenar su caída y disparar cacahuetes con la trompa o tirar bombas a cualquier cosa que se ponga en su camino. Para mantenerse en forma, CJ come plátanos y pasteles". Sí señor. ¡Sí señor! ¡Cojonudo! No, coño, que va en serio, no os riáis: un aplauso. Menuda capacidad de sinopsis. Asombrosa...
... aunque, ahora que lo pienso, igual viene dada por cuatro factores:
1. Lo poco versado que está el comentarista en cuestión, en las lides de
concebir amasijos de letras con cierto sentido. Normalmente, la gente no muy
habituada a escribir, exhibe una curiosa destreza a la hora de describir
trivialidades. Ejemplo:
"Pregunta número 1 del examen de Lengua del Estado Español -no hiramos
sensibilidades- Para Neanderthales de Vigésimo
Noveno curso de la ESO (Encefaloctomía Sutil y Ominosa). Describe con tus
propias palabras el contenido de la viñeta siguiente" (acompaña al
párrafo una ilustración elaboradísima, de lo más barroca, cargada de
detalles y matices, en la que un grupo de caballeros ataviado a la moda de
principios del siglo XIX, pasea a bordo de sus bicicletas en las inmediaciones
de los Campos Elíseos).
Respuesta de Zangolotinito-Josua-Kevin-José Pérez: "Se ben hunos tios en
vici". Con dos cojones.
2. La capacidad expresiva del idioma de Shakespeare. Con cuatro palabrejas guturales, los británicos y allegados te dicen cosas que casi cualquier lengua romance necesitaría un par de párrafos para expresar. Hombre, no está mal lo de la concisión a toda costa, pero a mí, que me gusta tanto eso de escribir y escribir y escribiiiiiiir nada más que dando vueltas y exclamando soplapolleces en cada una de ellas, sin acabar llegando a ninguna conclusión, como por ejemplo me está ocurriendo ahora mismo, socorro que alguien me pare, que me escuerno... *arf, arf*, ... esto... pues eso, a mí que no me saquen de mi castellanito. Bueno, vale, sáquenme si quieren, pero luego devuélvanme a la caja de zapatos y déjenme un par de hojitas de morera para que me entretenga royéndolas. *cocotazo contra la bandeja del CD-ROM, a ver si me pongo la neurona Juanita Pita en su sitio, que vaya tarde que me está dando*.
3. En realidad, no puede decirse mucho más del juego. La gente directa,
concisa, capaz de concretar, utiliza cuatro renglones escuchimizados para
describirlo con toda precisión. Los lunáticos como yo, necesitan un juego
protagonizado por un elefante que se pasea por París con un paraguas y
ametralla al probo gendarme a cacahuetazo limpio, para desarrollar todo un
ensayo sobre la estulticia humana en general y la propia en particular.
Que alguien me explique lo que acabo de decir, por favor...
4. Resulta que, lo que cuenta Johnny en su notorio y meritorio comentario para Lemon64, es una copia exacta del manual. EXACTA. Punto por punto. Pa mí que va a ser eso...
| Dejémoslo. ¿De qué iba todo esto? ¡Ah, sí, el juego de marras! Pues muy entretenido, oiga ¿y su señora, qué tal? ¿También muy entretenida? ... *toses* ... Vaya por Dios. Digoo... que CJ's Elephant Antics es uno de aquellos simpáticos y monísimos plataformeros que surgieron al calor de la última moda que animó las pantallas de los commodoreros, ya a principios de los 90: la de los llamados "salta y corre". | ![]() |
Que sí, que se llaman así. O, vamos, que algunos les llaman así. Y, claro, se me ha acabado pegando. Me parece que, en realidad, se trata de una traducción de la expresión anglosajona "jump'n run", aplicable, sobre todo, a los Súper Mario y demás hierbas, esto es, los primeros juegos de plataformas pasados por la sesión de maquillaje y travestimiento saleroso de las videoconsolas domésticas pioneras que, realmente, tuvieron éxito, como la Nintendo original. Simpática maquinita esa, no hay duda.
No pocos desarrolladores se dieron cuenta del potencial del C64 para los títulos de este tipo. Y si no, fijaos bien en los requisitos: sprites ágiles, scroll fluido y, a ser posible, una musiquilla pegadiza y alegre. Hala. Que ni pintado, la verdad. Y, así, Mayhem in Monsterland, Nobby the Aardvark, The Great Giana Sisters, Chuck Rock y otros inventos igualmente divertidos, vieron la luz conforme a Commodore, la empresa, se le iban fundiendo los plomos, merced a los desmanes de la directiva más asombrosamente inepta de la historia del Capitalismo. O, quizás, merced a los méritos de la quinta columna infiltrada por la competencia, más efectiva y devastadora, que se recuerda desde que el dólar es dólar. Que también puede ser.
Pues creo que nuestro comentarista invitado... digo... el manual del juego, ya ha dejado las cosas bien claras: CJ debe superar cada nivel echando mano de tres herramientas, a saber:
- Cacahuetes: pulsad el botón de disparo para que CJ escupa uno, usando la trompa a modo de cañón. Todos los malosos, por muy monos, frágiles e inofensivos que parezcan, requieren varios impactos para acabar estirando la pata, el tentáculo o el apéndice mullidito de peluche, más conveniente. Algunos de ellos dejan chucherías diversas (que, no es que "mantengan a CJ en forma"... más bien, se limitan a proporcionarnos un pellizco de puntos adicionales) o ventajas como invulnerablidad temporal y...
- ... bombas: de lo más útiles. Tienen un alcance birrioso y, además, CJ las lanza de modo tal que describen una parábola bastante cerrada. Pero, insisto, muy útiles: probad a emplearlas cuando queráis quitaros del medio a algún caniche neurasténico o a algún sapito malintencionado que brujulee justo por encima o justo por debajo del protagonista, haciendo casi imposible ponerlos al alcance de vuestros cacahuetazos, sin recurrir a un salto arriesgadísimo.
- Paraguas: una pavada ornamental e infantiloide que sirve como excusa para justificar el hecho de que nuestro elefantito tenga la habilidad de caer lentamente y, además, de controlar su trayectoria mientras desciende. Se despliega automáticamente cada vez que nos despeñamos desde alguna plataforma.
Cada fase termina ante algún espanto deforme, como el aprendiz de Quasimodo
que podéis ver en la segunda captura y que, a nada que ventee a CJ, la
emprenderá a gargajos viscosos con él. Qué poético y florido, no me digan
ustedes que no...
Y, entre nivel y nivel, una rápida etapa de bonificación en la que el
elefantito valeroso, a lomos de una bicicleta de montaña (en fin), debe
perpetrar toda suerte de cabriolas intentando no darse un trompazo. Hi, hi, hi.
Qué juego de palabras más ingenioso, tío. Que-me-par-to. Ejem.
Sí, desde luego, mister Harris hace gala de una destreza a la hora de sintetizar conceptos con la complejidad intelectual de las memorias completas de Yola Berrocal, que te cagas. Pero no me digáis que no tiene mérito pretextar que va uno a analizar las bondades de un videojuego antediluviano, y acabe largándoos, así, sin avisar y pillándoos desprevenidos, un tostón de muchos párrafos y muy poco sentido. ¿Eh? Porque, a esto de dar muchas vueltas para no decir nada, le pasa como a no acertar ni una en la quiniela... ¡es casi tan complicado como acertarlas todas! ... esto... ¿de qué estaba hablando? ¿quién soy? ... creo que ya me toca la pastilla...
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Nuestro dignísimo de admiración comentarista con ínfulas de Teletubbie capaz de describirte el Cuadro de las Lanzas con siete palabros resbalosos, otorga todo un nueve a este apartado. |
Y, para pasmo de los presentes, al mejor estilo de tanto político que anda suelto por ahí sin bozal ni antirrábica, ni nada, es capaz de, en sólo 23 palabras, decir una cosa y, luego, exactamente, la contraria. Cito textualmente: "Vale, puede que los gráficos ya parezcan anticuados, pero creo que los gráficos son estupendos incluso en la era de los PC modernos". A ver si lo he entendido. O sea, que resulta que es posible que el huevo frito con patatas me provoque nauseas, pero el huevo frito con patatas es mi plato preferido. Imponente.
Personalmente, yo dividiría la genialidad en sus dos mitades naturales, las
mezclaría, las batiría, las trituraría y acabaría tecleando algo como: "el
juego tiene un aspecto muy en la línea de los 'salta y corre' que se desarrollaron,
para nuestro C64, a principios de los 90. Es simpático, alegre y con un leve
toque infantiloide. Los escenarios son sencillos, pero, aún así, cada nivel
tiene su propia personalidad y, la verdad, son todos lo suficientemente diferentes
entre sí como para que uno no se aburra. No sólo en el aspecto, sino en el planteamiento,
la dificultad... Respecto a los personajes, aunque quizás abusan del gris, siguen
la línea del resto de los gráficos del juego. Los malosos de fin de nivel resultan
especialmente divertidos". Que no es igual de contundente, pero, me parece
a mí, en el fondo, queda un poquito más claro.
Y, ahora, me retiro avergonzado a mis aposentos, tras haber comprobado que es
de lo más deshonesto andar midiendo mis habilidades narrativas (que, merced
a mi ridícula capacidad de concreción, no son muy allá, lo reconozco...) con
las de un pobretico mío que no tiene culpa de nada. A ver si me atrevo con los
de mi tamaño, que soy un caguetas...
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... nooo, todavía no me retiro, que me quedan un par de apartados técnicos que desguazar. Y, si os parece, sigamos infartándonos de asombro ante los requiebros y retruécanos de mister Harris. Y si no os parece, me da igual; yo me lo estoy pasando de miedo, aquí, tan calentito y tan a gusto, rebozándome en mi propia caca. Ju, ju, ju. |
... este... ah, lo del sonido. Bueno, pues, en palabras de Johnny, que no se corta un pelo, y decide premiarla con una matrícula de honor: "la música del juego debe de ser la mejor música de todos los juegos" (y Cristóbal Colón era un señor que se llamaba Cristóbal y se apellidaba Colón) (vaaale, seré bueeeno), "¡Es tan alegre y emocionante! Un auténtico extra que hace que el juego sea aún más entretenido". Hombre, pues sí, no lo niego. Es más, lo afirmo. Afirmo la última frase, vaya. Porque, resulta, el juego sólo permite dos opciones: música o silencio. Y, siempre que algún título de C64 daba al usuario la posibilidad de mandar callar al SID, digo lo mismo: ¿hay algún commodorero que, salvo que haya tenido que padecer los lúgubres maullidos de ultratumba del Nosferatu The Vampyre, Vigilante y engendros similares, decidiera apagar la música de un juego, si la alternativa era el silencio completo? Para ofrecer algo así, mejor no ofrezcas nada, y quedas como un señor. Entre otras cosas, porque la música de este CJ's Elephant Antics merece la pena. Le va como anillo al dedo y, además, técnicamente es de lo más pulcra y agradable de escuchar. Ni una estridencia, vaya.
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Los comentarios de Lemon64 incluyen un apartado más que los míos, en
sus resúmenes. Se titula "Gameplay". Eso de la "jugabilidad",
ya sabéis. El último, en cuestión, lleva el nombre de "Overall"
que, precisamente, habría de equivaler, en mis fichas, al que estáis leyendo. |
Bueno, pues permitidme fundirlos en uno solo, porque lo que nuestro heroico
tuercefrases tiene que decir a propósito de lo manejable que resulta este juego,
es tan surrealista, que me pregunto si, en el fondo, no resultará que el mozalbete
es un verdadero genio de las declinaciones, las conjunciones y los sintagmas
nominales (caso de que hubiera alguno de ellos en inglés; vaya usted a saber...
cosas más raras se han visto... como las cretineces que escribo yo, sin ir más
lejos).
Veréis, veréis, resulta que, el apartado de "Jugabilidad" merece,
siempre según el criterio de Johnny, otra matrícula de honor. Y sus argumentos
no pueden ser más sólidos, sesudos y ponderados. Es que, el juego tiene ranas.
Claaaro. Ranas. *Más toses*. Y para veáis que, por una vez y sin que sirva de
precedente (no me lo creo ni yo) no me estoy inventando nada, he aquí el texto
íntegro: "El juego incluye ranas asesinas, caracoles con cacahuetes y saltos
en la Torre Eiffel. Excelente jugabilidad ¡Bajaos el juego!". Está claro
que, de no ser por los caracoles con cacahuetes, nadie pensaría en ponerle un
10 en "Gameplay" a esta pavadita de CodeMasters.
Yo, que soy tan repollo y estoy tan insufriblemente pedante esta tarde, ni aún
por eso, se lo concedería. No, y que no me insista el Juanito este, afirmando
en el apartado de "Overall" que, "El propietario típico de consola
pensaría que el juego es una porquería, anticuado, pero estoy seguro de que
mucha gente piensa que este es un juego brillante - ¡creo que es imprescindible
en la colección de juegos de Commodore 64 de cualquier persona a la que le gusten
los juegos brillantes! ¡Descargadlo ahora!".
... estee *toses* *carraspera* *estornudo* *me sueno las narices* *me rasco en... bueno, basta ya*. No, no es para tanto. Aquí, el de las concisiones voy a ser yo: CJ's Elephant Antics es un plataformero muy en el estilo de los "salta y corre" de C64 de principios de los 90. Alegre, simpático, divertido, técnicamente pulcro y muy jugable. Hala.
Ave María Purísima (sin pecado concebida), padre, vengo a confesarme de que soy mu malo, mu pedante, mu calvo, y acabo de reírme mucho a costa de un inocente juntaletras, que ha cometido el error de no ser tan repelente como yo a la hora de ponerse a amontonar palabras, así, una encima de la otra, fíjese, fíjese (¡aaah! ¡vade retro! ¡guarro! ¡cochino! ¡marrano! ¡calvo! ¡ya puedes ir rezando ciento dieciocho credos en hebreo original y sin subtítulos! ¡y esta noche, te quedas sin el postre! ¡a la cama!). Sí, padre.
| * Gráficos alegres. * Lo mismo puede decirse de la música. * Simpático, divertido y muy jugable. |
* No termina de convencerme el colorido en algunos casos.
Por ejemplo, en el primer nivel se abusa del amarillo. Y muchos personajes
tienen demasiados grises. * Que la única alternativa a la música sea el silencio. No, si la música está muy bien, pero para dar esa alternativa, mejor que no den ninguna, digo yo... |