|
Below the Root
|
|||||
|
|||||
|
Sí señor. Todos los problemas de la sociedad se derivan en gran parte de la violencia en los videojuegos. Si una de esas siniestras y premeditadamente vaporosas entidades conocidas como "autoridades competentes", siempre en vela por la salud mental y moral de la ciudadanía, siempre alerta ante cualquier mácula que aceche su cándida visión de la vida, siempre en defensa de la frágil conciencia del impresionable y maleable ciudadano de a pie (¿qué sería de nosotros sin ellas?), tuviera a bien librarnos de tan nefasto y funesto vicio, a buen seguro daría gusto pasear por según qué barrios y a según que horas. Sí señor; el país entero sería un remanso de paz. Y es que no se nos puede dejar solos; en cuanto nadie nos vigila, ovejitas descarriadas, nos liamos a cometer errores. Uno tras otro, uno tras otro. Líbranos pues, de toda tentación, oh autoridad competente, que nos conocemos y somos muy capaces de caer. Amén.
Aunque lo cierto es que bastaría con que nuestra egregia y nunca bien ponderada
autoridad competente (¡loor y gloria!) censurara aquellos títulos que, en su
magna, inapelable e indiscutible lucidez, considerara, seguro que con muy buen
tino, perjudiciales para nuestras conciencias y las de nuestros menores. ¡Ay,
pobrecitos nuestros, tan abandonados!
Ahora, con todos ustedes, un juego que sería del agrado de nuestra bienamada
autoridad competente.
Y por una vez y sin que sirva de precedente, resulta que estoy de acuerdo con la autoridad de marras. Below the Root es una auténtica gozada.
![]() |
Todo un cuento de hadas, en el que lo más agresivo que veremos será alguna que otra pandilla de bandidos malhumorados que no tienen otra cosa más interesante que hacer que echarle el guante al protagonista de la historia, en cuanto se cruce en su camino, y meterlo en un chozo en lo alto de un árbol. No vaya a ser que nos traumaticemos... |
La compañía Windham Classics no se prodigó demasiado en la era del C64. Y es
una auténtica lástima, porque decidieron seguir una línea de lo más interesante:
convertir cuentos clásicos en curiosas videoaventuras con fuertes tintes roleros.
De hecho, uno de sus títulos más aclamados fue Alice
in Wonderland. Este que nos ocupa, por cierto, está basado en una novela
infantil de un tal (o una tal) Zilpha Keatley Snyder. Toma castaña. No, y encima
el personaje es nativo de California. Cualquiera lo diría. Yo, a bote pronto,
situaría sus orígenes en la aldea de Mwakräpayûva, ahí al ladito de la República
de Zòqcztacöksni. Más o menos.
A ver, os cuento: como siempre, los buenos de esta historia eran empalagosamente
felices en su mundo de colorines, inocencia y animalitos monos. Y como siempre,
tanta ñoñería edulcorada y sacarinada, acaba yéndose al carajo en menos que
canta un gallo. Claro que, para no romper con la tónica florida y mariposeada,
el final de los días alegres, soleados y llenos de algodón de azúcar
recubierto por una generosa montaña de nata, leche condensada y sirope de miel
con crocanti (ññññññííí), no podía venir a manos de una especie de
monstruoso Quinto Jinete del Apocalipsis, que súbitamente irrumpiera en el
plácido microcosmos arborícola de los chispeantes giliverdes, y comenzara a
rebanar pescuezos a golpe de guadaña, y a comerse los higadillos de los
supervivientes. No: la cosa es bastante menos cruenta. Bueno, en realidad, no es
cruenta en absoluto. Tiene mucho de espiritual. Tanto, tantísimo, que casi se
mete de patitas en el terreno de lo confuso. Para más regocijo de nuestra
siempre muy estimada y muy admirada autoridad competente, claro. Mejor no
concretar demasiado, y dejar al insensato e incorregible ciudadano sumido en un
estado semicatatónico a medio camino entre la felicidad derivada de la
gilipollez crónica, y la borrachera.
Pues bien: en este paraíso de bolsillo, colgado de las ramas frondosas, amorosas
y acogedoras de gigantescos árboles milenarios, que arrullan, mecen y templan
las gaitas de hombrecillos felices y mujercillas cascabeleras, viven dos pueblos
en... lo habéis adivinado: profunda armonía, honda sintonía, amor y comparsa.
Se trata de los Kindar y los Erdling, que sólo se diferencian en que unos son
más empalagosos, y los otros son más ñoños. Yuju. Viva. Yupi.
Durante generaciones, ambas tribus se guiaron por los dictados de un niño de
espíritu puro; una especie de Dalai-Lama, pero más cursi y seguramente con más
roña debajo de las uñas, que respondía al apropiadísimo nombre de Raamo (que
a los sajones, como de costumbre, les sonará de lo más evocador, pero a nosotros
quizás nos sugiere más uno de esos estupendos juegos de palabras que hacía Ibáñez
con los nombres de sus personajes. Como cuando le ponía cosas como "Bestiajez"
a matón más garrulo del barrio, o "Floripondez" al estilista más sarasa
de la T.I.A. Por ejemplo).
Cierto día, Raamo desaparece para siempre y sin dejar rastro. En un juego algo menos del agrado de la autoridad competente, posiblemente habría sido pateado, coceado, estirado, aplastado, hervido y cocido por una pandilla de aviesos trasgos caníbales. O igual se había tropezado mientras hacía el mico sobre una rama y se había escoñado contra el suelo, catorce metros más abajo. En Below the Root nada semejante sería admisible. Rompería con la atmósfera de magia, de cuento de hadas moderno que, no lo olvidemos, pretende crear. Ojo al matiz: cuento de hadas MODERNO. Porque, hay que admitirlo, los cuentos clásicos eran verdaderas salvajadas. Que si la bruja que cebaba a los niños para comérselos, que si los cabritillos que abrían al lobo en canal y le llenaban la panza de pedruscos para que cuando fuera al río a beber se cayera y se ahogara... vamos, de lo más edificantes...
Vaya, a lo que iba. Nuestro objetivo es devolver la felicidad a los habitantes de los árboles, buscando el secreto de su reino entre las frondosas copas y en los oscuros túneles que serpentean bajo la raíz (y de ahí el título del juego). Otra vagueza estupenda. ¿Devolver la felicidad? ¿Y eso dónde anda? ¿Se come? ¿Se puede meter en un macuto, y llevarla por ahí a cuestas? ¿Y qué es eso del secreto de los Kindar y los Erdling? ¿Lo reconoceré cuando lo vea? ¿Estará al lado de un cartelón en el que algún alma caritativa haya tenido a bien garrapatear la palabra "SECRETO", bien grande?
| Sea como sea, la aventura comienza con la elección de personaje. No hay muchas diferencias, de entrada, entre ellos, aunque el componente rolero del juego nos llevará a perfeccionar las habilidades de unos y de otros. O de otras, porque también hay dos chicas: la hermosa y robusta Genaa, una Kindar de nacimiento con la espiritualidad de un chuletón de retinto, y la frágil y lastimera Pomma, hermana de Raamo. | ![]() |
Desde luego, el (o la) (o lo) tal Zilpha, se lució con los nombres de los protagonistas de sus historias.
Los otros personajes son tres mozalbetes arborícolas: Neric, un muchacho bastante recio, Charn, un nene esmirriado con la agilidad de un macaco de cola prénsil, y un tal Herd, nacido bajo la raíz, como las patatas y los boniatos, pero criado entre los Erdlings. Por lo visto, es un personajillo bastante inteligente.
Al principio de la aventura, ya os digo, no notaréis mucha diferencia entre
cada uno de los protagonistas, aunque conforme progreséis en el juego, advertiréis
que algunos son capaces de lanzar un tipo determinado de hechizos que le está
vedado a otro. Sí: hechizos. Pero, claro, nada de bolas de fuego que consumen
con sus llamas infernales a las malvadas criaturas que acechan en los tenebrosos
subterráneos. Nada de vendavales místicos que dejan al personal con lo de dentro
para afuera, poniéndolo todo perdido de viscerillas palpitantes. No: aquí, la
hechicería que más se lleva, no pasa de telepatías diversas, telequinesias surtidas,
y curaciones de todos los colores.
Eso sí: donde todos los personajes coinciden es en su versatilidad, gracias
a una interfaz que combina el movimiento directo con el joystick y un sistema
de menús bastante sencillo, gracias al que uno puede hacer prácticamente de
todo... de todo lo que linde con el terreno de lo florido, arborescente, dulcemente
perfumado y rozado por los suaves pétalos de una gardenia, por supuesto. Puaj.
|
|
|
||||||
![]() |
Simples, pero agradables. Tanto los escenarios como los personajes están dibujados en alta resolución, aunque tampoco son gran cosa. |
Es decir, resultan muy vistosos y efectivos teniendo en cuenta que el mapa es bastante grande, y que estamos ante un título de 1984, pero lo cierto es que los fondos parecen trazados a base de juntar algunos de los caracteres "gráficos" que se obtenían combinando las teclas adecuadas del C64, y los personajes son todos monocolores.
![]() |
Aprobado raspado. La música no pasa de un par de notas metálicas y vibrantes, y los efectos son funcionales, sin más. |
![]() |
Below the Root es un juego de esos que hay que tomarse con
calma. Personalmente, me parece estupendo. Soy bastante paciente y metódico
en estos casos, y os confieso que me entretienen mucho los títulos como
este. |
No esperéis acción frenética; ni siquiera esperéis enigmas retorcidos que os
tengan dándoos de cabezazos contra el monitor durante varias noches insomnes...
en realidad, este es un juego orientado al público más joven, de modo que tanta
floripondiez y ñoñería quedan indiscutiblemente justificadas.
Ah, por cierto, no toméis al pie de la letra mis esbozos de ironía en lo que
respecta a la atmósfera dulzona y "leve" del juego. Siempre he dicho
que cosas tan ingenuas como esta nunca vienen mal. Todo lo contrario. Debe de
ser en lo único en lo que coincido con la autoridad competente. Por lo demás,
que le den.
| * Un argumento bonito; nada de cabezas seccionadas y uñas
arrancadas. * Gráficos agradables. * Protagonistas muy versátiles, gracias a un sencillo sistema de menús. |
* Los sprites son monocolores. * Si te va la acción, te vas a aburrir como una ostra. |