Butcher Hill
Género: Arcade Música: Ben Daglish
Desarrollado por: Gremlin Graphics Año: 1989
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Allá por los 80 parece que se puso de moda en Hollywood dar caña al ejército gringo por su papel en la Guerra de Vietnam. Quizás la cosa comenzó un tiempo antes con Apocalypse Now y pronto llegó el elenco de dramones entre napalm y metralla, protagonizados por batallones de marines al borde de la neurosis, recubiertos de mugre, caca y mocos, mientras avanzaban penosamente a través de junglas empantanadas y llenas de mosquitos de a cuarto de kilo el ejemplar y pulgones voraces, luchando denodadamente no sólo contra los aviesos Chal-lies, que parecían surgir de la nada y correteaban nerviosos entre tocones y palmeras, clamando "chin-chun-chai-chan" con todo el brío y la vehemencia del mundo... no sólo tenían que luchar contra ellos, ya os digo, sino contra los desequilibrios mentales y desórdenes morales que a los que la contienda les estaba arrastrando. Y es que ya se sabe: en todo pelotón hay un cabo psicópata o un sargento con ínfulas de matón mafioso que, en cuanto tiene la menor oportunidad, irrumpe en una aldea, pasa a cuchillo a chinitos y chinitas, y somete, a golpe de fusil, a los inocentes aldeanos, más devastados y rebozados en mugre, roña y pis que él mismo. Asalta sus casas de bambú y les obliga a comerse sus sombreritos cónicos, sin salsa agridulse ni nada. 

Al final, la cosa es un verdadero desastre. Todos acaban idos de la perola. Tanto los depauperados aldeanos, a los que todos aprovechan para zurrar la badana, como los marines, que entre colocones de birra y marihuana, se lo pasan pipa escuchando el "Sweet Home Alabama" a toda castaña, en el radiocasé del helicóptero de asalto. Apatrullando Saigón. 

Eso sí: los únicos a los que les resbala tanto chupito de napalm a la salud de Ho Chi Mihn, son precisamente los correteantes e incansables integrantes del Viet-Cong. A esos no hay quien les acojone. Caen de entre los árboles, o salen de debajo de la boñiga de un yak (o su equivalente vietnamita, que los habrá, digo yo), furibundos, "¡chin-chan-chai-chun! ¡chan-chon-chun-chai!", y hacen tasajo con toda una recua de curtidos mozalbetes oriundos de Kansas. Como si nada, vamos. 

Y yo que pensaba que este juego tenía algo que ver con la película "La Colina de la Hamburguesa".

¡Ay! ¿quién maneja mi barca, quiéeeen? Claro, que me extrañaba un poco el hecho de que Butcher significa "carnicero", en la lengua de Chespir. Y la cadena de restaurantes de comida rápida que le hacen la competencia más directamente al McDonald's, hete aquí que se conoce como BURGER King. Es que lo de Butcher King tiene que sonarles de lo más siniestro a los sonrosaditos y rubísimos querubines de Oklahoma que salen en los anuncios de turno.  

Y se ve que no. La gente de Gremlin Graphics se quedó a medio camino. Una de dos, o no consiguió la licencia cinematográfica de turno (al revés que Ocean; esos sí que eran especialistas en adaptar la última superproducción hollywoodiense a los Commodores y compañía), o directamente, ni siquiera iban a por ella y se conformaron con parir una especie de coña marinera entre el amago de plagio y el conato de timo al primo despistado... como un servidor de ustedes ;-) 

¿No habéis visto nunca, en gasolineras, ventas y bares de carretera y demás liceos en ruta de la cultura y las artes, esos expositores en los que igual se te ofrece "Porno duro en el asilo" o "Guarranieves y los siete pingajitos", que una recopilación remasterizada de todos los éxitos de Marujita la del revuelo o Er Niño de la escupidera? En algunos de ellos, podréis observar las producciones de una compañía que se especializa en aprovecharse del éxito ajeno para sacar unas pelas a los papases despistados y de paso, sumir a sus nenes en una desilusión colosal. No recuerdo cómo se llama la empresa en cuestión, pero sólo por su estrategia, ya me cae profundamente mal. Cada vez que una gran productora de largometrajes de animación lanza su última maravilla, con alharacas diversas, fanfarrias surtidas y fuegos artificiales a granel, estos medio-cerebrados se apresuran a hacer una versión que... en fin... uno no tiene más que echarle una ojeada a la portada para darse cuenta de que los dibujitos no son precisamente los que uno espera de la factoría Disney o afines. Los tipos no tienen más que anteponer al título del semi-plagio y con caracteres muy pequeñitos, el texto: "La leyenda de". Así, uno encuentra cosas como: 

La leyenda de
EL REY LEÓN

... o como, por ejemplo...


La leyenda de
POCAHONTAS

Y ¡hala! Allá que va el papaíto o la mamaíta, con toda su buena intención, después de dejarse los cuartos en lo que cree, en su ingenuidad, que es la versión en VHS del exitazo de Buenavista Productions... sólo para encontrarse con la llantina desaforada del nene, cuando ve que los monísimos personajillos que animan las historietas de la Disney se han transformado en una recua de bosquejos angulosos y acartonados. 

Bueno, pues este título que nos ocupa, bien podría entenderse como un semi-plagio de la índole de los que os he descrito. Algo como un... 

Butcher HILL

Uno no presta demasiada atención a la primera parte del título. "Ucher"... "utche"... algo así, vamos... algo que suena como a "burguer". Y hala, ya la tenemos montada: "¡Coñe! ¡El Hamburguer Hill! ¡Como la peli! ¿Será una especie de Platoon?". Pues no. Ni de lejos.

Mirad, para que os hagáis una idea: Butcher Hill es una gilipollez que no se contenta con imitar en el título, sino que imita a discreción y a lo largo de las tres fases que la componen. No aparece ninguna colina... y mucho menos, la de la Hamburguesa (que, según decían en la película, se ganó ese mote por el aspecto de Mac-menú de cuarto de libra con queso y ketchup desparramado, que adquirió tras una terrible batalla). Veréis: se trata de destruir un campamento de Chal-lies furibundos, con su "¡chan-chon-chorrón-chu-chui!", que se alza en lo más denso de una jungla. Y en lugar de mandar a una escuadrilla de Phantoms a chamuscar un par de palmeras o a un pelotón de infantes de Texas con las entendederas de un búfalo -y su mismo carácter-, nos ponen a nosotros solitos al frente de la misión. Misión que, repito, se divide en tres etapas. O sea, tres malas copias. O, para ser más justos: dos malas copias y una... bueno, que se queda en "copia", a secas. Menos mal.  

Mala copia número uno: nuestro avezado soldadito surca los píxeles inflados de un río feo y anguloso, en busca de uno de los tres embarcaderos que le permitan amarrar su briosa lancha hinchable y emprender la exploración de la jungla aledaña. El original: Live and let die. La mala copia: esto. Están presentes casi todos los ingredientes del título de Elite... pero venidos muy a menos.  Sonríe, que va a salir el pajarito

Nuestro heroico marine puede abrir fuego contra las minas que salpican el río, pero sólo después de recoger la munición que encontrará flotando entre matojos y cantos rodaos, y sólo si uno consigue habituarse al incomodísimo método de control. Cuando pulséis el botón de disparo, aparecerá un punto de mira delante de la lancha. Y ya desde ese preciso momento, empezaremos a regar de balas las orillas, las palmeras y los cocoteros, incontroladamente. Hemos de mantener el botoncito apretado (con el consiguiente despilfarro de munición) y guiar el punto de mira hacia el objetivo. Como os podréis imaginar, no es un proceso especialmente rápido y la mayoría de las veces, os termináis comiendo la mina antes de que os dé tiempo a destruirla. Pero si os parece gilipollesca la solución, esperad, esperad porque os va a encantar la que tenéis que seguir para terminar la fase: 

Resulta que hay tres embarcaderos, como ya os he contado. Podéis salir por cualquiera de ellos. Bueno... erm... teóricamente. Ahora os cuento; pero sigamos: si abandonáis el río en el primero, no habréis tenido tiempo de recoger casi ninguno de los objetos que nos dejan caer los aviones aliados (incluyendo una brújula de lo más útil). Y si decidís salir por el tercero... bueno, tendréis todos los cachivaches necesarios para seguir avanzando, pero os habréis tragado una de las fases más odiosas y feísimas de la historia del videojuego. Que no es poco castigo. 

Bien, ahora, el asunto de los embarcaderos: el manual le exhorta a uno a mantener el botón de disparo pulsado mientras se dirige hacia uno de ellos, para abandonar el río y dar por concluida la primera fase. Bien. Por lo visto, si no pulsáis fuego, la lancha se empotrará irremediablemente contra los tronquitos del muelle y aunque no existe la menor sensación de velocidad o tridimensionalidad, por el poquísimo tiempo que uno tiene para reaccionar desde que surge un obstáculo hasta que ya lo tiene encima, cabría deducir que la lancha surca el río a la mitad de la velocidad del sonido. Así que ¡pulsemos el botón de marras, pulsémoslo! Y ¿qué conseguiremos con ello? Que aparezca el jodido punto de mira y abramos un simpatiquísimo agujero en el muelle. Agujero que, dicho sea de paso, no servirá para que nuestro marinerito pase sin un rasguño. Se escoñará igual. Salir de la fase es un verdadero calvario. Sólo recuerdo haberlo conseguido una vez en toda mi vida.

La copia, "a secas": recuerda bastante a la segunda fase del Platoon. Y, lo más sorprendente de todo es que... ¡es igual de buena! ¡En serio! ¿Cómo pudieron parir un engendro como el de la primera etapa y luego esmerarse tanto en esta segunda? El caso es que el marine se interna en la jungla, en busca del campamento enemigo, y todo se desarrolla siguiendo una de las perspectivas subjetivas más efectivas y trabajadas que he visto en un juego de C64. La etapa es rápida, jugable y hace gala de unos gráficos verdaderamente detallados. Fijaos, en lo parecidos que son los Chal-lies a los que moran en los túneles de la segunda fase del Platoon. 

Mala copia número dos: la tercera fase, en la que el protagonista consigue alcanzar el campamento de los limones iracundos, que, evidentemente, entonan un feroz "¡chan-chan-tatatachán!" al verle llegar. El original: una especie de híbrido entre el Operation Wolf y el Cabal. El resultado: aqueste aborto de ladilla hidrópica, en el que el heroico marine recorre un claro de la jungla moteado de cabañas de madera desde las que los chinitos tratan de acribillarle. El híbrido babeante, contrahecho, renqueante y mugiente se explica porque la perspectiva adoptada es similar a la del Operation Wolf... sólo que en lugar de controlar a un tembloroso punto de mira que hemos de deslizar sobre la pantalla, hacemos lo propio con un histérico soldadito que corretea y se mueve como una cochinilla al borde del colapso nervioso y que aparece en primer plano. O séase, como el protagonista del Cabal. ¿Lo vais pillando? Pues soltadlo cuanto antes, que el resultado es más bien nefasto...

... bueeeno, vale... lo cierto es que no es tan infumable como la primera fase, pero no creáis que se queda muy lejos. El objetivo es destruir todas las cabañas, a granadazo limpio, mientras mantenemos a raya a los Chal-lies con nuestro rifle. Los limoncetes no se conforman con echársenos encima o dispararnos desde las ventanas... a veces irrumpen en la pantalla a bordo de un helicóptero feísimo, construido a base de pixels del tamaño de maletas. 

 
 
Van con la fase. Ya para empezar, en la primera, te dan en las córneas con lo más selecto que el juego te puede ofrecer. El río por el que navega nuestra feísima y cuadriculadérrima lancha, parece más bien una carretera nacional.

Nunca lo verás retorcerse, estrecharse o... en fin, hacer todas esas cosas que, se supone, hacen los ríos. Al revés: cuando le da por combarse hacia un lado, sus márgenes siguen ángulos rectos, horrendos, artificialísimos, que se quiebran, se doblan y se enderezan bruscamente... ¿Y para qué hablaros de la sensación de velocidad... si no existe, si quiera?

Menos mal que la cosa mejora MUCHO en la segunda fase, con una perspectiva en primera persona sencillamente magnífica. Da gusto mirar los árboles y los detalles de la jungla. Claro que, no es que haya muchísimas texturas diferentes y, a la larga, el más que conseguido experimento de perspectiva en primera persona acaba por hacerse bastante monótono, pero la primera impresión, insisto, es fantástica.

Y si tenéis la habilidad (y la paciencia) suficientes como para alcanzar la última etapa (si no contáis con ninguna de las dos, siempre podéis seguir los pasos que di para redactar este comentario y recurrir al clásico "trainer" que te permite saltar fases como el que no quiere la cosa), volveréis a daros de bruces con la cruda... pixelización de los gráficos. Feos, aburridos, sosos, mal animados, cuadriculados... sólo se salva de la quema el suave scroll parallax. 

¡Y mira que la cosa empieza bien! Durante la carga (si tenéis la versión original en cassette), podréis ver un dibujo de presentación de lo más resultón, acompañado por una música de Ben Daglish que, bueno, aunque no esté entre sus obras maestras, creo yo que cumple con creces.

La cosa se jeringa cuando comienza el juego en sí. Podemos elegir entre efectos de sonido (adecuados, sin más) y un tema musical... HORRENDO. Irritante a más no poder, sobre todo en la primera fase. Las otras dos utilizan versiones más "tranquilas" y digeribles. 

Butcher Hill está formado por dos malas copias de buenos juegos y una sorprendente etapa en primera persona, técnicamente para quitarse el sombrero. Si el primer y el último nivel hubieran estado a la altura del segundo, llevaría página y pico deshaciéndome en elogios.

Pero como no es así, me temo que tenemos que conformarnos con lo que hay: un bodrio macabeo, tan aburrido, tan difícil, tan tonto y tan feo, que ni el fugaz arrebato de brillantez del desarrollo en primera persona a través de la jungla consigue salvar de un suspenso de lo más contundente.

* El tema principal de Ben Daglish
* La (sorprendente) segunda fase
* Los niveles 1 y 3 dan arcadas con sólo mirarlos
* Difícil y aburrido.
* ¿Alguien sabe cómo salir del río sin empotrarse contra los embarcaderos?