|
Fort Apocalypse
|
||||
|
||||
|
Este es uno de esos juegos que a uno le producen verdadera nostalgia. Fijaos
en la fecha de su producción: 1982, cuando el Commodore 64 ni siquiera se había
comenzado a distribuir en Europa. Es una verdarera reliquia, y además, uno de
los juegos más entretenidos que salieron para nuestra maquinita.
El desarrollo era muy original: pilotamos un helicóptero a través de una serie
de cavernas, que conforman el llamado Fuerte Apocalipsis, para alcanzar el reactor
de los malvados Kralthans, y volarlo en pedacitos.
Por el camino, hemos de rescatar a un total de 16 prisioneros: 8 de ellos en
la primera caverna, y los restantes, en la segunda, simplemente, tocándolos
(o pegándoles un tiro, jejejeje... es curioso).
Quizás a algunos de vosotros le recuerde al Airwolf, pero creedme: Fort Apocalypse es mejor, pese a su antigüedad.
![]() |
Para empezar, el control del helicóptero es mucho más sencillo. No tiene esa tendencia a desplomarse en cuanto soltamos el joystick. Desciende, sí, pero con la suficiente lentitud como para no tener que andar dándole toquecitos al mando para evitar escacharrarnos contra el suelo. |
Para navegar por las cavernas, contamos con una especie de avanzadísimo radar (en las capturas lo podéis ver, en la parte superior central de la pantalla, y justo sobre el texto "Navatron"), que muestra un esquema de los alrededores de la zona en la que estamos, y los ingenios Kralthans que merodean por allí. No creáis que es una pijada sin demasiada utilidad: a veces es prácticamente vital, ya que los enemigos no se andan con chiquitas, y se ponen a disparar como histéricos en cuanto hacemos el menor ademán de acercanos a ellos, y conviene saber en qué posición andan, para no encontrarnos con un misil a una cuarta de las narices.
Hay tres tipos de maloso en el juego: tanquetas, helicópteros y "minas
autopropulsadas". Las primeras se mueven cíclicamente, nos lanzan misiles
guiados (que, afortunadamente, no tienen demasiado alcance, y si no nos dan
pronto, terminan por caer a tierra), y son duras como el granito. La única
forma de acabar con ellas es acertándoles con un disparo justo en la torreta.
Los helicópteros tienen el mismo aspecto que el nuestro (aunque con otro color:
azul en el primer nivel, y rojo en el segundo), y dan la impresión de estar
pilotados por algún chimpancé esquizoide con un desmesurado amor por apretar
el gatillo. En vuelo, son torpes como moscas cojoneras (con frecuencia, se dan
zurriagazos contra las paredes de las grutas, y nos ahorran el trabajo de tener
que desintegrarlos), pero no veáis cómo disparan... son histéricos, vamos.
Tanto es así que, a veces, vuelan en pedacitos por error, a algunos de sus
congéneres.
En cuanto a las minas, se trata de pequeños objetos de color blanco (en la foto
de abajo aparece uno), que flotan lentamente por el aire, y simplemente, están
para estorbar (si tocamos uno... ¡boum! ... vida menos).
| Pero esos no son los únicos obstáculos con los que nos toparemos: además, hay cañones láser que se disparan periódicamente (y que, obviamente, si nos pillan, reducirán a nuestro poderoso y fabulosísimo helicóptero a confetti), y otros que, en lugar de escarallarnos el vehículo, nos teletransportan a otro punto de las cavernas (se pueden distinguir porque los segundos parpadean en tonos rojos y verdes). | ![]() |
Y aún hay más: en muchos túneles veremos una serie de cuadrados sólidos que
se mueven cíclicamente y que pueden mandarnos una vida a freír monas si nos
tocan.
Hablando de cuadrados... recuerdo que una de las cosas que más gracia me hacían
de este juego era lo que, en mi ingenuidad de chavalín de 10 años (sí: en aquel
entonces, los chavalines de 10 años eran ingenuos, no como hoy día, que insultan,
se pelean, fuman, beben, y se acuestan con lo primero que se les pone a tiro)
llamaba "el mar de cuadraditos". Una cursilada, ya, pero el sitio
en cuestión se merecía el nombre. Se trata de uno de los accesos al reactor
central del Fuerte Apocalipsis, en el segundo nivel (las Cavernas Cristalinas
-arriba tenéis una foto de su comienzo-), y consiste en una inmensa masa de
cientos de pequeños cuadrados con una pequeña luz parpadeante, y que en muchos
lugares, conforman muros y barreras. No son indestructibles, de modo que podemos
llegar hasta el reactor cavando un túnel a través de los cuadraditos, a tiro
limpio.
El otro acceso al reactor es bastante más jodido, y nos exige pilotar entre
cañones láser, túneles estrechos llenos de minas autopropulsadas, y unas cuantas
tanquetas para darle aún más salsilla al asunto.
Y una cosa más: el combustible de que dispone nuestro helicóptero no es ilimitado.
Se decrementa poco a poco, lo que nos obligará a buscar un punto para repostar
(marcado con la palabra "FUEL") de vez en cuando.
Al menos (no todo van a ser inconvenientes), de vez en cuando veremos, en el
suelo de las grutas, una serie de plataformas blancas. Si nos posamos en ellas
(con mucho cuidado, claro, no vayas a entortillarte), se efectuará una especie
de "ramsave", o séase, que si perdemos una vida, en lugar de comenzar
con la siguiente en el punto de partida del nivel en el que estemos, lo haremos
desde la última plataforma en la que nos posamos.
Fort Apocalipse es fantástico. Los gráficos están muy bien para la época. Los efectos de sonido son correctos, aunque poco variados. Es un juego simple, sí, pero con una personalidad fuera de toda duda. Puede que hoy en día a alguno le parezca un petardo... sobre todo a los jugones más jovenes, que por curiosidad, tontean un poco con el mundillo de la emulación... pero, creedme, cuando lo vi por primera vez, en su momento, me pareció sencillamente fascinante.
|
|
|
||||||
| * Divertidísimo, estupendo, fantástico... ¡y tiene 21 años! |
* Poca variedad de efectos de sonido... por decir algo. |