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Army Moves
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NOTA PREVIA: Durante unos meses, en esta página estaba disponible la
versión en inglés de este juego, pero ahora, gracias a Bovirtual,
tenéis la española. Un abrazo, Bo, y gracias por el detalle del "Leeme"
en el fichero ;-)
El comentario no cambia, claro.
Recuerdo cuando vi el previo de este juego en la inevitable Micromanía, allá por el año 1986. Las fotos que adornaban el reportaje correspondían a las de los primeros esbozos de los personajes y escenarios de la versión de un ordenador por aquel entonces recién llegado al mundillo: el Amstrad CPC. Y, lo confieso: me encantaron. Me sucedió lo mismo que a la gran mayoría de los que se extasiaban contemplando las ilustraciones de los artículos sobre juegos de la máquina de Alan Sugar. ¡Qué colorido! Ergo, ¡qué buenos gráficos! Conclusión errónea, creo yo. No es lo mismo, en mi modesta opinión. Pero de cualquier manera, aquellos tonos intensos, luminosos, y encima haciendo contraste sobre un fondo negro, engatusaban al más pintado. Incluso hasta el punto de hacerle obviar que la resolución era patatera a más no poder.
Y de hecho, aún hoy en día, cuando pienso en la inevitable parejita (parecía que no se habían publicado más juegos españoles en el extranjero, porque cada vez que a una revista nacional del sector le daba por entrevistar al último geniecillo británico del teclado, y le preguntaban por su opinión acerca del soft patrio, siempre salía con el topicazo de "Game Over" y "Army Moves". No se podía mencionar al uno, sin nombrar al otro), me vienen a la cabeza las fotos de aquel avance de la Micromanía, y aquellos refulgentes azules que parecían estar a punto de escaparse de las páginas. Daba gusto mirarlos, en serio.
Con aquellos precedentes, y los mimbres escuálidos y quebradizos de los programadores del 6510 que tenía Dinamic en plantilla, ¿qué cestos podían hacerse? Pocos, seguro.
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Por eso, los del Profanation y compañía, optaron por una solución bastante más sabia: la versión de Commodore correría a cargo de Imagine. O séase, una empresa británica. Allí sí que se las arreglaban bien con el ensamblador del C64. Bien pensado. Y bien resuelto el trance, además, porque el producto final es más que aceptable. |
A todo esto... ¿pediría la gente de Dinamic consejo a algún angloparlante para ponerle título a su jueguecito? Porque... ¿qué demonios es eso de "Army Moves"? ¿"El Ejército Se Mueve"? Ah. Pos qué bien. Estupendo. Como si me dicen: "Las Rosas Son Rojas, El Cielo Es Azul, El Azúcar Es Dulce, Todas Las Ranas Son Verdes, Y Como Planté Un Pino Delante De Tu Casa (creyendo que me querías, joía modorra), Ahora Tu Padre No Puede Sacar El Carro". Tan terne me quedo, fíjense ustedes.
Vamos a lo que interesa.
En Army Moves asumes el papel de un miembro del C.O.E. O sea, Cuerpo de Operaciones
Especiales.
Gran sorpresa aquí. ¡Cuerpo de Operaciones Especiales! Nada de "Especial
Operations Force" (tentado estaría más de uno de estos "bilingües"
de andar por casa que tanto abundan en nuestro país, de poner algo así como
"Body Of Espesial Opereisions"). Qué cosa. ¡Con lo bien que quedan
los nombres de unidades de élite de este o aquel ejército (pero invariablemente
norteamericanomorfos), redactados en inglés, y pronunciados por algún secuaz
del tal Fernandisco! Eso de los soldados con pinta de modelo de calzoncillos
marcapaquetes, novia con pinta de modelo de lencería del Playboy, y dotados
(tanto él como ella) (sí, en serio) del último alarido en armamento devastador,
parece exclusivo de los marines del Tito Sam, versión Hollywood. Aquí, cuando
nos ponemos en plan "Action Force", nos salen bodrios de cuarto de
pelo que nadie se toma en serio. Si quieres hacer una película protagonizada
por soldaditos españoles, como no sea una "Historia de la Puta Mili"
poblada por reclutas feos, subnormales, gordos, patosos, sucios y comandados
por un sargento retrasado mental, fracasado, patético, maníaco-depresivo y (last,
but not least) fascistoide, poco éxito vas a tener.
Vaya... otro desmadre neuronal... me pasa con cierta frecuencia, cuando trato
de comentar juegos que:
a) Son de sobra conocidos por el grueso de la jugonería hispanoparlante.
b) Tienen una mecánica más simple que unas sobaqueras de esparto.
... o sea, precisamente, como sucede en el caso que nos ocupa. Aún así, os
cuento:
Repito, nos ponemos en los zapatos (recios botarrones de asalto, más bien)
de uno de los miembros de la fuerza de élite C.O.E., con el objetivo de
infiltrarnos en el cuartel general del enemigo, y robar unos planos.
Bueno, lo de "infiltrarnos" no es del todo exacto. En realidad, no es
exacto en absoluto: hay que irrumpir como un elefante en una cacharrería,
atropellar a todo hijo de vecino, chamuscar y carbonizar las defensas de
los malos, y arramblar con los dichosos planos.
Y como solía ocurrir con muchos de los títulos de nuestra más emblemática
compañía de videojuegos de los 80, la acción se divide en dos partes que
cargan por separado. Cada una, está grabada en una de las caras de la cinta
original, y para acceder a la segunda, es necesario introducir una clave que
obtendremos cuando completemos la primera.
En esta primera carga, el objetivo es llegar hasta las inmediaciones de la base enemiga. Y como obertura, ni más ni menos que una de las escenas más célebres del soft nacional, y que precisamente podéis ver inmortalizada en la primera captura: la fase del jeep saltarín. O lo que sea. Porque ¡manda huevos! Resulta que conducimos una especie de poderoso todoterreno armado con cantidades inagotables de misiles tierra-aire y tierra-tierra, y con la posibilidad de pegar unos brincos macanudos, cada vez que se acerque a una de las pavorosas brechas que se abren en el puente desencuadernado por el que rueda a toda velocidad, asediado por helicópteros que le bombardean, y camiones que tratan de abalanzarse contra él.
| Los niveles 2 al 4 se desarrollan con nuestro héroe a bordo de un helicóptero, sobrevolando las líneas enemigas, que se deslizan bajo él anclados en las bandas de un bonito scroll parallax, y enfrentándose a escuadrones completos de cazas con una capacidad de maniobra asombrosa. Vamos, como que los tíos derrapan en pleno vuelo y todo. Lo que faltaba... macarras supersónicos. | ![]() |
Casi se los imagina uno con la carlinga abierta, y ametrallando a los inocentes... con algún ritmo discotequero infernal a todo trapo. Guerra psicológica de la güena.
Por fin, en la segunda carga, nuestro aguerrido hombrecillo, equipado con su rifle y sus reservas ilimitadas de munición y granadas, se aproxima a las inmediaciones del campamento enemigo, cercado por un pantano de lo más traicionero. El nivel se convierte en una especie de desquiciado platafomero en el que el protagonista debe brincar de pedrusco en pedrusco, evitando caer al agua (porque, como la grandísima mayoría de los férreos, colosales, épicos, poderosos, egregios y supercachas héroes de videojuego... este no sabe nadar; es más: tiene que pesarle el culo como si lo llevara relleno de cantos rodaos, porque el desdichado se hunde igualito que un bloque de plomo), tratando de que un gamberro que se esconde tras los árboles del fondo, y del que sólo se pueden ver los ojos, brillando furibundos en las tinieblas, no le ponga en órbita lanzándole una bomba de mano (con una puntería envidiable, además) y, para colmo, teniéndoselas tiesas con bandadas de tucanes antropófagos invulnerables (parece el nombre de algún engendro salido de cualquier basurilla de Ed Wood; sólo le falta "mutante" y "de Marte", para acabar de joderlo todo). La única manera de no fenecer atravesados por el afiladísimo pico de una de estas bestezuelas (con lo simpáticas que parecían en los documentales), es disparándoles frenéticamente, para asustarlas, y lograr que vuelen más alto.
Por fin, entraremos en la mismísima base enemiga, donde se organizará una verdadera ensalada de tiros y bombazos. A partir de este punto, mis recuerdos se vuelven borrosos... consecuencia inevitable, más que del Alzheimer (si es que a estas edades, ya no anda uno para según qué alegrías, coñe, ridiela, cagontó), del hecho de que hace varios eones cósmicos que no llego tan lejos. De hecho, sólo una vez logré irrumpir en el edificio en el que los malosos guardan (con uñas y dientes, además) los planos secretos. Se trata de la última fase, en la que la acción se desarrolla a través de salones, habitaciones y pasillos, con soldados abriendo y cerrando puertas en el momento más inoportuno. O sea, cuando pasamos justo ante una de ellas, con lo que consiguen acabar con una de nuestras vidas (que a esas alturas, seguro que ya son más bien poquitas) en el acto.
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Coloristas (no tanto como la deslumbrante, a este respecto, versión de CPC... claro que también la nuestra tiene una definición superior, como casi siempre), agradables, efectivos... |
Todas las fases (excepto la última, que yo recuerde), cuentan con un suave scroll que, en el caso de las protagonizadas por el helicóptero, es parallax. No es que sea un título, este, con enormes pretensiones en el apartado visual, pero está claro que cumple de sobra con él.
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No puedo evitarlo. Y seguro que la mayoría de los commodoreros tampoco. Cada vez que pienso en este juego, o veo una foto suya (sobre todo, de la primera fase), me viene a la cabeza la inolvidable versión (metálica y vibrante, pero simpática de todos modos) de la celebérrima tonadilla que silbaban los prisioneros aliados en "El Puente sobre el río Kwai". |
Puede sustituirse la música por efectos de sonido comparables a la música en el aspecto técnico, es decir, aseados, trabajados, más que suficientes, pero con un claro timbre hojalatesco en la más pura línea de David Whittaker. Sí, ya, el autor es Fred Gray... pero se ve que el chaval era todo un alumno aventajado de maese Whittaker.
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Los inglesitos de la revista Zzap!64 se quejaban amargamente del elevadísimo nivel de dificultad del juego. Bah. Lloricas. Lo cierto es que, pese a la (más que merecida) fama de exageradamente difíciles, que tenían muchos juegos españoles, este no es para tanto. |
No es nada fácil, eso también es cierto. De hecho, tiene momentos horribles.
Frustrantes. Pero todo es cuestión de paciencia y práctica, y no tardarás mucho
en llegar bastante lejos. Completarlo parece perfectamente factible.
No, no es una perogrullada gilipollesca eso de la "práctica y la paciencia".
Llevo no sé ni cuánto tiempo intentando avanzar un poquito en uno de mis juegos
preferidos: el Cauldron. Y de momento,
sigo perdiendo todas las vidas tan pronto como las perdía hace 10 años. Ese
SÍ que es un juego jodidillo.
Aparte del mito injusto de la dificultad desmedida, Army Moves es muy jugable,
adictivo y entretenido. Si me apuran , el arquetipo de arcade de los 80.
| * Gráficos coloristas y agradables. * Adictivo. |
* Muy difícil a veces. |