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Super Hang On
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¡Hala! Acabo de redactar una ficha en la que me quejo de lo que cuesta echar mano de la imaginación para tratar de ser medianamente original a la hora de escribir uno de estos comentarios, sobre todo cuando llevo ya más de 500 a mis espaldas (o bajo mis dedos, más bien) y encima me toca hacer el análisis de un juego tan poco "inspirador" como uno de carreras de motos y, como diría aquel, ¿no querías sopa? ¡Pues toma tres cazos!
Bueno, pero este caso es diferente. Puede que me costara lo mío teclear las
fichas del Speed King (esa, en concreto, algo más de la cuenta, pues se me ocurrió ponerme con ella a
las tres de la tarde del 11 de Septiembre de 2001; imaginaos lo concentrado que
estuve, sobre todo porque tenía la tele encendida, con el soniquete del
Telediario, de fondo) o del Super Cycle, pero ambos son juegos entretenidos. Y
muchas veces, es más fácil darle caña a un bodrio macabeo que simplemente
describir un título entretenido, sin más.
Y (-risilla maléfica, mientras me froto las manos-) este Super Hang On cae en
el saco de los bodrios. Pero bien en el fondo, ¿eh?
Nada, nada, es momento de desempolvar la vara de dar caña inmisericorde. Vamos
allá.
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Es posible que recordéis la recreativa en la que se basa este juego, porque fue una de las primeras que incluía, digamos, "hardware" adicional. Me refiero a que uno, en lugar de tener una anodina palanquita y un par de botones de colorines, por mandos, para controlar a la moto que debíamos pilotar, se subía a una, casi a tamaño natural, de plástico, que se inclinaba a derecha e izquierda, y llevaba el acelerador y el freno en el manillar. Original, sin duda. |
Hombre, está claro que nadie iba a pedir algo remotamente semejante en una conversión... pero lo que todos los paganinis (y hasta los piratones, si me apuran) del Mundo estaban en condiciones de exigir, era al menos una adaptación divertida y jugable. Pues ni eso, oigan.
Ya cuando carga el juego y te encuentras con una serie de rectángulos de
colores sobre un fondo feo y coloreado... bueno, casi parece que a boleo... se te
desploma la mandíbula en una mueca de pasmo ante la BAJÍSIMA calidad de este
subproducto.
Hay que echarle imaginación al asunto para caer en la cuenta de que los
rectangulitos salpicados de poco reconocibles detalles (debería venir un manual
explicando cómo entender los gráficos del juego) son, en realidad, las motos.
¡Ahí va, la osa!
Menos mal que adquieren cierta forma cuando tomamos una curva y la inclinamos
hacia un lado...
Pero, vaya, nos aferramos a aquello tan Disney (y que tan poquito se tiene en
consideración) de que "la belleza está en el interior", y nos
tapamos la nariz para pasar por alto los gráficos. A fin de cuentas, los del
fondo, si obviamos el colorido estridente y desagradable, no están tan mal,
¿no?
Pues sí: están tan mal.
En cuanto damos gas, parece mentira que nuestra moto esté surcando las tierras de África, Asia, América o Europa (a elegir al principio) a 300 km/h. El scroll es, más que brusco, mareante. La lentitud con la que el escenario desfila ante nuestros ojos, exasperante. A veces, los colores parecen quedarse atrás, a brochazos, cuando subimos o bajamos una cuesta, y tienen que seguir rápidamente a los contornos de las colinas y montes que se atisban en lontananza. Feo. Más que feo.
Cuando el velocímetro alcanza los 280 km/h (y no he podido comenzar con más rigor la frase: "cuando el VELOCÍMETRO alcanza", porque os aseguro que en ningún momento se tiene la impresión de que estemos surcando una pista a semejante velocidad), la cifra comenzará a parpadear, y pulsando fuego podremos activar algo que, digo yo, es una especie de turbo, y que nos llevará, en medio de un horrendo concierto de pitidos metálicos (parece como si estuvieran torturando a un despertador) hasta los 324 km/h. Una cifra fabulosa, que nos permitirá practicar ese slalom tontainas que tan poquito me gusta en los juegos de este tipo, esquivando a los pilotos rivales, que circulan mucho más despacio.
| Procurad no rozar ningún obstáculo mientras mantenéis esa
velocidad, o se desplomará hasta por debajo de los 280 km/h. Procurad también contened los garbanzos del almuerzo en cada curva; más que por las arrolladoras fuerzas centrífugas que el programa sugiere (¡y un cuerno... no sugiere nada, y menos una fuerza centrífuga!), por el refrito de colores horteras y scroll brusquérrimo que se nos mostrarán en todo su... erm... asco. |
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Como en muchos juegos de carreras de la época, contamos con un tiempo límite para completar cada etapa, y aumenta cuando cruzamos bajo una especie de arco metálico que delimita la actual y la siguiente.
El principal peligro es que nuestros rivales, que en el mismo momento en que
asoman tras el horizonte, exhiben unos sprites colosales, y unos pixels orondos
(se ve que los grafistas tenían menos idea de perspectiva tridimensional que
el que pintó los animalitos de la Gruta de Altamira; y si no, fijaos en la captura
de arriba... o el árbol de la izquierda de la carretera es un bonsai, o el motorista
que tumba a su lado mide 4 metros de altura y pesa 2 toneladas), se golpeen
contra nosotros y nos impidan alcanzar la velocidad máxima.
Darnos una morrada contra alguno de los obstáculos que jalonan la calzada no
es especialmente fácil (lo sería si el juego fluyera más rápido), pero si ello
ocurre, aparte de que casi os podéis ir despidiendo de acceder a la siguiente
etapa (ya ves qué trauma), seréis testigo de lo mejorcito del juego en el apartado
gráfico: la animación de nuestro piloto y su montura dando tumbos por los aires.
No, no es espectacular. Es simplemente adecuada. Así que imaginaos a qué nivel
está el resto de esta... chapuza.
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¡Mira que resultan incómodos de ver, los jodíos! Las motos, aunque mejoran un pelín cuando se inclinan para tomar una curva, al enderezarse más parecen enormes ladrillos llenos de detalles cuadriculados, que un piloto sobre un bólido de dos ruedas. Penoso. |
Y no os cuento nada de lo terriblemente mal que está simulada la perspectiva.
Los rivales, en cuanto asoman tras el horizonte, ya aumentan de tamaño. Parece
que ellos son enormes y la carretera, estrechísima, lo que dificulta sobremanera
las cosas.
Los fondos no estarían del todo mal si no hubieran sido coloreados con tan mal
gusto, y se movieran de un modo tan brusco y lento.
Qué pena limonera, señoras y señores.
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Lo único en lo que se salva el juego. Podemos escoger cuatro músicas al principio de la carrera, y éstas van de aceptables a buenas. |
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De fondo, también tendremos la desdicha de escuchar algún que otro efecto que dan la impresión de haber sido programados así de desagradables, a conciencia. |
Uno de los juegos de carreras más flojos (y de paso, de las peores conversiones) que he visto nunca en un C64. Lento, feo, aburrido... un desastre.
¿Que si se deja jugar? Hombre, es posible que tras un buen rato de batallar
contra las arcadas que te provoca la sola vista de sus colores horripilantes
y su scroll a patadones, llegues a fingir como que te entretienes durante un
par de etapas, aunque me costaría creerlo.
Menos mal que la música es muy fácil de escuchar. Aunque claro, no vas a tener
que soportar el juego por oírla solamente, ¿no? Para eso, cargas el SIDPlay,
y te dedicas mientras tanto a hacer algo más divertido... como cortarte las
uñas de los pies.
| * La música. * Con mejores gráficos, más rapidez y más jugabilidad... es decir, si fuera otro juego distinto, estaría bien. * Lo a gusto que me he quedado después de escribir esta ficha. ¡Qué catarsis más rica! |
* Los gráficos de las motos son rematadamente
feos (sobre todo, cuando circulan en línea recta). * La sensación de velocidad y perspectiva es nula. * Los colores del fondo son una horterada. Una horterada chillona. * Scroll lento y brusco. |