Enforcer
Género: Shoot'em up Música: Markus Siebold
Desarrollado por: Golden Disk / CP Verlag Año: 1992
Portada no disponible Pincha aquí para bajarte el juego Pincha aquí para bajarte la música en formato SID Fliiipaaa

¡Anda la osa! ¡Y yo que pensaba que el mejor matamarcianos que había visto nunca en un C64 era el R-Type! Pues he aquí que un día, vagabundeando por Inet, descubro este Enforcer, en un sitio bastante interesante (Games That Weren't; ¿lo conocéis?), dedicado a juegos que, o no llegaron a comercializarse, o si lo hicieron, fue tan tarde que casi nadie sabe que existen.

No escatimaban en elogios para él, al parecer, segunda parte no oficial del Katakis. Hasta se habían permitido el lujazo de ponerle todo un 10/10.

Lo curioso es que no lo descargué, porque la mayoría de los títulos que uno puede encontrar en esa página, son demos no jugables, o están "a medio hacer". Y claro, por muy simpáticos que sean, y muy buena pinta que tengan, en mi sitio sólo quiero juegos completos.

Error. Este Enforcer SÍ está completo. De hecho, llegó a ponerse a la venta, pero sólo en Alemania. En cuanto lo supe, gracias a la página de MayhemUK (si queréis cartuchos de C64, no dejéis de visitarla; ¡los tiene a montones!), perdí el culo por descargarlo.

Y... señores, ¿qué les puedo decir? Dejen que me enjuague las babas, y en seguida les cuento...

Bastante barroco, ¿eh? ¿Sabéis qué es la SuperCPU? Es un dispositivo que fabrica y vende la empresa CMD (sí: os lo creáis o no, aún hay compañías que distribuyen productos para el C64. Son minoritarias, claro, pero hacen cosas verdaderamente simpáticas, incluyendo navegadores web, discos duros y sistemas operativos gráficos), y que se conecta, creo que al puerto de cartuchos, del Commodore.

La ampliación es toda una inyección de esteroides para nuestra maquinita, y la lleva, si no recuerdo mal, hasta alrededor de los 20 MHz. Además, se le pueden añadir 16 megas de RAM. Casi nada.

Bueno, pues hay gente dedicada a programar juegos específicos para la SuperCPU (siguen siendo "muy Commodore"; es decir: los gráficos son los clásicos del VIC-II, con sus 16 colores y sus 320x200 puntos -como máximo-, y el sonido sigue saliendo del inimitable SID... pero a esa velocidad, y con esa memoria, imaginaos qué maravillas se pueden hacer) o adaptar otros ya existentes, para que vayan mucho más rápido.

Pues, a primera vista, este Enforcer me pareció tan espectacular, que creí estar ante un juego de SuperCPU. Ya, vale, siempre se exagera mucho en estos casos, y más cuando uno es tan "chauvinista" hacia su máquina preferida.

Pero, de todos, modos, si alguno de vosotros ha tenido la oportunidad de echarle un vistazo a las asombrosas capturas del Metal Dust, desarrollado exclusivamente para la SuperCPU, ya veréis cómo os recuerda al título que nos ocupa.

Olvidémonos de argumentos capullescos que no aportan nada al juego, y pasemos a la acción cuanto antes.

Una de las cosas que más llaman la atención de este juego (aparte de su brillantez técnica, claro), es lo que se parece al R-Type. La nave protagonista es infinitamente más rápida, eso sí. Pero la música marchosa, con mucha percusión, casi funky, que se escucha mientras vaporizamos a las hordas de marcianitos atacantes, recuerda bastante a la que servía de telón de fondo al juego de Rainbow Arts. También, si mantenemos el botón de disparo presionado durante un tiempo, al soltarlo dispararemos un rayo devastador.

También, la imagen se desliza hacia la derecha, con un suave scroll horizontal. También, los fondos son espectaculares (aunque creo que los del Enforcer salen ganando). También podemos recoger ventajillas (algún día encontraré la palabra adecuada para traducir "power-ups", no desesperemos) que dotan a nuestra nave de toda clase de protecciones y armamento, hasta que, cuando hemos acumulado suficientes, prácticamente barremos de la pantalla a cualquier maloso con sólo acercarnos a él, mientras halos de energía envuelven a nuestro vehículo, que dispara rayitos y bombazos en todas direcciones, y se rodea de robots voladores que giran velozmente en torno a él. Y, también, recorreremos niveles y fases muy similares a los del clásico de 1988.

Aún así, me atreveré a decirlo: Enforcer ES MEJOR que el R-Type. Porque, además de ser más rápido y espectacular, resulta que no se enlentece NUNCA. Pero vamos, ni lo más mínimo.
Y cuando nos enfrentemos a alguno de los gigantescos malos de fin de nivel, no apreciaremos el menor parpadeo en los gráficos. Prueba suuperadaaa.
Sigue la línea de puntos :-P

Enforcer es frenético. Absolutamente desquiciado. Los malos aparecen a patadas, moviéndose velozmente, describiendo curvas de todo tipo, y trayectorias de lo más traicioneras.

Tanto es así, que el juego incluye un rasgo poco usual en los matamarcianos: nuestra nave cuenta con una barra de energía que le permite resistir varios impactos antes de saltar por los aires (... o por los "vacíos interplanetarios" más bien... erm... joé, qué pollez; perdón, he dormido poco hoy...).

Además, es posible detonar tres "smart bombs", de esas que dejan la pantalla limpia como una patena, simplemente pulsando la barra de espacio. Y en ocasiones es toda una ayuda, creedme. Imaginaos la que se forma cuando navegamos a través de un campo de asteroides que zumban a nuestro alrededor, como un enjambre de peñascos descomunales rotando sobre sí mismos, y que, encima, si destruimos, se convierten en rocas menores igual de peligrosas. 

 
 

Echadle una ojeada a las fotos. Este es de esos juegos que, después de las partiditas "de prueba", tenía yo acumuladas veintitantas capturas, a cual más espectacular, y me llevó un buen rato decidir con qué dos me quedaba, porque todas, absolutamente todas, merecían la pena. Da gusto mirar a la pantalla, en serio.

Los fondos pueden estar, fácilmente, entre los más espectaculares, no sólo de los matamarcianos, sino de cualquier juego de C64. Tendríais que ver el planeta de la primera ilustración (aunque en esa ya está saliendo de nuestro campo de visión), ocupando toda la pantalla (yo diría que se parece bastante a Júpiter, y esa luna, a su derecha, recuerda a su satélite volcánico, Ío), con su lado iluminado lleno de barrocas nubes que se tuercen y retuercen.

O las rocas espectacularmente coloreadas y sombreadas del inicio de la primera fase.

O esa especie de brazo galáctico, lleno de cientos de puntos brillantes que hacen scroll en diferentes sentidos, y a varios niveles, que aparece en la segunda captura.

O los enormes jefazos de fin de nivel, que para más pasmo generalizado, se mueven con suavidad, no ralentizan la acción, y no producen el menor parpadeo en los gráficos.

O... o... bueno, y así, podría estar un buen rato, así que mejor lo dejo. Descargaos el juego y miradlo con vuestros propios ojos.

Pues, mira por donde, he aquí el único apartado en el que el R-Type supera ligeramente a este Enforcer. Técnicamente, es muy, muy bueno. Comparable al juego de Rainbow Arts (sólo que aquel es 4 años más antiguo), es decir, una serie de temas bastante bien hechos, y durante el juego, se simultanean efectos funcionales con una música muy funky que anima lo suyo.

Sin embargo, tengo una pequeña queja: no me gustan, como composición. Estoy por afirmar que el tal Markus Siebold salió directamente de la "scene" de demos de C64. Las músicas de éstas suelen ser todas muy parecidas, con más atención a las formas que al fondo. Sonidos más o menos espectaculares, ritmos potentes... pero con poca personalidad. Poco "pegadizas", vaya. Nada que ver con la brillantez y expresividad de Hubbard, Galway, Daglish, o los Maniacs of Noise, por poner citar a unos pocos.

Si te gustó el R-Type, vas a quedarte a cuadros con este Enforcer. Uno de los matamarcianos más asombrosos que jamás salieron para C64, si no el que más. Los gráficos son tan impresionantes, la acción tan frenética, y todo fluye con tanta suavidad que parece mentira que esto salga de una máquina de 8 bits. Y por si fuera poco, ¡engancha que no veas, el condenado!

* Los gráficos.
* Frenético, pero suave. Jamás se enlentece, ni muestra parpadeo en los gráficos.
* Muy adictivo.

* La música suena bien, pero es casi un experimento sin personalidad.