Laser Squad
Género: Estrategia Música: No tiene
Desarrollado por: Target Games / Blade Software Año: 1988
Portada no disponible Pincha aquí para bajarte el juego Pincha aquí para bajarte el manual en inglés Mooola...

Mientras preparaba este comentario, me vino una idea a la mente... ¿os habéis fijado en que los mundos inspirados en la mitología tolkieniana, son atemporales? Bueno, en realidad, lo mismo le sucede a todos los cuentos de hadas, series de televisión (Los Simpsons llevan más de una década en antena, y Bart siempre ha tenido 10 años), pero en el caso del que os hablo, la cosa es bastante más llamativa, porque no sólo no se renuncia a hablar del paso de las estaciones, los siglos, y hasta de las edades, sino que con muchísima frecuencia, son un ingrediente esencial de las historias que se narran. Los milenios, los eones, las tradiciones y leyendas antiquísimas, siempre refuerzan la atmósfera épica imprescindible en las hazañas de héroes míticos e imaginarios.

¿Habéis visto la adaptación cinematográfica de El Señor de los Anillos? ¿Sí? ¿Y no os llamó la atención que la (espectacular, fantástica und cojonuda) introducción muestre gigantescas batallas que enfrentan a criaturas enfundadas en armaduras de malla, blanden espadas, y tensan arcos, y que tres mil años después... se produzcan gigantescas batallas que enfrentan a criaturas enfundadas en armaduras de malla, blandiendo espadas y tensando arcos? ¿No debería haber evolucionado un poquito ese mundo? ¿No deberían haberse experimentado cambios hondísimos en esa sociedad, en su tecnología, en su arte, en sus cuentos? Pues no. No deberían. Se cargarían gran parte de esa épica imprescindible, ya os digo. Que hubieran transcurrido treinta años desde el macrofregado en el que a Sauron le hicieron trizas la mano en la que llevaba el Anillo Único, sería ridículo. Tres siglos continuarían pareciendo poca cosa. Pero ¡tres milenios! Eso ya suena a grandiosidad.

¡Eh, terrícolas! ¡Somos hostiles y queremos armarla! ¿Qué pasa? Sin embargo, la obra maestra de Tolkien deja entrever el fin de una era. El ocaso de un mundo de magia y leyendas. Los Elfos cruzarán el mar del Oeste, y dejarán la Tierra Media. Será la Humanidad la que la herede. Y ya sabemos lo que hacen algunos humanos en cuanto le ponen las manos encima a un terruño despoblado.

Algo similar ocurría en la celebérrima y celebradísima saga Ultima. En los últimos capítulos, uno iba teniendo la idea de que la tierra de Britannia estaba a punto de evolucionar.

Recuerdo cuando me topé con un herbolario en Britain, en la séptima entrega (que llevaba el subtítulo de The Black Gate), que aseguraba que aunque muchos de sus colegas seguían pensando que las enfermedades eran cosa de espíritus coñazo que no tenían nada mejor que hacer que infiltrarse en los frágiles cuerpecillos de los sencillos aldeanos, y subirles la fiebre a patadones, él sostenía la teoría (así, porque le daba la gana, sin aportar pruebas empíricas de ningún tipo ni nada; vale, es un juego de fantasía, pero si nos ponemos a coquetear con la Ciencia, que sea en serio) de que las cagaleras irrefrenables, catarrazos insufribles y demás padeceres, estaban provocadas por minúsculas criaturas que no podían verse. Como eran seres vivos muy chiquitines, había tenido la brillante idea de llamarlos... microbios. No, y además el tío lo decía así tan tranquilo. "Como son seres vivos muy pequeños, les he llamado microbios". Le falta añadir: "del griego, micro = pequeño, y bios = vida; sí, sí, del griego, ya sabes, esa lengua ancestral de la que nunca he oído hablar, que se escuchaba en las ciudades de un país que ni sabía que existía, durante una época que ahora mismo acabo de enterarme que tuvo lugar de verdad". No os lo voy a negar: esos retortijones del argumento, a medio camino entre el guiño humorístico y la concesión a las fuerzas de la evolución social y tecnológica, me entristecen... me entristecen cuando se dan en un mundo de dragones, castillos y princesitas, claro (en el de verdad, me encantan - NOTA: se entiende, o al menos yo lo entiendo, que la evolución siempre es para bien). En los cuentos de fantasía y similares, hay cosas que quedan mejor como misterio.

Os cuento semejante mamarrachada porque cuando vi este Laser Squad por primera vez, me recordó a un juego de tablero de relativa popularidad entre los aficionados al rol, y otros entretenimientos afines: el Warhammer 40000 (o WH40K, para abreviar). Resulta que gira en torno a la idea de que ese mundo de caballeros sobre sus corceles, y grandiosas batallas de estandartes al viento, espadas al sol, y hechiceros rociando al personal con una buena dosis de bolitas de fuego... de pronto, evoluciona. Vaya por Dios. Así que a alguien le da finalmente por imaginar que las historias inspiradas en la mitología de Tolkien, sucumben a la Ciencia y la Tecnología (que, dicho sea de paso, en los últimos capítulos de la saga Ultima, parecen estar desplazando a la magia; ese es el síntoma más claro de que la fantasía estira la pata... y de paso, es una forma bastante poética de reconocer que a más Ciencia, menos superstición... porque a fin de cuentas, de ahí viene la idea romántica de la magia, por muchas chispas de colorines que produzca). Así que tratad de imaginar a los aviesos Orcos embutidos en trajes espaciales de combate. A los Elfos Oscuros (llamados Dark Eldar, si no recuerdo mal) formando una orden a medio camino entre secta y batallón de soldados del futuro. Y a la Humanidad integrando un cuerpo de marines al servicio de un emperador fascista como él solo. Qué cosas.

No, en Laser Squad no vais a encontrar Genestealers, Eldars, ni otras floripondieces imaginarias, esgrimiendo cañones láser del porte de una taza de retrete. Pero sí a un cuerpo de marines futurista, con la apariencia de agresivos androides, que deben enfrentarse a una serie de misiones, a cuál más peligrosa.

Al comienzo de cada una de ellas (por cierto, en la imagen de disco que tenéis disponible en esta página, podréis acceder a las 5 misiones del juego original, y a las 6 añadidas de la segunda parte), se nos ofrece la opción de equipar a nuestro comando, con toda una gama de utensilios para hacer pupa al prójimo. Desde los nefastos ingenios clásicos de la índole de rifles de francotirador, ametralladoras, una pistola, la munición correspondiente y, ¡una daga! (prodigio tecnológico del siglo Chorramil, no hay duda), hasta los inevitables armatostes positrónicos capaces de derretirle el culo a un elefante en cuestión de femtosegundos.

El siguiente paso es distribuir a los recios integrantes del grupo de asalto, en sendas casillas del mapa. Sí: casillas. Y es que Laser Squad se desarrolla como el típico juego de tablero. No es el único caso de este tipo en la historia del C64. Ahora mismo, mira tú por donde, jaté, me viene a la cabeza otro título: Hero Quest. Bueno, pues si conocéis la adaptación informática de aquella simpática introduccioncilla somera y de fácil digestión, al mundo del rol de verdad, del güeno, del fetén, os costará bastante menos... erm... entender los desvaríos que estoy vomitando sobre el teclado esta noche. Uffff...

El sistema de juego se basa en turnos. En cada uno de ellos, uno de los dos bandos mueve sus piezas. Literalmente: piezas. Tanto nuestras unidades como las enemigas, se representan con monigotes estáticos que avanzan saltando de una posición a la contigua, en función de una serie de "puntos de acción". Os cuento: cada personaje cuenta con una cantidad de puntos que se consumen cada vez que hace algún movimiento. Algunos necesitan más que otros. ¿Droide de combate? A mí me parece una jabonera de esas que hay en los retretes públicos

Al principio de cada turno, todas las unidades del bando correspondiente tendrán sus puntos de acción al máximo (suelen rondar los 45, aunque muy poquitas maniobras consumen sólo 1; lo más normal es que la cifra caiga de 2 en 2, de 3 en 3, y en algunos casos específicos, a base de reducirse a la mitad, a las dos terceras partes, etc...). En cualquier momento, podemos pasar de una de nuestras piezas a otra. Da igual que no les queden puntos de acción suficientes ni para hurgarse la nariz (menudo estropicio, con esos guanteletes de titanio remachado). Un turno no termina mientras no seleccionamos la orden adecuada (que, ¡anda, qué sorpresa!, se llama "Finalizar Turno").

Bien, pues durante nuestro turno, podemos equipar a nuestros soldados con las armas que les hayamos comprado al principio de la misión. Cargarlas, apuntar contra algún objetivo, intentar derribar alguna que otra puerta cerrada a bombazo limpio (ojo: MUCHO cuidado con las granadas; puntito realista el juego en este apartado... porque si no lees el manual previamente, te puede pasar como a mí, que por juguetear con explosivos de fragmentación que hacen mucha pupa, terminé con mi batallón reducido a relleno de empanadillas... de hecho, en la segunda captura podéis ver al único marine que sobrevivió a mi torpeza, avanzando valientemente hacia la mansión de su enemigo... cosa así de 30 segundos antes de que ese simpático droide con pinta de cafetera cutre, asomara por una puerta y lo convirtiera en moquillo tembloroso mediante una certera descarga de fotones calentitos), recoger o soltar objetos... en fin, ese tipo de cosas.

Precisamente, uno de los grandes encantos del juego, es esta filosofía a base de turnos (a todo esto, no os lo he dicho, pero durante el turno del oponente, sus movimientos permanecerán ocultos; sólo podemos saber hacia dónde se desplazan sus unidades, cuando alguna de ellas entre en nuestro campo de visión). Sé que a los aficionados a los juegos de acción, les parecerá una idea tan divertidísima como pasar un fin de semana pelando judías, pero a mí me resulta verdaderamente entretenido. El juego es muy abierto, y no sólo te permite que elabores tus propias estrategias, sino que te anima a ello. Los ataques directos, entrando a saco con todo el equipo acribillando parterres, lavabos, muebles-bar y microondas en la casona del malo esquizoide de la primera misión, suelen terminar con sus aguerridos integrantes pasaditos a la parrilla. Pensad cada movimiento. Sed prudentes; reservad los puntos de acción en la medida de lo posible y, cuando las cosas se pongan complicadas, siempre que tengáis oportunidad, procurad no consumir más de la mitad de ellos en un turno: cuando un personaje dispone del 50% de sus puntos de acción originales, tiene la capacidad de disparar con armas de alcance en cuanto se le ponga un malo a tiro.

A todo esto, acerca del tema del combate: cuando tengáis un arma equipada, y queráis agujerear a algún droide recalcitrante, no tenéis más que seleccionar la opción "Fire" del menú de turno y en la pantalla que se muestra a continuación (con unos gráficos bastante más esquemáticos), mover un punto de mira hacia el objetivo. Tened en cuenta que cada personaje tiene sus atributos, entre los que se cuenta la puntería... así que no vayáis a intentar descuajeringar a un robot de seguridad, para acabar saltándole un ojo al comandante... que tiene mu malas pulgas, el condenao...

 
 
No se le puede pedir gran cosa a un juego de este tipo. Aún así, visualmente cumple bastante bien. Fondos y personajes son relativamente esquemáticos, pero todos están dibujados en alta resolución, y son muy inteligibles y fácilmente identificables.

Por supuesto, olvidaos de cualquier atisbo de animación. Como os he contado un poco más arriba, los soldaditos, los robots, y demás chusmilla que encontraremos en nuestro camino, se desplazan como si fueran figuritas rígidas de plomo. Lo dicho: haceos la idea de que estáis ante un juego de mesa.

Pues miren ustedes por donde, aquí la cosa mejora sensiblemente, y aunque no hay música, la colección de agradables gorgoritos electrónicos y gargaritas computerizadas que emiten los menús conforme seleccionamos una opción u otra, está muy trabajada. Y no son los únicos sonidos que escucharemos: no podían faltar las explosiones, las descargas de los lasers...

Creo que Laser Squad es uno de los juegos de estrategia más entretenidos que se lanzaron para C64. Personalmente, yo quizás no habría limitado el número de turnos para cada misión, y me habría conformado con dejar, para determinar el vencedor, el sistema de otorgarle la victoria al que alcance primero los 100 puntos (a todo esto: se consiguen derrotando a las unidades del enemigo).

Aún así, es verdaderamente interesante. Lo suficientemente sencillo como para que hasta el más torpeitor pueda lanzarse a la acción con una lectura somera y rápida del manual, y lo suficientemente complejo como para permitir trazar multitud de tácticas.

El desarrollo es lento y pausado, casi como si de una partida de ajedrez se tratara (como corresponde al género), así que si lo tuyo es balear marcianitos desaforadamente, mejor será que descargues otro juego. El Enforcer, por ejemplo. Recomendación de la casa.

* Entretenido, interesante, ni muy difícil, ni muy fácil.
* Buenos efectos de sonido.
* La limitación de turnos en cada misión.