Basket Master
Género: Deportes (Baloncesto) Música: Jonathan Dunn
Desarrollado por: Dinamic / Imagine Año: 1987
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Sé que estas páginas, que sólo pretenden ofrecer un poquito de entretenimiento, no son el foro más adecuado para proclamar según qué cosas y según qué opiniones, pero...

a) A fin de cuentas, yo soy el autor.
b) Considero que la práctica totalidad de quienes las seguís, sois personas con sentido del humor, y dotados de inteligencia y lucidez en cantidades suficientes. 
c) En el fondo, la opinión que voy a daros es de lo más políticamente CORRECTA. Qué cosas... con lo que me fastidia a mí ajustarme a esos postulados...

Al grano: no entiendo el orgullo patrio en los comentarios de videojuegos. Bueno, si he de ser sincero, no lo entiendo en ningún otro aspecto de la vida. Y aquí es donde acabo de incidir en algo de una corrección política macanuda. Tanto es así, que, casi por principios, necesito matizar la frase: aunque sea sólo cuestión de interpretaciones del lenguaje, creo que no es razonable estar "orgulloso" de haber nacido donde se ha nacido. A ver si me explico: uno se enorgullece de hacer bien su trabajo, de portarse como una buena persona, o de ser incorruptible. Por ejemplo. Pero no de algo que le ha ocurrido porque sí. Por puritito azar. ¿Quién os dice que no habríais podido nacer en Sumatra, por ejemplo? Personalmente, me alegro infinito de que me diera por asomar la cabecita en España. Tal y como andan las cosas por el planeta, creo que se puede tener MUCHA peor suerte. 

Conclusión: no es razonable, ni racional, sentirse orgulloso de haber nacido en algún lado concreto. Es como sentirse orgullosísimo de que te toque la lotería. Eso, que de por sí se queda sólo en una manifestación de soplaguindez crónica, adquiere tintes bastante más siniestros cuando, encima, te da por despreciar abiertamente a los que nunca han tenido la suerte de ganar ni la pedrea.  

¿No tienen por ahí un balón que no sea rectangular? Ahora, tenerle un cariño sensato a tu gente, tu tierra y tus costumbres, no sólo es estupendo y sanísimo, sino absolutamente humano. Así que es inevitable que de vez en cuando, sientas algo parecido al orgullo (sí, hay que admitirlo; mientras se mantenga bajo estrecha vigilancia, tampoco veo por qué ha de ser especialmente pernicioso) cuando hablas de tu pueblo, o de tu país. 

De todos modos, hay que procurar no perder la objetividad y el escepticismo.  

Ahora: ¿por qué las revistas del mundillo de los videojuegos, siempre han mostrado esa proclividad a cubrir de flores a los títulos desarrollados en nuestro país? Que se pasan de subjetivos, es un hecho contrastable con mucha facilidad: simplemente, leed comentarios en publicaciones de otros países, en los que ni siquiera saben de la procedencia del juego que están analizando, y comparad, comparad...

¿Conocéis el "Blade"? Esa especie de cruce entre el Barbarian y el Tomb Raider, en el que avanzábamos con nuestro héroe a través de castillos, cavernas y catacumbas, trepanando a lo vivo a trasgos, orcos y caballeros traidores, despanzurrando sus sesos por suelos y paredes... sí, muy edificante. ¡Y muy entretenido, el jodío!

El caso es que no pasaba de ser un arcade muy vistoso, y con un nivel de adicción más que respetable, pero tontísimo y repetitivo a más no poder. Bueno, pues tendríais que ver los comentarios de las publicaciones patrias. "¡Aaaaargh! ¡Es prodigiosooo! ¡Quintaesencia del summum de la programación! ¡Paradigma del videojuego obsesivamente divertido! ¡Los mejores gráficos de toda la historiaaaaaa!". Poco menos que eso exclamaron, vaya.

Vale, pues en la página de Games Domain (editada en el Reino Unido), venían a decir... bueno, más o menos, lo mismo que os he dicho yo, un par de frases más arriba. 

Aplíquese ahora el mismo cuento a las revistas de los 80 y a los videojuegos de Dinamic, Opera, Topo y compañía. Rarísimo era el lanzamiento de una de esas tres compañías, que no provocaba oleadas de aplausos entusiasmados, profuso babeo entre comentaristas y jugones, y en general, la aclamación popular, con vuelta al ruedo incorporada, de los programadores de turno. 
Los commodoreros, ingenuos de nosotros, que nos lanzábamos confiadamente a por la versión de aquella maravilla, para nuestra máquina (en el caso -poco probable- de que existiera), en una desalentadoramente alta fracción de los casos... acabábamos de lo más desilusionados.
 
He aquí un ejemplo más: este Basket Master, protagonizado por el malogrado Fernando Martín.

No he visto las demás versiones en directo, aunque sí a través de fotos. Y puedo decir, sin temor a equivocarme, que esta es la más fea. Con diferencia. 

En lo que respecta a aquello del "gameplay"... bueno, lo cierto es que no puedo opinar. Quizás algún día me dé por descargar la versión de CPC o de Speccy, y morirme de envidia (en este caso concreto claro; todos sabemos que no es lo más frecuente jié, jié). Pero si se parece lejanamente a este revoltijo de pixels hipertrofiados, convulsionándose a través de una cancha insulsa y claustrofóbica, estaremos ante otro caso de flagrante patrioterismo de tres al cuarto. Lo digo porque este fue, en su día, uno de los títulos más aclamados por la prensa. Casi el "One on One" a la española, que posiblmemente dijeron algunos. Y la versión de Commodore se menea peligrosamente sobre el delgado alambre que separa a los juegos entretenidillos de las castañas pilongas. 

Cae hacia el aprobado cuando uno juega con un amiguete, y se permite el lujo de trazar un par de (almidonadas, protésicas y acartonadas, eso sí) piruetas en pleno salto, mientras machaca la canasta espectacularmente, y puede presenciar luego una repetición a cámara lenta. Cae hacia el suspenso cuando recibes el mamporro de esos pixels descomunales, inflamados, de bordes afilados... es casi como si te escupieran un puñado de piezas del Exín Castillos en todas las narices. Uff.  ¡Cuidado con esos pixels! ¡Que casi me saltas un ojo!

Pero no es el único punto negativo. La dificultad es otro de ellos. Desde luego, si la gente de Dinamic (aunque tengo la sospecha de que esta versión corrió a cargo de programadores británicos, en cuyo caso se lucieron; vamos, lo hicieron tan bien, tan bien, tan bien, que nadie distinguiría sus patinazos de los que, sistemáticamente, cometían los españoles en cuanto se ponían a los mandos de un C64) pretendía imitar las tácticas, movimientos y la habilidad en esto del baloncesto que tenía Fernando Martín, lo bordaron. ¡Menudo fiera! Te costará bastante práctica, no ya ganarle, sino evitar que te propine unas somantas soberanas cada vez que te enfrentes a él. Y eso, en el nivel de dificultad más bajo.

En lo que respecta al rigor en el respeto a las reglas de este deporte, tengo entendido que este Basket Master sale razonablemente bien parado. Erm... matizo... no es que lo "tenga entendido"... es lo que deduzco del manual, en el que se habla de las posibles faltas personales que están contempladas en el juego. Aquello del campo atrás, las personales en ataque y en defensa... vaya, que suena muy bien y muy realista. El problema, es que se lo parece a alguien que sabe tanto de baloncesto como de la pesca del pulpo cántabro (es decir: a mí).

Y la cosa no acaba ahí: hasta el robo de balón tiene su "ciencia", porque cuando uno de los dos jugadores se hace con él, cambia el método de control. Os cuento: mientras correteemos sin tener la pelota, cuando empujemos el joystick en una dirección, el personaje mirará hacia ella. Sin embargo, si estamos en posesión del balón y, digamos, movemos la palanca hacia la derecha, el jugador avanzará en ese sentido, pero no tiene por qué mirar hacia él. Es posible que se desplace hacia la derecha mientras mira hacia la izquierda, o sea, de espaldas. Así, protegemos al balón de los constantes brujuleos e intentos de robo por parte de nuestro rival. Si se nos acerca de frente, no tenemos más que pulsar brevemente el botón de disparo y, al mismo tiempo, mover el joystick en sentido opuesto, para darle la espalda, mientras seguimos avanzando hacia la canasta. Sí, reconozco que tiene su gracia...

 
 

Feos. Cuadriculados. Sosos. Aburridos. Mal animados. Y no os digo nada de cómo se inflan cuando al ordenador le da por repetir una jugada espectacular, a cámara lenta, y ampliada. Ese detalle, eso sí, está muy bien.

Mediocre. El tema musical es de lo más flojito que debió de componer Jonathan Dunn en toda su carrera. Y mira que el chaval hacía cosas verdaderamente interesantes.

Es curioso que, a veces, cuando un compositor de calidad creaba el tema principal para un juego más bien tirando a bodrio, el pobre parecía contagiarse, y acababa pariendo una medianía en consonancia con el resto del producto. Como debió de sucederle a Rob Hubbard con el Geoff Capes' Strongman Challenge, por ejemplo. 

Los efectos de sonido son de lo más convencional del mundo. 

No sé cómo son las demás versiones del juego, pero esta que nos ocupa se queda en una curiosidad medianamente entretenida cuando participan dos personas simultáneamente. Técnicamente muy ramplón y bastante difícil en el modo de un solo jugador.

* Con dos jugadores es bastante entretenido.
* Las secuencias de repetición de la jugada.
* Técnicamente ramplón.
* Más bien difícil en el modo de un solo jugador.