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Back to Reality
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¡Hay que ver lo fácil que lo tenían las compañías de videojuegos para sacarme
los cuartos, cuando era niño! Con demasiada frecuencia, bastaba la portada para
hacer que se me disparara la imaginación: le ponía al invento música abrumadora,
gráficos apabullantes, historia apasionante y jugabilidad estratosférica, sin
saber ni de qué iba. Y ya sabéis lo que pasa en estos casos: decepción garantizada.
En algunos más que en otros, eso sí.
Hala, pues aquí tenéis uno de los extremos negativos.
En aquel entonces, no hacía mucho que mis amiguetes y yo habíamos vivido todo
un acontecimiento a escala Universal... el estreno de El Retorno del Jedi.
Bueno, vale, tampoco es como para componer un cantar de gesta, pero para la
vida cultural de la ciudad de provincias más parecida a un perpetuo bostezo
que conozco (Badajoz, claro -que conste que le tengo mucho cariño, que para
eso es mi tierra natal... pero seamos sinceros y objetivos, por favor... aunque
sea en eso sólo, jeje-) aquello era grandioso. Ya me entendéis.
Inevitablemente, todos nosotros, pandilla de esmirriados al borde de la adolescencia,
y muy fácilmente impresionables, no cerramos la boca desde que la celebérrima
fanfarria de John Williams levantó el telón hasta que los Rebeldes redujeron
la Estrella de la Muerte a una flamígera nubecita de partículas fundidas en
el cielo de la Luna de Endor. Estábamos dispuestos a pasar por alto incluso
la atronadora mariconada de los Ewoks. ¡Menuda pollez, lo de poblar una épica
saga galáctica de prehistóricos ositos recubiertos por una especie de pelo tieso,
seco y sucio!
¿A que viene todo esto? Os cuento: ¿recordáis la escena de la persecución en
Moto-Jet a través del densísimo bosque de la Luna de Endor? ¡Aquella secuencia,
trepidante y frenética, quitaba el aliento! ... claro, que la ves ahora, y por
muy remasterizadísima que esté, tiene una pinta tremenda de cortometraje cutre
rodado por cuatro fans idos de la perola, de esos que tienen fantasías eróticas
con la action-figurite de Chewbacca, y que celebran reuniones en el idioma de
los viscosos cazarrecompensas de Jabba el Hutt, y debaten encendidamente acerca
de la morfología, usos, costumbres y época de celo de los Jawas, amén de otras
cuestiones de la profundidad y solemnidad de ¿qué carajo esconden debajo de
esa capucha mugrienta? ¿qué significa eso de "¡Cuchiniiii!" que tanto
chillan?. Estee... sigamos...
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A lo que iba: en esa secuencia, Luke y Leia batallan contra
dos exploradores imperiales a bordo de una especie de motos voladoras que
zumban entre los descomunales troncos del bosque alienígena, intentando
que no den la alerta al cuartel general. Pues precisamente, esos exploradores imperiales eran EXACTAMENTE como el personaje que protagoniza la carátula de este juego. |
Total, que cuando lo vi por primera vez, me llamó mucho la atención. Sospechaba que no tenía nada que ver con la saga de mister Lucas, pero aún así, no pude evitar dejarme mis buenas pelas (875 pesetillas de aquel entonces, creo recordar). Bueno, claro que podía haberlo evitarlo; lo que sucedió es que no me dio la gana. Puestos a ser sinceros...
Y cuando lo cargué... ¡madre mía! Pensé que era la más abyecta vomitona de
bits que había obligado nunca a tragar a mi indefenso C64, ¡pobrecito mío!
Luego, tras varios años en los que debí de dedicarle a este juego... cosa así
de un par de horas en total, me dí cuenta de que me había excedido en mi impresión
inicial, y que en el fondo, en el fondo en el fondo, era solamente un PETARDO.
Verbenero, eso sí.
Qué lástima, oigan. Y eso que el argumento es fantástico... aunque un poco confuso
para mis entendederas del 86. Claro, es que, en aquel entonces, aunque ya me
consideraba todo un aficionado a la Astronomía, con mis 13 añitos mal contados,
mi nivel de repollez no era lo suficientemente insufrible como para también
saber de Cosmología. Es más: aquella oscura ciencia, que a veces me parecía
casi más cercana a la Filosofía más pura y más dura, me desconcertaba profundamente.
Me refiero a todo aquello de los agujeros negros, la teoría de las supercuerdas,
las singularidades, tras los horizones de sucesos, en las que la energía de
los electrones es infinita, los rayos de luz curvados y el tiempo se detiene...
ya sabéis.
Os cuento: la historia comienza en el año 3159, en la órbita de Júpiter. La
Humanidad ha instalado un puesto de observación científica en Ganimedes, la
mayor luna del Sistema Solar, y una de las que orbitan en torno al gigantesco
planeta gaseoso, desde donde estudian sus monstruosas mareas atmosféricas.
Qué cosa: hasta ahora, no sólo no hay ni una sola inexactitud (al margen de
aquello de que andamos fantaseando con las hipotéticas andanzas de la Raza Humana
en el siglo XXXII, claro), sino que todo lo que el autor menciona en el manual,
a modo de introducción, es de un nivel bastante superior al de la aplastante
mayoría de los juegos ambientados en el espacio, y con un toque presuntamente
científico.
Bueno, pues la cosa no acaba aquí: cierto día, se materializa de la nada una
inmensa esfera. Aparece sobre el complejo de investigación, y manda a hacer
puñetas a la mitad de las instalaciones.
Un primer análisis del engendro revela una serie de datos inquietantes: para
empezar, alberga en su interior una especie de maquinaria que genera una cantidad
de energía asombrosa. Y para terminar: está llena de antimateria. ¿Que qué tiene
eso de especial? Pues resulta que la antimateria y la materia no pueden tocarse.
Si una partícula choca contra una antipartícula (que no es más que una versión
de ella misma, con la misma masa y las mismas propiedades, aunque con la carga
eléctrica opuesta; por ejemplo, la antipartícula del electrón es idéntica a
él en todos los órdenes, salvo que en lugar de estar cargada negativamente,
es positiva... no en vano, se llama "positrón"), ambas se aniquilan
en medio de un destello de rayos gamma, que libera muchísima energía. No,
no estoy recitándoos lo que asegura el manual (entre otras cosas, porque no
da tantos detalles): éste es un hecho real y demostrado científicamente. He
aquí el mérito de las instrucciones, repito. No sólo se mete por veredas de
lo más complicadas, al recurrir a teorías y argumentos de mucha enjundia, sino
que ¡no se equivoca!
| Vale, ahora la cosa toma un poco más de sentido: ¿qué
hace una enorme esfera de antimateria en medio de un sistema planetario
formado por materia? Pues la conclusión a la que llegan los científicos,
asegura el manual, es que... no hace nada. No, en serio, literalmente: no hace nada. Vaya, que no existe. Al menos, en nuestro Universo. |
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La bolita positrónica de las narices es algo así como un fragmento de un Antiuniverso que se ha materializado en el Cosmos de la materia.
Vamos, una verdadera cuadrofrenia que haría las delicias de Stephen Hawking.
Y ¿qué pintamos nosotros en todo este asunto?
Veréis: la esfera es altamente inestable. La muy jodía, con su mera existencia,
está infringiendo todas las leyes que mantienen la coherencia del Universo.
Si no hacemos nada por evitarlo, provocará una reacción catastrófica que reducirá
todo cuanto conocemos a una especie de sopa calentita de partículas elementales.
De modo que nuestro heróico astronauta debe adentrarse en el Artefacto (como
se le bautiza finalmente), y expulsarlo de nuestro Cosmos, antes de que arme
un estropicio relativista de lo más saleroso.
Pero... ¿cómo un ser compuesto por materia, puede andar jugueteando con antimateria,
sin transmutarse en una etérea pedorreta radiactiva? Ah, pues muy sencillo:
cambiando la polaridad de la esfera, para convertir la antimateria en materia,
y como colofón, adquiriendo la inmortalidad.
... la jibamos, tía María. Al lado de esto, el final de "2001, Odisea en
el Espacio" tiene la complejidad intelectual de aquello de "Pajaritos
por aquí, pajaritos por allí".
Concluyendo: que estamos ante una aventura con unas premisas fascinantes, una
portada de lo más engañosa y... un desarrollo nefasto en casi todos los aspectos.
No sólo técnicamente: Back to Reality siempre me pareció un título de lo más
aburrido.
Nuestro valeroso muñecajo camina como al borde de la epilepsia, por el interior
del artefacto, tratando de evitar todo contacto con las extrañas alimañas geométricas
que revolotean en sus pasadizos, y recogiendo unos objetos para mezclarlos con
otros.
Todos los chismes del juego están almacenados en una especie de contenedores
a cuyo pie puede verse algo que recuerda a un embudo invertido. Pues bien: tenemos
que ascender hasta él (mediante el jet-pac con el que estamos equipados; ojo,
por cierto, con abusar de él, porque su nivel de combustible es limitado -aunque
puede recuperarse-, y si se agota, perderéis una vida) y recoger el archiperre
de turno. Si soltamos uno que llevemos en el inventario, en un contenedor ocupado
por otro, pueden suceder dos cosas:
- Que se intercambien.
- Que se mezclen y den lugar a un objeto nuevo.
... este último caso tiene una excepción: si mezcláis una partícula (positiva)
con una antipartícula (negativa), el juego terminará en el acto.
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No parecen de C64. En realidad, recuerdan a las primeras intentonas de videojuegos para PC, con aquella tristísima tarjeta CGA (que permitía la asombrosa cifra de ¡hasta 4 colores en pantalla!). El asunto es que creo que Back to Reality se publicó primero para el Amstrad CPC, y después se convirtió al Commodore 64. |
Y por todos es sabido que la máquina de mister Alan Sugar, en el modo gráfico
1 (320x200 puntos de resolución) sólo podía mostrar 4 colores. Tengo la sospecha
de que el responsable de la adaptación a nuestro ordenador favorito, se limitó
a hacer una especie de traducción directa.
Los escenarios son simplones, aburridos, y dotados de un colorido chillón y
deprimente. Y ¿para qué hablar de los personajes? El protagonista es un anodino
astronauta monocolor, animado torpemente mediante un par de frames mal contados,
y el resto de los bichejos que pueblan el juego, no van mucho más allá de diminutos
sprites tan sabrosones como un bocadillo de cartón mojao, que encima se limitan
a moverse periódicamente, siguiendo trayectorias fijas.
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Otro tanto. También en este apartado uno tiene la impresión de que estamos ante una adaptación chusquera de un juego de CPC que, ya en su formato original, tiraba más bien a mediocre. Los efectos de sonido son escasos, y de un mérito técnico comparable al del canuto que hay dentro de los rollos de papel higiénico. |
De la música mejor no decir nada... aparte, claro, del hecho de que es INHUMANA.
HORRIBLE. No concibo cómo una mente razonablemente estable y cuerda podría soportar
más de 5 minutos de juego escuchándola sin sumirse irremisiblemente en la más
honda y devastadora esquizofrenia. ¿Más herencias de una presunta versión de
CPC?
Menos mal que puede apagarse. Curiosamente, es una especie de versión lenta,
casi fúnebre, y a una sola voz ronca, vibrante y metálica, de la INSUFRIBLE
tonadilla que suena en el Nosferatu,
the Vampyre.
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La idea es estupenda... tanto que uno estaría dispuesto a obviar el hecho de que, en el apartado técnico, estamos ante una auténtica castaña infumable... si no fuera porque además, es poco jugable, y bastante aburrido. |
Al final, los supuestamente endiablados enigmas de lógica, se reducen a probar a mezclar objetitos, a ver si dan como resultado algún engendro espacio-temporal que nos sea útil. Y así, ad cabezadam...
| * La idea. | * Técnicamente es un pestiño rebenío. Los gráficos le dejan
a uno el ánimo por los suelos con sólo mirarlos, el sonido motiva tanto
como el que emite un rayador de pan raspando una pared de yeso, la música
es ABYECTA... en fin... una alegría de la huerta... * Aburrido. |