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Narc
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La guerra contra las drogas nunca ha merecido más esa denominación. Tiros, bombazos, deditos en el ojo y mordisquitos en el píloro al por mayor, en este mata-mata que fue publicado por Ocean en 1990. Un animal de bellota (o dos, porque pueden participar dos jugadores simultáneamente), armado con una ametralladora, un lanzacohetes y una considerable dosis de mala uva, se enfrenta a un verdadero ejército de yonquis mutados y endurecidos por los narcóticos, que ante todo, defienden a sus líderes, quienes les suministran estupefacientes, a ellos y a medio mundo.
Aparte de esta caricatura de argumento... ¿qué ofrece Narc?
... pues nada, la verdad...
Se trata de un frenético y dificilísimo shoot'em up que, si no me equivoco, se convirtió de una recreativa.
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El juego se divide en una serie de niveles. Antes del comienzo de cada uno de ellos, se nos presenta un breve informe sobre el jefazo que domina la siguiente etapa y nuestras órdenes, que suelen variar entre: masacrarlo, agujerearlo, chamuscarlo, aporrearlo y hacerlo picadillo. |
Comienza la acción... y con todas las letras, porque si este Narc puede
presumir de algo, es de ACCIÓN. Rapidísima, continua... sin dar tregua a
nuestro sufrido dedito de apretar el botón de disparo (o teclita equivalente).
No puedes parar ni un solo momento. Los malos no se andan con chiquitas, y te
asaltarán en cantidades industriales, disparando a lo loco. O sea, que debes
estar moviéndote sin parar para tratar de salir de su punto de mira porque, en
serio, literalmente, te LLUEVEN encima los tiros.
Desde luego, es para verlo: es uno de los juegos en los que los enemigos se
toman más en serio su trabajo de reducir al protagonista a alpiste para
periquitos. Si dejas que se acumulen demasiados yonquis mutantes en pantalla,
verás cómo el aire entre ellos y tú se sustituye por una cortina de balas.
Claro que el protagonista tampoco se queda corto y, con su metralleta y su
lanzacohetes, causará estragos entre las filas de malosos (ya veréis qué risa
cuando a alguno de los enemigos le pete en las narices uno de nuestros
explosivos y lance por los aires pedacitos de su cuerpo). Eso sí,
curiosamente, la munición es limitada (digo "curiosamente", porque es raro que
algo semejante suceda en un mata-mata de estas características), pero podemos
hacernos con más balas y granadas al quitar del medio a los enemigos.
Es más: muchos de ellos dejan fajos de billetes o bolsas de droga que, si los recogemos, nos darán una buena suma de puntos al final del nivel.
| Aunque el desarrollo es tremendamente lineal, en ocasiones hemos de entrar en edificios y recorrer escenarios, como una estación de metro (del que, por supuesto, no se baja ni un solo puñetero ciudadano normal: toooodo malos), o un laboratorio de estupefacientes que debemos dejar hecho un cuadro, a bombazo limpio. | ![]() |
Conforme avancemos en el juego, nos toparemos con enemigos distintos. Por ejemplo, en el segundo nivel, nos asediarán unos tipejos vestidos de negro que nos atacan lanzándonos jeringuillas. Si alguna de ellas nos impacta perderemos una de las tres unidades de energía con las que comenzamos (son muy pocas, creo yo) y, encima, quedaremos aturdidos durante unos instantes.
Cuando pierdas las tres vidas (un número escasito, también), el juego te ofrecerá la posibilidad de continuar esparciendo los higadillos de los malos por los escenarios. (Y digo yo... ¿por qué, directamente, no te dan 6 vidas, en vez de dos "continues" de esos, con 3 vidas cada uno?).
Hala. Se acabó el comentario. En serio, es más que difícil tratar de extenderse en las reviews de juegos como este Narc. Es tan lineal, simplón de argumento y sencillísimo de desarrollo, que como no me dedique a contaros la historia de la célebre y admirada Gallina Flounders (¿quién no querría ser como ella? ... yo, por ejemplo), difícilmente soy capaz de rellenar más de una página.
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Simplemente, cumplen. Los escenarios son, sobre todo, planos a más no poder. Vaya, que no transmiten precisamente una sensación de profundidad, tridimensionalidad, o nada que se le parezca. Tampoco es que estén mal, aunque en ocasiones rozan una simplicidad excesiva (la estación de metro). |
¿Los sprites? Bueno... los protagonistas aprueban holgadamente. Sin embargo, los malosos son increíblemente cuadriculados. No entiendo, la verdad, por qué los dibujaron así (mirad las capturas, mirad...). Y lo curioso es que no todos tienen ese defecto: en cierto momento, aparece un perrazo bastante grande, con más peligro que un babuíno con un picahielos y que no está nada mal dibujado. Claro, que en el extremo opuesto, encontramos al helicóptero que, en el segundo nivel, sobrevuela la calle en la que batallamos y deja a unos cuantos malosos de refuerzo. ¡Menudos pixels que tiene!
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La música está bien, aunque tampoco es como para tirar cohetes. Los efectos de sonido, si bien no son especialmente variados, sí que resultan notables (¿se pueden perpetrar más pedanterías predecibles, ñoñas, chirriantes e inútiles en menos espacio?). |
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Uno de los mata-matas más puros, más típicos y más tópicos, que conozco. O sea, acción, acción y más acción. No puede ser más lineal -y hasta más tonto- pero bueno... seguramente a mucha gente le encantará. A mí, personalmente, aunque me parece entretenido, no termina de llenarme. Y además, técnicamente no es que sea gran cosa. |
| * Frenético. | * Más simple que el asa de un cubo. |