Terminator 2 - Judgement Day
Género: Arcade Música: Jonathan Dunn
Desarrollado por: Ocean Año: 1991
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En el instituto, tuve una profesora de música (no, no era solfeo, ni nada comparable; resulta que había una asignatura dedicada a la Historia de la Música, que era obligatoria... y ¿sabéis qué? ¡Que me parece estupendo!) que, a pesar de su apariencia y maneras de carca redomada, nos sorprendía a veces con ciertos detalles. Para empezar, la señorona era una auténtica apasionada de lo que hacía y, desde luego, disfrutaba un montón dando clase (algo que cada vez se ve menos; imagino que las hordas de zulúes antropófagos que pueblan las aulas de ahora, no invitan a motivación ninguna del profesorado) y, para terminar, un día nos dejó a todos pasmados asegurando que prácticamente todos los géneros musicales merecían la pena, y que la música heavy, bien hecha, era perfectamente escuchable. Era de lo más chocante ver a aquella sesentona regordeta recordándonos que Metallica y AC/DC podían hacer cosas muy interesantes. 

Y casi igual de chocante es, en principio, que a alguien se le ocurra hacer cine de acción de calidad y que no se avergüence de tener un cierto poso de inteligencia detrás. Como cuando Stephen Hawkings ponía como ejemplo de paradojas temporales, las que podían verse en Regreso al Futuro.

Yo añadiría, personalmente (y dentro de mi modestia), Terminator 2. Aunque plantea la típica chorrada de la batalla por la supervivencia, entre la Humanidad y sus hijas descarriadas, las máquinas autoevolutivas, conscientes de su propia existencia y dotadas de una agresividad y una complejidad que aumentan exponencialmente con el tiempo, a la película no le faltan algunos detalles con cierta enjundia.

En realidad, no se habla de cómo se desarrolla la tecnología que permite a Skynett (digamos, la "máquina jefe") adquirir consciencia a principios del siglo XXI... porque nadie tiene la idea concreta.

¡Toma bofetator! Uno de los responsables del departamento de robótica de la empresa que da nombre a la apocalíptica computadora, dedicada a aplicaciones de la cibernética y la electrónica avanzada en sistemas de defensa, descubre cierto día la mano metálica que quedó después de que, en la película original, Sarah Connor prensara al Terminator que la perseguía. 

 Bueno, bueno, estoy asumiendo que todos habéis visto las películas, o al menos sabéis de qué van, ¿no? De cualquier modo, aprovecho aquí para abrir un breve paréntesis: en el futuro, las máquinas inteligentes luchan contra los hombres. Los tienen acorralados y prácticamente exterminados, entre otras cosas, porque han conseguido crear unos androides sorprendentemente parecidos a un Ser Humano (hasta sudan y todo), que infiltran en sus refugios. Allí, los siniestros cacharros organizan unos escabeches de lo más dantescos.

... pero John Connor, un joven líder, lleva a lo que queda de la Humanidad, hacia el camino de la victoria. Como el tipo es más listo que los ratones coloraos, las máquinas deciden acabar con él... antes de que nazca. Envían a un Terminator (interpretado por Arnie Schwarzenegger en el papel de su vida -le iba como anillo al dedo: sólo tenía que ser inexpresivo; chachi-) a mandar al otro barrio a su madre, Sarah.

Al final, la chica, con la inestimable ayuda de uno de los soldados del futuro (Michael Biehn, un "clásico" de James Cameron; también apareció en Abyss, como soldado tarao y paranoico, y en Aliens, en el papel de el cabo Hicks; ¿os acordáis?), mete al pavoroso engendro robótico en una prensa, y lo deja como un sello.

Vale. Como la cosa no tiene éxito, Skynett envía a otro Terminator, esta vez, de una tecnología inimaginablemente avanzada: el tipo no está constituido por transistores, chips, mecánica, ni tejido: es una especie de masa de metal fluido amorfo, que puede adoptar la forma que le dé la gana, incluyendo copias perfectas de sus víctimas. Un peligro. Ahora, el objetivo es el propio John.

Como la amenaza es la monda de seria, John Connor (el del futuro), que ha conseguido hacerse con las "instrucciones" de los T800 (o sea, los Terminators mecánicos), programa a uno para enviarlo al pasado, a protegerse a sí mismo.

¿Todo en orden? Perfecto. Sigamos ahora.

Como os estaba contando, Terminator 2 plantea uno de esos "bucles argumentales", o "paradojas temporales" que hacen que los que somos lo suficientemente repollos y repelentes como para que cualquier nimiedad nos haga pensar en entelequias poco pragmáticas, lleguemos a la conclusión de que el viaje a través del tiempo tiene tantos impedimentos, que parece de todo punto imposible. Os explico: el informático del que os he hablado, no inventa a Skynett: descubre su tecnología, analizando la mano del Terminator original. ¿Os dais cuenta del embrollo recursivo? La idea no se le ocurre a nadie: Skynett existe porque una de sus creaciones deja un resto que le sirve a un humano para inventar a Skynett, en el pasado. Pero el humano no habría diseñado a Skynett sin ese resto... ¡arrrgh! ¡tirón neuronal!

Y el juego ¿qué tal?


Ah, pues muy bien. Es decir: técnicamente. Ocean tuvo la decencia de seguir lanzando títulos de C64 con un nivel gráfico y sonoro asombroso, acorde con los tiempos (al contrario que muchas otras compañías clásicas, que, en aquel entonces, ya apuntaban a otros sectores del mercado y producían pegotes de bits y pixels absolutamente infumables, para las máquinas de 8 bits -como U.S. Gold, por ejemplo-). 
¡Toma vespinator!

Y este Terminator 2 no es la única licencia cinematográfica de los 90 con la que Ocean se lució (en el buen sentido). Recordad el Navy Seals y el Total Recall.

La secuencia de presentación de este Terminator 2 es sencillamente magnífica. Con la agresiva base rítmica de la banda sonora de la película, y un acorde grave de fondo, la imagen muestra el esqueleto de un Terminator, poco a poco. Empieza por los pies, y va ascendiendo lentamente, hasta llegar a esa especie de cráneo metálico con algo parecido a diodos rojos, brillando en las cuencas. Espectacular, en serio.

Una pena que el juego sea LA REPANOCHA de difícil. La monda. La caña. La leche. Principalmente, porque a algún lumbreras de Ocean se le ocurrió la brillantísima idea de darnos una sola vida. Ah. Genial. Nunca he podido pasar de la segunda fase (y son nueve, creo). Eso sí, por lo que he podido leer, hay de todo: etapas de lucha, mini-puzzles... ya sabéis.

En la primera fase, el T101 (el bueno, o sea, Arnie) y el T1000 (el malo, o sea, Robert Patrick), se enfrentan a guantazo limpio en un salón de recreativas. Es el típico juego de lucha "uno-contra-uno" gráficamente magnífico, con unos sprites enormes que se mueven con gran rapidez.

En esa escena de la película, John huye despavorido, y el T101 le sigue, tras meterle un par de perdigonazos en el cuerpo al otro androide (que nada más que sirven para entretenerle durante un ratito... ya me diréis qué efectividad tiene disparar a un cubo de mercurio).

Precisamente, la segunda fase tiene lugar en este momento. John recorre un canal seco, a toda pastilla, sobre su moto. El T1000, que no se anda con chiquitas (como debe ser: todo lo contrario que los malos de las películas de Hollywood, no pierde el tiempo contándole al bueno todos los detalles de su diabólico plan, ni inventa un mecanismo complicadísimo para cargárselo cuando se consuma una vela, o cuando un contador llegue a cero, en lugar de acabar por la vía rápida, pegándole un tiro), le persigue a todo gas, conduciendo un trailer. El T101 trata de rescatar al chaval, interponiéndose entre él, y el frío y aséptico termómetro-man, a bordo de una Harley que roba a un grupo de macarras al principio de la película.

La fase es HORRIBLEMENTE difícil. Se desarrolla a gran velocidad, sobre un terreno lleno de pedruscos y obstáculos que restan energía a Arnie, mientras el trailer del T1000 va a asomando lentamente por la parte inferior de la pantalla. Apenas tenemos tiempo de reaccionar cuando nuestra Harley se echa encima de un montón de piedras y, en cuestión de 15 ó 20 segundos, habrás perdido la única vida que tienes. Lo dicho: frustrante a más no poder.

A ver si un día de estos le echo paciencia al asunto, porque el resto del juego promete, a juzgar por el nivel técnico de estas dos primeras etapas.

 
 

Como solía ocurrir con los juegos de Ocean, se usa la alta resolución con mucha frecuencia. En general, la apariencia del juego es muy pulida y profesional, desde la fantástica secuencia de introducción hasta los enormes sprites de la primera fase, o el rápido scroll de la segunda. Por si fuera poco, cada nivel tiene una ilustración, bastante vistosa, como prólogo.

Una pena que no haya podido ver más.

Una adaptación muy acertada y técnicamente impecable del tema principal de la banda sonora de la película (algo modificado), alguna otra musiquilla más y efectos de sonido correctos.

Terminator 2 tiene toda la pinta de ser uno de esos títulos de Ocean técnicamente inapelables, con buenos gráficos, buena música y un montón de fases que mezclan desarrollos y mecánicas totalmente distintos, para darle variedad. Si no fuera porque sólo tenemos una vida (repito: ¿a quién se le ocurriría semejante burrada?), se merecería una nota mayor.

* La secuencia de introducción.
* Buenos gráficos.
* La música.
* ¿¡Sólo UNA vida!? ¡'Amos, anda!