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Scooby Doo
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Cuando era niño, me encantaba leer comics. O "cuentos", como yo los llamaba. Aunque las revistillas de Zipi y Zape, Bruguelandia y demás, me entretenían un montón, no había para mí nada más estupendo que perderme entre los cientos de páginas de los Súper-Humor (especialmente los que estaban compuestos exclusivamente por historietas de Mortadelo y Filemón), y unos enormes libracos que... bueno, no recuerdo cómo se llamaban, pero incluían aventuras de muchos personajes distintos. Los había de Walt Disney y de Hanna Barbera, con las andanzas de Pierre Nodoyuna y su perro Patán, y alguna que otra historia protagonizada por Scooby Doo (o como yo decía "Escobido". ¡Eh! ¡No os paséis! ¡Que tenía 8 ó 9 añillos!). Era uno de mis personajes favoritos. Me gustaba mucho más en papel que en su versión televisiva.
Así que es posible que, varios años después, aquella magnífica afición infantil mía me llevara a comprarme el juego original dedicado a aquel gran danés cobardica y sus amigos. Y ¡gran decepción, pardiez!
Bueno, lo cierto es que tenía tanto interés por ver el juego, que durante un tiempo, estuve incluso dispuesto a pasar por alto que era rematadamente MALO. Una pena.
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Es más: aunque siempre lo recordé como un juego simplemente mediocre (o sea: que estaba siendo generoso), cuando lo "rejugué" gracias a los emuladores, me di cuenta de la escasa calidad del producto. Desde luego, mi "Escobido" no se merecía eso. |
Los responsables del juego no le echaron ganas, ni siquiera al argumento. ¿Qué es lo más facilón, lo más inmediato, lo menos imaginativo? ¿Que Scooby tenga que rescatar a sus amigos, presos de un grupo de fantasmones y monstruitos? ¿Sí? Pues nada, nada: ya tenemos historia.
Ese es nuestro objetivo, precisamente: encontrar una serie de frascos, como esos en los que se almacenan horripilancias de la naturaleza, flotando en formol, dentro de los cuales, se agitan desesperadas, las cabezas de Velma, Daphne, Fred y el simpático zarrapastroso de Shaggy (mi personaje preferido). En cada nivel, tendremos que recoger uno de los frascos, para poder pasar así al siguiente. Pero no creáis que la cosa cambia mucho. Los gráficos, de uno a otro, son igual de feos y poco coloristas, y el desarrollo es prácticamente idéntico. Quiero decir que, en todos los niveles, hay dos tipos de malo: uno de ellos se mueve con cierta rapidez y aparece desde uno de los extremos de la pantalla. El otro tipo emerge repentinamente de una puerta, trampilla o similar y se desplaza con más lentitud. Ahora, sólo tenéis que cambiar los decorados y los sprites para cada fase, y ya tenéis el juego. Un coñazo.
Matizo: un coñazo y, además, difícil, porque los enemigos que salen de compuertas, de pronto, tienen la irritante manía de hacerlo justo cuando estamos pasando por delante, sin dejarnos ni una décima de segundo para reaccionar. La pérdida de una de las cinco vidas con las que comenzamos, estará garantizada.
¿Y sabéis cómo se defiende Scooby de las apariciones, monstruosidades y demás alegres hierbecillas silvestres? ¡A puñetazo limpio!
Bueno: se supone que el personaje era un caguetas. Él y Shaggy terminaban siempre abrazados y temblando de pies a cabeza, con los dientes castañeteando desaforadamente, ante la visión de cualquier engendro de ultratumba (que con frecuencia -por no decir siempre- se trataba de algún listillo disfrazado para asustar a los buenos). |
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Pues en este juego no. Scooby corretea por los pasillos de cada fase (con los ojos cerrados y los brazos extendidos al frente, como si fuera un sonámbulo) y se enfrenta a los enemigos a guantazos. Recuerdo lo chocante que me resultó la primera vez que lo vi.
Aparte de estos movimientos, Scooby también puede saltar (imprescindible para salvar los fosos y pozos que nos encontraremos en muchos niveles) y agacharse. Eso sí que no lo entiendo, porque, que yo sepa, no sirve para nada. Quiero decir que, en cuanto nos toque algún malo, da igual que Scooby esté por los suelos con las patas sobre la cabeza, saltando o correteando: perderá una vida en el acto. Quizás en niveles avanzados (más allá de lo que mi habilidad y mi paciencia me han permitido ver) aparece algún maloso que revolotea a media altura. Ni idea.
Con mucha frecuencia, veremos unos cubos con la letra "S" sobre su superficie. Si los recogemos, obtendremos una vida extra. Ojo al dato: "con mucha frecuencia". Eso os debería dar una idea de lo complicado que puede ser el juego (insisto: raya en lo frustrante a veces). Y, si os digo la verdad, yo creo que habría sido mejor que hubieran desperdigado menos vidas extras por el escenario, pero a cambio, que hubieran rebajado la dificultad.
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Flojos. Lo único que se salva son los dibujos de Scooby que flanquean el área de juego, y en el que está él con todos sus amiguetes, en la pantalla de presentación. Y tampoco esos son gran cosa. Tanto los escenarios como los personajes son muy cuadriculados y usan pocos colores. Para colmo, a veces se aprecia un efecto de "desteñido" (como ocurría en algunos juegos de Speccy al cruzarse dos sprites), cuando Scooby salta sobre algún objeto. |
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La música no es que sea gran cosa, pero es, aún así, lo mejor del juego. (Por supuesto, se trata del célebre tema de la serie). Los efectos de sonido son metálicos y poco llamativos. |
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Es una lástima que un personaje tan famoso y divertido como Scooby Doo, aterrizara tan catastróficamente en los ordenadores personales de 8 bits. Este es de esos juegos en que, lo mire uno por donde lo mire, no hay manera de encontrar algún destello de calidad. Si fuera algo menos difícil, posiblemente se dejaría jugar más. Lo dicho, una pena. |
| * La música... y tampoco es gran cosa. | * Muy difícil. * Gráficos cuadriculados y con pocos colores. * Todos los niveles se parecen mucho. * Creo yo que el personaje merecía algo más. |