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L.A. Crackdown
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Así a bote pronto, se me ocurren cuatro tipos de películas que jamás se harían
en España:
- Las de ciencia ficción, tomándoselo todo en serio.
- Las de acción y aventuras, tomándoselo todo en serio.
- Las militaristas, tomándoselo todo en serio (especialmente imposible, en este
caso).
- Las policíacas, tomándoselo todo en serio.
¿Cuál es la conclusión? ¿Que en España no nos tomamos el cine en serio? No,
no es eso... ¡Claro que aquí se ruedan películas que no mueven sólo al cachondeo!
Pero hete aquí que entran en dos categorías, fundamentalmente:
- El dramón de amoríos tormentosos, devastadores y en general, toda suerte de
deprimentes y desgarradoras relaciones entre personajes torturados. La alegría
de la huerta.
- El dramón histórico, con mucha frecuencia acerca de la Guerra Civil, y con
más frecuencia aún, acerca del bando de los que la perdieron.
El asunto es que, hay ciertos géneros cinematográficos que aquí, en un alarde
de catetez supina (y perdonadme la contundencia) no sabemos seguir si no es
adoptando un enfoque de humor chusquero. ¿Que queréis una película policíaca?
Como no sea Torrente...
¿Que queréis una de ciencia-ficción? Sí, claro... Acción Mutante.
¿Ah, pero os apetece una en la que se vean envuelto los milicos? Historias de
la Puta Mili, faltaría más.
De aventuras ni me preguntéis. Directamente, no se hacen.
El cine de estos lares ha tenido momentos verdaderamente esperanzadores, pero creo que últimamente atraviesa por una crisis de identidad. No, no es que no tenga esa identidad: es que se pasa reivindicándola, y tampoco es eso.
¿Os imagináis una película rodada por alguno de nuestros directores, que
pusiera a la típica pareja de policías, un veterano y un novato brillante pero
impulsivo, tras los pasos de una banda de contrabandistas?
No, yo tampoco. De hecho, no se puede decir que los "Harry el Mugriento, y
su Pistolón Enhiesto" sean de mi género favorito, pero ¿qué tendría de
malo hacer algo parecido aquí?
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Pues que tamañas historietas parecen patrimonio de los yanquis (aunque, curiosamente, a los franceses no se les da del todo mal... claro que, aunque les pese, imitan mucho a los del tito Sam). Se ha intentado a veces, eso sí que es cierto. Y el resultado era aún más ridículo y risible que cuando el director se lanza sin tapujos a hacer una comedieta bufa y grosera. Inconscientemente, tendemos a comparar el producto final, con los que vienen de Hollywood. La conclusión es inmediata: ¡qué cosa más cutre! |
Termino este confuso alegato a favor de nada claro y en contra de nada
señalado de una forma inequívoca, con una reflexión: cuando alguien no se
toma en serio a sí mismo, o cuando se avergüenza de hacer algo, lo disfraza de
"medio en broma, medio en serio", y así se cura en salud; si acaba
metiendo la pata, todos se reirán con él y no de él.
Y dicho esto, me retiro a mi camerino. Fotos no. Autógrafos, luego.
Vale. Después de haberme ganado a pulso un terroncito de azúcar, por imbécil, me encuentro en
condiciones de hablaros acerca de este curioso y original "L.A. Crackdown",
uno de esos productos que, salvo que me equivoque, sólo se comercializaron en
disco, y por tanto, estuvieron vedados a los commodoreros españoles. Si muchos
juegos publicados en cassette ni siquiera se conocían por estos andurriales,
imaginaos en el caso que nos ocupa.
Y es que Epyx no se detuvo con su extraordinaria y famosísima saga de Games,
y algún que otro igualmente sorprendente añadido más (como el Impossible
Mission). Y una vez más, haciendo gala de mi proverbial inventiva, pregunto:
¿por qué ya no se programarán juegos como este L.A. Crackdown? Qué... ¿a que
no os suena haber leído nunca este lamento retórico en mi página?
Hace un par de desquiciados párrafos, os resumía nuestro objetivo: encarnamos
a un veterano detective del Departamento de la Policía de Los Ángeles (aquello
del LAPD, que tanto se ve en las películas) con la misión de investigar los
tejemanejes de un grupo de sospechosos en un almacén en cierta zona de la ciudad.
Parece ser que en realidad forman una banda de contrabandistas, bajo una tapadera
legal.
Así que tendremos que darles la brasa durante varios días, pincharles los teléfonos,
revolverles los cajones y tomar fotos de su local. Bueno, en realidad nosotros
no: lo hará uno de los recién licenciados de la academia. Sabia elección. ¿Para
qué se va a jugar uno el pescuezo cuando puede meter a un novatillo torrijas
en la boca del lobo?
Nosotros nos ocultamos en una camioneta en las inmediaciones del almacén, y enviamos al agente a su interior. El chaval lleva un micrófono oculto, un audífono para recibir nuestras órdenes, y se dedica a fisgar tras cajas, grúas y contenedores, en busca de evidencia incriminatoria, con toda la sutileza del mundo. Haciendo gala de su don de gentes (en el caso de que lo tenga... uno de los cadetes que podemos seleccionar al principio, que tiene el porte de un armario ropero y que curiosamente se apellida Schwarzenneger, da la sensación de que, en lugar de conversar amablemente con los sospechosos, les arrancará las orejas de un bocao, después de irrumpir en el almacén enarbolando un lanzagranadas y echando abajo algún tabique, a cabezazos), debe intentar sonsacar información a los macarrillas y horterillas de todo pelaje, que encuentre mientras hace sus pesquisas.
Ojo a esto: deberá hacerlo EL CADETE, no nosotros. Desde nuestra comodísima
y segurísima posición ventajosa en el interior de la caravana, con nuestro aire
acondicionado, nuestro minibar, nuestra tele por cable, y nuestro cubatita de
ron venezolano, podemos sólo darle órdenes. Él las acatará... o quizás no. Si
le obligamos a cometer una gilipuertez, renunciará al puesto. Comprensible.
Así se penaliza al típico jugón que no tiene mejor idea que pasar a cuchillo
a todos los moradores del almacén, y luego ordenar al cadete que se arroje debajo
de una excavadora en marcha. Que los hay, creedme.
De este modo, podemos decirle que hable con un sospechoso, pero la conversación
irá por los derroteros que nuestro compañero decida. Vaya, que no se abrirá
el típico menú en el que se nos permite elegir las respuestas. Y en el fondo
creo que es una pena, porque le habría dado aún más interés al juego. Pero sigamos...
Si os fijáis en las capturas, veréis que la pantalla está dividida en tres zonas: dos ventanas pequeñas hacia el tercio superior, y una más grande, que ocupa el resto del área de juego.
En el recuadro situado en la esquina superior izquierda, veremos al cadete metiendo las narices donde no debe, acercándose a sospechosos, rebuscando en muebles y habitaciones, y en algunos casos, un retrato de la persona con la que está hablando (lo que se consigue seleccionando del menú la opción IDENTIFY -fijaos en la foto de la derecha-). |
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En la ventana de la esquina superior derecha, tenéis una vista de las inmediaciones de la caravana. Concretamente, en las dos imágenes que ilustran este comentario, se trata del almacén. Pero hay más lugares importantes en el juego, no creáis. De hecho, esta vista tiene una utilidad más allá de la puramente ornamental: en ocasiones, observaremos cómo un coche abandona uno de los sitios que estamos vigilando. La imagen se detendrá durante un segundo mal contado, que tendréis que aprovechar para elegir, rápidamente, la opción FOLLOW (seguir), si queréis saber a dónde va. Si no os da tiempo, y el sprite abandona la ventana, no podréis perseguirlo.
La mayor parte de la pantalla está dedicada a mensajes, pistas, información, y a una especie de panel de control en el que tenemos acceso a un mapa del almacén, con la localización del cadete en su interior, un menú de opciones, y el estado de las escuchas telefónicas que hemos instalado, hasta cuatro de ellas, cada una identificada con el código del lugar y el número de la habitación (por ejemplo, WH4, si el cachivache está escondido en la habitación número 4 del almacén -Warehouse-). Y cuando una está grabando una conversación, se encenderá una luz de aviso. No tenemos más que pasarnos por allí más tarde y recogerla.
Respecto a los sospechosos, la mayoría de ellos son bastante crédulos... al menos, al principio del juego. Y basta con que nuestro cadete (que va de incógnito, claro... vistiendo una camisa azul-policía-de-Los-Ángeles, y unos pantalones negros-policía-de-Los-Ángeles-también, de lo más discretos; así como para no dar pistas a nadie, vamos... sólo le falta ponerse una gorra de sargento del cuerpo, y decirle al macarra de turno, "¿no te recuerdo algo?") les largue un par de excusas tontas cuando se encuentre con ellos en alguna habitación. Sin embargo, no abuséis de la táctica, porque si os topáis con alguno de los matones demasiadas veces, lo cabreareis bastante.
Cuando hayáis recopilado las evidencias suficientes, puede empezar el festival de arrestos y detenciones a tutiplén. Ojo: aseguraos de que no metéis a nadie en chirona a la ligera. Nuestro cadete será todo lo novato que queráis, pero el tío se sabe las leyes pertinentes al dedillo (poco frecuente), y es un auténtico fan de su cumplimiento (menos frecuente aún), por lo que renunciará al caso.
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Resultan más que suficientes para un juego de estas características, pero en ocasiones se echa de menos un poquito más de detalle. La mayor parte de la pantalla está ocupada por texto y, si acaso, por algún que otro mapa más bien esquemático. |
Los únicos escenarios, personajes y animaciones que veremos, están siempre confinados en las dos ventanitas de la parte superior, y como podréis suponer, son diminutos.
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Pobre. Hay un tema musical de presentación bastante simple, y los efectos son escasos. |
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L.A. Crackdown es uno de los juegos más originales que he encontrado, en mis razzias a través de Inet en busca de títulos de C64 que no conocía. Las dosis de acción son prácticamente inexistentes, y se pone casi todo el énfasis en la parte de investigación. |
Es más: las instrucciones aconsejan jugar con una libreta en la que ir anotando lo que vayamos descubriendo... papeles, informes, datos sobre sospechosos, horarios de los turnos de guardia del almacén... Os parecerá una pavada, pero creo que esto le da un toque de cierto realismo, bastante simpático.
| * Original. * Esto de ejercer de detectives vocacionales, e ir anotando en una libreta las pruebas que vayamos encontrando, me parece muy entretenido. |
* Algo escasito en el apartado técnico. Sobre todo, el del audio. |